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Los menores de edad que trabajan en el trafico de migrantes: la historia detras de los "Menores de Circuito" en Mexico

Activistas y profesionales del trabajo social trabajan para entender la participacion de menores en el trafico de migrantes y prevenir que se involucren el transacciones ilicitas cros-fronterizas. English

Sign for the border crossing to Ciudad Juarez; El Paso, Texas. Aidan Wakely-Mulroney/Flickr. (CC BY-NC-ND 2.0)

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Ana: Soy Ana Lilia Galván Tovías. Soy licenciada en psicología, actualmente estoy haciendo mi maestría en trabajo social, y ahorita el enfoque que quiero abordar en mi formación académica es acerca de los niños, niñas y adolescentes migrantes de circuito, que es una población de migrantes que residen aquí en Ciudad Juárez, y que están involucrados en el cruce constante entre Juárez y El Paso.

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Fernando: Soy Fernando Loera, trabajador social. La experiencia del trabajo con los niños de circuito la hemos logrado a través de la intervención y de la prevención, y queremos comentarles un poco sobre cómo es esta dinámica.

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Carlos: Soy Carlos Zavala, trabajador social. Tengo la experiencia de trabajar dos años y medio con la población de niños de circuito, especialmente enfocado en desarrollar proyectos y generar planes de intervención en casos particulares.

Entrevistadora:¿Quiénes son los menores de circuito?

Fernando: Los menores de circuito en Ciudad Juárez son los niños, niñas y adolescentes [que viven en nuestra ciudad y que están inmersos en los mercados que facilitan por su movilidad transacciones ilícitas o criminalizadas]  a los Estados Unidos. Estos niños constantemente cruzan a los Estados Unidos con diversas finalidades; entre ellas destaca el tráfico de personas. (Nota del editor: Trafico de migrantes [Human smuggling] es una práctica diferente a la trata de personas [human trafficking]. La experiencia de los menores de circuito se refiere a la primera.)

Los niños cruzan a Estados Unidos y son regresados a México por las detenciones que hace la Patrulla Fronteriza, y el proceso de la repatriación les permite regresar nuevamente con sus familias y nuevamente estar en disposición de ir a los Estados Unidos. Entonces, esta práctica de ir de México a Estados Unidos y de Estados Unidos a México es lo que lo califica como de "circuito". Están haciendo este recorrido constantemente.

Entrevistadora: ¿Cuál es el perfil que tienen estos menores?

Carlos: Estos muchachos oscilan en edad entre los 11 y 17 años. Se ubican en las colonias que están inmediatamente contiguas a la franja fronteriza. Nosotros tenemos aquí en Juárez a dos [áreas activas en el reclutamiento y participación de los menores]: una al norponiente de la ciudad, donde principalmente se dá el cruce de personas [human smuggling], y otra al nororiente de la ciudad, donde principalmente hay tráfico de droga. [Entre algunas de sus características] Hemos identificado chicos que consumen drogas, presentan deserción escolar en la mayoría de los casos, y [que son parte] también familias descompuestas o familias reconstruidas en donde las figuras de autoridad están prácticamente ausentes dentro del domicilio.

Fernando: Regularmente una característica que tienen ellos es que durante su periodo de desarrollo han vivido bajo muchas omisiones. La falta de cuidado por parte de los padres ha sido un factor que los vulnera, y no solo omisiones que los papás quieran hacer, sino que la condición económica [que enfrentan] los obliga a tener jornadas de trabajo muy largas y que obligan a los niños a estar solos. El hecho de que los niños estén solos dentro del hogar facilita que estén mayor tiempo en la calle y que mantengan algunas relaciones que los puedan vincular con estas prácticas del cruce.

Entrevistadora: Muchas veces se habla en poblaciones vulnerables sobre el rol de los padres, y de alguna manera se les atribuye a ellos o se les responsabiliza de manera directa por el comportamiento de los menores. Creo que sí es importante que tengamos en cuenta este contexto económico y estructural.

Fernando: Definitivamente tiene mucha relevancia, es muy importante saber cuáles son las condiciones en las que [los padres de los menores] se desenvuelven. El trabajo de campo es el que nos ha permitido conocer estas condiciones: él es que nos lleva a acercarnos a la comunidad. El conocer cómo viven, con quien conviven, cómo son sus redes en la comunidad, cuáles son las posibilidades de acceso a la seguridad social, nos ayuda a nosotros a determinar la condición de vulnerabilidad que ellos tienen—tomando en cuenta que los contextos donde ellos se desenvuelven son contextos urbano-marginales.

Son sectores fuera de la mancha urbana en donde hay carencia de servicios educativos y de salud, que son necesarios para que una persona se pueda desenvolver. Esta situación los vulnera. Cómo puede ir un menor a la escuela si no existe una escuela cerca del lugar donde vive? O donde ellos viven, porque no es nada más el menor que cruza sino también sus hermanos. En algún momento dado, si no se atienden estas necesidades de seguridad social, los  niños de circuito conciben como opción ir a los Estados Unidos para trabajar y tener un ingreso.

Carlos: Tocando el tema del ingreso, hay familias donde el número de integrantes asciende a hasta siete u ocho integrantes. Hay familias monoparentales donde es nada más la mamá o el papá que se encarga de mantener los gastos. Algunos tienen que trabajar en la industria de las maquiladoras, donde las jornadas son de ocho horas, y donde a veces hay oportunidad de trabajar tiempo extra. Entonces, quien asume el rol de autoridad dentro del domicilio es un hermano mayor, de 16 o 17 años. La mayoría de la gente lo puede entender como una omisión de cuidado, pero los padres se ausentan para trabajar ya que la labor en la maquiladora es la principal fuente de ingreso.

Ana: También [la participación en la facilitación del cruce fronterizo irregular] se puede dar por la influencia de los amigos. Precisamente porque no hay este cuidado, los amigos consideran a un niño igual que ellos como un compañero perfecto. Le dicen que [si participan en la facilitación del cruce fronterizo irregular] no les va a pasar nada porque son menores de edad. Y que aparte van a tener un beneficio [económico]. Muchas veces estos menores ya tienen conocimiento de qué es lo que van a ser, [participan en la actividad conscientes de su naturaleza] y [saben que genera dinero]. Muchas veces [el dinero lo] utilizan para ellos mismos o para aportar a su familia, y acceden [a participar en el mercado].

Entrevistadora: ¿Tiene que ver el factor de que son adolescentes, de que no hay muchas actividades en la comunidad, de que están buscando una nueva alternativa, el aspecto de la aventura, o simplemente de dejar atrás el aburrimiento?

Ana: Desde un punto de vista psicológico, sí tiene que ver mucho la etapa en que se encuentran. Tiene que ver mucho en el sentido de que por la presión social y la influencia de los amigos, acceden a hacer estas prácticas. Entonces sí influye un poco, aparte de los otros contextos que ya los otros compañeros han mencionado.

Fernando: El involucramiento de estos niños al realizar estas prácticas del tráfico de personas se puede presentar de diferentes formas. La que mayormente hemos identificado es a través del establecimiento de redes. Los muchachos que viven en estas comunidades de pronto conocen a otras personas que también son parte de su comunidad y que ya han tenido la experiencia de ir de México a Estados Unidos a “llevar gente,” y de pronto existe una invitación que trae consigo un beneficio económico.

El beneficio económico creo que es el atractivo principal. Me atrevería a decir que es una especie de seducción, porque cuando los invitan les venden una idea, les ofrecen la posibilidad de tener un ingreso económico que supera el ingreso de una jornada semanal de trabajo de una familia. Estamos hablando de una persona que va a trabajar todos los días, que tiene un ingreso. El ingreso que puede tener el niño supera esa cantidad. Creo que de pronto es la relación con la gente de su comunidad, el estímulo económico que puede tener, y lo que pudiera hacer en algún momento dado con ese dinero para desenvolverse en su comunidad o con su familia.

Esa es una de las formas en las que ellos se involucran. La otra tiene que ver con una práctica forzada. Son niños o adolescentes que salen de su casa y van camino a la escuela. En el trayecto hay personas que los abordan y que los intimidan, los asustan diciéndoles que les van a hacer algo a ellos o a sus familias para que empiecen a realizar estas prácticas. Esa es la forma obligada, que tiene que ver con la presión. Existe una tercera forma, que tiene que ver con la iniciativa personal: “conozco a alguien que ya ha hecho estas prácticas, y lo busco para poder tener el acceso económico”. Esas son las tres formas que hemos identificado: la que tiene que ver con las relaciones, la que tiene que ver con la motivación o iniciativa propia, y la que tiene que ser forzada.

Entrevistadora: Hay alguna diferencia entre la participación de niñas y niños, en términos de género? Se distingue alguna practica que esté relacionada al género de los menores?

Fernando: En cuanto a la práctica de traficar con personas, mayormente la población con la que hemos trabajado son hombres. Pero existen otros procesos previos al cruce de las personas que es donde existe un poco más de participación de mujeres. Estos tienen que ver más con los procesos de contacto, con los procesos de cuidado, y con los procesos de atención de los migrantes que van a ir a los Estados Unidos. Esto ocurre cuando están bajo la custodia o el cuidado de quienes van a ser responsables de llevarlos allá.

Carlos: Realmente no hay una diferencia muy notoria entre los niños y niñas que son guías. Las niñas, a lo mejor por un sentido de pertenencia al grupo, adoptan posturas similares a los niños en tanto a las formas de hablar, en tanto a hacerse tatuajes. No hay un rol específico para la mujer. Sin embargo en las otras atenciones previas al cruce sí hay roles distintos.

Entrevistadora: Qué nos podrían decir en cuanto a la experiencia de los niños en su contacto con las agencias del estado? ¿Cuál es el tratamiento que ellos reciben por parte de estas en México y en Estados Unidos?

Fernando: La información que hemos logrado rescatar de estas prácticas en el proceso de la detención, una vez que los muchachos cruzan de manera ilegal a los Estados Unidos y que son detenidos por la Patrulla Fronteriza, es que regularmente hay exceso de la fuerza y abuso de la autoridad al momento de hacer las detenciones, tanto de forma física como psicológica. Los muchachos hablan de intimidación, de amenazas, y de golpes que le son propiciados por parte de las autoridades americanas cuando son detenidos. Eso nos hace pensar que las autoridades tienen una visión criminalizadora de estos muchachos, y que tiene que ver con intimidar a esta población para que no siga realizando estas prácticas.

Una vez que ya son detenidos y trasladados a los centros de detención, comentan que las condiciones no son confortables para ellos. Hablan de que los espacios son cerrados, muy fríos, y que constantemente están siendo acosados y hostigados en los procesos de interrogatorio a los que son inmersos. Porque no precisan hacer una entrevista, sino que es más bien un interrogatorio en donde tres o cuatro oficiales van y los entrevistan con las mismas preguntas, de diferentes formas, con gritos. Los hace sentir mal esa parte.

Después de que son puestos a disposición de la autoridad mexicana, es el Instituto Nacional de Migración que los recibe y creo que pudiera cambiar un poco la situación en cuanto a la atención. Los muchachos nos relatan que las autoridades mexicanas no son tan duras ni estrictas como en los Estados Unidos. Cuando llegan a México y son puestos a disposición de las autoridades, los muchachos se sienten con un poco más de confianza, se sienten un poco más tranquilos. Saben que el objetivo de la autoridad mexicana no es procesarlos penalmente sino más bien tratar de encontrar los mecanismos más idóneos para que puedan regresar a sus lugares de origen. En este caso, con sus familias. Los procedimientos que se pueden derivar de cuando llegan a migración tienen que ver con registros de información general. Algunos son llevados a albergues donde se brinda una atención integral en lo que se regresan a sus familias.

Entrevistadora: ¿Cuáles son las recomendaciones que ustedes darían para el tratamiento de los menores? ¿Qué se podría mejorar?

Fernando: Definitivamente tendríamos que hablar de políticas que pudieran garantizar las condiciones de estos muchachos. Es importante a la hora de enfrentar un proceso, desde la detención en el lado americano hasta el regreso a México, que haya entendimiento de cuáles son las condiciones que están llevando a estos niños a ser parte de esta problemática. Digo problemática en el sentido de que se ponen en riesgo cuando están realizando esta práctica. Su vida está en riesgo al cruzar el río, al cruzar el desierto, al cruzar las mallas.

Creo que de pronto no se concibe, o no se conoce, o no se toma en cuenta esa parte. Creo que las autoridades americanas tendrían que conocer un poco más sobre las condiciones socioeconómicas y sociofamiliares del lado mexicano, para entender que hay una oportunidad para mejorar las condiciones de esos muchachos. Del lado mexicano definitivamente es la misma situación. No existe un conocimiento pleno de cómo surge el problema, y creo que debería de haber más condiciones que pudieran garantizar el bienestar de los menores, pero sobretodo un seguimiento.

El que niños estén cruzando una y otra vez tiene que ver con que no existe un mecanismo de atención. Si existiera un mecanismo de atención que pudiera atender las necesidades de estos muchachos, estaríamos seguros que la cantidad de niños que participarían se reduciría porque tendrían más opciones de desarrollo dentro de su comunidad.

Esto, en algún momento dado, permitiría que no estuvieran participando en estas prácticas. Si en la comunidad hubiera escuela, hubiera parque, y hubiera algunas actividades donde ellos pudieran utilizar su tiempo libre, creo que pudiera ser importante. Y sin dejar de lado la seguridad, porque de pronto estos lugares donde ellos viven son inseguros. Creo que son factores importantes, que en algún momento dado se tienen que trabajar con alguna política que pudiera ser integradora.

Entrevistadora: ¿Cuál ha sido la postura y la respuesta de las organizaciones hacia el problema de estos menores?

Fernando: Creo que el trabajo de las organizaciones tiene un enfoque en la migración en general. Para poder atender a los niños de circuito, tenemos que separar a la migración general de la peculiaridad y las características de este caso. Creo que solamente son una o dos organizaciones las que tienen el conocimiento de cómo se genera esta parte de la migración con los niños, niñas y adolescentes de circuito y que reconocen que es necesario trabajar en materia de protección de derechos.

En este caso podría ser DHIA (Derechos Humanos Integrales en Acción)  que es una de ellas, ya que está trabajando en generar protocolos, en generar incidencia, y en protección de derechos de los menores. Pero es muy poco el interés [de las instituciones], y no creo que sea culpa de las organizaciones sino más bien que no hay suficiente información. No es clara la problemática. Las autoridades saben que hay un gran porcentaje de la población que está participando, pero no han logrado identificar las características para poder desarrollar políticas que puedan atender a los muchachos. El papel de las organizaciones puede ser muy importante; ya que la dimensión de la población que participa es muy grande, el estado, o los gobiernos locales, podrían ser incapaces de cubrir esta demanda. Creo que la suma de las organizaciones a este trabajo puede ser importante.

Carlos: Además, podemos aprovechar que hay organizaciones que ya están insertas en las comunidades donde se vive ese tipo de población. Podríamos aprovechar esas redes que ellos ya han identificado, aprovechar los líderes, y aprovechar sus estrategias para poder hacer una intervención con los chicos de circuito.

Entrevistadora: ¿Qué es lo que sigue, y en qué debemos enfocarnos? ¿Cuál es la visión que tienen ustedes hacia el futuro, tanto de la prevención como de investigación?

Ana: Uno de los principales retos es dar a conocer la situación. Principalmente por ser frontera, muchas de las personas que vienen aquí desconocen esta problemática. Piensan que nada más migran adultos, pero desconocen la participación de los menores. El reto es aportar a la visibilidad de esta problemática, y a partir de ahí ir generando conocimiento y seguir impulsando este trabajo en comunidad.

Carlos: Yo me concreto con trabajar la parte de la intervención. Entiendo la importancia de visibilizar, como dice Ana, la situación de estos menores. Para mí el marco ideal sería una colaboración binacional en toda la franja fronteriza donde se pudiera crear mecanismos de atención, prevención y seguimiento a los casos de manera individual y familiar. Además, crear estrategias a nivel comunitario para poder trabajar la parte de la prevención. Eso es lo que estamos trabajando, para poder disminuir los riesgos que sufren los menores al estar cruzando de manera ilegal, y para crearles espacios y oportunidades de desarrollo que al momento no tienen, a lo mejor por condiciones totalmente ajenas a ellos.

Fernando: Yo creo que el principio más importante tendría que ser desde lo académico, en cuanto a poder investigar y tener las generalidades y particularidades del fenómeno para poder dimensionarlo. Partiendo de ahí podríamos tener elementos suficientes para crear estos mecanismos de los que habla Carlos, que tienen que ver con acciones integrales.

Por el lado de la regulación, que haya leyes que establezcan cuales deben ser los mecanismos idóneos. En un segundo momento, hacen falta políticas de incidencia que permitan atender y prevenir la situación a la que se ven inmersos estos muchachos. En un tercer momento, creo que la relación binacional es fundamental.

Es necesario que las autoridades tanto del lado americano como del lado mexicano compartan esta información, pero sobretodo que también sean parte de la estrategia—que en algún momento dado lo que se hace allá y lo que se hace acá sea parte de una misma acción. No solo estoy hablando de un procedimiento administrativo, sino de un procedimiento humano donde se reconozca a estos muchachos desde la condición humana, más allá de señalarlos como criminales cuando no sabe si el muchacho lo está haciendo por querer cubrir una necesidad personal que su estado no le provee.

Entrevistadora: Hay algo más que le quisieran comunicar a la audiencia de openDemocracy?

Carlos: Creo que hay tomar en cuenta que no hay que ver el asunto con una visión criminalizadora. Estos muchachos son realmente víctimas del contexto social, económico y político que estamos viviendo. De una forma se ven obligados a realizar estas prácticas. Yo creo que por ahí deberíamos empezar, dejando a un lado los prejuicios y los estereotipos para atenderlos de manera imparcial.

Fernando: Yo creo que esta situación de los niños de circuito no es una situación que solamente se presente en Juárez. Es una situación que se presenta en todas las ciudades fronterizas de la República Mexicana, hablando específicamente del norte. Es importante que el estado mexicano reconozca esta problemática y que empiece a desarrollar formas de atenderla. La colaboración institucional va a ser fundamental para entender, incidir y mejorar las condiciones. Creo que la investigación desde las instituciones educativas, la responsabilidad del estado de garantizar la seguridad social, y las acciones de la sociedad civil podrían sumar esfuerzos para mantener el tema en la agenda pública. No es un tema que actualmente esté en la agenda pública. La migración lo está pero los niños circuito no son reconocidos como tal. Hay que incluirlos, hay que conocerlos, y hay que empezar a hacer cosas importantes para ellos.

Ana: También es importante ver esta parte humana: que son adolescentes, que están en un proceso, y que ellos también tienen sueños. Quieren ser algo, y de alguna forma con esta práctica pretenden ser algo. Además de los ingresos, buscan aportar a sus sueños de lo que quieren hacer. Es importante esa parte, reconocer y resaltar que ellos tienen otras expectativas de vida.

About the authors

Ana Lilia Galván Tovías is a psychologist and social worker in Juarez, Mexico.

Fernando Loera is a social worker in Juarez, Mexico.

Carlos Zavala is a social worker in Juarez, Mexico.

Gabriella Sanchez is a research fellow at the Migration Policy Centre at the European University Institute in Florence, Italy. Her latest report is Ni “delincuentes” ni “ilegales”: El trabajo de niños, niñas y adolescentes fronterizos en los procesos de movilidad humana en el corredor El Paso-Juárez.


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