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BTS en Español

Salir de las sombras: el personal del hogar habla en los Estados Unidos

El personal del hogar de los Estados Unidos, hace tiempo excluido de la mayoría de las leyes de protección laboral, puede mostrar a una fuerza laboral cada vez más flexibilizada cómo sobrevivir en la nueva economía. English

Carlos Lowry/Flickr. Creative Commons.

Nuestros hogares son nuestros santuarios. Allí regresamos para comer y descansar tras un día de trabajo. Allí es donde nos sentimos más a salvo. Pero para muchas personas, nuestro hogar es un lugar con riesgos.

Para el personal del hogar – niñeras, personal de limpieza, cuidadoras y cuidadores, quienes realizan el trabajo para que todos los otros trabajos sean posibles –, nuestro hogar es su lugar de trabajo. Detrás de las puertas cerradas de los hogares de nuestro vecindario es donde esta fuerza laboral invisible (en su mayoría compuesta por mujeres migrantes) pasa su día alimentando a nuestras hijas e hijos, limpiando nuestras cocinas y cuidando a nuestras personas mayores o personas amadas con alguna discapacidad. Hay 100 millones de personas que trabajan como personal del hogar, ocultas del mundo exterior, excluidas de muchas legislaciones laborales que protegen a otros rubros de personal laboral, y vulnerables en las sombras de la economía.

Si escuchan al personal del hogar, oirán historias que evocan todo tipo de emociones, desde humorísticas hasta humillantes y angustiosas. Personas obligadas a dormir en el sótano junto a un tanque de aguas residuales desbordado. Personas sin ningún recurso a quienes se les retiene el pago total. Personas a las que se les pide pasear a un perro y a una niña por el vecindario en un cochecito doble. El dolor de tener que dejar que otra persona cuide a tu propia hija o tu propio hijo. También hay muchas historias positivas, historias de independencia y de relaciones que crecen hasta volverse más fuertes que las de sangre. Pero en el contexto de este campo laboral tan íntimo, cada historia incluye vulnerabilidad, y casi todo el personal del hogar tiene alguna historia de abuso.

La cruel ironía es que el personal del hogar realiza uno de los trabajos más importantes de nuestra economía. A medida que las personas de la generación del «baby boom» envejecen y disfrutan de una mayor esperanza de vida, con la idea de envejecer en sus hogares en vez de asilos y otras instituciones, crece la necesidad de contar con personal del hogar para el cuidado de personas mayores. Además, hay más mujeres dentro de la mano de obra, lo que significa que la capacidad para el cuidado del hogar es menor y, por ende, surge una necesidad de servicios y ayuda en el hogar sin precedentes. Entre el desplazamiento del trabajo en los sectores actuales de la economía por la automatización y la inteligencia artificial, y el incremento de la necesidad de la atención y servicios del hogar, se anticipa que en 2030 el trabajo de cuidado de personas será la ocupación más numerosa de la economía.

Algo tiene que pasar.

Un desarrollo a paso firme

La exclusión del personal del hogar de las leyes básicas de protección laboral en los Estados Unidos, incluyendo el derecho a organizarse, negociar de manera colectiva y formar sindicatos, se arraiga en el legado de la esclavitud. En la década de 1930, cuando se debatían las políticas laborales fundamentales en el Congreso de los Estados Unidos, miembros de los estados sureños se negaban a firmarlas si el personal del hogar y agrícola (en su mayoría personas afroamericanas en esa época) era incluido en las nuevas leyes de protección. Para tranquilizar a estos miembros, la Ley Nacional de Relaciones Laborales (1935) y otras leyes laborales fundamentales se aprobaron especificando esas exclusiones.

Con este trasfondo legal e histórico, hace 20 años empecé a reunirme con personal del hogar de la ciudad de Nueva York como parte de una iniciativa para conectar a mujeres asiáticas inmigrantes con trabajos mal remunerados. Fue imposible ignorar al ejército silencioso de mujeres de color, principalmente migrantes, paseando en cochecitos a niñas y niños de raza diferente por las calles de Manhattan.

A pesar de la necesidad, fue un desafío hacer que un pequeño grupo de mujeres se acercase. La mayoría de quienes conocí era la fuente principal de ingresos de sus familias y vivían bajo una presión económica extrema para llegar a fin de mes. Superar la idea de asistir a una reunión que podría poner en riesgo sus trabajos no les resultó fácil. La presión en las mujeres migrantes se veía agravada por el temor a ser deportadas y separadas de sus familias y comunidades. Pero insistimos, y finalmente nos abrimos camino para crear espacios seguros en los que las mujeres pudieran reunirse, conectar y gestar un sentimiento de comunidad y pertenencia.

Las trabajadoras que vinieron se dieron fuerza y poder entre sí. Se corrió la voz entre otras ciudades donde también comenzaban a organizarse. Reunión tras reunión, en mayor o menor escala, las organizaciones del personal del hogar empezaron a esparcirse de manera local. En el 2007, todo estaba listo para romper el aislamiento de las reuniones locales y conectarnos a nivel nacional; llevamos a cabo nuestra primera reunión nacional y formamos oficialmente la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas («NDWA», por sus siglas en inglés).

Diez años después, somos una alianza de 64 organizaciones locales de personal del hogar en 36 ciudades y 17 estados de todo el país. Entre nuestros miembros hay niñeras, personal de limpieza, cuidadoras y cuidadores de personas mayores o con discapacidades cuyo entorno laboral es un hogar. Las trabajadoras y los trabajadores pueden unirse a través de una organización afiliada local o de forma particular desde cualquier parte del país, pagar las cuotas y tener acceso a capacitaciones, beneficios y otros recursos.

Nuestro recién descubierto sentimiento de poder se volvió tangible a medida que presentábamos demandas y organizábamos encuentros en contra de personas empleadoras abusivas. Las demandas nos permitieron comprender las limitaciones de la ley, ya que el personal del hogar había estado sometido a numerosas exclusiones en la legislación laboral. Quedó claro que necesitaríamos organizarnos para cambiar las leyes y promulgar nuevas políticas.

Introdujimos entonces la Carta de Derechos del Personal Doméstico: una legislación estatal que establece las protecciones básicas para la mano de obra, por ejemplo cuestiones contra la discriminación o el derecho a tener un día de descanso por semana y vacaciones pagadas. Nuestro primer gran logro llegó en 2010 cuando, tras siete años de campaña, el gobernador del estado de Nueva York convirtió el proyecto en ley. Desde entonces, otros seis estados aprobaron leyes para proteger los derechos del personal del hogar, y el Ministerio de Trabajo federal cambió sus normas para incluir a dos millones de personas que trabajan como personal de atención del hogar, previamente excluidas de las protecciones federales de salario mínimo y de horas extras.

Además, el trabajo pionero con trabajadoras del hogar que han sobrevivido a situaciones de trata de personas con fines laborales, empezó a modificar la conversación sobre la trata incluyendo el espectro de vulnerabilidades que enfrentan las mujeres con trabajos de bajos salarios. Se recuperaron millones de dólares de salarios impagados y miles de personas que trabajan como personal del hogar se han unido a las campañas desarrollando toda una nueva generación de líderes para los movimientos de cambio social.

El futuro del trabajo

Aunque nuestra década de trabajo se enfocó en mejorar las condiciones laborales del personal del hogar, su importancia en el resto de la mano de obra no debe subestimarse. En los primeros años de organización, las condiciones y vulnerabilidades que el personal del hogar enfrentaba parecían marginales comparadas con el resto de la mano de obra. Hoy, estos problemas afectan a un grupo mucho mayor de personas. La falta de seguridad laboral, la falta de caminos hacia el desarrollo profesional y la falta de acceso a redes de protección sociales son problemas que enfrentan las trabajadoras y los trabajadores de muchos sectores. De hecho, a medida que una mayor parte de la fuerza laboral se vuelve temporal, de medio tiempo o autónoma, el «trabajo no tradicional» se torna más habitual.

A medida que la economía de los Estados Unidos se ajusta frente al incremento de la «economía de los pequeños encargos», y las empresas y las personas trabajadoras tratan de descubrir cómo aprovechar los beneficios y evitar los peligros de este tipo de trabajos signados por avances tecnológicos, solo es necesario mirar al personal del hogar para darnos cuenta de cómo se desarrollará. Las trabajadoras del hogar somos las primeras trabajadoras de la economía de los pequeños encargos: hemos experimentado su dinámica, luchado frente a sus desafíos y, más importante aún, hemos encontrado algunas soluciones para sobrevivir como una fuerza laboral vulnerable.

Todo el mundo podría beneficiarse, por ejemplo, de una nueva declaración de derechos para las personas trabajadoras del siglo XXI. Además del personal del hogar, existen millones de trabajadoras y trabajadores en ambientes no tradicionales a quienes se les niega el acceso a beneficios. Todas las fuerzas laborales podrían beneficiarse de un sistema de formación reinventado que una la creciente brecha entre trabajadoras y trabajadores con ingresos altos y bajos. Y, si logramos averiguar cómo darle voz y voto real a esta fuerza laboral desagregada, con una organización sostenible y ampliable de trabajadoras y trabajadores del siglo XXI, podríamos crear un contexto en el que las personas trabajadoras puedan ocupar un lugar en la discusión y ayudar a forjar el futuro de la economía global de una vez por todas.

Una alianza del siglo XXI

En la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas estamos desarrollando soluciones enfocadas al futuro.

Estamos construyendo una asociación nacional de personas voluntarias en la que cualquier trabajadora del hogar puede unirse y obtener acceso a capacitación y beneficios. Estamos desarrollando nuevos programas de formación y desarrollo profesional para la fuerza laboral y haciendo accesible la capacitación en diferentes idiomas, y desde los teléfonos celulares. Hemos desarrollado un Código de Buenos Empleos, un marco de referencia para que los trabajos sean buenos dentro de la economía virtual, que ayude a las empresas a diseñar sus negocios teniendo en cuenta el bienestar de su personal. Y estamos desarrollando un programa portátil de beneficios que brinde a contratistas independientes y a trabajadoras del sector informal los medios necesarios para recaudar contribuciones sociales y utilizarlas para recibir los beneficios que deseen.

Como fuerza laboral mayoritariamente femenina, el modo en que desarrollamos las soluciones es crítico. Debemos asegurarnos de que la fuerza laboral indocumentada y migrante esté totalmente incluida en nuestras soluciones y estrategias. Cuando queramos organizar la fuerza laboral, debemos tener en cuenta cómo los legados de la esclavitud y del colonialismo moldean la fuerza laboral presente. Por suerte, este es precisamente el modo en que nuestro movimiento ha evolucionado. Trabajando en la intersección de muchas identidades y experiencias, tenemos el desafío de crear modelos organizativos en los que todas las personas tengan voto y dignidad, donde todas las personas tengan una sensación de pertenencia.

El movimiento mundial de personal del hogar surge en el momento preciso, no solo para traer dignidad y respeto a las personas que se dedican a esto, sino para moldear el futuro del trabajo a nivel mundial, para que sea un mundo de oportunidades y seguridad económica real para todas las familias. El personal del hogar se ubica en el centro de muchos cambios en la economía global y también debe estar en el centro de las soluciones. Nosotras creemos que la investigación, la organización y las soluciones que emergen del movimiento mundial de personal del hogar son claves para muchas de las cuestiones críticas a las que debemos responder para lograr dignidad y oportunidades en el futuro.

Así que la próxima vez que vea a una trabajadora entrar silenciosamente en una casa con sus artículos de limpiezas o a una niñera tranquilizando a una niña que llora y que no es de ella o a una cuidadora llevando lentamente a una persona anciana en silla de ruedas hacia el sol, tome nota.

Es probable que pasen desapercibidas, pero su importancia para todas nosotras y nosotros no se puede subestimar. Sus luchas son las luchas del futuro laboral. Sus soluciones son las soluciones del futuro laboral. No solo nos están salvando de las condiciones laborales del trabajo del hogar del pasado y del presente, sino que también podrían salvarnos de un futuro laboral que no aprende de los errores del pasado.

Y así es como construimos un futuro laboral con dignidad y respeto hacia todas las trabajadoras y todos los trabajadores, un futuro laboral del que nos enorgullezcamos.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the author

Ai-jen Poo is the director of the National Domestic Workers Alliance and co-director of the Caring Across Generations campaign. She is a 2014 MacArthur fellow, was named one of the world’s 100 most influential people in 2012 by Time magazine, and is one of Fortune.com’s World’s Greatest Leaders.  She is the author of the Age of Dignity: Preparing for the Elder Boom in a Changing America. She began her career organising immigrant women workers nearly two decades ago.

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