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BTS en Español

Ayudando a las personas que ejercen el trabajo sexual a ayudarse a sí mismas

Las leyes que penalizan la prostitución han causado un daño increíble a las personas que ejercen el trabajo sexual a lo largo de los años, pero nunca han logrado poner fin al ejercicio. Solo por esta razón deberíamos luchar en su contra. English

Red Umbrella March for Sex Work Solidarity on 11 June 2016. Sally T. Buck/Flickr. (CC 2.0 by-nc-nd)

NAIROBI – Una vez, cuando estaba reunida con un grupo de trabajadoras sexuales en un prostíbulo en Kenia, las mujeres allí presentes recibieron una llamada que decía que una de sus miembros había sido encontrada abandonada cerca de un río con cortes profundos en la cara, las manos y los muslos.

La mujer había sido arrestada bajo custodia policial la noche anterior. Sus compañeras habían ido a la comisaría de policía para rescatarla pero no pudieron encontrarla. Cuando la recogieron de un basurero, descubrieron que había sido violada por la policía, que luego la había dejado en el bosque, donde había sido acosada por otros muchachos, quienes la violaron y golpearon nuevamente. Las trabajadoras sexuales intentaron denunciar el incidente, pero las amenazaron con ser detenidas.

El grupo recaudó dinero para llevar a su amiga al hospital donde permaneció durante un mes. Además, se turnaron para alimentar a sus hijas e hijos y asegurarse de que fueran a la escuela. En otras palabras, proporcionaron los servicios sociales que el Estado no proporcionó porque, de no haberlo hecho, su compañera habría muerto y sus hijas e hijos se habrían quedado sin hogar.

La mayoría de las trabajadoras sexuales que conocí —no solo en Kenia sino en muchos otros países—, han tenido una mala experiencia con la policía, habitualmente porque les roban su dinero o las chantajean para mantener sexo amenazándolas con denunciarlas. Ese es uno de los motivos por los que apoyo la despenalización del trabajo sexual. Existen muchos otros, pero todos ellos derivan del simple hecho de que penalizar el trabajo sexual —su compra-venta o las actividades necesarias relacionadas— no funciona. Nunca se ha tenido éxito en el afán por eliminarlo. Sí ha servido, en cambio, para llevar a las trabajadoras sexuales a una mayor clandestinidad, dificultándoles aún más el acceso a los servicios de salud, las medidas de seguridad en el trabajo o la denuncia de abusos o explotación a la policía.

Al eliminar la amenaza de sanciones legales, la despenalización crea un entorno en el que podemos centrar nuestra atención en promover los derechos humanos de las personas que ejercen el trabajo sexual en lugar de castigarles. Esto ya no es una posibilidad abstracta. El 26 de mayo de 2016, Amnistía Internacional publicó una nueva política de protección de las personas que ejercen el trabajo sexual, que incluye una recomendación para despenalizar el trabajo sexual y las actividades asociadas. Así Amnistía Internacional se une a un gran número de organizaciones en todo el mundo que apoyan la despenalización, tales como la Organización Mundial de la Salud, ONUSIDA, Human Rights Watch, y la Alianza Mundial contra la Trata de Mujeres.

Son innumerables las pruebas que justifican su apoyo. Nueva Zelanda y Nueva Gales del Sur (Australia) eliminaron las sanciones penales relativas al trabajo sexual en 2003 y 1995, respectivamente. Las conversaciones entabladas con las personas que ejercen el trabajo sexual reflejan un ambiente de trabajo mucho más seguro, con mayor capacidad para filtrar a la clientela y trabajar en áreas de mayor seguridad; pueden contactar con la policía en casos de violencia y negociar prácticas de sexo seguras y una remuneración justa. Las trabajadoras sexuales se han formado, se han unido a sindicatos, y se han involucrado en la articulación de normas y regulaciones para dirigir su sector.

La despenalización también tiene muchos beneficios potenciales para la salud. En un estudio publicado en The Lancet en 2014 se concluyó que el cambio en la legislación podría conseguir que en la próxima década hubiera hasta un 46 % menos de nuevas infectadas por el VIH entre las personas que ejercen el trabajo sexual. Eso es incluso más efectivo que aumentar el acceso a tratamientos antirretrovíricos, porque cuando se despenaliza el trabajo sexual, quienes ejercen el trabajo sexual tienen la potestad de insistir en el uso del preservativo y están en mejores condiciones de acceder a los servicios de prevención, pruebas y tratamiento del VIH.

Por desgracia, en algunas partes del mundo está ganando terreno una idea un tanto distinta. De acuerdo con el llamado modelo suizo, implantado en este país, así como en muchos otros, es ilegal comprar sexo o involucrarse en actividades de terceros tales como la publicidad y la gestión de este tipo de trabajo.

Aunque bajo este régimen las personas que ejercen el trabajo sexual no se enfrentan a la persecución, siguen sufriendo agresiones. Tienen dificultades para alquilar una vivienda porque las personas propietarias temen ser acusadas de administrar un burdel, y deben llevar adelante sus actividades en lugares más peligrosos porque la clientela tiene miedo a la policía. En Noruega, la policía utiliza la posesión de preservativos por parte de quienes ejercen el trabajo sexual como evidencia contra la clientela. En Suecia, una trabajadora sexual me contó cómo la policía se instaló delante de su puerta para arrestar a cualquier cliente que se presentara. Desde el vecindario finalmente le pidieron que se fuera del departamento. Dichas prácticas crean estigma y conducen a la discriminación.

Casi todas personas que ejercen el trabajo sexual alrededor del mundo se oponen al modelo sueco, y sin embargo, hay países en la Unión Europea que aún se plantean su activación —una desatención voluntaria a sus demandas que no tiene cabida en las crisis de salud pública a las que nos enfrentamos en muchas partes del mundo. La penalización no hace nada para proteger a las personas que realizan trabajo sexual o las comunidades en las que viven sino que, por el contrario, hace que tanto las primeras como sus familias queden expuestas a riesgos mayores. La despenalización representa un enfoque más acorde, que ofrece a las personas que ejercen el trabajo sexual las herramientas necesarias para defenderse a sí mismas como ciudadanas iguales ante la ley.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the author

Anne Gathumbi directs the Sexual Health and Rights Project for the Open Society Foundations’ Public Health Program.

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