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BTS en Español

Entrevista: ¿la detención como nueva forma de gestión migratoria?

La detención se está convirtiendo en el método preferido por los estados para procesar y disuadir a las personas migrantes, pero hay muchas otras alternativas disponibles. English

BBC World Service/Flickr. (CC BY-NC 2.0)

Ben Lewis: Soy Ben Lewis y trabajo con la Coalición Internacional contra la Detención («IDC» por sus siglas en inglés). Somos una red global de organizaciones no gubernamentales que trabaja en 70 países.

Cameron Thibos (oD): ¿Podríamos hablar un poco sobre el incremento actual de las medidas de seguridad que se está dando en nuestras fronteras de cara a la migración?

Ben: Esta es una de estas nuevas tendencias en migración que son bastante preocupantes. Ha estado sucediendo durante las últimas dos décadas. Vimos un gran incremento después del 11 de septiembre, cuando las naciones comenzaron a considerar la migración desde una perspectiva de seguridad más que de protección o gobernanza regular de la migración. Por lo tanto, cosas como los muros o las vallas fronterizas, el uso de la detención como medidas de disuasión o como parte de un programa de gestión migratoria, son todos ejemplos de los tipos de problemas que están surgiendo a medida que las fronteras se vuelven más duras y «seguras».

Cameron: Se enfocan en la detención. ¿De qué manera se utiliza esto como método de control migratorio?

Ben: Creo que es importante destacar que, en el marco de la ley internacional, la detención solo debe ser una medida excepcional. Es decir, puede ser una medida excepcional en el contexto penal (por ejemplo, cuando hay personas que pueden considerarse como un peligro para otra gente) o desde el punto de vista institucional (cuando eres un peligro para ti mismo, por ejemplo).

Pero desde un punto de vista administrativo y ejecutivo, se supone que es incluso mucho menos común. Pero lo que estamos viendo es que en lugar de utilizarla como una medida excepcional de último recurso, los gobiernos ahora prefieren utilizar la detención como primer recurso cuando se ocupan de personas indocumentadas que cruzan su frontera.

Pero lo que estamos viendo es que en lugar de utilizarla como una medida excepcional de último recurso, los gobiernos ahora prefieren utilizar la detención como primer recurso cuando se ocupan de personas indocumentadas que cruzan su frontera.

Las perspectiva histórica que gobernó la gestión de la migración se ha basado en personas que van y vienen, y que determinan su condición migratoria luego del hecho. Así es como sus abuelas y mis abuelos o bisabuelas emigraron hacia donde sea que terminamos nosotros. Ahora, sin embargo, la obligación de obtener un permiso para viajar antes de partir recae más sobre el individuo.

Como resultado, las naciones están deteniendo a las personas en las fronteras cuando entran al país sin autorización previa. También están utilizando cada vez más la detención en el contexto de retornos, para deportar a las personas de vuelta a su país de origen o —a veces por conveniencia— a otro país con el que no tienen ninguna relación.

Cameron: ¿Cuáles son las condiciones en estos centros de detención? ¿En qué se diferencian de las cárceles o los refugios?

Ben: Las condiciones de detención varían mucho de país en país, incluso de régimen en régimen. Algunas detenciones por inmigración se gestionan en establecimientos penales, porque las entradas y estadías irregulares son criminalizadas. Por lo tanto, les pueden procesar en virtud del derecho penal y alojar en un establecimiento penal, junto con otros u otras delincuentes. Esto es ilegal, según la ley internacional; pero está sucediendo cada vez más a nivel nacional.

Otras veces, realmente depende del país. Hemos visto centros de detención de inmigrantes que son comisarías situadas cerca de las fronteras, campos improvisados cerrados en Grecia e Italia. Existe un nuevo enfoque de puntos críticos que la Unión Europea ha estado implementando y que no otorga protección alguna, y ha sido muy criticado por ello. En Malta, hemos visto el uso de contenedores. Australia tenía una política de detención extraterritorial que fue descrita de variadas formas, desde campo para personas refugiadas hasta campos de concentración.

Pero, en general, una cosa está clara: la persona no es libre de marcharse. Existe, entonces, privación de la libertad, lo que desencadena todo tipo de protecciones jurídicas internacionales, tanto de debido proceso como de derechos fundamentales, en el marco de la ley internacional.

En términos de tasas de riesgo, varios estudios han demostrado que existen altas tasas de suicidio y autolesión. También reina una falta de materialización de derechos económicos, sociales y culturales, como el acceso a la atención médica y a la educación, familias separadas y desgarradas, mucha violencia física y social infligida a las personas inmigrantes en los lugares de detención. Todo ello hace que no sean lugares de protección ni, con certeza, apropiados para personas en situaciones de vulnerabilidad.

Cameron: Creo que muchas personas consideran la detención como un primer paso razonable, en especial cuando sienten que hay una crisis; ganan tiempo reteniendo a las personas migrantes hasta que simplemente alguien pueda descubrir qué hacer con toda esa gente. ¿Cuál sería un mejor sistema que pudiera satisfacer las necesidades del país y proteger los derechos humanos?

Ben: Creo que, antes que nada, tenemos que desafiar esta retórica de crisis, que ha sido un enfoque tan predominante en el discurso mediático y político durante los últimos dos años. Estadísticamente, según las cifras, la migración se ha mantenido en un 3% de la población total. Ese porcentaje no ha aumentado, solo que hoy en día somos más personas en el mundo y, por lo tanto, hay más personas migrantes.

Sin duda las personas que huyen de Siria a menudo sufren de crisis individuales o personales, como así también las personas abandonadas en lugares de conflicto o guerras civiles. Pero las naciones que responden a la migración, en general, no están en crisis. Estas nuevas llegadas inmigratorias son controlables, en su mayoría; y creo que la solución yace en la forma en que se ha manejado la migración desde tiempos inmemoriales: vías legales para quienes entran a un país o para quienes entran a un país sin permiso previo, y regular su condición después del hecho.

Esto es algo que se ha hecho durante siglos. Solo hace relativamente poco tiempo, y creo que es importante destacar esto, hemos recurrido a esta estrategia tan centrada en medidas de seguridad, que fomenta la idea de «soluciona tu condición migratoria con anticipación o no vengas». Creo que eso tiene un impacto real en cosas como el derecho al asilo, la protección de las niñas y niños y las víctimas de la trata, y está causando una ruptura importante en la forma en que se supone debiera funcionar el régimen internacional de protección.

Solo hace relativamente poco tiempo, y creo que es importante destacar esto, hemos recurrido a esta estrategia tan centrada en medidas de seguridad, que fomenta la idea de «soluciona tu condición migratoria con anticipación o no vengas».

Cameron: Hablando del problema de regularización de una condición antes de viajar, me gustaría hablar del aumento de la externalización de fronteras. La idea de que el control de las fronteras y los regímenes de protección deberían trasladarse al extranjero. ¿Cuáles son los beneficios o los riesgos asociados a ese modelo?

Ben: La externalización de fronteras ha sido uno de los temas predominantes aquí en las «Jornadas de la sociedad civil» del Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo (celebrado en diciembre de 2016, donde se realizó esta entrevista). Uno de los mensajes principales que se ha divulgado es que si las naciones van a externalizar sus fronteras, también necesitarán externalizar la protección. Lamentablemente, eso no está sucediendo.

¿Qué queremos decir con «externalización de fronteras»? Este es un concepto relativamente nuevo que la gente todavía está intentando definir. Incluye cosas como acuerdos comerciales bilaterales o acuerdos políticos bilaterales con otras naciones para empujar la frontera cada vez más lejos, en lugar de procesar y reforzar las fronteras en la propia jurisdicción territorial.

Eso puede significar, por ejemplo, que Estados Unidos proporcione capacitación a las autoridades de la frontera en México para alentarlas a arrestar y detener a más personas que se dirigen hacia Estados Unidos. O puede que sea a través de intervenciones directas con dinero en efectivo, como en el acuerdo de la UE con Turquía, que fomenta cosas como la construcción de centros de detención o la quema de barcos para que la gente no pueda llegar a las costas de Europa.

Con frecuencia y de forma problemática, esto se maquilla como protección para las mismas personas migrantes: «solo estamos tratando de ayudar o proteger a la gente, y evitar que se suban a barcos destartalados y mueran en el mar». Estos son argumentos vacíos. Si proteger y salvar vidas fuera realmente la preocupación de los países europeos o de Estados Unidos, por ejemplo, sería mucho más simple pagar un billete de avión; el costo, sin duda, sería mucho más bajo que lo que se invierte en la actualidad en seguridad en las fronteras.

De hecho, con lo que las personas inmigrantes pagan en operaciones de tráfico debido al cierre y la externalización de las fronteras, podrían comprarse un billete de avión en primera clase y llegar cómodamente a lugares como Alemania, Suecia, Italia, Grecia y cualquier otro lugar, para allí solicitar asilo de forma individual. Entonces, realmente tenemos que deconstruir el discurso utilizado por las naciones y analizar de forma crítica las razones que dan los gobiernos para justificar este endurecimiento y externalización de fronteras.

Cameron: ¿Tenemos alguna razón para confiar en que los países lleven a cabo una externalización de las fronteras de buena fe, velando por los intereses de las personas migrantes? ¿O deberíamos ser más escépticos al respecto?

Ben: Creo que es necesario distinguir entre los procesos externos para obtener un visado o un permiso de asilo. Los visados de estudiante o de turista también se están externalizando cada vez más; es decir, que debes obtenerlo antes de llegar al país de acogida. Cabe mencionar que, como ciudadano estadounidense, puedo obtener un visado a mi llegada en muchos contextos. Si esto es así, ¿por qué no hay más personas que puedan tener acceso a visados a la llegada al país? Ciertamente, esta es una forma más tradicional o histórica de concebir el procesamiento de visados.

Tener que solicitar un visado antes de huir para salvar nuestras vidas, es totalmente contrario al objetivo de proteger a las personas refugiadas.

La nueva tendencia preocupante, sin embargo, es el procesamiento de asilo en el país de origen. En otras palabras, cada vez más se exige a la gente que se quede donde está —a menudo, un lugar peligroso, o de conflicto, o donde carece de protección— y que solicite asilo allí, en lugar de primero llegar a un lugar seguro y a continuación solicitar asilo. Esto pone patas arriba la Convención sobre personas refugiadas. Tener que solicitar un visado antes de huir para salvar nuestras vidas, es totalmente contrario al objetivo de proteger a las personas refugiadas. Es una tendencia muy preocupante, y todavía hay mucho que aprender sobre la efectividad de su funcionamiento.

Bill Frelick del Observatorio de Derechos Humanos («HRW», por sus siglas en inglés) escribió un informe realmente brillante sobre cómo se procesa el asilo externo en América Central. En mi opinión, hace una crítica bastante mordaz de ese sistema, de las tasas de reconocimiento, de la voluntad del funcionariado para adjudicar de forma favorable asilo o refugio, para que después se obligue a las personas a irse de todas maneras y se las ponga en una situación en que el país de acogida ya los podría haber identificado como no merecedores de la protección internacional de refugiados. Creo que esto plantea algunos asuntos delicados.

Cameron: ¿Alguna otra cosa que le gustaría agregar?

Ben: Oh, hay mucho más que decir, pero quizás hay dos cosas específicas para nuestro trabajo en la Coalición Internacional contra la Detención. Una es que en los últimos dos años nos hemos centrado más especialmente en la prohibición absoluta de la detención de niñas, niños y familias migrantes, otra tendencia en aumento que estamos observando y que es bastante preocupante. Para justificar esto se utiliza de nuevo la retórica de crisis, donde se implementa la detención de una manera muy coercitiva y dañina, incluso para las personas más vulnerables. Creo que hay un mensaje muy claro desde la sociedad civil, así como también desde una cohorte amplia de personas expertas de la ONU: esto es una práctica inaceptable a nivel global y debe terminar.

La otra tiene que ver con lo que me preguntó antes sobre la normalización de las prácticas de detención. Creo que uno de los antídotos preparados para esto son las alternativas a la detención. Se ha investigado mucho y se han desarrollado las mejores prácticas en torno a este tema, y nuestra organización ha trabajado bastante para identificar esas mejores prácticas exitosas y elementos clave en las alternativas a la detención.

Descubrimos que hay más de 250 ejemplos en los 70 países en los que tenemos miembros en terreno, que van desde la intervención temprana y los programas de detección, hasta modelos de viviendas comunitarias y alternativas de liberación para personas que puedan haber sido detenidas por error. Existen muchas opciones, y no es necesario usar medidas de detención severas y coercitivas para cumplir los objetivos de migración legítima de un país. De hecho, las alternativas tienden a facilitar más la cooperación con los procesos continuos de migración regular que las naciones pretenden alcanzar.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the authors

Ben Lewis is the advocacy coordinator at the International Detention Coalition. Follow him on Twitter @IDCadvocacy.

Cameron Thibos is the managing editor of Beyond Trafficking and Slavery. He is a former research associate at the Migration Policy Centre of the European University Institute in Florence, Italy, and holds a D.Phil from the Department of International Development at the University of Oxford. 

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