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Carta abierta: un enfoque más apropiado sobre el trabajo infantil

A medida que la ONU considera su posición sobre el trabajo infantil, 59 personas expertas exponen los argumentos en contra de una edad mínima universal. La explotación no puede evitarse con prohibiciones generales sino con enfoques más matizados. English

Dang Ke Duc for the ILO/Flickr. (CC 2.0 by-nc-nd)

Prólogo

El equipo de Beyond Trafficking and Slavery (Más allá de la trata y la esclavitud) se complace en publicar la siguiente carta como parte de nuestra secuencia «Estudios de caso y críticas». El documento, respaldado por más de 50 personas destacadas de la academia, profesionales de los derechos humanos y defensoras del trabajo infantil y juvenil, hace un llamado al Comité de las Naciones Unidas sobre la Convención de los Derechos del Niño para evitar vincular el «Comentario General sobre los derechos de los adolescentes» propuesto con el Convenio de la OIT sobre la edad mínima (No. 138) o las normas de edad mínima establecidas en ese convenio.

En cambio, las personas que suscriben piden al Comité de la ONU sobre la Convención en los Derechos del Niño que haga referencia a la Convención de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil (No. 182). El apoyo al Convenio 182 en esta instancia específica está sujeto a que las voces de las niñas y niños que serán afectados sean escuchadas y se actúe en consecuencia; que sus derechos sean respetados; y que sus mejores intereses —decididos en conjunto con las niñas y niños— sean priorizados en todos los casos. La carta, además, rechaza la aplicación general del Convenio No. 182 de la OIT y, en su lugar, sugiere que su aplicación se guíe por una cuidadosa consideración de las circunstancias sociales, culturales y económicas en las que viven y trabajan niñas y niños.

Por largo tiempo, estos mensajes han sido destacados por un abrumador número de personas de la academia, profesionales de los derechos de las niñas y niños y grupos organizados de niñas y niños trabajadores. Todas estas personas han expresado su preocupación por los impactos perjudiciales que las convenciones internacionales dominantes sobre los derechos de la infancia pueden producir sobre el trabajo infantil. Siempre se ha condenado de forma especial, sin embargo, el Convenio No. 138 de la OIT, como lo demuestran muchos de los artículos publicados en nuestra serie sobre «Infancia y juventud». Los temas tratados incluyen los enfoques «abolicionistas» y de «edad mínima», ambos altamente problemáticos y derivados de las ficciones sobre la existencia de un tipo de niñez único y universal. Encarnan una comprensión del curso de la vida que delinea el trabajo de niñas y niños a partir de sus determinantes sociales, políticas y de otra índole estructural, así como el papel del trabajo en sus vidas y las de sus familias. Los grupos de niñas y niños trabajadores en Bolivia, Perú, Paraguay, Burkina Faso, India y otros lugares dejaron claro que su participación en una variedad de trabajos (incluidos muchos de los prohibidos por las leyes) es a menudo parte integral de sus intentos de acceder a la educación, medios de subsistencia y planes de desarrollo, así como parte de su participación socio-económica y ciudadana en el sentido más amplio. Se espera que el Comité de la ONU sobre la Convención de los Derechos del Niño adopte las propuestas esbozadas en esta carta, dando paso a un enfoque relativamente más informado que tenga en consideración el lugar de niñas y niños en el mercado laboral.


20 de enero de 2016

Para: Miembros del Comité de la ONU sobre la Convención de los derechos del niño

Estimados miembros del Comité:

Como grupo de personas profesionales e investigadoras estrechamente involucradas con los derechos de las niñas y niños y los programas de protección de la infancia, tenemos un interés particular en el trabajo infantil. Recientemente, nos enteramos de que se está preparando una Observación general sobre los derechos de las y los adolescentes, y esto puede afectar los derechos de las niñas y niños que trabajan, en relación con el artículo 32 de la Convención sobre los Derechos del Niño. Vemos esto como una oportunidad para mejorar la protección de la infancia y adolescencia trabajadora. En particular, instamos encarecidamente al Comité a vincular su recomendación sobre adolescentes al Convenio 182 de la OIT y referirse a la importancia de proteger a niñas y niños trabajadores de la explotación y el daño, en vez de mirar los Estándares de edad mínima establecidos en el Convenio 138 de la OIT. La referencia a OIT 182 debería respetar toda la gama de derechos de la niña y el niño, incluidos sus derechos de protección, su derecho a la educación, y sus derechos participativos —entre los que destacamos su derecho a la información, a participar en las decisiones que los afectan y a organizarse—. Cualquier aplicación de la OIT 182 debería tener en cuenta, en la práctica, los contextos locales en los que trabajan niñas y niños para asegurar que se contemplen sus intereses. Si el Comité desea convocar un debate técnico sobre las cuestiones planteadas aquí en relación con el trabajo infantil, nos complacería colaborar en ese empeño.

A través de nuestro trabajo de campo e investigación con niñas y niños, familias y comunidades, hemos llegado a reconocer que ellos pueden trabajar —y, en efecto, trabajan— para mantenerse a sí mismos y a sus familias. Este trabajo de niñas, niños y adolescentes se lleva a cabo en una variedad de contextos culturales y escenarios que, en muchos casos, les permiten adquirir habilidades técnicas, empresariales y de vida que les ayudan a convertirse en personas adultas productivas dentro de sus sociedades. Sin embargo, el trabajo que realizan niñas, niños, y adolescentes, puede tener efectos positivos y negativos. Pueden trabajar en situaciones dignas que no son perjudiciales ni explotadoras y que contribuyen a la materialización de sus derechos. También existen casos en los que trabajan en entornos inseguros y no saludables, con salarios bajo o sin ellos y sin poder continuar su educación ni ver materializados otros derechos.

Estamos de acuerdo en que en todas las situaciones, incluso cuando los niños y las niñas trabajan, deben estar protegidas de cualquier daño y explotación, pero tenemos reservas sobre el uso del Convenio 138 de la OIT (Convenio sobre la edad mínima) para lograr ese objetivo. La protección contra toda forma de explotación se establece en el artículo 32 de la Convención sobre los Derechos del Niño (párr. i) y la protección contra toda forma de daño se especifica en el Convenio 182 de la OIT. Aunque se debe tener cuidado para garantizar que el trabajo infantil sea seguro, apropiado, que contribuya a la educación de niñas y niños y los dignifique, las políticas que se enfocan en prohibir el trabajo infantil, en especial a través limitaciones de edad, generalmente no son lo mejor para ellos y pueden tener impactos negativos:

• Cuando las normas de edad mínima se incorporan a la legislación, las niñas y niños más pequeños que ya no pueden trabajar de forma legal pueden ser empujados a formas de trabajo ilegales, invisibles o más dañinas, dejándolos sin un sistema de protección. También pueden ser excluidos del aprendizaje crítico, las oportunidades de desarrollo y las actividades de desarrollo comunitario.

• Cuando el objetivo principal de la legislación es la edad mínima para trabajar, las niñas, niños y adolescentes mayores que pueden trabajar legalmente pueden estar expuestos a condiciones de explotación o trabajo dañino, ya que la legislación no se centra en prevenir la explotación y el daño. Creemos firmemente que los estándares mínimos de edad no son la forma adecuada de proteger a niñas y niños que trabajan.

Cualquier intervención llevada a cabo para proteger y apoyar a niñas y niños que trabajan debe enfocarse en prevenir la explotación y el daño respetando sus derechos humanos, incluido el de participar en las decisiones que los afectan.

Un número creciente de personas de la academia y profesionales en el campo del trabajo infantil adoptan posturas muy críticas frente a la política de una edad mínima universal para el empleo, en especial como figura en el Convenio 138 (1973) de la OIT. Esto sorprende a quienes suponen que la política protege a las niñas y niños del abuso y fomenta su educación.

Exponemos aquí en pocas palabras el argumento en contra de una edad mínima universal. Se basa en un gran cuerpo de investigación empírica multidisciplinaria sobre cómo el trabajo afecta al bienestar y al desarrollo de las niñas y niños.1 La evidencia contra una política universal de edad mínima es mucho más persuasiva que la evidencia a favor de esta, por lo que muchas personas especialistas abogan por abandonarla por completo. En su lugar, proponen favorecer políticas como el Convenio 182 de la OIT, que se dirige específicamente al trabajo que resulta dañino para niñas y niños.

Algunos de los desafíos involucrados en la discusión del trabajo infantil

Las personas que debaten sobre el «trabajo de niñas y niños» o el «trabajo infantil» con frecuencia no reconocen que tienen en mente diferentes fenómenos. Este es un problema que obstaculiza la formulación de políticas racionales:

• Algunas personas conciben el «trabajo» como el trabajo industrial estereotipado: actividades remuneradas de tiempo completo. Gran parte de la literatura anterior e institucional sobre el trabajo infantil se centra en este tipo de trabajo.

• Otras lo consideran como un concepto más amplio, que incluye las tareas de tiempo parcial en las granjas y empresas familiares y en el hogar, tales como ir a buscar agua o leña y ocuparse de otras niñas o niños.

Siguiendo las tendencias actuales de las ciencias sociales, definimos el «trabajo infantil» de forma amplia, para incluir todas las actividades que ayudan a las niñas y niños a mantenerse a sí mismos y/o a los demás (parientes usualmente, pero no siempre). Según esta definición, la gran mayoría del trabajo infantil está en algún contexto o conexión familiar, a tiempo parcial y no remunerado.

Con el tiempo, las políticas de edad mínima han pasado del concepto más restringido al más amplio.

Las actitudes hacia el trabajo infantil se ven afectadas por los valores

Las personas encaran los debates sobre el trabajo infantil con diversos valores e ideologías. Por ejemplo:

• Algunas consideran que el trabajo es, en esencia, inapropiado para la infancia, que esta debería estar libre de responsabilidad y dedicada al aprendizaje y el ocio. Los buenos padres no involucran a niñas y niños pequeños en el trabajo.

• Otros consideran que el trabajo es bueno para las niñas y niños, que proporciona en algunos casos acceso a ingresos, así como capacitación en disciplina y responsabilidad. Todas las niñas y niños deberían ayudar desde una edad temprana como una práctica efectiva de crianza.

• Para muchas personas, la conveniencia del trabajo es situacional. El trabajo es aceptable para niñas y niños cuando es seguro y no los priva indebidamente de la escuela y el tiempo libre.

Dichos valores se relacionan con las diferencias culturales, de clase y de otro tipo, así como con las preferencias individuales. El desafío es cómo lidiar con esas diferencias en las políticas. En cuestiones de trabajo infantil, esto ha sido especialmente difícil cuando los valores se vuelven rígidos en ideologías de un tipo u otro.

Se necesita equilibrio, y la experiencia sugiere que esto se logra mejor al conjugar valores con investigaciones empíricas que vinculen rigurosamente las políticas con las consecuencias en el bienestar de las niñas y niños.

La política de la edad mínima general para trabajar

Quienes defienden estándares de edad mínima universales (en oposición a los específicos) lo justifican con uno o más de tres presuposiciones clave sobre qué es bueno para las niñas y niños, y lo toman como un hecho:

  1. El trabajo es un impedimento para el desarrollo de los niños y niñas, al menos antes de la adolescencia. O, las niñas y niños que trabajan tienen más probabilidades de ser pobres en la edad adulta: una «transmisión intergeneracional de la pobreza».
  2. Incluso si el trabajo es generalmente aceptable para la mayoría de las niñas y niños, trabajar los pone en riesgo de abuso. La mejor manera de evitar tales abusos es prohibir que trabajen, y los beneficios de evitar el abuso compensan los efectos negativos de no trabajar.
  3. Prohibir el trabajo a niñas y niños en edad escolar es útil para mantenerlos en la escuela y promover la importancia primordial de la educación.

La experiencia evaluada y la investigación de las ciencias sociales en una amplia gama de disciplinas sugieren firmemente que ninguna de estas suposiciones es válida como una generalización universal.2

Supuesto 1 - «El trabajo es un impedimento para el desarrollo de los niños y niñas»

Aunque no hay evidencia científica de que las responsabilidades laborales sean intrínsecamente malas para las niñas y niños (más allá de la cuestión del abuso), existe evidencia considerable de que cuando realizan un trabajo adecuado a su edad y en un ambiente de apoyo, esto puede cumplir un importante papel en el desarrollo de su vida presente y en la preparación para la edad adulta. La política de edad mínima ignora este conjunto sustancial de evidencia:

• La participación en el trabajo del hogar y económico a menudo es una poderosa fuerza de socialización que brinda a las niñas y niños resiliencia y recursos, a través de la participación plena en sus familias y comunidades.

• A través del trabajo, niñas y niños pueden aprender habilidades técnicas y sociales que mejoran su confianza y bienestar en el presente y sus oportunidades de vida en el futuro.

• Cuando niñas y niños superan desafíos a través de su trabajo, y particularmente cuando encuentran que otras personas pueden depender de ellos, el logro puede ser una fuente importante de autoestima y resiliencia, lo que es particularmente importante para las niñas y niños en situaciones de riesgo.

•El trabajo tiene beneficios económicos que son importantes, no solo para la nutrición y los gastos escolares de familias pobres, sino también en el futuro. Investigaciones recientes sugieren que, una vez que se controlan adecuadamente la pobreza y otras condiciones influyentes, el trabajo temprano en un modo y cantidad adecuados puede asociarse con un mayor, que no menor, éxito en la edad adulta. Los factores situacionales dominan.

Dichos beneficios se han documentado para niñas y niños incluso por debajo de la edad mínima establecida para «trabajos ligeros». Cuando el trabajo a menudo constituye una oportunidad para el bienestar y el desarrollo de niñas y niños, la interrupción del trabajo infantil conlleva un costo considerable. Este costo debe evaluarse cuando se considera cualquier protección que pueda ofrecerse impidiendo que trabajen. El trabajo no se puede dividir con precisión en categorías mutuamente excluyentes como trabajo dañino o benigno.

Supuesto 2: «Prohibir el trabajo protege a las niñas y niños del abuso y de la explotación»

La mayor parte de la evidencia no sugiere que el simple hecho de trabajar ponga a las niñas y niños en riesgo de abuso (aunque en ciertas situaciones lo haga). Tampoco apoya la afirmación de que una política universal que prohíba el trabajo infantil reduzca el abuso laboral (aunque prohibiciones cuidadosamente dirigidas contra ciertos tipos de trabajo dañino pueden ayudar a proteger a niñas y niños). Además, existen razones específicas por las cuales el Convenio de la OIT sobre la edad mínima (138) como instrumento legal no es necesario ni adecuado para proteger a las niñas y niños:

•El trabajo perjudicial, peligroso y de explotación ahora está prohibido por la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y por el Convenio 182 de la OIT. En consecuencia, mantener un requisito de edad mínima solo es efectivo a la hora de prohibir el trabajo en empleos que no son perjudiciales, peligrosos o en condiciones de explotación. ¿Por qué prohibir a las niñas y niños tener un trabajo adecuado?

• El Convenio sobre la edad mínima no protege a las y niños de la explotación en «empresas familiares y de pequeña escala que producen para consumo local y no emplean regularmente trabajadoras o trabajadores contratados», puesto que están exentos de los términos de la Convención (artículo 5.3). La investigación ha demostrado que en tales empresas a veces hay más explotación que en aquellos empleos asalariados que están prohibidos.

• La Convención sobre la edad mínima no ofrece ninguna protección alternativa a quienes por situaciones de fuerza mayor necesitan ingresos para ganarse la vida, y muy a menudo para la educación. De hecho, al hacer que el empleo formal sea ilegal, la Convención hace que el trabajo infantil (incluido el trabajo doméstico) sea clandestino y hace que las situaciones de trabajo de explotación se den con mayor frecuencia y sean considerablemente más difíciles de controlar.

• La Convención sobre la edad mínima trata los efectos más que las causas, ignorando la gran desigualdad en la cual la explotación de niñas y niños no puede separarse de la explotación de las familias y de las comunidades.

Por lo tanto, la evidencia sugiere que una edad mínima general para el empleo en realidad no protege a las niñas y niños del abuso laboral, pero puede privarlos de los beneficios del trabajo. De esa manera, hace más daño que otra cosa. Además, al centrarse en el criterio injustificado de la edad, esta política desvía la atención, la energía y los recursos del abuso verdaderamente grave de las niñas y niños en el lugar de trabajo, el cual requiere de una intervención urgente.

Supuesto 3 - «El trabajo y la escuela son incompatibles»

El peso de la evidencia no respalda la idea de que prohibir que niñas y niños trabajen los mantenga en la escuela o promueva su educación.

• Muchas personas jóvenes combinan con éxito el trabajo y la escuela, y en aquellas situaciones en las que la pobreza no exige de jornadas laborales más largas, es más probable que disminuyan el tiempo libre que el trabajo escolar.

• El acceso y la calidad de la escuela son los factores determinantes más fuertes de la asistencia escolar y el rendimiento. Atender a estas cuestiones funciona de manera más efectiva a la hora de mantener a las niñas y niños en la escuela que prohibir el trabajo.

• Aumentar los ingresos de los hogares (por ejemplo, a través de transferencias monetarias condicionadas) en entornos de pobreza, puede aumentar la asistencia escolar y reducir la cantidad de tiempo que las niñas y niños dedican al trabajo, sin obligarlos necesariamente a que lo abandonen por completo.

• El hecho de mantener sin trabajo a las niñas y niños puede hacer que la escolaridad sea más difícil y, en algunos casos, incluso imposible para aquellas familias que necesitan ingresos para cubrir los gastos escolares.

• Las niñas y niños que no asisten a la escuela o encuentran la asistencia humillante debido a defectos serios en el sistema escolar necesitan una actividad constructiva alternativa. El trabajo a menudo es la mejor opción.

No se ha demostrado que la política de prohibir el trabajo infantil sea necesaria o efectiva para mejorar la asistencia y el rendimiento escolar, y tal política puede impedir que las niñas y niños adquieran los beneficios educativos del trabajo.

Trabajo infantil y el mercado de trabajo

Otra suposición detrás del impulso para eliminar el trabajo infantil busca favorecer a las niñas y niños solo de forma indirecta, a través de beneficios que son principalmente para las personas adultas. Sostiene que la eliminación de la participación de las niñas y niños en el trabajo protege el empleo y los salarios de las personas adultas, elevando el ingreso familiar de modo que las niñas y niños no tengan que trabajar. Si bien hay evidencias de que las niñas y niños pueden competir en los mercados de trabajo asalariado con las personas adultas, también las hay de que la participación económica de la infancia puede mantener la viabilidad de muchos tipos de empresas domésticas (como granjas y pequeños negocios) y así crear empleo e ingresos para las personas adultas.

El efecto del trabajo infantil en los ingresos de las personas adultas varía con el trabajo y la situación. También es importante reconocer que niñas y niños también tienen derecho a un ingreso sin el apoyo adecuado de personas adultas.

Derechos e intereses de las niñas y niños

Aunque la Convención sobre la edad mínima se escribió antes de que el discurso sobre los derechos de las niñas y niños adquiriera prominencia, a menudo se supone que es un documento sobre los derechos de la infancia.

Esta suposición es falaz.

La política universal de reducción de la edad mínima para niñas y niños garantiza ciertos derechos humanos que se otorgan a todo el mundo. Según las leyes internacionales de los derechos humanos, los derechos extendidos a todo el mundo, como el derecho al trabajo, pueden reducirse en la infancia por su propia protección. Sin embargo, para que esta excepción sea válida, debe demostrarse que es necesaria —es decir, que no se puede lograr por medios que no restrinjan sus derechos— y efectiva —que, en la práctica, protege a la infancia—. Ninguna de estas condiciones se cumple con la política universal de edad mínima. De hecho, las niñas y niños pueden estar protegidos por medidas contra el trabajo perjudicial que no les prohíban trabajar, y no pudimos encontrar evidencia que sugiera que una prohibición universal en realidad protege a la infancia. Sin embargo hemos hallado una serie de casos en los que claramente funcionó en detrimento de sus derechos.

Con respecto a la política internacional sobre el trabajo infantil, sería más lógico y beneficioso para niñas y niños trasladar los esfuerzos para implementar una política universal de edad mínima a la aplicación urgente de políticas para proteger a niñas y niños frente a empleos y condiciones de trabajo que según pruebas empíricas son efectivamente perjudiciales para ellos, tal y como como lo exigen la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y el Convenio 182 de la OIT.

Por lo tanto, recomendamos que cualquier Comentario General desarrollado en relación con el artículo 32 de la Convención sobre los Derechos del Niño haga referencia al Convenio 182 de la OIT (con los requisitos mencionados anteriormente) y a la importancia de proteger a las niñas y niños trabajadores de la explotación y el daño, y no a las Normas de edad mínima establecidas en el Convenio 138 de la OIT.

Si tiene alguna pregunta o precisa de más aclaraciones, comuníquese con Richard Carothers (richardcarothers@rogers.com), quien coordinará una respuesta colectiva con todas las personas signatarias.

Gracias por su consideración acerca de este importante asunto.

Atentamente.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

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