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BTS en Español

¿Es utópico luchar por fronteras abiertas?

En Europa, miles de personas migrantes son prisioneras de los controles fronterizos. Y se preguntan: «¿acaso no somos seres humanos?» ¿Es utópico responderles que sí lo son? y ¿qué es necesario abrir las fronteras? English

Hungarian soldiers patrol the border line between Serbia and Hungary near Roszke, southern Hungary, on 13 September 2015. Matthias Schrader/AP/Press Association Images. All rights reserved.

Por qué debemos luchar por abrir las fronteras

En la Europa contemporánea es preciso que todas aquellas personas que ansíen un mundo que ponga a los seres humanos en el centro se involucren en el desarrollo y la creación de argumentos exitosos a favor de la apertura de fronteras. El carácter inhumano de los controles de inmigración es evidente frente a los miles de seres humanos que mueren cada año en la peligrosa travesía para llegar a Europa. No mueren porque la travesía sea peligrosa en sí misma: mueren porque los Estados nación de Europa han hecho que este viaje sea peligroso.

El carácter inhumano de los controles de inmigración es evidente, con los miles de seres humanos atrapados en los cruces de frontera, en campamentos, en centros de detención. Europa los atrae con mensajes de libertad y oportunidad. Europa los atrae con su abundancia y sus oportunidades de aprendizaje, y miles de personas han intentado alcanzar estas oportunidades. Han caminado, remado, nadado; se han arrastrado y corrido hacia la luz de una vida mejor.

Y al llegar a las fronteras, al pisar nuestra tierra, al ponerse de pie y decir «queremos las mismas oportunidades que ustedes», las naciones europeas han respondido: «estas oportunidades no son para ustedes. Estas oportunidades son solo para algunas personas privilegiadas». Las personas migrantes quedan atrapadas en las fronteras, en los campamentos, en los centros de detención; quedan atrapadas porque las naciones europeas son incapaces de reconocer su humanidad. Los Estados nación fracasan en reconocer su humanidad. Solo reconocen la nacionalidad. Debemos luchar por fronteras abiertas porque millones de personas, de todas partes del mundo, exigen su libertad de movimiento, y día a día se les niega esa libertada a cientos de miles de ellas.

En las fronteras de Europa, en los mares traicioneros, en las rutas, en los campamentos, en los centros de detención y en el tortuoso limbo de la espera por el resultado de las solicitudes de asilo, cientos de miles de personas preguntan: «¿acaso no somos humanos?» Y la respuesta de cientos de miles de ciudadanas y ciudadanos en Europa es: «reconocemos su humanidad». Estas personas están organizando barcos de rescate. Están dando aventones a personas migrantes fatigadas. Están organizando cocinas comunitarias y otros puestos de comida. Están organizando colectas de ropa y juguetes. Están viajando por todo el continente para ayudar a entregar esta ayuda a las personas que la necesitan. Están ayudando a aliviar sus penas. Están ayudando a sepultar con dignidad a las personas muertas. Están entablando amistades con las personas detenidas. Están organizando asesoramiento legal. Están brindando alojamiento. Y están ayudando a mejorar el ánimo, a iluminar los recovecos más oscuros de nuestras almas, para ayudar a las personas a reír y llorar por la felicidad que nos da ser humanos.

Todo esto es testimonio de la bondad y generosidad del ser humano. Todo esto es una respuesta a quienes con cinismo creen que los seres humanos son fundamentalmente codiciosos y egoístas. Sin embargo, todo esto es solo lidiar con los síntomas. Debemos desarrollar y proponer alegatos en favor de las fronteras abiertas porque necesitamos soluciones a largo plazo. Si no transformamos el panorama general, limitaremos nuestra perspectiva a lo que es en lugar de a lo que podría ser. Si no nos hacemos cargo de nuestro propio destino como humanidad, seguiremos a merced de otras fuerzas más allá de nuestro control inmediato: el mercado, la competencia entre los estados nacionales, las crisis económicas, los caprichos arbitrarios de la élite mundial...

Es necesario que elaboremos y tengamos éxito en el debate por fronteras abiertas, ya que el problema no se trata solamente de personas refugiadas y o que solicitan asilo. Estamos hablando de la libertad del ser humano. Todos los seres humanos, ya sean trabajadores o trabajadoras migrantes, refugiados, solicitantes de asilo, estudiantes, parejas o familiares separadas por las fronteras creadas por los estados, tienen derecho a la libertad de movimiento.

Necesitamos un enfoque humano frente a la migración. Debemos elaborar, proponer y ganar razonamientos que prioricen a la humanidad. Razonamientos que prioricen a las personas frente a la rentabilidad. Razonamientos que prioricen el libre movimiento sobre el libre mercado. Razonamientos que prioricen la humanidad sobre el humanitarismo. Razonamientos que prioricen la libertad humana sobre la gestión de los recursos humanos. Razonamientos que prioricen la libertad sobre la economía. Si el modo en el que organizamos actualmente la sociedad humana hace que sea imposible garantizar la libertad humana, entonces existe un problema con esta organización. Es un problema para la humanidad, no un problema de la humanidad. Las personas migrantes no son un problema: son seres humanos. Las personas migrantes no son un problema: las fronteras son un problema. Las personas migrantes no son un problema: son parte de la solución.

¿Qué sucedería si tuviéramos fronteras abiertas?

Migrants cross a frozen stream as they make their way from the Macedonian border into Serbia in January 2016. Visar Kryeziu/AP/Press Association Images. All rights reserved.

La idea de tener fronteras abiertas atemoriza a muchas personas en Europa (y en otras regiones ricas del planeta). Ven un mundo donde la guerra y el conflicto son algo cotidiano. Un mundo donde miles de millones de personas viven con menos de dos dólares por día. Ven un mundo de caos económico, inseguridad laboral, falta de vivienda y pobreza creciente. Un mundo en el que la gente vive con miedo de ataques terroristas. Uno en el que los vientos de cambio mundial derriban las certezas que siempre tuvieron. Ven un mundo en el que las fronteras son un medio para impedir la llegada del horror. Ven las fronteras como una defensa contra la agitada masa de problemas que amenazan con abrumar a la humanidad. Quieren seguridad, protección y certeza. Muchas personas con miedo exigen que se agreguen protecciones, policía y vigilancia en las fronteras. Los estados están construyendo cercas más altas, hacen retroceder a los barcos y les niegan la posibilidad de ingreso. Dicen que si abriéramos las fronteras mañana, sería un caos. Las calles de Europa serían peligrosas, tendríamos gente sin vivienda, habría pobreza.

Sin embargo, impedir el libre movimiento de las personas no erradicará la pobreza ni la falta de viviendas, ni terminará con la guerra y la violencia. En el mejor de los casos, esto solo mantendrá la actual distribución desigual de miseria y oportunidades entre Occidente y el resto del mundo. Los ataques terroristas en París y Bruselas fueron horrendos. Fueron brutales e inhumanos. Siria y otras zonas de guerra en todo el mundo sufren ataques similares todos los días; sí, todos los días. Quienes se horrorizan por los ataques en París y Bruselas pero no sienten nada por las personas que se enfrentan a este tipo de brutalidad en otras partes del mundo están negando su propia humanidad. Quienes se niegan a reconocer la humanidad de otras personas, están matando su propia humanidad. La inhumanidad engendra inhumanidad.

La reacción punitiva, represiva y fría que hoy caracteriza a gran parte del liderazgo europeo es parte del problema, no parte de ninguna solución. Las sanciones punitivas estatales —contra Afganistán, Iraq y Libia; contra la dinámica emancipadora de la Primavera árabe— han dado lugar a los horrores que la población europea teme sufrir hoy en día.

Mantener las fronteras no supondrá un mejor futuro. Limitar la libre circulación no erradicará el miedo. Debemos tener una visión positiva. ¿Es utópico pensar así? Tal vez sí, tal vez no. La visión de un mundo mejor nos acompaña en estado embrionario. Está en las cientos de miles de obras de bondad y generosidad humana hacia las personas migrantes. Está en quienes reconocen la humanidad común que yace en el centro de la pluralidad de la diversidad humana. Podemos lograr un mundo mejor con estas obras positivas como base. En lugar de criminalizar el altruismo, debemos fomentarlo.

Libertad para todas y todos

Todo el mundo quiere libertad. El deseo de libertad es inherente al ser humano. Sin embargo, vivimos en un mundo en el que la libertad ajena se nos presenta como una amenaza a nuestra propia libertad. Nadie se opone a la libertad; a lo sumo, se oponen la libertad de otras personas. Lo que estamos viendo en Europa es una batalla por la libertad. Los estados nacionales están delimitando la zona de batalla. Separan la libertad de su ciudadanía de la libertad de las personas extranjeras.

Debemos oponernos a sus intentos de dividir a la humanidad de esta manera. Debemos defender las fronteras abiertas. Debemos defender una sociedad en la que una oportunidad para una persona es una oportunidad para todas las personas. Defendiendo las fronteras abiertas estamos diciendo: «otro mundo es posible». Defendiendo las fronteras abiertas estamos diciendo: «reconocemos nuestra humanidad común». Defendiendo las fronteras abiertas estamos diciendo: «la libertad es indivisible». ¡Abramos las fronteras ya! ¡Otro mundo es posible!


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the author

Chris Gilligan was a founding member of Open Borders Scotland, which campaigns for a human-centred approach to migration. He is a member of the Advisory Board of GRAMNet (the Glasgow Refugee and Migration Network) and a former member of Scottish Detainee Visitors and of the Refugee Action Group (Belfast). He is the author of Immigration Controls and the Erosion of Popular Sovereignty (2012) and editor of The Public and the Politics of Immigration Controls (2015).

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