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Sensibilización: ¿sobre qué? ¿para qué? ¿quiénes? ¿para quiénes?

Las tácticas utilizadas a gran escala para crear conciencia han logrado despertar interés sobre la trata de personas, pero también han tenido consecuencias negativas. English

Brazilian sex workers use FIFA and the World Cup as a hook to demand better quality of life conditions. Image by Thaddeus Blanchette and Laura Murray. All rights reserved.

En 1997, cuando inicié el programa de la UNESCO para la trata de personas en la región del Mekong, este problema apenas despertaba interés. Sin embargo, en los últimos quince años, la trata de personas (concepto encubierto en algunas ocasiones con el término más atrayente de «esclavitud moderna») se ha convertido en la estrella del mes. En ese sentido, sí se ha logrado crear conciencia. Sin embargo, debemos distinguir los informes y documentales respaldados por una cuidadosa investigación y los estudios acreditados de las campañas dirigidas a que el público se sienta bien consigo mismo, como: «los hombres de verdad no compran mujeres». Mi opinión es que, actualmente, estas campañas públicas de concienciación y difusión hacen más daño que otra cosa.

Dirigirse a las personas en riesgo

Al evaluar el aporte neto de las campañas de «concienciación pública» hay que tener en cuenta cómo se define el concepto de «pública». Existen muchos tipos de públicos; una campaña de información sobre formas seguras de migración adaptada específicamente a habitantes de áreas remotas puede resultar eficaz si se tienen en cuenta las distintas dificultades que estas personas pueden encontrar al tomar sus decisiones. Decir a las niñas de Birmania que viven en una zona en conflicto que no deben salir de casa, que no deben abandonar la escuela, que deben obtener buenas notas y que no deben dejarse seducir por luces brillantes y grandes ciudades, ni es honesto ni es eficaz, habida cuenta del miedo justificado a ser raptadas por el ejército birmano y el bajo rendimiento económico de la educación a corto y a largo plazo.

Puede ser útil advertir a la población migrante sobre los negocios corruptos y las peligrosas condiciones laborales en los barcos pesqueros en Tailandia, y también generar conciencia sobre la protección de derechos laborales, siempre y cuando se tenga en cuenta que muchas de sus decisiones se verán fuertemente restringidas. Para que las campañas de concienciación sean eficaces, deben basarse en la investigación y en el entendimiento de los factores específicos que impactan la evaluación subjetiva del riesgo de la audiencia a la que se dirigen. Se deben tener claras las limitaciones que presenta la sensibilización en aquellas poblaciones que pueden sufrir trata de personas: una buena información no garantiza buenas decisiones. Sin embargo, la falta de información suele garantizar malas decisiones.

Apuntar al público donante

Hay un tipo de campañas de sensibilización que parece encajar en la categoría de «sentirse bien por sentirse mal». Su objetivo principal parece ser recaudar fondos o mejorar la imagen pública de la organización que lleva adelante la campaña. No muchas personas encuentran una conexión lógica entre las acciones que estas campañas promueven y los impactos que obtienen. Entre las más absurdas encontramos una campaña organizada por la CNN, en la que varios grupos de personas lanzaban aviones de papel para luchar contra la esclavitud. Richard Quest, en un gran momento televisivo, incluso seleccionó a personas de la audiencia y de su panel de “expertos” para que lanzaran aviones de papel por todo el estudio. Nunca se aclaró cómo esto ayudaba a los pescadores forzosos de Birmania o a las empleadas del hogar filipinas de las que abusaban en el Golfo.

De manera similar, algunos programas de televisión como «Trata de personas» y películas como «Búsqueda implacable» han promovido una descripción falsa sobre el tema. Al igual que en otros perturbadores relatos históricos sobre la 'esclavitud blanca', los miembros malvados de una organización criminal seducen o secuestran a jóvenes inocentes y las convierten en esclavas sexuales que solo pueden ser rescatadas por un hombre blanco (o una mujer) con un arma. Se podría argumentar que esto es una ficción de escape inofensiva y que todo el mundo sabe que aprender sobre la trata de personas a través de «Búsqueda implacable» o series de televisión similares es como informarse sobre operaciones de inteligencia viendo películas de James Bond. Sin embargo, a diferencia de Bond, muchos de los productos de entretenimiento que muestran la «trata» o la «esclavitud moderna» poseen una fina y escurridiza apariencia de verosimilitud que es justificada diciendo que sirve para «crear conciencia». Esto suele ser reforzado por el respaldo de gobiernos y agencias internacionales ansiosas por participar en la publicidad de Hollywood.

Un lamentable impacto colateral de estas representaciones melodramáticas es que refuerzan la necesidad de víctimas «inocentes», junto con la consecuente creencia de que si alguien no es «inocente» no puede ser una víctima. Esto es perjudicial para las víctimas reales, quienes suelen habitar un mundo gris entre autonomía y explotación. Como resultado, a muchas víctimas de explotación se las encarcela y se les niegan servicios. En el mundo real, como decía antes, la trata es el resultado de procesos de migración que acabaron atrozmente. Y según la ley internacional, una víctima de trata de personas tiene derecho a protección, independientemente de cómo haya llegado a esa situación de explotación.

El uso y abuso de estadísticas

De manera similar, el uso exagerado o falso de estadísticas se justifica argumentando que es necesario para crear conciencia en las personas. En un capítulo que escribí para Sex, Drugs and Body Counts, destaco que «la mejor manera de caracterizar la trata es la certeza numérica y la duda estadística. Las cifras sobre trata de personas brindan la falsa precisión de la cuantificación, pero carecen de rigor estadístico». Sean cuales sean los recursos que se hayan utilizado, «el problema está empeorando»; siempre.

Ninguna cantidad parece ser nunca excesiva: 35,8 millones de víctimas de la esclavitud en 2015, comparadas con 45,8 millones en 2016. Y 20 millones antes de eso. Parece no importar el hecho de que ninguna de estas cifras se haya obtenido de forma fiable. Cuando cualquiera de ellas es cuestionada, se justifica diciendo que la trata está subestimada «porque es una actividad ilegal». Hace algunos años, participé en una conferencia de personas expertas en la Universidad de Harvard que buscaba reexaminar la trata y el tráfico de migrantes. Cuando discutíamos sobre estadísticas, un representante de una importante ONG contra la trata sostuvo que la precisión no importaba, siempre y cuando las cifras contribuyeran a la sensibilización y a la movilización de recursos.

Para describir este fenómeno, Carole Vance creó el término «estadísticas vampiro»: no importa cuántas veces se refuten las cifras, estas vuelven a aparecer. Igualmente, existen las crisis vampíricas en la trata de personas, crisis que reviven eternamente debido a los esfuerzos de sensibilización. Por ejemplo, el recurrente pánico moral durante importantes eventos deportivos. Durante la Copa Mundial de 2006 en Alemania, algunas ONG advirtieron de que 40.000 mujeres serían objeto de trata para calmar la lujosa lascivia de los fanáticos masculinos, incluso estableciendo prostíbulos similares a baños portátiles.

No parece que nadie se pregunte cómo se llegó a esta cifra, o por qué se necesitarían estas mujeres en un país en el que el trabajo sexual es legal. Es más, un miembro del parlamento sueco expresó que Suecia debería abandonar el campeonato como forma de protesta ante esta explotación. Los estudios realizados después del evento por la Organización Internacional para las Migraciones, entre otras, no mostraron un incremento en la trata de personas. Incluso algunos periódicos que antes habían exagerado sobre este tema empezaron a retractarse. Algunas trabajadoras sexuales en Alemania, al ser entrevistadas en prensa, dijeron que si cierto equipo ganaba, ellas saldrían perdiendo frente a las aficionadas del sexo femenino; y que si el equipo perdía, probablemente los hombres estarían demasiado ebrios como para ser clientes.

Previsiblemente, las organizaciones contra la trata resurgieron, afirmando que 40.000 mujeres fueron salvadas de la trata gracias a que se alertó al público y se creó conciencia. El fiasco de la Copa del 2006 no acabó con el problema. Cada evento, desde la Copa Mundial en Sudáfrica a las olimpiadas de Beijing y de Londres, se ha convertido en el centro de campañas y recogida de fondos de las ONG (y de algunas agencias internacionales).En ninguno de los casos hay pruebas de que el evento haya hecho aumentar la trata de personas para la explotación sexual. Sin embargo, cabe apuntar que (con algunas meritorias excepciones) se prestó menos atención y hubo menos indignación con las condiciones de verdadera explotación laboral de los trabajadores inmigrantes que construyeron algunos de los estadios.

También la Super Bowl de 2017 en Estados Unidos inspiró una oleada de artículos llenos de oscuras advertencias sobre el hecho de que la «esclavitud moderna» estaría anotando puntos y festejando en la zona de juego. Más aun, en todos los casos, la falta de evidencia en cuanto a la existencia de trata de personas relacionada con estos eventos ha sido utilizada como prueba de la eficacia de las campañas de sensibilización y de las severas medidas adoptadas contra las trabajadoras sexuales por la policía.

Las campañas de sensibilización actuales tienden hacia llamadas «wilberforceanas» para unirse a la lucha contra la esclavitud. La mayoría es de tipo voluntario, por ejemplo, sugerir que las personas pueden acabar con la esclavitud por medio del consumo inteligente. Sin embargo, mientras puedo boicotear la pesca en Tailandia (porque he leído sobre las condiciones laborales de la industria pesquera tailandesa), ¿cuánto sé sobre los camarones de Vietnam que venden en Whole Foods? ¿Sé qué productos intermedios contiene un teléfono Samsung en contraposición con los de un teléfono Apple?

Pocas campañas abordan reformas estructurales; una de las mayores contradicciones que he observado hasta la fecha es que una empresa que ignora a los sindicatos intente afirmar que lucha contra la esclavitud moderna. Hay muy pocas víctimas de la trata en industrias altamente sindicalizadas. En muchas partes del mundo, la falta de condición legal de una persona (por ejemplo, la ciudadanía y la partida de nacimiento) es un gran factor de riesgo en cuanto a sufrir trata de personas. Es hora de aprender sobre esas realidades y de llevar la sensibilización más allá de los aviones de papel y los héroes de cartón.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters


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