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BTS en Español

Hablando sobre las «prostitutas muertas»: cómo la Coalición contra la Trata de Mujeres (CATW) utiliza a sobrevivientes para silenciar quienes ejercen el trabajo sexual

Para exigir que Associated Press (AP), una agencia internacional de noticias sin fines de lucro, deje de usar la expresión «trabajador/a sexual», la CATW utiliza afirmaciones exageradas sobre la violencia contra las mujeres tratando así de censurar al sector que representa a quienes realizan trabajo sexual de mutuo acuerdo. English

Sex workers and supporters protest on International Women's Day in London. Guy Corbishley/Demotix. All Rights Reserved.

La Coalición contra la Trata de Mujeres (CATW) ha publicado recientemente una carta abierta dirigida al editor de la Guía de Estilo de Associated Press, David Minthorn, en respuesta a una campaña que se llevó a cabo en la red para sustituir la palabra «prostituta» por «trabajador/a sexual» en la guía 2015.

La CATW y sus simpatizantes se oponen a las expresiones «trabajo sexual» y «trabajador/a sexual» porque consideran que «dichas expresiones han sido creadas por la industria del sexo para legitimar la prostitución como forma de trabajo aceptable y ocultar el daño causado a las personas explotadas en el ámbito del comercio sexual». 

La carta, que ha sido firmada por «más de 300 grupos defensores de los derechos humanos y activistas contra la trata», incluye una selección de declaraciones de quienes la firman, que creen que la expresión «trabajador/a sexual» obvia el sufrimiento de las personas que se identifican como supervivientes de la explotación sexual. Sin embargo, la carta de la CATW apoya a quienes se identifican como supervivientes, reclamando que se ignore y se silencie a quienes se denominen a sí mismas trabajadoras sexuales.

Las sobrevivientes a la violencia tienen derecho a hablar y es fundamental escucharlas con atención y tacto. Pero lo que intentan la CATW y sus aliados es censurar la experiencia de las personas que ejercen el trabajo sexual y acallar a los organismos representantes en los medios de comunicación, negándose a nombrar las prácticas de trabajo sexual consensuado como el medio de vida de estas personas.

Ambas campañas recogen la idea falsa de que existe una dualidad al sugerir que el periodismo debe elegir entre dos nociones mutuamente excluyentes, la de la prostitución forzada o la del trabajo sexual consentido. La amplia variedad de investigaciones y testimonios demuestra una enorme diversidad de experiencias entre las personas que intercambian servicios sexuales por dinero. Es arrogante creer que un par de etiquetas puedan o deban definir tantas experiencias distintas.

La carta utiliza incluso mentiras flagrantes, como una letanía de estadísticas sin referenciar que aparentemente «demuestran que la industria del comercio sexual se basa en la deshumanización, degradación y violencia de género y causa daños físicos y psicológicos para toda la vida». La organización incluye también una declaración muy impactante: «La edad media de mortalidad de una persona que ejerce prostitución es de 34 años».

Esta arriesgada afirmación fue difundida en un artículo de 2011 de Newsweek, en el que se declaraba que «La prostitución siempre ha sido peligrosa para las mujeres. La edad media de mortalidad es de 34 años». La fuente es un artículo de 2004 de la revista American Journal of Epidemiology titulado «La mortalidad en una cohorte abierta a largo plazo de mujeres prostitutas». Se trata de un estudio sobre mujeres fallecidas en el que los autores «identificaron 117 fallecimientos seguros o probables» de «mujeres prostitutas identificadas por la policía y por el Departamento de vigilancia de la salud de Colorado Springs, Colorado, de 1967 a 1999». De paso, los autores afirman que «una pequeña cantidad de esas mujeres murieron por causas naturales, como es de esperar en personas cuya edad media al fallecer era de 34 años».

Lo esencial que hay que saber aquí es que este estudio, por su definición y por su diseño, no tuvo en cuenta su forma de vida. De una «cohorte abierta de 1969 mujeres» se identificaron 117 fallecidas. En otras palabras, el 94 por ciento de aquellas mujeres que ejercían la prostitución —1852 mujeres vivas— han sido excluidas de la muestra. «La declaración según la cual "la edad media de fallecimiento es 34 años" es muy inexacta si se observan los resultados reales», observó en 2011 Maggie McNeill. «¡Es exactamente lo mismo que concluir que "el soldado medio muere a los 21 años" excluyendo de la media a todos los que sobreviven!»

La declaración de la CATW es errónea sin que sean conscientes de ello o es deliberadamente engañosa. Da la impresión de que la persona que ejerza la prostitución o que realice trabajos sexuales tiene una alta probabilidad de morir alrededor de los treinta, una suposición sensacionalista, estigmatizadora y falsa.

La afirmación errónea sobre la mortalidad es una metáfora del argumento de la CATW que sugiere que la representación del todo debería ser sobrescrita por las vivencias de un único grupo reducido. Tergiversan las estadísticas existentes sobre las mujeres fallecidas que ejercían la prostitución para sugerir que las personas que ejercen el trabajo sexual no deberían estar representadas.

Esta macabra maniobra configura el juego de poder retórico en la conclusión de la carta, donde la CATW pide que las voces de las sobrevivientes gocen de especial atención en los medios de comunicación:

«Se adjuntan las palabras de las sobrevivientes sobre el daño que hace el uso de las expresiones "trabajo sexual", "trabajadora sexual" y "prostituta". Estas valientes personas están dirigiendo un movimiento global para poner fin a la explotación del comercio sexual y a la trata con fines sexuales. Solicitamos que la AP se comprometa con ellas como expertas en política».

¿Por qué las conversaciones sobre la prostitución y el trabajo sexual tienen que ser un juego de suma cero? La representación de las experiencias de las personas que ejercen el trabajo sexual no tiene que silenciar las experiencias de las personas sobrevivientes, que están ampliamente representadas en los debates sobre la ley relativa a la prostitución en Canadá, Francia y Reino Unido, por ejemplo. Las personas que ejercen el trabajo sexual son las principales interesadas en estos debates y también sus vidas merecen contar con una representación justa.

Las personas que ejercen el trabajo sexual no niegan que la explotación puede ocurrir en relación al intercambio de sexo por dinero, aunque algunas dudan de las declaraciones extremas sobre la omnipresencia de estos males. El intento de la CATW de reivindicar exclusiva atención sobre la experiencia y representación de las sobrevivientes refleja la enorme división entre el discurso sobre la prostitución y el discurso sobre el trabajo sexual, mientras que se niega a reconocer la inmensa diversidad de vivencias que subyace tras la polémica.

Necesitamos encontrar otra forma de describir las experiencias que actualmente definimos como trata, prostitución y trabajo sexual. Mientras tanto, la publicidad que está haciendo CATW de las sobrevivientes como expertas en explotación sexual y trata parecería mucho más justa si reconociera también la experiencia y el conocimiento de quienes ejercen trabajo sexual.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the author

Jason Congdon is an independent researcher from Vancouver, Canada. He tweets about sexual labor and social justice at @elfeministo.

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