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BTS en Español

Entrevista: la peligrosa invisibilidad de las mujeres migrantes

En todo el mundo hay mujeres que migran para trabajar o huir de la violencia; pero, en comparación con los migrantes masculinos, apenas son visibles en los debates políticos y en los medios de comunicación. Esto las convierte en un sector vulnerable. English

Women sort pistachios by hand at a privately-owned factory in Herat, Afghanistan. United Nations Photo/Flickr. (CC BY-NC-ND 2.0)

Jenna Holliday: Me llamo Jenna Holliday, y soy una especialista e investigadora independiente de género y movimientos migratorios.

Cameron Thibos (oD): Uno de los mitos más recurrentes en la prensa de hoy es que la mayoría de personas desplazándose por el mundo son hombres solteros. ¿Podríamos empezar reestructurando nuestra idea sobre la realidad de la migración femenina en el mundo?

Jenna: Las mujeres conforman la mitad del total de personas moviéndose por el mundo a día de hoy. Esto incluye tanto a personas trabajadoras como a otro tipo de personas en movimiento. Se suele presuponer que las mujeres migran con sus familias, pero durante la última década hemos visto un rápido incremento en la migración independiente de mujeres jóvenes que intentan cumplir sus deberes, independizarse o conseguir un nuevo estatus trabajando en otros países.

Creo que en este momento se pone mucho énfasis en un sector migrante específico donde, en forma habitual, la primera persona que migra para encontrar un país seguro al que llevar a su familia es el hombre. Por ejemplo, en países en conflicto solemos ver que las mujeres y sus familias permanecen en campos de refugiados, mientras que los hombres dan el primer paso para instalarse en otro lugar.

Pero este es solo un tipo muy específico de migración. De hecho, cuando analizamos los datos de la migración laboral, encontramos que hay un gran número de mujeres autónomas que participan en ella. Si analizamos el sureste asiático —Laos, Birmania y Camboya—, tropezamos con un gran número de mujeres (quizá más que hombres) que se trasladan solas, de forma regular y legal, para trabajar en fábricas en zonas de especial trascendencia económica de las fronteras. Fábricas repletas de cientos de estas mujeres, que funcionan en su mayoría en espacios no regulados.

Cameron: Creo que hay una relación directa entre la imagen de la falta de libertad de las mujeres en los países en desarrollo y la idea de que no suelen moverse por decisión propia. ¿Está de acuerdo? Y, de ser así, ¿cómo podemos incluir este papel activo de las mujeres en la conversación?

Jenna: Los motivos de las mujeres migrantes para trasladarse dependen de ellas mismas. Solemos hablar de las mujeres como si se tratara de un grupo de personas homogéneo afectado por la misma clase de problemas. Sin embargo, en muchos casos podemos encontrar cuatro mujeres en un mismo pueblo con situaciones familiares idénticas que decidirán migrar por motivos distintos.

Habrá casos de quienes se esfuerzan por obtener algún tipo de independencia financiera o de alejarse de sus familias, y que por lo tanto ven la migración como una forma de cambiar sus respectivas situaciones. En otros ejemplos, encontrarás a hijas obedientes que deben irse y sacrificar una parte importante de su juventud para ayudar a su familia. En este caso, nos podemos enredar en conversaciones sobre la falta de protección social en algunos países de origen; la familia tiene la necesidad de conseguir más dinero para ayudar a las parientes mayores o a las niñas y los niños.

Pero también podemos encontrar situaciones estructurales en que las mujeres no tienen igual acceso a información o educación financiera, de forma tal que resultan más vulnerables a la explotación y la estafa. Cruzan la frontera y se encuentran en situaciones laborales diferentes de las que esperaban. Creo que es esencial centrar nuestra atención en las mujeres en sí, y ampliar nuestra comprensión de los diferentes factores motivadores de la migración para responder adecuadamente a cada uno de ellos.

Muchas veces, cuanto más migran y más explotación sufren, más información obtienen para calcular cuál es el menor de los males.

Cameron: La cuestión no es solo que la mayoría de las mujeres migrantes estén ausentes en los medios de comunicación, sino también que las políticas normativas se suelen desarrollar entorno a los hombres y los migrantes de género masculino. ¿Por qué, comparativamente, las mujeres están mucho más ausentes en el debate político? ¿Qué tiene que cambiar?

Jenna: Creo que se trata más bien de un enfoque que no tiene en cuenta el género, y no tanto de un enfoque masculino. Todavía se subestima la diferencia que supone para las mujeres la migración en sus distintas etapas. La respuesta inmediata es mejorar la comprensión y llevar a cabo una investigación cualitativa y cuantitativa en cada etapa del proceso migratorio de las mujeres, para así entender mejor los motivos subyacentes, sus destinos, sus vulnerabilidades y también su potencial y sus contribuciones.

Ya se han llevado adelante investigaciones de este tipo, y se han identificado situaciones estructurales —tales como el deber (sin duda reproductivo), o la feminización de algunos sectores laborales en los que se espera que las mujeres hagan mejor y por menos dinero ciertos tipos de trabajo—, que impactan en la vida de las mujeres, tanto si migran como si no, y siguen afectándolas como trabajadoras migrantes.

Cameron: Así pues, además de la falta de datos, ¿necesitamos crear nuevas políticas o personalizar, reformular y reforzar las existentes?

Jenna: Todo lo que has dicho, absolutamente. Tenemos un marco normativo muy fuerte a nivel internacional con la «Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer» (CEDAW, en inglés), que describe, de forma muy clara y concisa, cómo desarrollar leyes que no discriminen a las mujeres. Estos principios podrían aplicarse tanto a mujeres como a trabajadoras migrantes, sobre todo a través de las recomendaciones generales. Todo esto, junto con los estándares laborales internacionales, debería ofrecer una orientación clara sobre la forma en que se debería tratar a las mujeres (a diferencia de los hombres) en términos de migración, trabajo y protección social.

Hemos visto un aumento en la creación de políticas con perspectiva de género, pero esto debe ir acompañado por un nivel de comprensión para que la sociedad entienda cómo se deben implementar estas políticas. Por ejemplo, puedes crear una ley que diga que las mujeres y los hombres deben estar separados en los centros de formación residenciales de trabajadores migrantes; pero esta separación, en la práctica, puede consistir solamente en una cortina en un vestíbulo. Se trata de llevar esa política y esa legislación a un nuevo nivel de comprensión y de desarrollo para que la gente entienda cuáles son los derechos y los riesgos, y las pueda implementar en la práctica para beneficiar tanto a mujeres como a hombres.

Cameron: ¿Puede nombrar tres áreas clave de riesgo que deberían abordarse a través de la política y en la práctica?

Jenna: En cuanto a las trabajadoras migrantes, creo que la soledad es aún un riesgo muy importante. En pocas palabras, las trabajadoras domésticas se encuentran aisladas en los sitios donde trabajan. Están aisladas de las organizaciones, los sindicatos y la negociación colectiva; pero también en términos de restricción de movimientos, de libertades y de la capacidad de anticipar en qué debiera consistir su trabajo.

Es muy difícil entender esto cuando no estás rodeada por otras personas que hagan el mismo trabajo que tú y no ves qué trato reciben. Creo que la soledad es un elemento clave, pero esta soledad también tiene lugar durante el ciclo de migración, que podría incluir también aislamiento estructural o aislamiento de tipo político.

Asimismo, existe una falta de información sencilla y accesible sobre los derechos de las trabajadoras y los trabajadores, que les dé una orientación práctica sobre lo que pueden esperar y a dónde pueden acudir si no obtienen lo que deberían en términos de protección de derechos laborales. De nuevo, esto se puede aplicar a todo el proceso de migración. Lo que se espera de las trabajadoras y lo que van a recibir casi nunca se especifica desde el principio. Del mismo modo, la forma en que pueden utilizar sus experiencias al volver a su país tampoco queda clara.

Como ya hemos dicho, puesto que las experiencias de las mujeres migrantes son diversas, la información también debe serlo. A esto cabe añadir la educación financiera y una mayor inclusión de las mujeres en general en el mundo económico, para que puedan tener un control autónomo sobre sus cuentas y sean capaces de ahorrar, enviar o invertir su dinero. La falta de educación financiera suele ser una muy buena manera de perpetuar la situación estructural de control sobre las mujeres, ya sea por parte de sus empleadores o de sus familias. Así, ellas no son necesariamente conscientes de su propio poder o del rol activo que juegan en cuanto a su capacidad de generar ingresos.

Cameron: ¿Podría hablarnos un poco sobre los riesgos y los costes reales de la migración? Por supuesto que debe ser difícil para cualquiera anticiparlos de forma exacta en cualquier situación; pero, en la experiencia que ha tenido hablando con mujeres migrantes, ¿en qué medida se enfrentan a los costes, riesgos y la violencia potencial de forma consciente?

Jenna: Tenemos muchas pruebas para afirmar que las mujeres que han sido víctimas de distintas formas de explotación que podrían describirse como trata o explotación grave vuelven a migrar. De nuevo, hay muchas posibles razones para esto. Por desgracia, parte de ello puede estar relacionado con eventos traumáticos que hayan sufrido.

Evidentemente, hay muchas mujeres que han sido explotadas pero que siguen trabajando, igual que es de esperar que muchas personas con condiciones laborales abusivas en su propio país busquen un nuevo empleo. Parte de eso tiene que ver con la naturaleza humana y la esperanza de que la próxima vez sea mejor, también con que se informan, y otra parte es necesidad. Depende del tipo de personas migrantes en las que te fijes.

Desarrollé la mayor parte de mi trabajo en el sudeste asiático. Muchas mujeres allí no tenían otra opción que trabajar en la fábrica local, dedicarse al sector del entretenimiento o volver a migrar; las dos últimas ofrecían algo más de ingresos. Muchas veces, cuanto más migran y más explotación sufren, más información obtienen para calcular cuál es el menor de los males. Por supuesto, hay muchas mujeres que han hecho un balance de las posibilidades de forma plenamente consciente.

Cameron: ¿Le gustaría añadir algo más?

Jenna: Me gustaría decir que creo que el discurso está todavía muy enfocado en las vulnerabilidades de las mujeres y de las mujeres migrantes. Pero hoy he visto (en el Foro global sobre migración y desarrollo, celebrado en Bangladesh entre el 8 y el 10 de diciembre de 2016) que hay un deseo real de empezar a ver a las mujeres como agentes con derechos y vidas propias.

Las mujeres migrantes suelen ser agentes transnacionales increíblemente dinámicos, fuertes y creativos. Gracias a la estrecha conexión que mantienen con sus familias, suelen convertirse en canales importantes y estables de información y de cambio político y cultural, además de su aporte económico. Esto es lo que motiva el cambio en este mundo globalizado. Todo esto se da a través de las relaciones interpersonales, y las mujeres son una parte importante de este cambio interpersonal. Me gustaría ver un mayor enfoque en la contribución y el rol que juegan las mujeres migrantes en el mundo que habitamos y que está en constante evolución.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the authors

Jenna Holliday is an independent gender and migration specialist.

Cameron Thibos is the managing editor of Beyond Trafficking and Slavery. He is a former research associate at the Migration Policy Centre of the European University Institute in Florence, Italy, and holds a D.Phil from the Department of International Development at the University of Oxford. 

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