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BTS en Español

Apoyo a las niñas y niños trabajadores como agentes sociales, políticos y económicos

El movimiento peruano del trabajo infantil ofrece un modelo visionario para las comunidades colaboradoras, solidarias e igualitarias en las que las y los menores se consideran plenos participantes de la vida económica, social, y política. English

Alex Proimos/Flickr. (CC 2.0 by-nc)

En junio de 2012 me senté en un círculo con 25 niñas, niños y adolescentes para escucharles presentar análisis críticos detallados sobre la ley peruana de la infancia y la adolescencia (Código de los Niños y Adolescentes, en adelante denominado simplemente «código»). Pequeños grupos de niñas y niños habían pasado las últimas horas comparando la ley actual con una serie de cambios propuestos, con el objetivo de identificar posibles cambios positivos y enumerar sus preocupaciones sobre las leyes antiguas y las nuevas. La mayoría eran niñas y niños trabajadores involucrados en organizaciones de niñas, niños y adolescentes trabajadores. Se habían reunido para realizar un taller e iniciar una campaña de incidencia para proponer sus propios cambios al código.

Durante el taller, debatieron las posibles implicaciones de los cambios políticos, así como los supuestos sobre la infancia integrados tanto en la versión original de la ley como en la nueva. La política antigua, a pesar de tener sus inconvenientes, se basaba principalmente en la idea de que las niñas y los niños son personas con derechos. Sin embargo, la nueva propuesta parecía regresar a una visión más anticuada de la infancia principalmente como un objeto pasivo de protección o corrección.

Las niñas y niños se percataron de que los cambios propuestos añadían referencias frecuentes que limitaban su autonomía como «bajo la supervisión de las madres y los padres» o «con el permiso de sus madres y sus padres». Hablaron de cómo las autoridades no les habían consultado de forma directa, como principales personas interesadas en la elaboración de una ley que trata sobre niñas y niños. En su opinión, las autoridades no les consultaron porque consideran que «un grupo de personas adultas expertas saben lo que hay que hacer con la ley» y que «no podemos tomar decisiones. Las personas adultas están más capacitadas para decidir sobre la infancia». Criticaron el hecho de que los artículos de ambas leyes, tanto la antigua como la nueva, criminalizaban el trabajo infantil. Concluyeron diciendo que las personas adultas que diseñaron el proyecto del nuevo código no veían a las niñas y a los niños de la misma manera en que se veían a sí mismas: como ciudadanas y ciudadanos competentes y con el derecho a participar activamente en la vida política, social y económica.

El movimiento nacional de niñas y niños trabajadores

Las niñas y los niños que planificaron y realizaron este taller fueron líderes nacionales y locales del movimiento peruano de la infancia trabajadora, un movimiento con casi 40 años de historia organizando a niñas y niños trabajadores en una lucha colectiva por sus derechos, su dignidad y su bienestar. El movimiento está compuesto por pequeños grupos ubicados en escuelas, iglesias y barrios del país. Actualmente es una red nacional de organizaciones, formada por casi 10.000 niñas, niños y adolescentes trabajadores de edades comprendidas entre 8 y 17 años, y que está apoyada por varios cientos de personas adultas.

 El objetivo del movimiento de las niñas y los niños que trabajan es descriminalizar y desestigmatizar el trabajo infantil, así como cuestionar directamente el enfoque de «erradicación del trabajo infantil» de la Organización Internacional del Trabajo. Apuestan por un enfoque político más matizado que les proteja de la explotación y de condiciones de trabajo perjudiciales, pero que permita y valore el trabajo infantil, siempre que este se realice en condiciones dignas y seguras que no interfieran con su aprendizaje y desarrollo. Las contribuciones del movimiento a este debate político son absolutamente esenciales y merecen ser consideradas seriamente. Además, ofrece al mundo un modelo profundamente visionario y muy importante no solo para la colaboración no jerárquica entre distintas generaciones, sino también para la creación de comunidades en las que se respete y valore plenamente a las niñas y los niños. Y a través de la práctica de las relaciones igualitarias y solidarias entre distintas generaciones, el movimiento también mejora notablemente las vidas diarias y el bienestar de las niñas y los niños que trabajan.

Un desafío para la división menores–personas adultas

Quienes participan del movimiento peruano de niñas y niños trabajadores tienen una concepción propia sobre la infancia que hace hincapié en las capacidades de las niñas y los niños y en su igualdad básica con respecto a las personas adultas. Defienden que las niñas y los niños deberían ser considerados participantes legítimos y valiosos en todos los aspectos de la vida comunitaria: económica, social, cultural y política. Esto no quiere decir que ignoren los aspectos más vulnerables de la infancia, ni que eximan a las personas adultas de toda la responsabilidad que tienen sobre el bienestar de las niñas y los niños. En lugar de eso, ven a las niñas y los niños como sujetos sociales con derechos inalienables, conocimientos propios y aportaciones que hacer en sus comunidades, en base a su experiencia como menores. El movimiento destaca las capacidades de las niñas y los niños para adquirir nuevas habilidades, incluyendo las de la autoorganización, incidencia y activismo; y la necesidad de que las personas adultas y menores trabajen conjuntamente en condiciones de igualdad para que ambos grupos puedan compartir su experiencia y aprender el uno del otro. A través del movimiento, los niños y niñas se convierten en facilitadoras, coordinadoras y participantes capacitadas en un debate democrático vivo.

Para colaborar de forma significativa y compartir verdaderamente el poder de toma de decisiones, tanto las niñas y los niños como las personas adultas del movimiento han de cuestionar sus propias ideas preconcebidas e interiorizadas sobre la infancia y la edad adulta. Deben cuestionar que las personas adultas saben más, que las niñas y los niños no entienden muy bien los problemas y que las personas adultas deben estar «a cargo». En forma constante, surge la oportunidad de debatir sobre las ideas relacionadas con la infancia, y las niñas, los niños y las personas adultas del movimiento, quienes tienen mucha experiencia reflejando los distintos paradigmas de la infancia. Una vez, una participante adulta me explicó que «para que las personas adultas traten a las niñas y los niños de manera diferente deben primero verles de manera diferente». Y me gustaría añadir que también las niñas y niños deben verse a sí mismos de manera diferente.

Además de promover nuevas formas de ver la infancia, el movimiento de las niñas y los niños trabajadores ha construido una cultura propia de organización basada en la colaboración, el cuidado y el respeto hacia las niñas y los niños. La relación entre las personas adultas del movimiento —a las que se conoce como colaboradoras— y las organizaciones de niñas, niños y adolescentes trabajadores son profundamente personales y emocionales. También son políticas en la medida en que son comprendidas de manera explícita por todas las personas como una práctica de interacción más igualitaria.

Las personas adultas recuerdan a los niños y niñas que han de llamarles por su nombre de pila. Hablan abierta y honestamente con ellas sobre las opciones disponibles y les animan a tomar sus propias decisiones, intentando siempre mantenerse un poco al margen, escuchándolas y dejándolas que lleven la iniciativa en el movimiento. En este contexto, las niñas y niños trabajadores se sienten respetados, se ven a sí mismos con más conocimiento, con más poder y más competentes, y confían más en sus propias voces. Esta cultura de colaboración promueve el desarrollo individual de las niñas y niños como sujetos sociales, políticos y económicos que defienden sus derechos como menores y como trabajadores.

La cultura intergeneracional de carácter colaborativo del movimiento y el profundo respeto por la capacidad, la dignidad y los derechos de las niñas y niños trabajadores crean una importante estructura de apoyo para ellos como individuos. Los resultados de mi investigación indican que las niñas y niños que participan en el movimiento son personas expresivas, directas y están orgullosas de su identidad como trabajadoras, se sienten cómodas hablando en público y están dispuestas a compartir sus pensamientos e ideas con las personas adultas. Están dispuestas a decir lo que creen y a cuestionar las injusticias cuando las ven. Saben que cuentan con un grupo de personas que les apoyarán si se encuentran con problemas o sus derechos se ven vulnerados.

A largo plazo, la experiencia anecdótica de las personas adultas colaboradoras con varios años de participación en el movimiento nos dice que quienes han ocupado cargos de liderazgo (sobre todo a nivel nacional) han logrado mucho éxito como trabajadoras sociales, abogadas, profesoras y otras profesiones; y han experimentado un ascenso social importante mientras continuaban con su compromiso de ayudar a otras personas a través de su trabajo. Muchas de estas personas continúan implicadas en el movimiento o ahora colaboran con otras organizaciones de la clase trabajadora.

El movimiento peruano de niñas y niños trabajadores proporciona un importante servicio a la infancia trabajadora al apoyar su desarrollo como personas empoderadas y miembros comprometidos de sus comunidades. El movimiento también ha defendido de forma clara y convincente la importancia de escuchar a las niñas y niños trabajadores e incluir sus voces en los debates políticos sobre el trabajo infantil. Pero, en mi opinión, este movimiento tiene más que ofrecer aún a quienes estamos interesadas en los derechos de la infancia y en la capacidad de decisión política de las niñas y niños, pues resulta un potente modelo para crear formas de colaboración e interacción profundas, significativas e igualitarias entre generaciones.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the author

Jessica Taft is an assistant professor of Latin American and Latino Studies at the University of California at Santa Cruz. She is the author of Rebel Girls: Youth Activism and Social Change Across the Americas and is currently writing a book on intergenerational relationships and children’s political subjectivity in the Peruvian movement of working children.

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