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BTS en Español

Trabajo infantil, escolaridad y movilidad

Tradicionalmente se considera que el trabajo infantil y la educación son excluyentes entre sí; sin embargo, muchas niñas y niños trabajan y emigran para asistir a clases. English

School children walk to school in Kwa Zulu Natal, South Africa. Trevor Samson for the World Bank/Flickr. Creative Commons.

A finales del siglo veinte, Sharon Stephens caracterizó al mundo moderno en sus escritos sobre la niñez y «las políticas de la cultura» en términos de «flujos transnacionales de productos y personas; un gran número de refugiadas y refugiados, emigrantes, apátridas; proyectos de estado para redefinir los límites amenazados de las culturas nacionales [...]».  Las niñas y niños son normalmente considerados sujetos pasivos e involuntarios de estas fuerzas globales de transformación, en vez de ser considerados participantes activos que experimentan, cuestionan y reformulan el mundo a su alrededor. Los niños y las niñas que emigran solas atraen una atención particular a nivel internacional como víctimas cuyos derechos han sido violados, y así, se desencadena un despliegue de políticas de protección y respuestas programáticas. Sin embargo, las desigualdades políticas, sociales y económicas extremas que normalmente respaldan esta tendencia permanecen en gran medida ignoradas.

Las ideas predominantes sobre la migración infantil independiente reflejan los esfuerzos globales recientes para restablecer los límites de lo que significa la niñez, los cuales gobiernan y definen cada vez más el uso del tiempo y el espacio de las niñas y niños. Así mismo, aumenta la atención que se presta a la vulnerabilidad de las niñas y niños, sus necesidades de aprendizaje y su dependencia de personas adultas, y los vínculos emocionales formados en el contexto de estructuras familiares nucleares estables se consideran centrales a su desarrollo y bienestar. En este paradigma en expansión de la niñez, las personas jóvenes son representadas como aprendices en vez de asalariadas. Las iniciativas globales tales como la campaña Education for All y la ampliación de la escolaridad formal asociada han cumplido su parte, ya que niñas y niños en todo el mundo deben asistir a clases a tiempo completo hasta ser adolescentes. A su vez, la migración infantil para trabajar es considerada una amenaza a la escolaridad y es un signo de desintegración de la familia o maltrato, y comúnmente se confunde con la trata. Como resultado, se resta importancia a las experiencias diarias de las niñas y niños migrantes, centrándose en menores en la calle o víctimas de trata, menores en el trabajo sexual, o niñas y niños refugiados, sin considerar la falta de opciones viables para la juventud.

Al fin y al cabo, las ideas sobre qué es una niñez adecuada están inundadas de contradicciones. Las niñas y los niños que crecen en sociedades cambiantes se encuentran equilibrando múltiples expectativas —muchas veces incoherentes—respecto a cómo y dónde deberían invertir su tiempo. Por eso, a pesar de que la migración infantil laboral es ampliamente rechazada a nivel mundial, abandonar el hogar para tener un ingreso es lo que posibilita a muchas niñas y niños escolarizarse y ahorrar para útiles escolares, uniformes y demás. A pesar de la profunda mirada a la migración laboral, las niñas y niños que se mudan para poder acceder a mejores escuelas o de mayor estatus han escapado al escrutinio social, e incluso son aclamados en algunos distritos. El incremento reciente de la migración infantil escolar responde a un drástico aumento de las aspiraciones educativas en todo el mundo. Entre las élites sociales, facilita el acceso a una educación selecta; en los estratos más pobres, está impulsada por la escasez de servicios locales. Cada vez más, la escolaridad se ve como un medio para transformarse en sujetos adinerados y de importancia social; una vía de escape de la pobreza rural y de las ocupaciones rutinarias como la agricultura; una forma de liberar a la gente joven de las adversidades padecidas por la generación parental. A pesar que de no existe garantía de una restitución económica, muchas familias realizan grandes sacrificios financieros para cubrir los costos de oportunidad —directos e indirectos— de la migración escolar, por ejemplo, vendiendo sus tierras o animales.

De este modo, la migración infantil independiente, en vez de ser perjudicial, puede ayudar a madurar a las niñas y niños, quienes emigran bajo diferentes circunstancias sociales y materiales y con diversos resultados tanto para ellos como para sus familias. Al valorar los costos y beneficios de la niñez migrante, debemos considerar sus propias motivaciones y razonamientos. La juventud explica frecuentemente cuánto aprecia las oportunidades que tuvieron al migrar. Les permitió observar un mundo más extenso, hacer nuevas amistades y acceder a recursos como las bibliotecas e internet. Además, muchos de los niños y niñas migrantes sin padres no están solas, sino acompañadas por parientes de confianza o compañeras y compañeros. Entre la población viviendo en pobreza, las niñas y niños normalmente crecen como colaboradores en la economía hogareña. Las decisiones respecto a sus trabajos, escolaridad y migración responden a consideraciones tanto colectivas como individuales. El traslado de niñas y niños desde hogares con pocos recursos hacia otros en mejores circunstancias puede mitigar las adversidades familiares, a cambio de ayudar en el hogar anfitrión. Permite a niñas y niños acceder a aprendizajes y oportunidades afectivas no disponibles en el hogar natal. De esta manera, la migración infantil laboral puede fortalecer los vínculos dentro de los grupos familiares extendidos en lugar de crear déficits sociales por la ausencia física.

Esto no significa que no existan riesgos en la migración infantil independiente para trabajar o estudiar. Ser joven y estar separada de la red familiar puede aumentar la vulnerabilidad en muchos contextos. Ann Whitehead e Iman Hashim sostienen que: «muchos de los efectos positivos y negativos no surgen de la migración en sí, sino que dependen de las razones que motivaron el movimiento, las circunstancias que se encuentran en los lugares a los que se trasladan y, por supuesto, la distancia y duración de la estadía». Esto apunta a la importancia de evaluar las situaciones que las niñas y niños abandonan y sus posiciones dentro de las estructuras de desigualdad, así como las circunstancias a las que acceden a través de la migración.

Este artículo ha sido reimpreso de Migration: The COMPAS Anthology, Bridget Anderson y Michael Keith (editores), Centro de Migración, Política y Sociedad, Universidad de Oxford (2014).


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the authors

Jo Boyden is a Professor of International Development at the University of Oxford. She has been an authority on child development and children's rights since the mid-1980s. She has worked on various aspects of research and policy with children, particularly child labour, education, children in conflict (especially working with Oxford’s Refugee Studies Centre), as well as publishing on childhood resilience in the context of adversity, poverty, and socio-cultural development.

Gina Crivello is a senior research officer at the Young Lives project, Department of International Development, the University of Oxford. Gina has a PhD in Anthropology from the University of California where her research focused on the role of gender in youth migration from Morocco to Europe.

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