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Retórica y realidad del «fin de la esclavitud moderna»

El «abolicionismo moderno» enmarca sus actividades como parte de una lucha global compartida, pero no existe un movimiento único contra la esclavitud o contra la trata. English

Notforsale.com. All Rights Reserved.

Los esfuerzos recientes por combatir la «trata de personas» y la «esclavitud moderna» se han caracterizado con frecuencia como una causa asociada al «abolicionismo moderno», que se considera a sí mismo como el sucesor histórico del activismo antiesclavista en los Estados Unidos y el Reino Unido. Según estos grupos autodenominados abolicionistas, tales como David Batstone y Not For Sale, el objetivo principal es «terminar con la esclavitud moderna». Mientras que esto es, sin duda, un lema atractivo, tenemos que mirar más allá de la retórica y preguntarnos qué es lo que esto implica en realidad.

Para el activismo antiesclavitud histórico, luchar por el fin de la esclavitud implicaba enfocarse en una población claramente definida, cuya situación de «esclavas o esclavos» dependía en gran medida del gobierno para obtener sanciones y apoyo. Para el «abolicionismo moderno», terminar con la esclavitud implica una inmensa variedad de prácticas y problemas. Estos incluyen el cautiverio en tiempos de guerra en Nigeria, la servidumbre por deudas en Pakistán, los abusos en barcos pesqueros en Tailandia, el «chocolate esclavo» en Costa de Marfil, el trabajo forzoso en la producción de algodón en Uzbekistán, y el abuso de trabajadoras domésticas inmigrantes en el Reino Unido. El «abolicionismo moderno» considera estos problemas diversos como diferentes aspectos integrales de una causa global unificada: combatir la trata de personas y la esclavitud moderna. ¿Realmente podemos poner en un mismo saco todos estos problemas y prácticas tan diversas?

Para ayudar a responder a esta pregunta, debemos reflexionar sobre los muchos y diversos problemas que se han ido agrupando, a la ligera y durante las últimas dos décadas, bajo el lema global de acabar con la esclavitud y la trata de personas. Si bien ninguna lista puede ser nunca definitiva, el objetivo de «acabar con la esclavitud moderna» se entiende normalmente en términos que requieren acción en relación con:

• Trabajo sexual y explotación

• Migración y explotación

• Servidumbre por deudas y explotación

• Trabajo infantil y explotación

• Trabajo doméstico y explotación

• Cadenas mundiales de suministro y explotación

• Esclavitud hereditaria y discriminación étnica

• Cautiverio y abusos en tiempos de guerra

• Matrimonio forzoso y a temprana edad

• Trabajo forzado para el estado

También es importante mencionar brevemente los siguientes temas relacionados, a pesar de que en los círculos contra la esclavitud y la trata no se les ha dado la suficiente importancia:

• Trabajo en prisión y patrones de encarcelamiento

• Reparar la historia y los legados del sistema esclavista tradicional

Notforsale.com. Fair Use.

Se trata de una lista larga y diversa. Hay una serie de puntos de superposición e intersección entre las diferentes temáticas, así como con desafíos sociales mucho más grandes, tales como el sexismo y el patriarcado. Con rapidez, el tema se complica aún más, ya que comúnmente se entiende que la lucha contra la trata de personas y la esclavitud implican una subcategoría específica de «esclavas o esclavos» dentro de poblaciones mucho más grandes. No todas las personas que trabajan en una cadena mundial de suministro se pueden considerar esclavas, objeto de trata o sujetas a trabajos forzosos. La misma lógica se aplica a personas migrantes, trabajadoras sexuales, trabajadoras del hogar, o en prisión, y a otras poblaciones. Mezclar todas estas cuestiones en una misma categoría provoca más confusión que otra cosa.

En consonancia con lo dicho, «el fin de la esclavitud» no solo implica que distingamos claramente entre «personas esclavas» y «personas no esclavas» en las diferentes prácticas y en los distintos grupos de población, sino también formular intervenciones dirigidas en concreto a esta pequeña subcategoría de personas afectadas. Esto se complica aún más por el modo en que las personas entran y salen de diferentes situaciones, de tal manera que siempre habrá casos nuevos.

Es aquí donde la retórica política revela inevitablemente la realidad política. El «abolicionismo moderno» no puede emprender de ninguna manera acciones simultáneas para enfrentarse a esa subcategoría amorfa de «esclavitud» que se gesta en todas estas prácticas y estos grupos de población diferentes. Llegado el momento, activistas e instituciones raramente abordan el problema de manera general, sino que dirigen sus energías hacia problemas y lugares específicos.

Aunque la retórica popular sobre la lucha global compartida es indudablemente atractiva, la realidad es que en la práctica no significa demasiado. El fin de la esclavitud no es algo aislado, sino que implica muchas otras cosas que se han agrupado de una manera incómoda. Hay relativamente pocas intervenciones en una parte del mundo conectadas de forma directa con intervenciones paralelas en otros lugares del planeta.

El activismo en Brasil persigue el fin de la explotación extrema en el sector agrícola, y poco tiene que ver con sus homólogos en Malí o Níger, que intentan acabar con el legado del sistema esclavista tradicional. Lo mismo se puede decir de quienes luchan en contra del trabajo forzoso apoyado por el gobierno en Corea del Norte en relación con la servidumbre por deudas en Pakistán. El activismo en los Estados Unidos que se levanta contra la «trata sexual de menores nacionales» pocas veces mira más allá de sus propias fronteras, e incluso más allá del trabajo sexual, cuando se trata de encarar intervenciones políticas y normativas importantes. A veces, existen amplias similitudes en los tipos de prácticas que se dan en estos contextos tan diferentes; pero se requiere una extraordinaria visión creativa de conjunto y capacidad de extrapolación para traducir estas generalidades al lenguaje de una causa global común y cohesionada.

El abolicionismo moderno intenta con frecuencia resolver el problema mezclando apelaciones retóricas que unen superficialmente numerosos contextos y sectores. Esto a veces significa redenominar a las personas interesadas en temas específicos, como la migración o los derechos de las niñas y niños, como «activistas contra la esclavitud» para inventar un nuevo tipo de «abolicionismo moderno». Si bien puede haber superposición entre las causas, esta generalización retórica tiene, sin embargo, el efecto de atenuar las diferencias en la agenda, la filosofía y el enfoque. En otros casos, quienes se preocupan por un tema —como el trabajo sexual y la explotación— intentan reformular sus actividades como una contribución a una causa mayor, la de acabar con la esclavitud y la trata. Ello se hace a menudo simplemente agregando la palabra de moda «trata con fines laborales» en sus vocabularios retóricos.

Durante el último año, el activismo contra la trata de personas hizo una serie de llamados a la acción en Nigeria, Siria e Irak, y de ese modo establecieron vínculos retóricos entre el cautiverio en tiempos de guerra y el trabajo sexual y la explotación. En la gran mayoría de los casos, activistas y organizaciones que han hecho estos llamamientos retóricos no han contribuido luego con ninguna idea significativa. Activistas e instituciones pueden estar comprometidas de una manera retórica a combatir una gran cantidad de problemas, pero esta retórica esconde un panorama político y espacial donde las ideas significativas se concentran en temas y lugares específicos.

Varias conclusiones se desprenden de esta línea argumental. En primer lugar, y como es obvio, es esencial no confundir la retórica política con las realidades políticas. Por mucho que la gente proclame lo contrario, no existe un movimiento global contra la trata o contra la esclavitud. En cambio, hay muchos movimientos e instituciones diferentes con diferentes agendas e intereses. Debería ser evidente, además, que estas agendas políticas no siempre apuntan en la misma dirección.

En lugar de agrupar diversos temas, lo que necesitamos es desglosar las múltiples causas y agendas que coexisten con dificultad hoy en día bajo el lema de «acabar con la esclavitud». Esto implica centrarse en temas más específicos y participar en debates políticos más concretos para abordar determinados problemas, como las vulnerabilidades asociadas con la inmigración. Cada uno de los temas identificados anteriormente puede ser entendidos de manera útil como esferas autónomas de activismo y análisis, más que como subcategorías dentro de la retórica cada vez más incoherente y sobrecargada de «acabar con la esclavitud». Hay, sin duda, superposición entre algunos de estos temas, pero estos puntos de intersección deberían ser significativos y no meramente retóricos.

Para terminar, también debemos reflexionar sobre si las categorías de «esclavitud» y «trata de personas» en última instancia ofrecen un punto de partida efectivo para abordar estos temas tan variados. Como ya hemos establecido, «acabar con la esclavitud» a menudo significa intentar abordar subcategorías específicas de casos «excepcionales» insertos entre grupos de población mucho más grandes. Abordar estos casos excepcionales no solo es muy difícil desde el punto de vista práctico, sino que también tiende a crear una separación informal entre los casos «merecedores» y «no merecedores».

En lugar de concentrar nuestras energías en pequeñas subcategorías de una población mayor, quizás sería mejor hacer de la población en su totalidad el principal objeto de activismo y análisis. Si bien diferentes temas requieren respuestas específicas para cada caso, esto en general significa trabajar para mejorar los derechos y las protecciones otorgadas a la totalidad de personas trabajadoras sexuales, trabajadoras del hogar, en prisión, en cadenas de suministro, y otras poblaciones vulnerables. En lugar de privilegiar los casos individuales, debemos pensar en términos de responsabilidad colectiva.


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the author

Joel Quirk is Professor in Political Studies at the University of the Witwatersrand, South Africa. His research focuses upon slavery and abolition, human mobility and human rights, repairing historical wrongs, and the history and politics of sub-Saharan Africa. Joel is currently a member of the International Scientific Committee of the UNESCO Slave Route Project, where he serves as Rapporteur. Your can follow him on twitter at @joelquirk.

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