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Renta básica y el movimiento contra la esclavitud

La renta básica incondicional no solo es factible, sino que además tiene más potencial de emancipación que cualquier otra política puesto que está dirigida a la vulnerabilidad económica que es el corazón de toda explotación laboral. English

Protestors demand basic income in Spain in 2014. Joaquin Gomez Sastre/Demotix. All Rights Reserved.

Ya en mayo del 2014 argumenté, en una publicación para Al-Jazeera que el movimiento mundial contra la esclavitud corre el riesgo de convertirse en una forma de ocultar la injusticia político-económica estructural. Sugería que, si el movimiento se centraba en hacer que las personas que consumen y son activistas “se sientan mejor por sentirse mal” en vez de abordar esa injusticia, se estaría desperdiciando una oportunidad generacional para hacer que el mundo sea más justo.

No tiene por qué ser así. Existe una alternativa que comienza por promover una renta básica incondicional como una estrategia genuina contra la esclavitud. Solo una renta básica universal eliminará realmente la vulnerabilidad económica que se encuentra en la raíz de toda explotación laboral.

La esclavitud y el mercado

La esclavitud, al igual que la trata de personas y el trabajo forzoso, es principalmente un fenómeno del mercado. Aunque a menudo se describe como algo ajeno a las relaciones mercantiles, la realidad es que los mercados crean tanto el suministro de trabajadoras y trabajadores vulnerables como la demanda de su trabajo. Cuando una trabajadora se encuentra en condiciones de explotación extrema, casi siempre es el resultado de una situación de vulnerabilidad económica que a su vez coincide con la demanda de un empleador por su trabajo.

Esto sucede porque, en las sociedades de mercado, la libertad de rechazar cualquier trabajo es la cara opuesta a la libertad de morir de hambre a menos que lo aceptes. A menos que seas una persona rica independiente, tienes que trabajar para sobrevivir. Para las personas más pobres, para quienes los extremos son asuntos de vida o muerte, el precio a pagar por decir no, incluso a un empleo horrible, a menudo es demasiado alto.

Esta es la razón por la cual las políticas «favorables al mercado» nunca serán suficientes para abolir la «esclavitud moderna». Las políticas favorables al mercado no alteran el equilibrio de poder entre quienes son económicamente débiles y quienes son económicamente fuertes. Confían en la buena voluntad o en la aplicación de la ley, persuadiendo a las empresas a «comportarse mejor», a las consumidoras y consumidores a comprar más éticamente, y a las fuerzas policiales a eliminar a las manzanas podridas. Pero estas políticas no hacen nada con respecto a la obligación económica que hace que las personas más pobres sean vulnerables a empresas malévolas, expertas en evadir a las autoridades.

Renta básica

Entonces, ¿qué se debe hacer? La política con el mayor potencial de emancipación es la renta Básica incondicional (RBI). La RBI tiene un pedigrí largo y respetado. Thomas Paine abogó por una versión de la RBI en los albores de la Revolución Americana, y ha tenido partidarios modernos que van desde Bertrand Russell a John Rawls.

La idea es tan simple como brillante: otorgar a cada ciudadana y ciudadano una cantidad de dinero suficiente para garantizar su supervivencia sin ningún tipo de compromiso. La recibes por el mero hecho de ser parte de la ciudadanía. Nunca te enriquecerás, pero siempre evitará que pases hambre, o que tengas que venderte como esclava o esclavo por falta de una alternativa mejor.

Cuando las personas oyen hablar por primera vez sobre la RBI, a menudo su reacción visceral es preguntarse, «¿es factible?»,«¿No dejaría todo el mundo de trabajar?” Estas preocupaciones son comprensibles, pero también están fuera de lugar.

Con respecto a la viabilidad, hay dos puntos importantes. El primero es que la viabilidad económica de tal método de redistribución de la riqueza ya ha sido probada, en principio, por la misma Gran Bretaña. De hecho, el estado de bienestar opera sobre la misma base, gravando progresivamente para distribuir la riqueza de manera más igualitaria.

Segundo, es probable que la RBI sea más barata y eficiente que cualquier otro sistema existente de protección social. Actualmente, los gobiernos de todo el mundo desperdician miles de millones de dólares en políticas que no llegan a las personas más vulnerables. En Occidente, las costosas prestaciones dependientes de los recursos excluyen a muchas de las personas más necesitadas, mientras que los gobiernos subsidian salarios de pobreza y otorgan ventajas fiscales a las empresas. En los países empobrecidos, los subsidios al combustible y a la agricultura con frecuencia no alcanzan los objetivos previstos ya que las y los burócratas corruptos malversan fondos para adquirir influencia política. En estas circunstancias, los costos de distribuir un ingreso básico directamente a las personas se compensarán reduciendo otros programas menos eficientes y eliminando el peso muerto de los intermediarios políticos.

¿Trabajarían las personas si recibiesen una RBI? Por supuesto que sí. Muy pocas personas están satisfechas con simplemente subsistir; casi todas quieren por lo menos mejorar las vidas de sus hijas e hijos. Ninguna persona que defienda la renta básica incondicional quiere que esta sea lo suficientemente alta como para desalentar el trabajo. Por el contrario, el objetivo es darles a las personas la «verdadera libertad» de decir ¡No! a los malos empleos y ¡Sí! a los buenos. Cabe recordar que en Occidente, es el propio sistema punitivo de seguridad social el que crea trampas de desempleo. Si en vez de exenciones de impuestos o complementos proporcionáramos a la gente una RBI, entonces nadie enfrentaría nunca la opción de perder dinero al aceptar un trabajo.

La RBI tiene beneficios más allá de estos fundamentos prácticos, y por primera vez en la historia, tenemos evidencia empírica detallada de un país en vías de desarrollo que lo demuestra. UNICEF acaba de completar un proyecto piloto con la Asociación de mujeres trabajadoras por cuenta propia en India para evaluar la RBI entre miles de residentes en el estado de Madhya Pradesh. Los hallazgos son sorprendentes.

En primer lugar, muestran un aumento en la actividad económica, con surgimiento de pequeñas empresas, más trabajo realizado, más equipo y más cabezas de ganado para la economía local. En segundo lugar, quienes reciben una RBI registraron mejoras en nutrición infantil, asistencia y rendimiento escolar, salud y atención médica, saneamiento y vivienda. Se registraron mayores beneficios para las mujeres que para los hombres (a medida que se incrementó la autonomía financiera y social de las mujeres), para las personas con discapacidad que para otras, y para las personas más pobres en relación a las más ricas.

Pero hay una tercera dimensión que realmente debería hacer que el movimiento contra la esclavitud observe y tome nota. Se trata de la «dimensión emancipadora». La seguridad económica proporcionada por la RBI no sólo aumentó la participación política de las personas pobres, sino que además les dio el tiempo y los recursos necesarios para representar sus intereses frente a las personas poderosas. También las liberó de las garras de los prestamistas. Tal como el autor del estudio de UNICEF indica:

El dinero es un bien escaso en las aldeas en India y esto hace que su precio suba. Las personas que prestan dinero y poseen la tierra pueden fácilmente someter a la población a servidumbre por deudas, y cobrar tasas de interés exorbitantes que las familias no pueden pagar.

A menos que, por supuesto, reciban una RBI, en cuyo caso tienen la liquidez necesaria para mantener su libertad incluso en casos de crisis económicas. Para quien dude del potencial transformador de este trabajo, es cuestión de ver este video de 12 minutos, con el que es imposible no sentirse inspirado.

Potencial histórico

El movimiento contemporáneo contra la esclavitud se encuentra a la vanguardia de una coyuntura histórica crítica. En el contexto de la crisis económica mundial, los antiguos modelos sociales están decayendo, pero los nuevos aún no están listos para nacer. En este vacío hemos visto el aumento de una grave explotación laboral, junto con un activismo político y de consumo como respuesta.

A la vanguardia de esta respuesta se encuentran el movimiento abolicionista moderno, y lo hace con un poder discursivo sin igual. Nadie que tenga un espacio en la mesa de discusión apoya la esclavitud: todo el mundo quiere erradicarla. Es por esto que el llamado por la abolición de la «esclavitud moderna» no tiene detractores. Atrae a aliados que van desde la élite empresarial global al mismísimo Papa. Más de 50.000 personas por semana se inscriben al Movimiento Global Walk Free, y en los últimos años hemos asistido a una oleada de presión para acabar con la explotación extrema.

¿Qué significa todo esto? Significa que el movimiento abolicionista actual tiene la oportunidad del siglo. Pueden ir a lo seguro y abogar por políticas favorables al mercado que, en el mejor de los casos, arreglan situaciones por encima. O pueden optar por soluciones más grandes y revolucionarias, y organizar un cambio mundial en dirección a una mayor justicia social.

Seamos claros: la RBI no es simplemente la herramienta más efectiva para abolir la esclavitud moderna. Es una herramienta de justicia social radical, para cambiar por completo el juego económico, para emanciparnos a todas y todos de la vulnerabilidad económica. Si el movimiento abolicionista moderno tiene una misión histórica, es la de completar la tarea de su predecesor: deben lograr que la libertad no sea solo legal, sino factible. 


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BTS en Español has been produced in collaboration with our colleagues at the Global Alliance Against Traffic in Women. Translated with the support of Translators without Borders. #LanguageMatters

About the author

Neil Howard is an academic activist and Fellow at the Institute of Development Policy, University of Antwerp. His research focuses on unfree labour, and on the workings of the policy establishment as it seeks to respond. Follow him on twitter @NeilPHoward.

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