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Venezuela, petróleo regalado y muchísimo CO2

Venezuela es el país de América Latina con mayor consumo por habitante de combustibles derivados del petróleo. Con la gasolina prácticamente a cero dólares, la contaminación es enorme. English Português

Venezuela tiene una de las más grandes reservas de petróleo del mundo (image: Sociedad Venezolano Ingenieros de Petróleo)

Venezuela, el país con las reservas de petróleo crudo más grande del mundo, no sólo es el país de América Latina que consume más gasolina, sino que aparece también como la nación latinoamericana con las mayores emisiones de dióxido de carbono por habitante. Políticas públicas – que reciben financiamiento de China – han empezado a ser cuestionadas en foros internacionales por ser contrarias a las normas ambientales.

Durante los últimos años, el gobierno venezolano ha llevado adelante proyectos en los sectores de hidrocarburos y mineros e importado gran cantidad de vehículos sin aditivos menos contaminantes.

Pero la historia del rol periférico del estado venezolano en las negociaciones climáticas internacionales y el inmenso apoyo financiero a la industria del petróleo, que provee gasolina barata a consumidores mediante subsidios de precios, cuenta con más de 20 años.

Venezuela por varios años ha figurado como la nación con la gasolina más barata del mundo. La última vez que cambiaron los precios para productos refinados, sobre todo el diesel y petróleo, fue en 1996. Al intento previo para aumentarlos en 1989, bajo la segunda administración de Carlos Andrés Pérez, se le adjudica haber provocado las protestas infamas llamadas Caracazo y la consecuente represión violenta que ocasionó.

Los precios se mantuvieron congelados durante la presidencia de 14 años de Hugo Chávez y recién el 18 de febrero de este año su sucesor, Nicolás Maduro, los aumentó.

La consecuencia de mantener los precios artificialmente bajos ha sido una devaluación en términos reales del precio de los combustibles líquidos debido a la creciente tasa de inflación de la moneda local, el bolívar.

Los datos del Banco Mundial indican que cada venezolano registraba un consumo promedio de 1.272 litros anuales de combustible hasta fines de 2014, debido a que gozaban del beneficio de pagar  sólo 1 céntimo de dólar estadounidense por litro. No obstante, parece que el aumento de Maduro de la gasolina de mayor octanaje, que la elevó a 60 céntimos de dólar por litro, va a cambiar poco.

Tomando en cuenta el control de cambio que existe en Venezuela desde el 2003, el precio del combustible es literalmente de cero dólares por litro. Desde febrero, existe un mercado negro o paralelo de divisas que arrojaba una paridad de 1.000 bolívares por dólar.

Manteniendo los precios tan por debajo a los del mercado internacional causó un boom de contrabando de combustible hacia países vecinos como Colombia y Brasil y hacia las islas del Caribe. Se estima que se movilizan ilegalmente 30,000 barriles por día desde Venezuela (aunque hay quienes dicen que la cifra real es más aproximada a los 100,000 barriles). Esto aumenta aún más  los niveles del consumo doméstico.

La demanda interna per cápita petrolera de Venezuela se ubica entre 8 y 10 barriles al año, de acuerdo a las  cifras del Banco Mundial, mientras que el dato para México es de 6,5 barriles por habitante, Argentina y Brasil figuran con 5,3, y Colombia con 3,7.

Esto tiene su repercusión en las emisiones de gases. Cada venezolano emite al año 6,4 toneladas métricas de dióxido de carbono, un nivel bastante próximo al de China de 6,7 toneladas por cada habitante. El resto de América Latina exhibe cifras bastante inferiores: Argentina (4,6), México (3,9) y Brasil (2,2) y Colombia (1,6).

El dinero asiático

Una iniciativa del 2007 del entonces presidente Hugo Chávez, que buscaba reducir la relación comercial y de inversión con Estados Unidos, impulsó la recepción de financiamiento y una mayor cooperación de otros países industrializados, sobre todo China.

El dinero se ha utilizado para impulsar las industrias domésticas de combustibles no renovables.

La mayoría de un préstamo a largo plazo por 20 mil millones de dólares (la mitad en yuanes o renminbis) lo otorgó el BDC bajo un esquema en el cual Petróleos de Venezuela (PDVSA) amortiza el crédito mediante el suministro de crudo y combustibles como el diesel o gasoil hacia esa nación.

Los recursos del llamado Fondo Chino – que ha llegado a recibir alrededor de 51 mil millones de dólares del BDC – se plantearon para atender obras de infraestructura como la construcción de sistemas de transporte masivo como las nuevas líneas del metro de Caracas, el avance de proyectos similares en las ciudades de Maracaibo y Valencia; la construcción de dos nuevos puentes sobre el río Orinoco y el desarrollo de la red ferroviaria en el norte del país.

Sin embargo, se optó por utilizar una porción de ese financiamiento para la compra de productos terminados hechos en China como electrodomésticos y la importación de hasta de 20,000 vehículos familiares fabricados por la empresa Chery Automobile, de los cuales se concretó el envió de la mitad durante el año 2012 por un monto por el orden de 500 millones de dólares.

“Esta compra masiva se fundamenta en las negociaciones por el fondo de gran volumen y largo plazo entre Venezuela y China para incorporar al mercado nacional vehículos de alta calidad, económicos con disponibilidad de repuestos y servicio postventa,” señaló la entonces ministra para el comercio, Edmée Betancourt a fines de 2011, cuando el  presidente Hugo Chávez estaba en plena campaña para su segunda reelección.

La otra parte del suministro de los vehículos se fue concretando de manera progresiva en 2013 y 2014, pero cuatro años después que se inició la masiva importación que afectó la producción automotriz local. También persisten problemas en el suministro de repuestos, en la atención del servicio de revisión, y se ha señalado que los vehículos chinos incumplen normas de control de emisión de gases.

Sin compromiso en París

El costoso subsidio a la gasolina, calculado hasta en 12 mil millones de dólares al año cuando el precio del petróleo estaba por el orden de 100 dólares por barril, ha ocasionado que Venezuela empiece a estar en la mira de las críticas en foros internacionales donde se discuten los compromisos de cada país para reducir la emisión de gases contaminantes.

Encabezada por la embajadora Claudia Salerno, la delegación venezolana evitó anunciar un compromiso firme para reducir en un 20% la emisión de gases en la conferencia de Naciones Unidas en París. La delegación negó hablar de un plan que contemple la sustitución progresiva de combustibles líquidos y de tecnologías vinculadas al sector de hidrocarburos por energías más limpias. Tampoco mencionaron las acciones que contempla realizar o está ejecutando PDVSA en esta materia como están realizando otras empresas petroleras que se convirtieron en compañías de energía con proyectos más limpios como los solares o eólicos.

Grupos ecológicos han resistido los proyectos mineros y petroleros que viene impulsando el Gobierno venezolano en los tres últimos años – principalmente los que están financiados con recursos de China y que han estado al margen de las inspecciones que deben realizar las autoridades ambientales. Existe opacidad en la asignación del dinero y en las operaciones que se contemplan realizar.

No pasó por alto el hecho de que el presidente Nicolás Maduro estuviera entre los pocos mandatarios ausentes de la cumbre de París. Los miembros de la OPEP y especialmente, países como Venezuela y Arabia Saudita fueron criticados por no corregir sus enormes subsidios, que impide generar una cultura de eficiencia y ahorro energético.

Este artículo fue publicado previamente por Diálogo Chino.

About the author

Andrés Rojas Jiménez is consultant and journalist specialising in economics and energy, based in Caracas, Venezuela. He is currently editor-in-chief of Petroguía. Between 2007 and 2014, he worked at El Nacional and Semanario Estrategia, and was also in charge of the newspaper’s economy section between 1997 and 2005 where he covered public finances and social security.

Andrés Rojas Jiménez es consultor y periodista especializado en economía y energía, con sede en Caracas, Venezuela. Actualmente es editor en jefe de Petroguía. Entre 2007 y 2014, trabajó en El Nacional y Estrategia Semanario, y también estaba a cargo de la sección de economía del periódico entre 1997 y 2005, donde se encargó de las finanzas públicas y la seguridad social.

Andrés Rojas Jiménez é consultor e jornalista especializado em economia e energia, com sede em Caracas, Venezuela. Atualmente, é editor-chefe da Petroguía. Entre 2007 e 2014, ele trabalhou no El Nacional e Semanário Estrategia, e foi também responsável pela seção de economia do jornal entre 1997 e 2005 onde cobriu as finanças públicas e de segurança social.


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