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México: sin derechos humanos, no hay desarrollo

Nuestras acciones, como sociedad, han violentado los derechos humanos de una manera brutal, han explotado indiscriminadamente los recursos naturales, cualquier cosa, en nombre del desarrollo. Entrevista. Português English

Imagen proyectada durante la cumbre de Johannesburgo. Algunos derechos reservados. F.Badia

Esta entrevista forma parte de una serie realizada en Johannesburgo con motivo de la Cumbre Mundial de Filantropía Comunitaria (1-2 de diciembre de 2016).

Francesc Badia I Dalmases: Gracias Artemisa por recibir a OpenDemocracy aquí en Johannesburgo. El movimiento de la filantropía comunitaria es global, sesenta países se han dado cita aquí, gente que trabaja complementando lo financiado por fuentes tradicionales. Vuestra organización ha sido pionera en la filantropía comunitaria en México. ¿Cómo has visto en este tiempo la evolución de vuestra organización?

Artemisa Castro: Ha sido un proceso muy interesante. Nuestro trabajo empieza a partir del trabajo de conservación de la naturaleza, que ya veníamos haciendo con Global GreenGrants Fund, donde formábamos parte de uno de sus consejos. Y para México estaba muy definida el área de trabajo: el noroeste del país. Y cuando formamos el Fondo de Acción Solidaria (FASOL), yo ya había estado un par de años allí, ya había entendido la eficacia de dar dinero para que los grupos pequeños pudieran realizar su trabajo. A mí, en lo personal, nunca me satisfizo trabajar exclusivamente en cuestiones de conservación. Me parecía que la conservación de la naturaleza debe vincularse a su parte humana, a la actitud frente a la naturaleza de las actividades humanas. Hasta que fundamos FASOL, hace diez años, las acciones de conservación estaban muy desvinculadas de la conciencia de la actividad humana y de su relación con la naturaleza. Me encanta ver a FASOL no como un grupo u organización ambientalista, ni como una fuente que apoya acciones solo de conservación, sino como una institución que está más enfocada al ser humano. Claro que la perspectiva de conservación es una perspectiva transversal y debe atravesarlo todo, pero lo importante es preguntarnos ¿qué estamos haciendo nosotros, los seres humanos? ¿Cómo nos comportamos con ese planeta? Y la respuesta, particularmente en México, nos lleva también a hablar de los derechos humanos.

Nuestras acciones, como sociedad, han violentado los derechos humanos de una manera brutal, y todo esto en nombre del desarrollo. La explotación indiscriminada de los recursos, en nombre del desarrollo. La violación de los derechos, en nombre del desarrollo. Cualquier cosa, en nombre del desarrollo. Pero para FASOL ha sido muy importante comprender el lugar que ocupamos en el mundo del desarrollo y la conservación de la naturaleza, y cómo nos relacionamos con otras organizaciones. Hasta la fecha, hemos apoyado a más de setecientas organizaciones. Algunas son muy pequeñitas. Observamos cómo, formando parte de una pirámide, nosotros nos ocupamos de los grupos de la base, de los de abajo, que son los que apoyamos, aquellos que ni tan siquiera están constituidos formalmente o que ni siquiera están organizados. El modelo de FASOL reproduce el modelo que utiliza Global Greengrants Funds: un modelo que ha resultado muy exitoso. Un modelo donde tú tienes una serie de gentes en el campo, sobre el terreno, en los diferentes estados. Prácticamente todos  son activistas. Activistas socio-ambientales. Muchos de ellos llevan más de treinta años trabajando en la defensa de los derechos socio ambientales, en el desarrollo comunitario, en un desarrollo más orientado a la sustentabilidad y al desarrollo local. Y ellos son los que apoyan nuestras acciones. Los llamamos mentores, lo que en inglés llaman “advisors”, pero que para nosotros son actores que participan de manera activa en proponernos a los grupos y proyectos que vamos a apoyar. Nos van guiando. Vemos claramente que los grupos necesitan construir capacidades.

FBD: La idea del mentor es interesante. En México juegan fuerte varios factores negativos: el factor de la violencia, el rol de la inseguridad, la militarización de la Seguridad, e influye el hecho de que las comunidades locales o municipios muchas veces no pueden trabajar libremente, porque tienen las manos atadas. Y luego está el gobierno federal…  ¿Hasta qué punto los grupos que vosotros apoyáis se convierten en un verdadero factor de cambio?

AC: Nosotros creemos que es la gente la que cambia las cosas. Son ellos los que van a cambiar la situación de este país, un país que se está desmoronando, en donde no hay democracia. Eso es una burla. Un país que tiene un gobierno que se dedica a privilegiar al sector privado, a costa de todo y de todos, un gobierno que está aliado con el crimen organizado, un gobierno que confabula con las grandes corporaciones para apropiarse de las riquezas del país. Después de Brasil, México es uno de los países más ricos del mundo, en temas de biodiversidad, en temas culturales. Y desafortunadamente los que más sufren son los dueños de los recursos. Desafortunadamente, digo, no porque sean ellos los dueños, sino porque son los más desfavorecidos, los que están marginados. Los recursos de este país, en general, son propiedad de los dueños de las tierras, son de las comunidades campesinas e indígenas. Pero se los arrebatan. Con toda impunidad. Aunque los marcos legales sean muy duros, no sirven para nada, porque no sabemos utilizarlos, porque no tenemos la capacidad. Los dueños de esos recursos tienen que darse cuenta de que cuentan con las herramientas para defenderse. Y para eso estamos, para llevar información, para buscar cómo ayudarlos a construir esas capacidades... y hemos visto que, en muchos lugares, esas pequeñas acciones ya bastan.

Hay muchos ejemplos en México de comunidades, particularmente indígenas, que han tomado acciones y han dicho: “Esto es mío. Aquí no entres. No vas a entrar y no te lo vas a llevar.” Evidentemente, eso ha generado una violencia brutal, sumada a la violencia preexistente, generada por el narcotráfico, por los grupos del crimen organizado y su alianza con el gobierno. El narcotráfico, el gobierno, las grandes corporaciones,  acaban siendo un monstro, pues son ellos los que organizan los recursos, la minería, las aguas... no se contentan con detentar los recursos naturales, la droga, todo, sino que siempre se quieren expandir. La gente está harta. Y nosotros, desde FASOL, creemos firmemente que es un asunto de organización. El lema de la conferencia, acá en Johannesburgo es “shift the power”... a mí es algo que me chirría un poco, que me inquieta, porque nos referimos el poder al dinero. Entonces, ¿es darle poder al dinero? Si es así, me genera inquietud, porque el poder está en la gente. El dinero es solamente un medio para hacer algo. La gente no necesita dinero para cambiar las cosas, sino para obtener capacidad de organizarse. Cuando la gente se organiza, tiene un poder que ni todos los millones del universo van a poder cambiar.

FBD:   ¿Quizás porque la gente tiene, a la vez, fascinación y miedo al poder del dinero?

AC: Justamente. Se utiliza el dinero para romper esa organización. ¡Porque eso es lo que hacen! Llegan a las comunidades con dinero, rompen las estructuras comunitarias y evitan que se organice poder social, que está por encima del dinero. Entonces, nuestro trabajo es ese, hacer que la gente se dé cuenta de que, aunque venga el hombre más rico del mundo (como el que tenemos en México), con todos sus millones, no puede pasar por encima de todos. Y que podemos decidir nosotros qué hacer con nuestros recursos. Es cierto que eso supone enfrentarse a la violencia... dos gentes, de dos grupos diferentes, que hemos apoyado, han sido asesinadas. Nosotros estábamos apoyando a unos grupos, y gracias a ese apoyo la gente tuvo recursos para movilizarse, pero entonces fueron asesinados...

FBD: Sí, el asesinato de activistas socio-ambientales es un drama en México, y en otros lugares de Latinoamérica. También pasa con los periodistas.

AC: ¡Los periodistas también! Hay un grupo de periodistas en México que está muy cerca del movimiento socio-ambiental y también uno de ellos fue asesinado, que era parte de ese movimiento en Veracruz. Hace un año. Así es como lo vemos nosotros, pero por otro lado lo que vemos es que así como ellos se juntan, hay que juntarnos nosotros.

FBD: Sí, y por eso es tan importante el papel de la prensa internacional... que se haga eco, porque ahí es donde los gobiernos se ponen nerviosos. El caso de México es claro, tiene una diplomacia impecable, están sentados en los grande organismos para defender los derechos humanos y luego en casa tienen que defender a un gobierno que da cobertura a un banda de...

AC: ¡De hampones! ¡De bandidos! Ya no sé cómo llamarlos.

FBD: Quizás estaría bien acabar de ilustrar la acción de FASOL con la descripción de algún algún caso concreto…

 AC: ¿Con respecto a la violencia? Tenemos uno de esos casos que he mencionado, el del muchacho que fue asesinado... ¿hace dos años? Noé, se llama. Estaban defendiendo una zona indígena contra una represa que querían construir en su comunidad, y ganaron. Se cancela el proyecto de construcción. Eso es un éxito, pues la comunidad se organiza y se cancela el proyecto. Entonces se preparan para asistir a una celebración con una red medioambientalista nacional, y el muchacho, el representante del grupo, sale a comprar hierbas y flores para la ceremonia de apertura… ¡y ahí lo matan! Y estaba lleno de gente que llegaba para la ceremonia. Aún así… ¿es ese un caso de éxito? Sí lo es. No se construyó la represa, la comunidad logró lo que quería. Y la comunidad se da cuenta que tiene el poder en sus manos.

FBD: ¿Y quedó claro quién lo mató?

AC: No, nadie sabe. Dos individuos. Pero hay impunidad. Esa es la otra parte, la humanidad vive una crisis civilizatoria, pero en México hay esa parte de enorme corrupción, de impunidad, es una cosa que lo desborda todo. Nadie quiere hablar de eso. Una de las cosas que a mí me impresiona muchísimo es que casi ninguna fundación quiera hablar de esas cosas.

FBD: ¿Por qué?

AC: No sé. Quizás porque es muy cómodo callar. Nadie quiere hablar de eso. A mí me invitaron a una reunión de puras fundaciones comunitarias en México, y los oyes hablar sobre los proyectos y de los grupos que apoyan y de lo bien que lo hacen... Y yo me levanté y dije “¿por qué no dejamos de poner curitas? Tenemos un país desmoronando, haciéndose pedazos, con un gobierno que nos está aplastando, una clase política de asco, una clase corporativa de hampones aliados a esto... ¿y nosotros ponemos curitas? ¿Y diciendo que estamos apoyando el desarrollo? Creo que tenemos que hablar de otras cosas”. Se levantó uno y me dijo que era muy bonito escuchar toda la pasión con la que yo trabajo, pero que así no se hace el trabajo, que ese no era el objetivo. Entonces dije “¡ups!, entonces ¿de qué estamos hablando?” Y lo más cínico de todo, es que al final de la reunión, con gran bombo y platillo, anuncian la presencia de dos de sus grandes nuevos socios financieros. Se levantan – la cabeza me daba vueltas por todos los lados – son la Fundación Monex y la Fundación Soriana. Dos de los grandes orquestadores del último fraude electoral. ¡Se levantan y dicen que son sus socios para el desarrollo comunitario! Y yo digo, bueno, o yo soy una loca, como dicen- o no sé qué pasa. ¿Donde está la congruencia? No tenemos valores. Estamos poniendo el dinero por encima de todo. Y uno de ellos se levanta y dice “nosotros somos expertos en desarrollo comunitario.” ¡Pues ya me voy! Pero la realidad es que callar es muy cómodo. El dinero le hace cosquillas a todo. Es el diablo. Pues todos (o la mayor parte) de los que estamos en la filantropía comunitaria recaudamos dinero, de otros lados, y entonces eso es muy cómodo. “No lo muevas, pues dejas de recibir dinero”.

FBC: Este es un punto de claro conflicto entre el dinero y los principios.

AC: Sobre todo cuando es un asunto de vida o muerte en el que estamos. Yo veo en las noticias, un ataque suicida no sé dónde: cuatro muertos. Yo digo: ¿por qué no anuncian la cantidad de muertos que aparecen todos los días en ese país? Todos los días hay más de cincuenta, te lo aseguro. ¿Y no estamos en guerra? En 2014, nada más, mas de 35.000 asesinados, más miles y miles de desaparecidos. En un año. ¿Estamos hablando de qué?

FBD: FASOL sigue trabajando, cosechando éxitos, a pesar de todo...

AC: Lo más maravilloso es ver cómo, a pesar de todo, las comunidades, particularmente las comunidades indígenas, están empezando a hacer mucho trabajo, y también las comunidades no indígenas y en las ciudades. No nos tenemos que agarrar a balazos para hacer el cambio. No los vamos a ganar a balazos. Tenemos que ser más inteligentes. Tenemos que tener formas más creativas, y lo están haciendo los grupos, de manera creativa. Eso es cambiar el poder. Y no necesitan esos millones, ni esas armas. Este es un retrato, nuestro retrato, el de FASOL. ¿Qué hacemos nosotros? ¿Qué papel jugamos? ¿Las Madres Teresas de Calcuta? ¡Por favor! A hacer caridad a otro lado. Están bien, las organizaciones que hacen caridad. Está bien… Pero ese no es el papel que estamos jugando.

FBD: ¿Quizás el problema sea que la caridad no tiene ninguna vocación de transformar?

AC: Quizás sí. En cualquier caso, FASOL está ahí, viendo cómo formar alianzas con otros fondos, con fundaciones. Cómo formar un sistema de apoyo comunitario, con todas nuestras diferencias, con toda nuestra diversidad, respetando, confiando... pero antes que nada, tenemos que reconocer una realidad: Yo no puedo trabajar contigo si tú ves otra cosa distinta. De verdad. 

About the authors

Artemisa Castro is a founding member and Executive Director of Solidarity Action Fund (FASOL) in Mexico.

Artemisa Castro es miembro fundador y directora ejecutiva de Fondo Acción Solidaria (FASOL).

Francesc Badia i Dalmases is Editor of DemocraciaAbierta. Francesc is an international affairs expert, author and political analyst. His most recent book, "Order and disorder in the 21st century", has been published in 2016. He Tweets @fbadiad 

Francesc Badia i Dalmases es Director   y editor de DemocraciaAbierta.    Ensayista y analista político, es experto en asuntos internacionales.  Su libro más reciente, "Orden y desorden en el siglo XXI", ha sido publicado en 2016. Twitter @fbadiad


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