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“La política se tiene que hacer de cerca”

Caio Tendolini: “Lo que estamos viviendo es una crisis de confianza en el establishment del poder en todo el mundo. Se manifiesta muy fuertemente en política, pero no solo”. English

Caio Tendolini es economista, activista político, y trabaja en experimentación política desde UPDATE.

En el marco de la cumbre de "Ciudades sin miedo" de este año, Fundación Avina y Democracia Abierta establecieron una colaboración especial para explorar algunas de las experiencias políticas más interesantes surgidas en América Latina.

La conversación con líderes relevantes en este ámbito, directamente implicados en la acción de innovación política a nivel local, nos ha proporcionado la ocasión para buscar respuestas a cuatro grandes cuestiones que afectan, de manera desigual pero transversal, a todos los proyectos: a) Visión de la innovación; b) contexto político nacional y limitaciones del poder local; c) Influencia del contexto político internacional, y d) La cuestión del liderazgo.

Caio Tendolini es economista, activista político, y trabaja en experimentación política desde UPDATE.

Visión de la innovación

Creo que una cuestión central de la innovación tiene que ver con experimentar. Con intentar algo y equivocarse. Para ponerlo en un contexto más amplio, yo creo que estamos viviendo, no solo en la política (aunque ahí se está manifestando cada vez más), una crisis de referencias. El repertorio de soluciones y acciones que tenemos hasta ahora, que acumulamos tras la experiencia de todos estos años, parece que ya no es suficiente para la realidad, para los problemas que estamos enfrentando como humanidad. Empezando por la educación, por los formatos de la educación, pasando por la salud y el hambre, y acabando por la construcción de infraestructura y de servicios. No importa la temática: parece que nuestro repertorio de políticas es muy limitado. Entonces, no queda más remedio que experimentar.

Pero sí creo que, cuando hablamos de innovación política, es importante definir qué es y qué no es innovación. Porque hay una importante sinapsis, medio automática, que provoca el concepto de innovación, que nos hace pensar en tecnología, y creo que es muy importante dejar claro que no estamos hablando de tecnología, pero sí de procesos que pueden, o no, usar la tecnología. Sabemos que no son los aplicativos los que van a salvar el mundo. Yo no creo que innovación política sea eso.

Tampoco estamos hablando de una cuestión meramente generacional. No todo lo que viene de lo viejo es malo y todo lo que viene de los jóvenes es bueno. Tampoco creo que se trate de una negación del pasado. No es que: “ah, nada de esto sirve y hay que empezar de nuevo”. Cuando hablamos de innovación política es importante hablar también de lo que no es innovación política.

Por encima de todo, tal como lo vemos en proyectos como Update o en Bancada Activista, la innovación está relacionada con la idea de reducir las distancias que existen hoy entre los representantes y los representados. Esencialmente eso. Y eso lo estamos viendo a través de prácticas de participación, de transparencia, de rendición de cuentas, de medios de comunicación independientes, de innovación pública en el gobierno, y de cultura política.

En general, para que la democracia funcione mejor, tenemos que tener una ciudadanía más fuerte, ciudadanos más informados, más formados, más empoderados, capaces de acceder al poder, capaces de cuestionar el poder. Creo que, cuando estamos hablando de innovación política, estamos en ese lugar. Y por fin ahí llegamos a una cosa de la que hablamos mucho en la red innovación política, que es la descentralización del poder. Que no es solo una disputa para obtener nosotros el poder. Si partiésemos desde un lugar prepotente y estuviéramos nosotros en el poder, ¿iba a ser mejor negar el sistema de incentivos que facilita el acceso al poder y su control?

Como economista, yo creo en los sistemas de incentivos y sanciones. Pero los sistemas de incentivos y sanciones que están operativos hoy nos llevan al resultado negativo que tenemos. Así que no basta creerse muy limpio y muy transparente, pero en realidad cerrarse y no practicar la participación, la rendición de cuentas, la comunicación… Si lo hacemos así, si una vez en el poder nos cerramos, vamos a cometer los mismos errores. 

Contexto político nacional y limitaciones del poder local

Frente al contexto político nacional, yo creo que trabajar a nivel local es una cuestión estratégica. Porque el territorio es fundamental. Para mí, cuando estamos hablando de lo local, estamos hablando de territorio, aunque el territorio no equivale necesariamente a las ciudades. Pero es ahí, en las ciudades, donde los territorios se hacen más presentes en la vida política.

Yo creo que la estrategia de hablar de territorio, y de actuar en el territorio, tiene que ver con una cuestión transcendental que estamos viviendo, y que es una cuestión de confianza en la política. La política se tiene que hacer de cerca porque cuanto más sales del territorio, más abstracta se hace la política y más difícil se vuelve de ver, de fiscalizar, y más difícil es acceder a ella.

Frente a lo nacional, yo creo que el nivel local vive ahora una dinámica de afirmación de sí mismo. Es importante preguntarnos si entendemos el municipalismo, y la actuación política local, como un camino para una disputa política más grande, o no. Si lo entendemos como una ruptura con la estructura que genera presión desde arriba, desde lo nacional. Yo no tengo una respuesta para esto, pero sí me parece que, independientemente de la respuesta, hoy tenemos la capacidad de actuar localmente. Si llevamos una disputa a nivel nacional, o a nivel estatal, se convierte en mucho más difícil. Todo es mucho más caro, y es más difícil conectarse con la gente. Es menos tangible.

En cuanto al poder local, a pesar de sus limitaciones evidentes, yo creo que es estratégico empezar por las ciudades y ver si eso se conecta, o cómo se conecta, con lo nacional. Al mismo tiempo, el reto me parece que es que, aunque estemos actuando en la ciudad, la tendencia sitúa el debate político siempre mucho más arriba, a nivel estatal y federal. Entonces, uno de los retos que tenemos, por ejemplo en la construcción de candidaturas como la de la Bancada Activista, es conjuntar una conexión muy real con el territorio, pero con un alcance muy grande en todo el país.

La situación política en Brasil nos convoca a todos a actuar, a ver qué podemos hacer. Pero eso me parece un poco una trampa, porque no creo que hoy tengamos la capacidad, como colectivo, de impactar realmente en la política brasileña a nivel nacional. En la política municipal en Sao Paulo, sí. Pero en la política brasileña nacional, yo creo que no, y en la del estado de Sao Paulo, tampoco. No tenemos músculo para eso todavía. Sin embargo, al mismo tiempo, no podemos permanecer ajenos a lo que está pasando en nuestro país. Hay elecciones el próximo año, todo el mundo, individualmente, se siente llamado a hacer algo, a fortalecer algo, a poner a más gente buena a hacer experimentaciones.

Yo creo que ahí, considerando las limitaciones del poder local, hay un conflicto. Tampoco sé cómo resolverlo y no tenemos respuesta en Bancada Activista, pero sí me parece que es muy estratégico trabajar en el territorio, porque uno que tiene que rescatar la confianza de la gente. Hay un debate más amplio, incluso a nivel internacional, que tienen que ver con el discurso y la narrativa de la anti-política, que anda ganando terreno. El discurso que utiliza desde alcalde de São Paulo al propio Trump, que dice: “yo no soy político”. 

Impacto del contexto político internacional

En general, lo que estamos viviendo es una crisis de confianza en el establishment del poder en todo el mundo. Se manifiesta muy fuertemente en política, pero no solo. Es decir, hay un rechazo del establishment político, del establishment económico, del establishment cultural, del establishmentcriminal, que en total no son muchos, pero están en el poder desde hace 40 años. Y ante la crisis del repertorio de soluciones políticas, la gente se está indignando cada vez más.

Pero ese establishment no logra conectar con esa indignación. Se sitúa en una postura muy prepotente. Dicen: “No, estamos bien; aquí todo tranquilo; seguimos acá, no tenemos por qué mejorar”. Pero Trump llegó con otro discurso, diciendo: “No, tu indignación es real” y se conectó y catalizó el voto de protesta. Cuando el establishment que ocupa el espacio de poder no logra conectarse con la indignación real de las personas, se crea un vacío de poder, y eso se llena muy rápido. El discurso que más está ocupando ese espacio es el discurso que va en la línea de Trump. Es el discurso de: “Yo no soy político y tenemos que limpiar el pantano”. Ese discurso lo que hace es criminalizar la política.

Creo que lo que estamos viendo, cuando hablamos del ecosistema de innovación política (lo estamos viendo en España, en Latinoamérica y en distintas partes del mundo), es otra dinámica: una dinámica que intenta rescatar a la política. Durante las protestas de los secundaristas en São Paulo, hubo un post que circuló mucho, que decía: “Kevin es un vago, su mamá dice que es un mal alumno, su maestra dice que es un mal alumno, su tutora dice que es un mal alumno, pero en las escuelas ocupadas, Kevin es el primero en despertarse, da clases de yoga, limpia los baños y es el último en irse a dormir. Kevin es uno de los mejores alumnos que esa escuela ha tenido jamás”. El problema no es que a Kevin no le guste la escuela, a Kevin no le gusta esta escuela. Y yo creo que, en política, es un poco de eso mismo de lo que estamos hablando. No es que no nos guste la política, no nos gusta esta política y necesitamos reinventarla, necesitamos rescatar los valores, e inventarnos las cosas que somos capaces de atender.

Junto a muchos movimientos en España y en Europa, e incluso en los Estados Unidos, lo que hacemos es situarnos también como outsiders, pero como outsiders que proceden de una construcción colectiva, que creen en lo público, que creen en lo común. Es decir, que no somos unos outsiders que niegan lo público. Es cierto que esa narrativa de construcción colectiva es mucho más difícil que la narrativa que dice simplemente: “Entiendo tu problema y la respuesta soy yo y… we’re gonna’ build the wall”. Esto es muy simplista. Y muy personalista. Por el contrario, nosotros estamos hablando de un proceso que es un poco más difícil, que se enfrenta a una cuestión cultural un poco más dura, pero que estamos viendo que es posible. Si lo hacemos bien, logramos avanzar, logramos elegir a alcaldesas, logramos elegir a concejales, logramos elegir a la gente. 

La cuestión del liderazgo

Yo creo que, culturalmente, estamos acostumbrados a buscar a un salvador. Yo creo que el mayor meme de la historia de la humanidad es un salvador. El mayor símbolo es un salvador. Y cambiar eso es muy, pero que muy complejo.

Lo que hemos visto - y lo que intentamos construir - es que es posible salirse de la idea de liderazgo mesiánico e ir a hacia la idea de protagonismo. Porque también hay una falacia muy grande en las construcciones horizontales, en la idea de horizontalidad, que es la pretensión de que no existe el protagonismo. Y sí existe. Hay personas que son mejores que otras en algunas cosas. Hay personas que son mejores que otras en algunos momentos.

La dificultad está en cómo migrar de la idea de liderazgo a la idea de protagonismo. Y esta dificultad se da a menudo debido a cómo funcionan los procesos relacionales. Surge porque, al mismo tiempo que sabemos que la noción de liderazgo es limitada, también sabemos que genera mucho confort a la gente, porque uno responsabiliza a otra persona para que aporte soluciones, y eso es muy cómodo, incluso como mecanismo psicológico para cuando no logramos enfrentarnos a la realidad. Y la complejidad de la realidad de hoy nos pone a casi todos ante la situación de preguntar: ¿Quién tiene la respuesta? ¿Dónde está lo que busco?  Y un buen discurso, una idea fuerte, encarnada en un modelo de liderazgo fuerte, sigue convenciendo a mucha gente.

Aún así, creo que experimentar con nuevas formas organizacionales es el camino que hay que recorrer. Tenemos que crear institucionalidades y colectividades que sean capaces de avanzar. Y cuando agarramos esa noción de protagonismo y la contraponemos a la institucionalidad democrática, a los partidos políticos, vemos cómo esos partidos tienen una dificultad enorme para llevar a cabo la transformación de la que estamos hablando. Porque esta transformación se hace desde muy cerca y los partidos son instituciones muy grandes, muy lejanas. Se hace contando con mucha confianza y los partidos son instituciones muy conspirativas.

Una cosa que estamos haciendo ahora, por ejemplo, es buscar el camino para impulsar candidaturas independientes, que no existen en Brasil, para romper el monopolio de los partidos políticos. Y la mejor forma de tensionar a un monopolio es crearle competencia. Eso no significa negar que los partidos sean importantes. Los partidos son la institución más importante que logramos inventar para la democracia representativa. De eso no hay duda. Pero regresamos a la idea inicial: no es que no nos gusten los partidos, pero los partidos que tenemos y la forma en que están operando necesitan cambiar. Es necesario crear otros espacios, otras institucionalidades, otros formatos organizacionales. Esto es, en mi opinión, absolutamente esencial para avanzar en esa cuestión organizativa como respuesta a la necesaria transformación del liderazgo. 

Vea nuestra página especial para este proyecto: https://opendemocracy.net/democraciaabierta/avina-interactive-roundtable 

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