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“Estamos convencidos de la necesidad de reconstruir la política”

Sâmia Bomfim: “Existe una crisis de representatividad, una crisis económica, y un descrédito grande de la política. Nuestro desafío es conseguir que se discutan los rumbos de esta reforma política”. English

En el marco de la cumbre de "Ciudades sin miedo" de este año, Fundación Avina y Democracia Abierta establecieron una colaboración especial para explorar algunas de las experiencias políticas más interesantes surgidas en América Latina.

La conversación con líderes relevantes en este ámbito, directamente implicados en la acción de innovación política a nivel local, nos ha proporcionado la ocasión para buscar respuestas a cuatro grandes cuestiones que afectan, de manera desigual pero transversal, a todos los proyectos: a) Visión de la innovación; b) contexto político nacional y limitaciones del poder local; c) Influencia del contexto político internacional, y d) La cuestión del liderazgo.

Sâmia Bomfim es una activista brasileña de los movimientos por los derechos humanos y de las mujeres con experiencia en la construcción de puentes entre movimientos sociales de diversas causas. Miembro del PSOL, es concejal en el ayuntamiento de Sao Paolo por la candidatura Bancada Ativista.

Visión de la innovación 

Considerando cómo es la política en Brasil, creo que nuestra candidatura en Bancada Activista sí tiene elementos de innovación. Pero en lo que se refiere a la forma de hacer política, creo que más que innovación es ruptura, porque se trata de algo absolutamente nuevo. Porque el poder financiero y económico domina totalmente la relación  habitual con la política, que es muy fraudulenta. Ese poder compra la representatividad, la posición política, las personas que son elegidas. Elige las causas que ellas defienden, y las que no. En ese sentido, creo que la Bancada Activista representa una ruptura completa con lo que es habitual en la política brasileña.

Estamos convencidos de la necesidad de reconstruir la política, de elegir a representantes, a parlamentarios a figuras que forman parte de causas concretas, de movimientos sociales, de nichos específicos, de grupos sociales que se organizan para algo concreto y que exigen cambios en la sociedad. En ese sentido, nuestra opción representa una ruptura.

Pero también es cierto que, en determinados aspectos, lo nuestro es también una evolución. Desde siempre, en la historia de la humanidad, la gente se ha organizado, se ha juntado para intentar transformaciones, y eso es lo que nosotros estamos tratando de hacer ahora mismo. Unir a las personas para que puedan reclamar sus derechos. Sólo que, esta vez, hemos querido hacerlo dentro de las instituciones políticas. Y es aquí donde podemos hablar de innovación, porque lo que lo que hacemos es intentar hacer llegar lo que ya existe en la sociedad a espacios a los que no llegaba antes. En este sentido, podemos considerar que nuestra opción política ha sido una mezcla de ruptura y de innovación.

Contexto político nacional y limitaciones del poder local

Existe una tensión entre el ámbito de la ciudad y el ámbito nacional. São Paulo es una ciudad muy grande, con 12 millones de habitantes y muy extensa. Es mucho más grande y poblada que muchos países en el mundo. Esta dimensión la hace poderosa también a nivel político nacional.

Yo suelo decir que São Paulo son muchas ciudades dentro de una sola. Y muy desiguales. Hay barrios muy elitizados, muy ricos, con una vida cultural, incluso con una vida política muy fuerte, pero también hay barrios completamente deficitarios, en los que la vivienda es muy precaria, la gente no tiene acceso a la salud, a la educación, a casi nada. Eso hace que, dentro de la misma ciudad, las formas de organización y participación social sean muy distintas.

En el barrio donde yo vivo, que es un barrio central, Pinheiros, incluso algo elitizado, hay espacios de organización: muchas ONG, muchos colectivos, plazas y lugares en los que la gente se reúne. Pero si vas a un barrio más periférico, a veces el único contacto con otras personas se produce en las iglesias. Y cuando existe un centro cultural municipal, suele ser muy precario y dura poco. En ese sentido, creo que las cuestiones locales son, muchas veces, más difíciles de afrontar que algunas cuestiones nacionales, porque existe una desigualdad muy grande. No hay algo que unifique un discurso de ciudad, porque la ciudad y su gente están muy fragmentadas. La narrativa de la ciudad depende de la especificidad de cada barrio, mientras que la narrativa de lo nacional es unitaria.

En este contexto, impulsar movimientos y organización política es muy difícil. Y al ser São Paulo una ciudad tan grande – es la mayor economía del país –,  los temas nacionales tienen una gran incidencia. Los principales cuadros políticos nacionales son originarios de São Paulo. Lo que sucede en São Paulo tiene consecuencias en todo Brasil. Fue así con las protestas de junio de 2013, por ejemplo. Aunque ya se habían dado en una ciudad del sur - en Porto Alegre, que es una ciudad pequeña -, cuando llegó a São Paulo adquirió dimensión nacional. Y la política brasileña ha girado desde entonces en torno a las contradicciones y debates que afloraron entonces, llevadas al espacio público: primero fue la izquierda, que se echó a la calle, y luego la derecha, que también.

Nosotros nacimos de la falta de alternativas. Todo comenzó a partir de ese proceso. Y creo que es importante hacer florecer las pautas locales, porque dialogan necesariamente con las nacionales. Ahora, por ejemplo, desde mi mandato en el ayuntamiento, entiendo mucho mejor el funcionamiento de los movimientos culturales. La cultura en São Paulo se piensa a través de muchos proyectos en las zonas periféricas, son proyectos territoriales - de formación musical, de formación artística, de teatro - que acaban convirtiéndose en movimientos políticos.

Recientemente, ha habido fuertes recortes financieros, una congelación de casi el 50% del presupuesto para la cultura. Y esos movimientos que la gente no conocía están ocupando las calles del centro para reclamarle al alcalde, para reivindicar ante el consejo municipal - y creo que ahí hay un canal. Hubo recortes en Sao Paulo, porque a nivel nacional también se está recortando el presupuesto. El presidente Temer está reteniendo el dinero, luego los alcaldes hacen lo mismo y los territorios se movilizan por ello. Creo que deberíamos entender de qué modo esas cuestiones generales acaban teniendo reflejo en los territorios, porque ellos son los más deficitarios de políticas públicas, de financiamiento del Estado.

En el caso de São Paulo, el consejo municipal es muy grande: tiene 55 concejales, y su contacto con el nivel nacional es permanente. Es el consejo municipal más grande de Brasil - una de las más grandes de América Latina, tal vez la más grande – y, en consecuencia, lo que sucede allí tiene mucha visibilidad. Además, nuestro alcalde es ya candidato a la presidencia el año que viene y usa São Paulo como laboratorio político para su programa electoral de 2018.

Yo pertenezco a la oposición, pero soy consciente de que lo que hago acaba teniendo una repercusión, una visibilidad mucho más amplia, porque los ojos en todo el país están muy orientados hacia São Paulo. São Paulo determina la moda y determina también la política en Brasil. Los medios, por su parte, cubren mucho lo que sucede en São Paulo. Y eso también acaba estimulando a otras localidades: mucha gente de estados del norte, o del noreste – lugares a donde yo nunca he ido – acaban entrando en contacto con nosotros porque les gusta mi mandato, porque les parece interesante tener a alguien combativo en el ayuntamiento más grande del país.

Algunos sugieren la posibilidad de presentarme como candidata a diputada nacional, porque de esa manera mi mandato, de alguna manera, también les afectaría. Mientras esté solo en São Paulo, esas personas ven el potencial de lo que hacemos, pero no les afecta en sus políticas locales. Por ejemplo, el mandato de Áurea Carolina, en Belo Horizonte, tiene una historia muy interesante, es súper democrático, abierto, horizontal, pero acaba teniendo menos visibilidad que el nuestro, porque ella está en Belo Horizonte y no en São Paulo. Por más que tenga experiencias muy interesantes, mucho más que las mías inclusive, estando en Belo Horizonte no tienen tanta visibilidad. 

Impacto del contexto político internacional

El contexto internacional, con la subida de Trumpha dado mucho espacio a los outsiders, a personas que son ajenas a la política pero que son bienvenidas en los espacios institucionales, lo que demuestra los fallos del modelo democrático representativo. Esos fallos conllevan peligros para el modelo democrático, porque la salida no siempre pasa por fortalecer instrumentos de participación popular, de democracia real, de democracia radical, sino por la negación de los instrumentos democráticos. Y en Brasil está ocurriendo algo de todo esto.

No hago una conexión directa entre Temer y Trump, como hacen otros, porque creo que son fenómenos de naturaleza distinta. Temer tiene un elemento distintivo, que es su falta de legitimidad, que se traduce en la negación completa de la democracia. Cuando decimos que a él no le ha elegido nadie, no lo decimos tanto porque extrañemos al gobierno anterior – a fin de cuentas, Temer era el vice de la presidenta Dilma –, sino porque su programa – la reforma de la seguridad social, la reforma laboral, el que no haya ninguna mujer en su gobierno, entre tantas otras cosas – son apuestas por las que la población no votaría jamás. Por eso es ilegítimo, porque solo así consigue implementar una política tan conservadora y tan devastadora para nuestros derechos.

Pero tal vez esta experiencia que está viviendo Brasil ahora pueda ayudarnos a fortalecer más la democracia. Puede ser útil para percibir la importancia de tener representantes nuevos, con un programa, una plataforma política que tenga que ver con nuestros intereses. Por otra parte, tenemos al candidato presidencial ultraderechista, Bolsonaro, que se sitúa ya en segundo lugar en las encuestas. Tengo recelo porque él es un outsider, dice lo que quiere, es valiente, desbocado, y a la gente le gusta eso. Pero la carrera electoral aún no ha empezado oficialmente. Durante la campaña, hay debates, y no estoy segura de que la gente acabe abrazando ese discurso tan conservador. Cuando empiecen a ver que sus derechos se van al garete, que su vida queda tocada, no van a votar por él. Por eso son importantes las experiencias como nuestra Bancada Activista, porque muestran que la democracia, tal como está hoy, es defectuosa, y que necesitamos mejorarla. El vaciamiento de la política no es lo que nos va a resolver la vida. 

La cuestión del liderazgo

Uno de los principales problemas de la política en Brasil es la falta de alternativa, de herramientas para disputar el poder. Especialmente allá donde la polarización se concentra en dos grandes partidos: el PT y el PSDB - la vieja izquierda y la vieja derecha. Ambos están involucrados en los mismos esquemas, defienden la misma plataforma política, tienen las mismas figuras, los mismos líderes ya completamente desgastados.

Al mismo tiempo, todavía no existe un tercer partido que represente un frente de movimientos, de colectivos, de organizaciones sociales que puedan disputar el poder. Creo que eso tiene que ver con la cobertura mediática, que se guía mucho por lo que sucede en Estados Unidos – el bipartidismo – e intenta imprimir esa misma dinámica en Brasil, como si solo hubiese dos posibilidades.

Pero tiene también que ver con el propio sistema electoral brasileño. Nosotros no tenemos candidaturas independientes, no existe esa posibilidad, es muy difícil que una candidatura sin dinero logre ser elegida. Lo cual es muy anti-democrático, porque los dueños del poder acaban eligiendo a sus representantes, mientras que las personas que proceden de los movimientos sociales no pueden alcanzar la estructura necesaria. Incluso los partidos más democráticos, más progresistas, tienen todavía lo que en Brasil llamamos “caciques”, término que originalmente se refería a los jefes de las comunidades indígenas. Los partidos todavía tienen caciques, que son los grandes nombres de la política, y esa dinámica termina siendo endémica de la manera como se hace política en Brasil.

Creo que experiencias de liderazgo social como la mía, como la de Áurea Carolina, como la de esos movimientos espontáneos que surgen en las ciudades, deben ser todavía más valientes e intentar perforar el bloqueo, ocupar la política, porque hay ejemplos que muestran que esto es posible. En Brasil se ha abierto el debate sobre la reforma política. Existen algunas propuestas que pueden dificultarla, pero hay otras que pueden ayudar. Por ejemplo, el debate sobre si hay que permitir el voto por distritos o no. Esto se está discutiendo hoy en Brasil pero, a la vez, quieren eliminar los partidos pequeños, como el PSOL, por ejemplo, que es mi partido. Entonces, gente como yo, ¿a dónde iría? ¿Cuál sería nuestra posibilidad de hacer campaña en esta disputa entre dos grandes partidos, dominada por sus caciques?

En la discusión sobre la participación, sobre la democracia y el liderazgo, nos encontramos hoy en una encrucijada. Existe una crisis de representatividad, una crisis económica, y un descrédito muy grande de la política. Nuestro desafío es conseguir que se discutan los rumbos de esta reforma política, y eso en un momento en que la población no confía en la política. Este es el reto: recuperar la confianza. Y esto se hace llevando gente nueva a las instituciones. 

Vea nuestra página especial para este proyecto: https://opendemocracy.net/democraciaabierta/avina-interactive-roundtable 

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