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Tema 4: La cuestión de la liderazgo

Political innovation, context and leadership: A view from local power

En el marco de la cumbre de "Ciudades sin miedo" de este año, Fundación Avina y Democracia Abierta establecieron una colaboración especial para explorar algunas de las experiencias políticas más interesantes surgidas en América Latina.

La conversación con líderes relevantes en este ámbito, directamente implicados en la acción de innovación política a nivel local, nos ha proporcionado la ocasión para buscar respuestas a cuatro grandes cuestiones que afectan, de manera desigual pero transversal, a todos los proyectos: a) Visión de la innovación; b) contexto político nacional y limitaciones del poder local; c) Influencia del contexto político internacional, y d) La cuestión del liderazgo.

En esta página, los innovadores comparten su respuesta al cuarto y último tema

TEMA 4: Ninguna innovación es posible sin nuevas lógicas de organización política capaces de entregar resultados y de implementar acciones capaces de distribuir y democratizar el poder. Aquí, la importancia de los liderazgos es clave. El sistema, y el trabajo de los partidos políticos como aparatos de acceso y ejercicio del poder, a menudo derivan en partidocracias que segmentan los liderazgos y suelen acabar por excluir a los protagonistas del cambio y la innovación. ¿Cuáles son sus percepciones al respecto? ¿Cómo afecta esto a la dinámica de su proyecto?

Javier Arteaga Romero, Nariño (Colombia)  

Por su liderazgo, por su empatía, Camilo Romero, gobernador de Nariño, es una de las personas que en este momento tiene mayor reconocimiento en el país. Pero, al mismo tiempo, eso representa nuestro mayor riesgo ante el mapa político del país.

Camilo comienza a aparecer en los principales medios, en las emisoras nacionales, y comienza a ser un referente en los encuentros internacionales. Eso le da un gran protagonismo y coloca a Nariño en el punto de mira, pero hace también que puedan acabar con nosotros con un titular en los medios. Si un actor dice que Camilo Romero apoya a su grupo político, por ejemplo, a la senadora Claudia López, candidata a las presidenciales de 2018,  Claudia López va a verse fiscalizada constantemente. Y aunque es cierto que eso es importante para la democracia, puede pasar que cualquier se utilice para descalificarla e inmediatamente se deduzca que al que hay que atacar es a Camilo Romero.

Vivimos en una lucha constante, con un temor muy grande de que sólo por una palabra de descalificación hacia Camilo que pronuncien los periódicos, puedan acabar con todo este proceso de innovación en la gobernación de Nariño. Ese es uno de nuestros grandes temores, y creo que nuestra principal debilidad, porque somos un actor político pequeño, no pertenecemos a grandes grupos económicos, no formamos parte de la historia política tradicional, ni somos hijos de presidentes, ni mucho menos. Y eso, en este juego de la democracia colombiana, es importante. Y también sabemos que, en el momento en que signifiquemos una amenaza para alguien o algo importante, pueden acabar con nosotros muy fácilmente. 

 

Áurea Carolina de Freitas e Silva, PSOL, Belo Horizonte (Brasil)

Los nuevos liderazgos están constituidos por equipos de personas potentes. Son personas muy aguerridas, que quieren mucho a la democracia y a la colectividad. Y hay que estimular que emerjan otras lideresas, otras personas que se impliquen, que se coloquen en situación de compromiso. Estos liderazgos de ahora no son para proyectar a tipos que van a salvar a la humanidad, como a menudo hizo la izquierda tradicional: “Necesitamos a un hombre que…” Esos hombres no existen, no puede existir. El liderazgo no puede basarse en la potencia de las personas, porque eso cuesta mucho. Cuesta salud, cuesta tiempo, cuesta energía y emoción y hay que proteger a las personas que se involucran, que dedican sus vidas a esos procesos.

Yo pienso que se está trabajando en otra manera de liderar, que no es competir, tampoco es obtener ventajas y privilegios, es más bien un liderazgo para proveer servicios. Muchas veces puede sonar como una idealización, como que “Ahora están muy santas todas, entregando todo lo que tienen”. Pero si no se hace una apuesta por unos valores, entonces es muy difícil. Porque de lo que se trata es de un cambio ético, sí. Un cambio ético y basado en las prácticas, porque son las prácticas las que revelan cómo son las personas. Cómo se comportan. Cómo interactúan. Los liderazgos que se muestran más firmes en términos democráticos son aquellos que tienen mayor capacidad de movilizar, de abrir caminos, de atraer a más gente, de inspirar y de traer cambios para la sociedad.

 

Caio Tendolini, UPDATE POLITICS, Sao Paulo (Brasil)

Yo creo que, culturalmente, estamos acostumbrados a buscar a un salvador. Yo creo que el mayor meme de la historia de la humanidad es un salvador. El mayor símbolo es un salvador. Y cambiar eso es muy, pero que muy complejo.

Lo que hemos visto - y lo que intentamos construir - es que es posible salirse de la idea de liderazgo mesiánico e ir a hacia la idea de protagonismo. Porque también hay una falacia muy grande en las construcciones horizontales, en la idea de horizontalidad, que es la pretensión de que no existe el protagonismo. Y sí existe. Hay personas que son mejores que otras en algunas cosas. Hay personas que son mejores que otras en algunos momentos.

La dificultad está en cómo migrar de la idea de liderazgo a la idea de protagonismo. Y esta dificultad se da a menudo debido a cómo funcionan los procesos relacionales. Surge porque, al mismo tiempo que sabemos que la noción de liderazgo es limitada, también sabemos que genera mucho confort a la gente, porque uno responsabiliza a otra persona para que aporte soluciones, y eso es muy cómodo, incluso como mecanismo psicológico para cuando no logramos enfrentarnos a la realidad. Y la complejidad de la realidad de hoy nos pone a casi todos ante la situación de preguntar: ¿Quién tiene la respuesta? ¿Dónde está lo que busco?  Y un buen discurso, una idea fuerte, encarnada en un modelo de liderazgo fuerte, sigue convenciendo a mucha gente.

Aún así, creo que experimentar con nuevas formas organizacionales es el camino que hay que recorrer. Tenemos que crear institucionalidades y colectividades que sean capaces de avanzar. Y cuando agarramos esa noción de protagonismo y la contraponemos a la institucionalidad democrática, a los partidos políticos, vemos cómo esos partidos tienen una dificultad enorme para llevar a cabo la transformación de la que estamos hablando. Porque esta transformación se hace desde muy cerca y los partidos son instituciones muy grandes, muy lejanas. Se hace contando con mucha confianza y los partidos son instituciones muy conspirativas.

Una cosa que estamos haciendo ahora, por ejemplo, es buscar el camino para impulsar candidaturas independientes, que no existen en Brasil, para romper el monopolio de los partidos políticos. Y la mejor forma de tensionar a un monopolio es crearle competencia. Eso no significa negar que los partidos sean importantes. Los partidos son la institución más importante que logramos inventar para la democracia representativa. De eso no hay duda. Pero regresamos a la idea inicial: no es que no nos gusten los partidos, pero los partidos que tenemos y la forma en que están operando necesitan cambiar. Es necesario crear otros espacios, otras institucionalidades, otros formatos organizacionales. Esto es, en mi opinión, absolutamente esencial para avanzar en esa cuestión organizativa como respuesta a la necesaria transformación del liderazgo. 

 

Sâmia Bonfim, BANCADA ACTIVISTA, Sao Paulo (Brasil)

Uno de los principales problemas de la política en Brasil es la falta de alternativa, de herramientas para disputar el poder. Especialmente allá donde la polarización se concentra en dos grandes partidos: el PT y el PSDB - la vieja izquierda y la vieja derecha. Ambos están involucrados en los mismos esquemas, defienden la misma plataforma política, tienen las mismas figuras, los mismos líderes ya completamente desgastados.

Al mismo tiempo, todavía no existe un tercer partido que represente un frente de movimientos, de colectivos, de organizaciones sociales que puedan disputar el poder. Creo que eso tiene que ver con la cobertura mediática, que se guía mucho por lo que sucede en Estados Unidos – el bipartidismo – e intenta imprimir esa misma dinámica en Brasil, como si solo hubiese dos posibilidades.

Pero tiene también que ver con el propio sistema electoral brasileño. Nosotros no tenemos candidaturas independientes, no existe esa posibilidad, es muy difícil que una candidatura sin dinero logre ser elegida. Lo cual es muy anti-democrático, porque los dueños del poder acaban eligiendo a sus representantes, mientras que las personas que proceden de los movimientos sociales no pueden alcanzar la estructura necesaria. Incluso los partidos más democráticos, más progresistas, tienen todavía lo que en Brasil llamamos “caciques”, término que originalmente se refería a los jefes de las comunidades indígenas. Los partidos todavía tienen caciques, que son los grandes nombres de la política, y esa dinámica termina siendo endémica de la manera como se hace política en Brasil.

Creo que experiencias de liderazgo social como la mía, como la de Áurea Carolina, como la de esos movimientos espontáneos que surgen en las ciudades, deben ser todavía más valientes e intentar perforar el bloqueo, ocupar la política, porque hay ejemplos que muestran que esto es posible. En Brasil se ha abierto el debate sobre la reforma política. Existen algunas propuestas que pueden dificultarla, pero hay otras que pueden ayudar. Por ejemplo, el debate sobre si hay que permitir el voto por distritos o no. Esto se está discutiendo hoy en Brasil pero, a la vez, quieren eliminar los partidos pequeños, como el PSOL, por ejemplo, que es mi partido. Entonces, gente como yo, ¿a dónde iría? ¿Cuál sería nuestra posibilidad de hacer campaña en esta disputa entre dos grandes partidos, dominada por sus caciques?

En la discusión sobre la participación, sobre la democracia y el liderazgo, nos encontramos hoy en una encrucijada. Existe una crisis de representatividad, una crisis económica, y un descrédito muy grande de la política. Nuestro desafío es conseguir que se discutan los rumbos de esta reforma política, y eso en un momento en que la población no confía en la política. Este es el reto: recuperar la confianza. Y esto se hace llevando gente nueva a las instituciones.

 

Susana Ochoa, Wikipolítica, Jalisco (México)

La cuestión del liderazgo ha sido un tema de muchísima reflexión dentro de Wikipolítica porque creo que, durante mucho tiempo, nosotros fetichizamos la horizontalidad. Ahora ya sabemos que la horizontalidad es una aspiración pero que, definitivamente, estamos un poco lejos de alcanzarla. Podemos transitar hacia allá, descentralizar un poco el poder. En campaña, por ejemplo, Pedro  Kumamoto siempre hablaba de nosotras y nosotros, y quedó siempre muy explícito que tenía un equipo detrás.

Sin embargo, el liderazgo compartido es difícil, porque las personas están acostumbradas a delegar el cambio, piensan que va a llegar una persona que les salvará. Lo que representa López Obrador, por ejemplo. En la historia mexicana, casi siempre hemos tenido un montón de salvadores. Pero nosotros estamos en medio del debate de la horizontalidad, de la colectividad, que es definitivamente una forma que tenemos de transitar hacia lo político: no hay vuelta hacia atrás.

Pero al final las personas, cuando votan en la boleta, votan a una persona, a un liderazgo que representa cosas. Y ese liderazgo se rodea de gente. La persona que va a encabezar la lista forma parte de un equipo pero, al final, es esa persona la que concede las entrevistas, es esa persona la que sale y la que habla con la gente, es esa persona la que figura en la boleta. El reto es cómo construir nuevos liderazgos, reinventarlos y hacerlos más colectivos pero, definitivamente, no podemos hacer política sin liderazgos. Esto nos costó entenderlo, tuvimos que trabajarlo… pero ya hicimos las paces en ese sentido. 

 

Jorge Sharp, Movimiento Valparaíso Ciudadano, Valparaíso (Chile)

Todo proceso político, en cualquiera de sus planos, local, nacional, continental, cuenta con ciertos rostros: mujeres u hombres que deben cumplir ciertos roles, como el de liderar. Ese no es el problema, el problema es cuando ese liderazgo se construye de manera apartada y distante del proceso político colectivo que lo impulsa.

El liderazgo tiene que estar siempre conectado, con los dos pies bien puestos sobre el suelo, bien enraizados en el proceso colectivo del cual surge y del que forma parte, del que obtiene su fortaleza. Cuando eso se disocia, tenemos problemas como el mesianismo. Si no los mantenemos fuertemente arraigados en lo colectivo, nuestros proyectos políticos de cambio se debilitan y a nuestros opositores se les hace fácil flanquearlos. Esto es para mí lo central: que esos liderazgos surjan no de las imposiciones de una cúpula, sino de lo que la gente defina, sea a través de una primaria, sea a través de una asamblea, sea a través de una lucha social concreta que catapulta a un dirigente social. El liderazgo que queremos es el liderazgo que se construye desde lo colectivo y no aquél que se determina entre cuatro paredes.

Pero hay una amenaza, que es la fragilidad de estos liderazgos que no tienen un aparato detrás. Si tumban al que está arriba de todo, lo tumban todo. Por eso es urgente fortalecer, más que el aparato, el proceso colectivo que impulsa ese liderazgo. Sin eso, los líderes son fácilmente franqueables. 

 

Caren Tepp, Ciudad Futura, Rosario (Argentina)

Todos los que estamos hoy en Ciudad Futura desarrollando alguna tarea dentro de la función pública tenemos bien en claro que no queremos ningún tipo de carrera a nivel personal ni individual, sino que estamos orgullosamente dando expresión a un colectivo, a un proyecto político que es colectivo y que circunstancialmente nos toca gestionar.

Por eso también hay que tener en cuenta la importancia de tomar decisiones hacia dentro de la organización que den cuenta de esto y que le den sustentabilidad en el tiempo. Quienes somos hoy concejales de Ciudad Futura donamos, desde el minuto uno, el 70% de nuestro salario, vivimos con los mismos sueldos que teníamos antes de ser concejales, y cobramos lo mismo que todos los asesores que forman parte del equipo del concejo. Procuramos no generarnos privilegios, no ser parte de la casta, o de la corporación política, y no mentirnos a nosotros mismos. Procuramos que todo aquello que donamos vaya justamente a fortalecer la organización, a fortalecer los proyectos que llevamos adelante por fuera del Estado, y que sea muy claro que nuestro modo de vida – cuando la militancia es un modo de vida – no puede aceptar determinado tipo de privilegios.

Creo que los liderazgos del siglo XXI encarnan los movimientos que vienen desde las ciudades (y que para mí, personalmente, Ada Colau expresa de manera perfecta). Uno la ve, a Ada, y ve a todo el movimiento de los Indignados, ve también toda la lucha contra los desahucios, ve a los compañeros y compañeras de Barcelona en Comú, y ve a una mujer valiente, firme en sus ideas, pero que tiene totalmente atravesada la empatía y la pasión por todo lo que hace. Esa creo que es una forma crucial para poder atravesar las instituciones del Estado, que están regidas por lógicas absolutamente patriarcales, donde la agresividad o esa idea del poder como dominación es la esencia y es una parte crucial de lo que tenemos que transformar.

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