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La ciudad de código abierto como horizonte democrático transnacional (Parte 2)

El gobierno local en código abierto es un primer paso para ir incorporando nuevas esferas de políticas públicas y  prácticas ciudadanas entrelazadas, que pueden convertir en redundante al neoliberalismo. English

: Fragmento de la portada de «La ciudad de código abierto como horizonte democrático transnacional», noveno capítulo de State of Power 2016 (fuente: www.tni.org / Evan Clayburg). All rights reserved.

El escritor Matthew Fuller y el urbanista Usman Haque, ambos británicos, investigan hace años la relación entre la denominada ética hacker y las ciudades. Inspirados en el movimiento copyleft que surgió con las revolucionarias cuatro libertades del software libre en 1984. Matthew y Usman intentaron crear una licencia para la construcción y diseño de ciudades de código abierto: el Urban Versioning System 1.0.1 (UVS). En el escrito los autores transforman el copyleft, que libera la copia y el reuso de un código, como la mejor herramienta para acabar con la arquitectura espectáculo, el urbanismo que trabaja con objetos de fórmula cerrada y el copyright que limita la colaboración ciudadana. Algunas de las frases de su manifiesto pretenden crear un nuevo horizonte de colaboración ciudadana a partir de la tecnología libre: "UVS reconoce que el mundo está construido por sus habitantes en cada momento", "la gente llevará el diseño, de una forma colaborativa, en direcciones nunca imaginadas", "sólo un modelo de construcción que es capaz de perder su trama es adecuado". Si las cuatro libertades del software libre abrieron la puerta a la colaboración entre programadores informáticos y hackers de todo el mundo, el Urban Versioning System 1.0.1 podría incentivar otro tipo de ciudad basada en la colaboración, en información compartida y en prácticas colectivas.

El modelo de ciudad sugerido por Fuller y Haque estaría basado en una apertura del código de su sistema operativo, ya sea jurídico, arquitectónico o informacional (datos, contenido). El urbanista Doménico di Siena también teoriza sobre la ciudad de código abierto y considera vital pasar de modelos urbanos "basados en la creación de productos y servicios eficientes que nos obligan a un movimiento constante (y al consumo), a modelos basados en la gestión de la información y producción del conocimiento (autoorganización)". La ciudad de código abierto choca de frente con el paradigma de la smart city basado de tecnología propietaria y vigilancia masiva, imperante hasta el día de hoy en el mundo. El ya mencionado artículo We can’t allow the tech giants to rule smart cities, del periodista Paul Mason, es un duro alegato contra el control tecnológico de las ciudades por parte de las grandes corporaciones. Mason intenta tejer una visión de una «smart city no neoliberal» que incorpore tres principios que no son bienvenidos en el mundo de las grandes compañías tecnológicas: apertura, participación democrática y una clara política de que los datos generados desde los servicios públicos sean públicos. Mason señala al nuevo gobierno municipal de Madrid, que ya ha puesto en marcha la web de democracia deliberativa Decide Madrid, como el modelo de democracia radical urbana basada en tecnología libre: «En lugar de ver la ciudad como un «sistema», para automatizar y controlar, la visión que está siendo meditada en la capital española concibe la ciudad como un «ecosistema» diverso de redes humanas incontrolables».

Nada como algunos ejemplos prácticos para entender el potencial del «código abierto» en entornos urbanos. La iniciativa independiente DCDCity-Aire Madrid es uno de los mejores ejemplos del rumbo que podrían tomar las ciudades a partir del imaginario y las prácticas del código abierto. DCDCity-Aire Madrid fue la primera aplicación del marco teórico práctico que planteó The Data Citizen Driven City, un proyecto gestado en el MediaLab Prado de Madrid. The Data Citizen Driven City proponía un tipo de recolección y gestión de datos por parte de los ciudadanos radicalmente diferente al modelo top down de las grandes corporaciones. En lugar de sensores implantados por las compañías tecnológicas y de una gestión de datos centralizada y no del todo abierta, el proyecto consideraba a cada ciudadano un productor en potencia de datos. Gracias a la proliferación de smartphones y a la profusión de tecnologías libres, cada ciudadano puede transformarse en un recolector de datos. Una simple placa de Arduino (hardware libre), conectada a un celular con sistema operativo Android, es suficiente para que un ciudadano recopile datos relacionados con el funcionamiento de la ciudad. De esta manera, una red descentralizada de ciudadanos se transformaría en la mejor alternativa a la red centralizada del modelo smart city del control tecnológico.

Imagen del proyecto The Data Citizens Driven Data (fuente: Sara Alvarellos). All rights reserved.

El DCDCity-Aire Madrid, que se inspiró en el proyecto Air Quality Egg desarrollado en Nueva York y Ámsterdam, aspiraba a construir una comunidad entorno a la problemática de la calidad del aire en Madrid. Su método: la captación participativa de datos con tecnología libre de patentes. La génesis del proyecto refleja la importancia de la sinergia de lo público y de la autonomía ciudadana que activa procesos de forma independiente a los gobiernos. El apoyo de MediaLab Prado, un laboratorio financiado con dinero público, fue vital para el DCDCity-Aire Madrid. A parte de albergar la wiki del proyecto, el Medialab fue el espacio para construir una comunidad transversal, que también se reforzó desde iniciativas privadas, como el Internet Of Things Madrid Meetup. Durante una jornada de trabajo se elaboró un prototipo de Air Quality Egg (AQE) y se construyeron diez dispositivos que están a disposición de la ciudadanía en Media Lab Prado. Este primer prototipo, vinculado a la calidad del aire de Madrid, está ya en la biblioteca digital de prototipos de The Data Citizen Driven City. Los otros nueve prototipos tendrán que ver con otro tipo de datos relacionados con la ciudad.

El nuevo gobierno de Ahora Madrid podría aprovechar la inteligencia colectiva de una red ciudadana distribuida para construir un modelo alternativo de recolección de datos urbanos. El modelo de gestión de datos abiertos del municipalismo español podría sentar las bases para otras ciudades. De momento, el MediaLab Prado ya tiene el proyecto Commoning Data – Datos del Bien Común,  para trabajar un nuevo modelo de datos abiertos que beneficie a la ciudadanía.

Incentivar un modelo tecnológico libre desde los gobiernos municipales, como está ocurriendo en las ciudades españolas gobernadas por confluencias, es vital para generar otro modelo y otra visión sobre las ciudades inteligentes. De hecho, la lógica del software libre, los repositorios de códigos informáticos compartidos y la cooperación en red de diferentes agentes facilitaron la expansión de candidaturas municipalistas que acabaron tomando el poder. Ahora Madrid, la fuerza que gobierna hoy en día la ciudad de Madrid, aprovechó por ejemplo el código fuente de la plataforma digital de Zaragoza en Común para elaborar su programa electoral de forma colaborativa. El código abierto forma parte del ADN de las candidaturas municipalistas de España. Ya desde el poder, estas confluencias están incentivando esa misma lógica de ciudades cooperantes que incentivan tecnología libre, prácticas orientadas al bien común y protocolos de acción colectiva. Decide Madrid, la plataforma de democracia deliberativa lanzada por Ahora Madrid, está ya siendo replicada, como veremos en detalle, por otras ciudades.

Sin embargo, para llegar a un modelo basado en la inteligencia ciudadana debemos abrir la definición de tecnología. Ted Nelson, uno de los pioneros de la cultura digital, aseguraba que "nuestro comportamiento social es el software y que nuestros cuerpos son el hardware". El sistema operativo de una sociedad sería pues un conjunto de prácticas comunes y de relaciones humanas, no apenas un conjunto de plataformas digitales. El código abierto va más allá de la tecnología en sí misma. La ciudad de código abierto sintoniza con el concepto de ciudad relacional. El modelo de ciudad relacional propone el encuentro, la relación y el diálogo contra el modelo de vigilancia masiva y control centralizado de datos representado por la smart city. "La seguridad, en el modelo relacional, pasa sobre todo por recrear el lazo social. No vaciar la calle, sino todo lo contrario: repoblarla de relaciones de vecindad, de buena vecindad también entre desconocidos". La ciudad relacional de código abierto estaría basada en las interacciones de los ciudadanos, en su cooperación, en la información compartida y en un espacio público apto para la convivencia y la colaboración. La ciudad relacional de código abierto debería aspirar a ser un código fuente que pueda ser modificado constantemente por la inteligencia colectiva.

Valla del Mercado de la Cebada cubierta de retratos, septiembre de 2012 (fuente: Demotix / Valentin Sama-Rojo). All rights reserved.

La experiencia del Campo de Cebada de Madrid, un espacio autogestionado que cuenta con el apoyo legal del Ayuntamiento de la ciudad hace cinco años, es un buen ejemplo de ciudad relacional de código abierto. Si el DCDCity-Aire Madrid ejemplifica el camino para el código abierto desde la tecnología digital, el Campo de Cebada visualiza el imaginario y las prácticas de código abierto relacionadas al espacio físico. El Campo de Cebada ocupa un solar de 5.500 metros cuadrados en el que el Ayuntamiento debería haber construido un polideportivo en el año 2009. La crisis económica provocó que el Ayuntamiento dejara un espacio vacío en el centro de Madrid. Los vecinos acabaron transformando el solar en un espacio vecinal de encuentros, intervenciones y aprendizajes desde el año 2010. Residentes de todas las edades, padres de escuelas cercanas y colectivos de jóvenes arquitectos se reunieron bajo el nombre de El Campo de Cebada con el reto de mantener el uso comunitario del espacio mientras no empezaran las obras. El Ayuntamiento acabó firmando con los residentes y los actores sociales del territorio un convenio de cesión temporal de espacio. Dinamizado por colectivos de arquitectos y por las asambleas comunitarias surgidas durante el 15M de 2011, el Campo de Cebada se fue convirtiendo en todo un laboratorio social en el que la auto construcción de mobiliario con licencias copyleft, la permacultura y las actividades culturales auto gestionadas marcaban el día a día. En 2013, El Campo de Cebada ganó el prestigioso premio Golden Nica del festival Ars Electrónica, en la categoría de 'comunidades digitales'. El hecho de que El Campo de Cebada, una iniciativa con un fortísimo componente territorial, fuera reconocido por su gestión de comunidades en Internet es un síntoma de una nueva era en la que las redes digitales y el territorio se funden en un nuevo espacio híbrido más democrático y participativo.

El Campo de Cebada también visibiliza problemas y límites de la auto gestión ciudadana. Para el funcionamiento del espacio, la comunidad tuvo que recurrir al crowdfunding y hasta el día de hoy no han conseguido recursos públicos del Ayuntamiento. A pesar del éxito de El Campo de Cebada, la práctica ha demostrado que es insuficiente garantizar legalmente prácticas orientadas al procomún (commons oriented, en inglés) si no se las dota de recursos públicos. El riesgo salta a la vista: la Big Society del británico David Cameron o el proyecto gubernamental Holanda Participativa justifican la desaparición del Estado con el trabajo voluntario de los ciudadanos. La autogestión, las autonomías urbanas y la colaboración ciudadana, más que propiciar la desaparición de lo público, deberían incentivar resonancias mutuas entre lo público y la ciudadanía.

En Madrid, la llegada de Ahora Madrid al gobierno local ha abierto la puerta a una nueva gestión del bien común desde lo público. El proyecto independiente Los Madriles, un atlas de iniciativas vecinales que mapea cientos de proyectos de la ciudad, está siendo usado por el nuevo gobierno local para entender las dinámicas autónomas de Madrid. Además, en los presupuestos elaborados para el año 2016, introducen la gestión participativa de parte de los mismos por parte de los vecinos de los barrios. Por otro lado, el ayuntamiento de Madrid aprobó a finales del año 2015 un Marco Regulador de Cesión de Uso de Espacios a Entidades Sociales, que pondría en manos de la ciudadanía espacios y edificios públicos. La mezcla de cesión de recursos y espacios públicos y el respeto por la autonomía de los movimientos podría asentar un nuevo camino municipalista de ciudades contra el Estado y el neoliberalismo global imperante.

Encuentro Los Madriles en Matadero Madrid, altas de inicitavivas vecinales (fuente: VIC - Vivero de Iniciativas Ciudadanas). All rights reserved.

Antonio Negri y Raúl Sánchez Cedillo, teóricos de lo común, trazan una sugerente relación entre ciudad y democracia: "Las formas de vida metropolitana son modos políticos y productivos. Haciendo que interactúen democracia y (re)producción de la ciudad tendremos la posibilidad de articular lo político". Dicha relación entre ciudad y formas de vida metropolitanas con la democracia, colocan a los gobiernos locales en un tesitura especial y privilegiada. Por eso, además de usar la tecnología libre, cualquier Ayuntamiento que quiera construir una ciudad de código abierto tiene que reconocer y proteger las prácticas ciudadanas que reproducen el común: centros sociales, espacios auto-gestionados, red de huertos, redes de intercambio entre pares… El espacio público, que la ciudadanía ha transformado en un palco vivo, democrático y de código abierto, es metáfora y herramienta de la participación que los gobiernos necesitan. Para ello, las instituciones deben diseñar marcos jurídicos flexibles para proteger e incentivar el asociacionismo, el cooperativismo, los viveros de iniciativas ciudadanas, la autogestión y la cogestión de espacios y proyectos. Los gobiernos locales deben combinar la tecnología libre y código de prácticas humanas y relacionales.

Las dos caras de la ciudad de código abierto (las herramientas digitales libres y los territorios participativos) conforman un nuevo horizonte para la democracia radical. El repertorio participativo de la confluencia política Barcelona en Comú, que gobierna en la actualidad la ciudad de Barcelona, está siendo apuntado como uno de los modelos a ser replicados. "Su democracia radical viene de un conjunto de herramientas, técnicas, mecanismos y estructuras para generar políticas municipales desde abajo. Entre ellos hay varios niveles de asambleas (barriales, temáticas, coordinación, logística, medios, comunicación etc) y plataformas online (para comunicar, votar, trabajar)". El papel de las confluencias españolas, fraguadas en las redes y las calles en una era en la que los movimientos sociales tradicionales no han marcado el ritmo del cambio, se antoja pues como uno de los más avanzados laboratorios democráticos del siglo XXI.

Replicabilidad global irreversible

El pasado 4 de diciembre, el ayuntamiento de la ciudad española de Oviedo, gobernado por la confluencia Somos Oviedo, presentó su plataforma digital de democracia directa y participativa. La plataforma de Oviedo fue una réplica de Decide Madrid, ya que la web lanzada por el ayuntamiento de Madrid hace unos meses estaba basada en software libre y tenía una licencia abierta. Pablo Soto, el concejal de participación del ayuntamiento de Madrid, que entró en streaming en el acto de presentación de la plataforma de Oviedo, aseguró que Decide Madrid "está siendo estudiada por otras ciudades como Barcelona, Zaragoza, La Coruña o Santiago de Compostela". El hecho de que diferentes ciudades compartan el código de sus plataformas digitales rompe con la lógica de la tecnología propietaria de la smart city y con el paradigma de la ciudad marca, que pone a diferentes urbes a competir entre sí. El que ya ha sido bautizado como «intermunicipalismo» español pretende generar una red de «ciudades rebeldes del bien común» que compartan repositorios, herramientas, plataformas digitales y metodologías comunes. El intermunicipalismo asesta a su vez un duro golpe a la lógica de mercado, basada en vender el mismo producto tecnológico a diferentes ciudades.

El intermunicipalismo, comenzando por sus herramientas y plataformas tecnológicas compartidas, aspira a construir prácticas políticas irreversibles, para que no haya vuelta atrás en la democracia participativa. Una democracia participativa que encaja más con el postcapitalismo propugnado por Paul Mason o la economía del bien común que con el anti capitalismo clásico de los movimientos sociales tradicionales. "La geopolítica del común –escribe Daniel Vázquez en el prólogo del libro del Buen Conocer / FLOK Society, posiblemente la hoja de ruta de políticas públicas hacia el post capitalismo más completa– abre un nuevo frente en la batalla del capitalismo cognitivo y lo hace conectando códigos". Que una ciudad como Madrid pueda compartir el código de sus estructuras digitales con cualquier ciudad del mundo, incluso con regiones o incluso Estados nación, revela una inspiradora nueva era de transnacionalismo en red tejido alrededor de bien común y de los códigos abiertos.

Un municipalismo transnacional podría reconfigurar las luchas de los movimientos sociales construir esta geopolítica del común contra el neoliberalismo. La palanca de cambio de gobiernos municipales conquistados con nuevas lógicas, como lo demuestra el caso español, le daría a la nueva reconfiguración de las luchas del común una nueva escalabilidad institucional. No es casualidad que algunas ciudades brasileñas (como Belo Horizonte o Río de Janeiro) o estadounidenses (a partir del movimiento Occupy Wall Street) estén estudiando cómo replicar el modelo de las confluencias españolas.

Por otro lado, las tesis del municipalismo libertario de Murray Boochin, vislumbraban ya en 1984 la posibilidad de una nueva red escalable de territorios: "Interconectar pueblos, barrios, pequeñas y grandes ciudades en redes confederales". En la era digital, la confederación podría estar formada por ciudades contra o sin el Estado, interterritoriales y cooperativas, que vayan más allá de la bienintencionada Red Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales y Regionales (UCLG), que se queda en el horizonte del Derecho a la Ciudad. Está en juego simultáneamente la vida de los barrios y la supervivencia de la participación democrática del mundo. El planeta/barrio intermunicipalista, ensamblado para siempre, puede convertirse en la nueva piedra angular del post capitalismo global. El primer paso es abrir el código de los gobiernos locales. Abrirlo para desbordar, para escalar hacia nuevas esferas de política pública, para tejer prácticas ciudadanas que hagan innecesario el neoliberalismo. Compartir códigos para reinventar la geopolítica global para conectar transnacionalmente el nuevo horizonte de la democracia radical.

 


Podéis consultar todos los capítulos del libro State of Power 2016, donde aparece este texto como capítulo 9, haciendo clic aquí.

 

About the authors

Bernardo Gutiérrez (@bernardosampa on Twitter) is a Spanish-Brazilian journalist, writer and researcher living in Madrid. He writes about politics, society, technopolitics and participation technologies. He has published the books Calle Amazonas (Altaïr, 2010), collaborated in collective books such as 'Amanhã vai ser maior' (Anna Blume, 2014) and was one of the editors of 'JUNHO: power of streets and networks' (Friedrich Ebert Siftung , 2014). He has just released "The day after tomorrow. Journey to the Spain of change" (ARPA editors, 2017). He works at the MediaLab Prado in Madrid.

Bernardo Gutiérrez (@bernardosampa on Twitter) is a Spanish-Brazilian journalist, writer and researcher living in Madrid. He writes about politics, society, technopolitics and participation technologies. He has published the books Calle Amazonas (Altaïr, 2010), collaborated in collective books such as 'Amanhã vai ser maior' (Anna Blume, 2014) and was one of the editors of 'JUNHO: power of streets and networks' (Friedrich Ebert Siftung , 2014). He has just released "The day after tomorrow. Journey to the Spain of change" (ARPA editors, 2017). He works at the MediaLab Prado in Madrid.


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