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Cataluña: ¿una transición inacabada?

Hacer memoria, mediar para negociar los parámetros de una justicia transicional, nuevos pactos y promover el diálogo por los derechos humanos y la paz es una “revolución permanente”. English

Foto: Cecilia Milesi.

Son días en que, casi, la historia se palpa en el aire. Como si fuese una entidad viva o una presencia tangible, desplegada, poblando las calles de Barcelona, donde hoy vivo. Siento que, casi, puedo tocarla con las puntas de mis dedos y aspirarla en cada aliento.

Es una historia viva que, con fuerza, interpela a cada uno de los catalanes –sin distinción–. Trae recuerdos, despierta emociones, avanza a través de historias rememoradas y se reconstruye en conversaciones retrospectivas que buscan darle sentido a un pasado que todavía duele, un presente confuso y un futuro incierto.

Como argentina que vivo en este país hace solo un año pregunto, escucho atenta, aprendo a cada instante. Claro, no puedo dejar de crear paralelismos con mi propia historia argentina y latinoamericana.

Hace unos días, cerraba un diálogo apurado con un colega y amigo experto en políticas de construcción de paz. Me decía: “volvamos a hablar en dos semanas cuando todo esté más tranquilo”. Le conteste: “querido, acostúmbrate a que la historia es una revolución permanente. La lucha fue, es y seguirá. No habrá nada como un momento más tranquilo. La lucha por la paz y los derechos humanos es un proceso siempre abierto”.

Derechos humanos y paz: más que transiciones, un proceso permanente

La historia está viva.

Las teorías y políticas de “transición” con perspectiva liberal y linear, entienden que la construcción de “estabilidad” político-institucional es un proceso que tiene una conclusión. Y que esta “estabilidad” es algo permanente, al condensarse en tratados, acuerdos, leyes, formación de instituciones o constituciones relativamente inmóviles. Como estos analistas, en general, son del Norte Global, describen a sus propias democracias e instituciones como “solidas”, “desarrolladas” y “estables”. Sin embargo, el presente de España -y en particular el conflicto España-Cataluña- y Europa demuestran que, como en la de Argentina, Latinoamérica y muchos otros países del Sur Global, este continuum modernista es solo una ilusión. La historia está viva.

La revolución para construir “estabilidades” democráticas y paz, basada en los derechos humanos y el respeto de la participación de los ciudadanos, es un proceso siempre abierto. Por lo tanto, diálogo, negociación y participación ciudadana son ejes vitales y “siempre-vivos”. Requieren de actores locales activos, atentos y organizados para acompañar estos procesos dinámicos. No hay victorias definitivas. Hay victorias parciales que, constantemente, deben ser ganadas por aquellos que valoramos los derechos y la dignidad humana.

La historia viva en Cataluña-España hoy

Hoy en Cataluña- España la historia se hace presente en cada café, parada de bus, en cada universidad, escuela o esquina. Los catalanes/españoles necesitan volverse a “contar”. Como extranjera, puedo compartir las preguntas más simples bajo la excusa de mi ignorancia. Dialogo curiosa con grupos de uno y otro lado del continuum pro-contra la independencia: los moderados, los separatistas y los confundidos. Además de escuchar historias, contengo emociones.

Una primera reacción debatible que me producen estas conversaciones es el asombro al comprobar que algunos sectores creyeron (o les convino creer) que sin realizar una “transición” basada en la justicia, la verdad, la memoria y la reparación, se podría desmontar las estructuras ideológicas, institucionales, emotivas y culturales de la dictadura franquista, y así construir una democracia estable y fuerte. En el proceso catalán los fantasmas de esta “transición” post-dictatorial sobrevuelan. El dolor vivo y los miedos a aquella época han movilizado a la ciudadanía.

Por ejemplo, un amigo catalán, me confiesa: “mi tía siempre se sintió catalana, sin embargo, cuando en los años 30 los “pistoleros” anarquistas comenzaron a asesinar a monjas, a vecinos, a cualquiera que no fuera catalanista… ella se hizo franquista. Son esos mismos, hoy, los que están organizados en la CUP, los extremistas que hoy nos quieren empujar a la independencia unilateral”.  Otros amigos parecen convencidos de que vecinos protestando pacíficamente o acudiendo a un centro de votación son “sediciosos”. De pronto, el farmacéutico o el panadero del barrio, ahora, son “sediciosos”. La realidad se criminaliza al ritmo de la desconfianza y los ánimos exasperados.

Por el contrario, muchos otros consideran que la separación del estado español es una manera de dejar atrás una España conservadora y autoritaria que ya no tiene ningún vínculo ideológico con Cataluña (sin desmerecer otras cuestiones económicas, políticas y sociales interdependientes). Por ejemplo, estudiantes universitarios organizan multitudinarias manifestaciones para unirse en una sola voz “pedir el derecho a decidir”. Algunos son independistas, otros no. Pintan carteles, imprimen papeletas, festejan el deseo de ser “libres” al compás de tambores. Me cuentan: “no, hoy no nos sentimos libres. No así, bajo el poder centralista y autoritario del Partido Popular / Madrid que “hablan” al enviar policías y camiones hidrantes, mientras bloquean el acceso a las webs relacionadas con el referéndum y detienen autoridades autonómicas”.

¿Es posible en España un verdadero Nunca Más?

De hecho, durante el intento de celebración del referéndum catalán, se produjeron abusos policiales ampliamente documentados. La brutalidad policial dio la vuelta al mundo, y fue denunciada por organizaciones como Amnistía Internacional y la oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Muchos creen que estos eventos demuestran que España sigue siendo totalitaria y conservadora como en la época del franquismo. Creen que sin lugar a dudas (y como dice el cartel que me muestran) que: “Franco no está muerto, estaba de parranda”.

Finalmente, durante el día del referéndum (1 de octubre) y la masiva marcha por España (8 de octubre), quedo atónita al observar el comportamiento de grupos radicales “españoles”. Por ejemplo, soy testigo de cómo un grupo agrede verbal y físicamente a un grupo de jóvenes con la bandera catalana reunidos en Plaza Cataluña. Muchos pasan por mi calle cantando a viva voz consignas militaristas.

España ha dejado en suspenso su Ley de Memoria Histórica del 2006 (ampliamente criticada por organismos de derechos humanos y algunos partidos políticos por no subscribirse al derecho internacional) al no dotarla de presupuesto. Esta ley, por ejemplo, prohíbe los signos falangistas en instituciones públicas, pero no si son usados por personas en “actos culturales”. Algunos partidos y grupos consideran que para mantener Cataluña unida es necesario revisar el pacto constitucional de 1978 (“la transición” post-franquista) y abrir con valentía el proceso de memoria, verdad, justicia y reparación para garantizar la no-repetición y, tal vez, la “reconciliación” a partir del reconocimiento y juzgamiento de responsabilidades.

¿Es posible un Nunca Más en Argentina?

Mientras escucho múltiples historias, construyo paralelismos y reflexiono: las emociones y análisis que emergen en catalanes y españoles podrían están ligadas a un “Nunca Más” inconcluso que, además, debería realizarse junto a reformas diversas a nivel constitucional, fiscal y legal para garantizar la construcción de un nuevo federalismo autonómico.

Entonces, me pregunto: ¿Es posible en España un verdadero Nunca Más? ¿Es posible un Nunca Más en Argentina? Es decir, ¿es posible asegurar la solidez institucional y la transformación cultural fundamental necesarias para garantizar la no-repetición definitiva?

Paralelismos con el Sur del Mundo: Argentina

Al mismo tiempo que se votaba en Cataluña, en Argentina, miles de personas se volvían a movilizar en Plaza de Mayo para pedir la aparición con vida de Santiago Maldonado, y comenzaban los debates por la renovada presión de ciertos sectores para que la líder social, Milagro Sala, volviera a una cárcel regular.

Desde la vuelta del “centro-derecha” del PRO al gobierno nacional (y provincial) el trabajo y movilización de organizaciones ciudadanas contra lo que ha denominado el “negacionismo argentino” ha debido ser constante. Por ejemplo, para debatir y resistir el que algunos líderes políticos hayan declarado abiertamente que en Argentina no ha habido 30.000 desaparecidos, o se establezcan medidas para desmotar los sólidos pilares de las políticas de memoria, verdad y justicia existentes en el país. Al mismo tiempo, espacios ciudadanos diversos se mantienen alerta ante el avance de las teorías y las prácticas que consideran la seguridad como una mera cuestión represiva, es decir, como un tema meramente policial y militar.

El tener que renovar la defensa de las políticas de derechos humanos después de la dictadura no es nuevo para los argentinos. Desde el retorno a la democracia, hubo que luchar constantemente a nivel ciudadano, parlamentario, gubernamental y en los ámbitos de la justicia para mantener el eje en la verdad y la justicia como modo de abrir una verdadera nueva página en la historia del país y marcar límites claros para garantizar la no-repetición.

La lucha y el trabajo organizado bajo el grito “Nunca Más” ha sido un proceso constante que ha mantenido activas, en vilo, y movilizadas a múltiples organizaciones, partidos y grupos diversos que promovemos los derechos humanos como el eje de toda política pública. Fue necesario derrogar amnistías, indultos, recortes presupuestarios y medidas de toda índole -incluido el más reciente llamado 2 x 1- que intentaban desmerecer la gravedad de los crímines contra la humanidad cometido por los dictadores.

La aprobación de una nueva Constitución Nacional en 1994, garantizó que todos los tratados de derechos humanos internacionales estén por encima de la ley argentina, y reconoció los derechos de los pueblos nativos, abriendo paso a la promulgación de leyes para reconocer sus territorios ancestrales. Sin embargo, hubo que luchar mucho más para que, ahora, se extienda el plazo de la ley que regula el demorado proceso de demarcaciones de territorios de poblaciones nativas.

Cambios constitucionales, creación de nuevas leyes, grupos ciudadanos activamente y constantemente convocados y movilizados en espacios de debate, negociación y movilización son parte de nuestra vida cotidiana. Porque sabemos que la historia está siempre viva. La revolución en favor de los derechos humanos es permanente y debe ser sostenida sin descuido y más allá de las percepciones de seguridad y estabilidad con que, a veces, nos tienta el “progreso económico” . Sabemos que la transición hacia una democracia fuerte y sólida no acaba nunca: debe ser vivida, recuperada y conquistada constantemente.

Procesos siempre vivos

En definitiva, y sin que sea posible saber qué sucederá en el conflicto catalán- español en estas próximas semanas, con este paralelismo busco reflexionar abiertamente sobre la necesidad de pensar y trabajar por su “transición” a una democracia más sólida de manera mucho más activa y constante.  

Es vital que las conversaciones dolorosas y debates que emergen con dureza hoy, se mantengan en el largo plazo, de modo que se inicie un trabajo nacional profundo y comprometido hacia un nuevo pacto político-social, superando los acuerdos y silencios de la post-dictadura. Una iniciativa de mediación del actual conflicto independentista, así como cualquier otro proceso político que se inicie a partir de aquí, debe estar comprometido con la revisión de las causas históricas a nivel cultural, relacional y humano.  Será necesario seguir fortaleciendo las estructuras de las organizaciones de derechos humanos, debate, conciliación y participación ciudadana para sostener localmente esta necesaria y debida conversación social, pilar de una democracia sólida y fuerte.

la Cooperación Sur-Norte podría jugar un papel fundamental, considerando, en particular, la amistad entre Argentina, Cataluña y España. 

Como en otros contextos, los actores internacionales pueden y deberían jugar un papel de apoyo. Sin embargo, como el proceso es y será de largo plazo –lo que he llamado “la historia viva”-, lo vital es sostener el liderazgo local en todos sus niveles. Tal vez, la Cooperación Sur-Norte podría jugar un papel fundamental, considerando, en particular, la amistad entre Argentina, Cataluña y España. Los lazos están creados, ¿podríamos construir juntos un espacio de diálogo para transferir aún más ideas y opciones en este momento de crisis como oportunidad? Por ejemplo, Argentina ha sido el país que ha solicitado extradiciones por crímienes cometidos durante la dictadura franquista. ¿Cómo se podría avanzar con esta iniciativa y compartir otras lecciones concretas del proceso argentino?

En conclusión, hacer memoria, mediar para negociar los parámetros de una justicia transicional, nuevos pactos y promover el diálogo por los derechos humanos y la paz es una “revolución permanente”. En ciclos, surgen procesos de re-interpretación de la historia y emergen los monstruos del pasado. Al mismo tiempo, lógicamente, se generan las resistencias de los que pugnan por la versión “verdadera” opuesta.

Los relatos se empujan y buscan movilizar para lograr apoyos en el escenario político. Estos procesos cíclicos precisan estructuras sociales siempre activas para fomentar la defensa de los derechos humanos y el diálogo basado en parámetros inclusivos. Tal vez, un nuevo diálogo nacional español pueda construir las bases de un nuevo futuro. Si se hiciera, ese proceso será largo y precisará el compromiso transversal de múltiples actores.

Mi amigo me decía: “Nos vemos en dos semanas cuando todo esto haya terminado”. Recuerdo mi respuesta: “no querido, esto no termina. Esto recién comienza y no terminara nunca. Hay que acostumbrarse a vivir en la revolución permanente”. La lucha por quién, cómo y qué versión de la historia se escribe y se esgrime como la narrativa del poder, esa lucha, es historia viva. 

About the author

Cecilia Milesi is an analyst on peace policies and facilitator of change processes from www.ceciliamilesi.com. She tweets @MilesiCeci

Cecilia Milesi es analista en politicas de paz y facilitadora de procesos de cambio desde www.ceciliamilesi.com. Siguela en @MilesiCeci

 

 

 

 


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