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Una detención por marihuana que terminó de la peor forma: La historia de Miguel Ángel Durrels

Miguel Ángel fue detenido en la provincia de Buenos Aires por posesión de marihuana. 12 horas más tarde fue hallado muerto en la estación local de policía. Su hermana duda muchísimo de que se haya suicidado. English

8 de septiembre 2013: Miguel Ángel Durrels, de 29 años, trabajaba como cuidador de caballos de polo en una finca en Pilar, un suburbio de Buenos Aires. Esa tarde estaba en la calle cuando fue detenido por la posesión de 78 gramos de marihuana. Unas doce horas después Miguel fue encontrado sin vida en el sector de calabozos de la Comisaría 1° de Pilar. El cuerpo de Miguel apareció ahorcado con un cable eléctrico y casi parado contra los barrotes. Los policías dijeron a sus parientes que se había suicidado. La autopsia concluyó que murió por asfixia mecánica por compresión (ahorcadura) y que también tenía lesiones no mortales en su cara y tórax. Sus familiares denunciaron que no se les permitió ver el cuerpo antes de la autopsia. El sector donde Miguel fue alojado había sido clausurado por orden de un juez y no podía alojar a nadie. Todos estos elementos llevaron a la familia a reclamar justicia y a tratar de conocer la verdad acerca de lo sucedido con Miguel.

La familia cuenta que cuando comenzó la investigación, los relatos de los policías fueron contradictorios e imprecisos respecto de los horarios de detención y de ingreso al hospital para la revisión habitual de los detenidos, que debe llevarse a cabo antes de la reclusión. Asimismo, existieron imprecisiones respecto de la cantidad de personas alojadas con Miguel, y el horario en que estas personas estaban allí. Su familia sigue reclamando establecer el grado de responsabilidad de la policía por la muerte de una persona que estaba bajo su custodia. Cuatro policías fueron investigados inicialmente por desobediencia de la orden judicial y homicidio culposo (por negligencia), pero un nuevo fiscal del caso pidió reducir la acusación para la etapa de juicio solamente por desobediencia.

Esta detención por posesión de marihuana que terminó con la muerte de Miguel muestra las consecuencias de la implementación del paradigma de la “guerra contra las drogas” y fue una más de las miles de detenciones a consumidores que se realizan en la Argentina cada mes. La criminalización de la tenencia de drogas para consumo personal fue objetada por la Corte Suprema Argentina, que la encontró inconstitucional en 2009, pero la ley de drogas nunca fue modificada en concordancia con este fallo. Detenciones como la de Miguel Durrels son todavía muy frecuentes.

Muchas veces, estas situaciones se agravan al sumarse problemas estructurales de prácticas policiales violentas, abusivas o negligentes, o con condiciones de detención deficientes y episodios de violencia institucional.

Silvia Durrels, hermana de Miguel, duda muchísimo de que se haya suicidado.

"Siempre estaba sonriendo o haciendo chistes," dijo Silvia, quien tiene una edad cercana a la de Miguel y lo eligió para ser el padrino de su hija mayor. “Y no lo vi mal en esos últimos tiempos. Porque si fuera que yo lo hubiese visto mal, te diría ‘sí, él estaba mal, puede ser, algo lo tenía mal’. Pero no”. 

Miguel y sus seis hermanos son de un pueblo chico en la provincia agrícola de Entre Ríos. Cuando era niño le decían a Miguel “Barchy”, en referencia a Bart Simpson, porque andaba haciendo bromas a gente y, según Silvia, “haciendo maldades con su gomerita.” Como adulto, trabajaba en distintas fincas de caballos por varios meses consecutivos y después volvía a su pueblo natal cuando terminaba la temporada. Silvia dice que nunca había tenido ningún problema con la policía.

“Cuando me dijeron ‘tu hermano falleció’ yo pensé ‘fue en el trabajo, un caballo lo golpeó o algo’. Nunca me hubiese imaginado esto, y así en la comisaría, donde supuestamente ellos están para cuidarte”. 

Cuando el subcomisario fue a la casa de Silvia y le contó que Miguel se había suicidado mientras estaba detenido ahí, Silvia relata: “Le dije yo ‘¿Cómo te puedo creer a vos que mi hermano se mató y no que lo golpearon, lo cagaron a palos y se les fue la mano?’ Y me miró y sonrió y no me dijo nada ... Esa cara no me la olvido más”.

Los familiares de Miguel se fueron enterando de cosas que les hicieron dudar de la historia que les contaban. Primero, porque ninguno de ellos pudo ver el cuerpo de Miguel inmediatamente después de su muerte. Por otro lado, la persona que había sido convocada para ser testigo de la detención de Miguel ni siquiera había visto a la policía cuando le encontraron el paquete con la marihuana. Ese paquetito ya había sido colocado junto con las pertenencias personales de Miguel – celulares, algo de dinero – sobre el capó del patrullero.

“Ellos dicen que se mató, que se suicidó. Pero nos mintieron en un montón de cosas. Ellos nos daban una versión, después nos daban otra versión,” dijo Silvia. “Por ejemplo a mi papá uno de (los policías) le dijo que vino el médico para hacerle la resucitación, lo descolgaron y después lo volvieron a colgar. ¿En qué cabeza cabe eso?” 

“Ellos nos dijeron un montón de barbaridades, que vos decis ‘si él se mató, ¿para qué?’”

Silvia ha pensado mucho sobre lo que pudo haberle pasado a Miguel esa noche en la comisaría de Pilar.

Los policías dicen que le preguntaban cómo se llamaba, de dónde era y todo eso. Y mi hermano no les quería contestar. Capaz por eso lo empezaron a golpear y se les fue la mano”. 

También ha considerado la posibilidad de que su hermano fuera amenazado u hostigado durante las horas de detención, al punto de suicidarse, si por ejemplo los policías lo presionaron diciéndole que iría a la cárcel y no saldría más.

“Llego a pensar que lo pudieron haber asustado de ir a un penal o algo. Pero yo viendo el cuerpo, leyendo la autopsia … los golpes y todo eso ¿Cómo lo explico?” 

Silvia dice que no hay duda de que los policías podrían ser condenados por desobediencia puesto que nunca debieron haber alojado a su hermano en esa comisaría. Tampoco le permitieron hacer una llamada telefónica mientras estaba ahí y violaron otros procedimientos, según ella. “Hay un montón de cosas para acusarlos por desobediencia. ¿Pero y la muerte?” 

Al mirar hacia atrás, Silvia recuerda que ella y sus hermanas sabían que Miguel fumaba marihuana.

“Mi hermano fumaba marihuana, pero nunca jamás lo vimos con mucha cantidad, ni de los años que yo tengo uso de la razón nunca lo vi fumar. Sabíamos que consumía porque nos dijo él … no tenía vergüenza”.

Silvia cree que Miguel puede haber comprado marihuana para su uso personal el día que fue detenido, pero descarta la posibilidad de que haya estado involucrado en la venta de drogas, como fue acusado por la policía, en parte porque vivía en el mismo campo donde trabajaba.

En todo caso, Silvia dice que las leyes relacionadas con las drogas – y la forma en que se hacen cumplir – deben ser reformadas.

“Tiene que haber un cambio. Una persona que consume (drogas) porque quiere, porque lo elige no tendría que ser seguido por la policía, amenazado, golpeado. La persona que elige consumir es su derecho, su elección … mi hermano consumía y no hacía mal a nadie.”

*El CELS representa a los familiares de Miguel Ángel Durrels en esta causa.

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Este artículo se publica como parte de una alianza editorial entre openDemocracy y CELS, organización de derechos humanos argentina con una amplia agenda, incluyendo la defensa y promoción de políticas de drogas respetuosas de los derechos humanos. La alianza coincide con la Sesión Especial sobre Drogas de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS).

About the author

CELS is an Argentine human rights organisation with a broad agenda that includes defending the right to protest.

CELS es una organización de derechos humanos argentina con una amplia agenda que incluye la defensa del derecho a la protesta. 


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