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Clasificar cuerpos, negar libertades

La clasificación es un instrumento de opresión. Este artículo, que examina el abuso dirigido a Caster Semenya, anticipa el tema del Foro Internacional AWID (8-11 setiembre): “Integridad corporal y libertades”. Português English

Museo del apartheid en Johannesburgo.Flickr / Jasonwhat. Algunos derechos reservados.

Yo era una adolescente cuando acompañé a mi abuela por Navidad a llevar cajas de galletas a cada uno de los primos maternos que todavía le quedaban. A pesar de que la nuestra es una familia extensa, siempre hemos estado muy unidos; así que me sorprendió que la última caja fuera para una tía que no conocía."¿Quién es Dawn?"

"La hija de tía Evelyn". Tía Evelyn era la hermana de mi bisabuela; había una vieja fotografía de familia en el comedor de casa en la que figuraba Evelyn siendo todavía un bebé.

"No sabía que tía Evelyn tuviera hijos."

"Se casó con un hombre blanco, así que ellos no conocieron nunca al resto de la familia."

Durante los siguientes veinte minutos escuché la típica historia sudafricana de una familia dividida por las clasificaciones del apartheid. Mi tía Evelyn consiguió pasar por blanca durante toda su vida adulta; vivía en un área blanca y ocultó sus antecedentes familiares a sus vecinos blancos y a sus hijos. Mientras, sus otros familiares tenían la clasificación 'de color'.  Al presenciar el trato recibido por su hermana negra bajo el apartheid, incluyendo un traumático deshaucio, imagino que entre las emociones que debió experimentar Evelyn había el temor a ser descubierta.

Al parecer, a mi bisabuela de piel clara también le animaron a casarse con un hombre blanco, pero ella se enamoró de un hombre oscuro. Sus dos hijas mayores tenían la tez como su madre, pero mi abuela más oscura y su padre no visitaban a sus parientes blancos para no 'avergonzar' a mi tía Evelyn y a su marido ante sus vecinos blancos. Resulta que Dawn ni siquiera sabía de la existencia de algunos de los otros beneficiarios de nuestras cajas de galletas hasta que cumplió cincuenta años.

Yo estaba atónita; cuando llegamos a destino entregué las galletas a mi nueva vieja tía blanca en silencio, lo cual es muy poco característico en mí. En el camino de vuelta a casa, le fui dando vueltas a la otra realidad de la familia de Evelyn. "Pero ¿los niños no hacían preguntas? Si sabían que tenían una tía y varios primos, ¿no se preguntaban acerca de tu padre y de tí y el resto de la familia? ¿No sabían donde vivíais? "

"Bueno, seguramente pensaban que su madre no pertenecía a una familia muy unida." Pero sí: pertenecía a nuestra familia. Mi abuela lo resumió así: "El apartheid fue una locura."

Clasificación

Si relato esta historia es porque ilustra el hecho de que la clasificación tiene y no tiene sentido a la vez. Que la prueba del lápiz sea una herramienta legítima del gobierno es indicativo de que el sistema de clasificación es algo extraño e irreal. Para muchos sudafricanos, nuestras historias y experiencias demuestran cuán arbitrarias son las fronteras raciales y, a la vez, cuán tajante es el corte y cuán profundamente se siente.

A principios de septiembre estaré en Brasil para cubrir el 13 Foro Internacional de la Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID). Uno de los temas generales de este foro es 'Integridad corporal y libertades' y estoy deseando participar, junto con 2.000 activistas feministas y académicas de todo el mundo, en serios debates sobre nuestras identidades y sobre las realidades vividas y experimentadas a través de nuestros cuerpos. El cuerpo sigue siendo un centro clave de conflicto de las luchas feministas, ya que son muchas las intersecciones de las clasificaciones del cuerpo humano que impactan en nuestra libertad y existencia misma.

La clasificación es un instrumento de opresión; y la opresión, por supuesto, tiene sus raíces en el poder y no en hechos. Los sistemas de clasificación del apartheid, respaldados por una biología y una moral corruptas, nos recuerdan que la raza es algo que se construye – una mentira social. El sistema que utilizamos para clasificar el sexo no es distinto: el sexo es un espectro y, sin embargo, insistimos en una clasificación binaria. En los casos en los que a regañadientes ser acepta “intersexual”, o una tercera categoría similar, como alternativa a la clasificación hombres-mujeres, las personas intersexuales siguen sufriendo la negación de su derecho a la autonomía y a la determinación corporal.

De hecho, añadir 'intersexual' como tercera opción clasificatoria - en lugar de reconocer un amplio y complicado espectro que socava cualquier noción de categoría sexual - refuerza el sistema que trata de controlar y oprimir. No pude dejar de sentir que este era el caso cuando observé la intolerancia y el abuso hacia Caster Semenya al ganar la medalla de oro olímpica en los 800 metros lisos.

Caster Semenya celebra la victoria en la final de los 800m en los Juegos Olímpicos de Río. Mike Egerton/PA Images. Todos los derechos reservados.

Desde que ganó el oro en el Campeonato del Mundo de 2009, el talento deportivo de Semenya ha sido objeto de especulación, acerca de si ella es demasiado masculina como para que se le permita competir contra otras mujeres. Jennifer Doyle relata cómo disfrutaron los expertos con 'la emoción barata de descubrir a un raro intruso' bajo 'sus anchos hombros, su peinado, su forma de vestir, su sexualidad – su masculinidad femenina, negra y rara.’

En 2009, sin su conocimiento (y por lo tanto sin su consentimiento), a Semenya se le sometió a pruebas médicas para comprobar su "elegibilidad" para competir como mujer. De nuevo sin su consentimiento, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) confirmó públicamente que esas pruebas se estaban llevando a cabo. Posteriormente se informó que Semenya tenía 'hiperandrogenismo', es decir niveles de testosterona superiores al ‘promedio’ femenino.

La respuesta de la IAAF fue adoptar un reglamento sobre el hiperandrogenismo, con el objetivo de evitar que las mujeres con altos niveles de testosterona producidos por su cuerpo de manera natural pudieran participar en competiciones, norma que fue luego suspendida por el Tribunal de Arbitraje en 2015, tras la denuncia presentada por la velocista Dutee Chand. Así pues, Semenya pudo competir en los Juegos Olímpicos de Río sin alterar sus hormonas naturales. Pero sus competidoras, la IAAF y el Comité Olímpico Internacional cuestionaron de nuevo la legitimidad de que lo hiciera.

Las preguntas sobre el género de Caster Semenya - específicamente, las que buscan reclasificar su género o poner en duda su condición de mujer –, por inocentes que parezcan, lo que hacen es reforzar las estructuras de opresión. Cuando se plantean cuestiones de "equidad" o "legitimidad", la feminidad de Semenya termina casi siempre vinculada a su color de piel.

Negrogínia

De la izquierda a la derecha, Francine Niyonsaba (Burundi), Caster Semenya (Sudáfrica), Margaret Wambui (Kenia).Jae C. Hong / PA Images. Todos los derechos reservados.

Cuando los detractores de Semenya se refieren a un "problema" con su participación en pruebas femeninas, siempre nos invitan a que miremos cómo es ella – recurriendo invariablemente a prejuicios raciales. Lynsey Sharp, que finalizó sexta en la prueba olímpica de 800m en Río, dijo entre lágrimas, en una entrevista posterior a la carrera, que "el público puede ver lo difícil que es" (la cursiva es mía) competir con Semenya y las otras medallistas Francine Niyonsaba y Margaret Wambui. Joanna Jozwik, que finalizó la carrera en quinto lugar, insistió en que las medallistas "tienen un nivel de testosterona muy alto, similar al de un hombre, y es por ello que se ven cómo se ven y que corren como corren" (la cursiva es mía).

Jozwik fue todavía más explícita: "Me alegro de haber sido la primera europea, y la segunda blanca [en cruzar la línea de meta]." En otras palabras, las medallistas son negras y rápidas (aunque no batieron ningún record) - ahí radica el “obvio” problema de Sharp y Jozwik. Cabe señalar que Jarmilla Kratochvílová, la mujer blanca que posee el récord mundial de 800m, no ha tenido que hacer frente a especulaciones similares sobre su condición de mujer.

Al cuestionar la elegibilidad de las medallistas para ocupar su puesto como mujeres, Sharp y Jozwik hicieron gala de un mito racista al menos tan antiguo como el colonialismo y la trata trasatlántica de esclavos: el mito de que las mujeres negras pertenecen a una categoría física distinta a la de las mujeres blancas y que sus cuerpos se adaptan mejor a la dureza del trabajo físico que el de los blancos.

En su artículo 'No se trata de genes, estúpido', Ahmed Olayinka Sule examina la reciente fascinación con los genes de los velocistas jamaicanos y la pseudociencia racista que la acompaña. Se trata, según él, de ‘una verión moderna del estereotipo del negro salvaje’. El racismo científico – combinado, en el caso de Semenya, con sexismo científico - sigue siendo utilizado para enmascarar y justificar la intolerancia en los Juegos Olímpicos, 80 años después de que Hitler enrojeciera de ira ante la victoria de Jesse Owens en los Juegos Olímpicos de Berlín.

Como contraste, Olga Khazan señala que los ‘pies ultra flexibles de Michael Phelps... se convierten en “aletas virtuales" al nadar’ y, sin embargo, su ‘cuerpo de pez' no crea alarma alguna ni motiva acusaciones de que no debería permitírsele competir con otros hombres. Asimismo, Jennifer Doyle nos recuerda que la nadadora Katie Ledecky, que compite en los 1.500m estilos, ‘se encuentra ya en el franja de tiempos de los hombres' y aunque '[sus] cualidades técnicas son mucho más espectaculares que las de Semenya', su condición de mujer nunca ha sido puesta en tela de juicio.

#CasterNoSeToca

Las acusaciones de clasificación de género errónea sólo han afectado a mujeres deportistas, especialmente cuando provienen del Sur Global. Es sorprendente que más feministas no hayan levantado la voz contra la injusta vigilancia de los cuerpos de las mujeres, aunque esto se debe probablemente a que dichos cuerpos ya se ven afectados por el racismo.

John Branch informa que "en los Juegos Olímpicos de Londres [en 2012], cuatro atletas mujeres, todas entre los 18 a 21 años y procedentes de zonas rurales de países en vías de desarrollo, fueron señaladas por tener altos niveles de testosterona natural." Posteriormente, las cuatro mujeres se sometieron a cirugías de 'feminización'. Los “altos” niveles de testosterona de Semenya son un foco de atención, pero los hombres con niveles de testosterona más altos de lo normal no son objeto de examen.

#HandsOffCaster (CasterNoSeToca) comenzó a ser tendencia en los medios sociales sudafricanos al acercarse los Juegos Olímpicos, como respuesta al renovado interés en Semenya. Dados los tratamientos físicos invasivos a los que se han sometido algunas atletas mujeres, el lado físico –“¡no se toca!”- resulta muy apropiado. La privacidad y la autonomía física de Semenya ya fue invadida con anterioridad, por lo que #HandsOffCaster es también una firme advertencia: ¡basta ya! Los exámenes médicos son invasivos, lo son por partida doble cuando se realizan sin consentimiento, y lo son por partida triple cuando los resultados se filtran a los medios de comunicación y se publican.

Para la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de 2016, cada país envió a un abanderado al centro del estadio de Maracaná en Río de Janeiro: fueron los 'héroes de los Juegos’. Caster Semenya fue elegida para llevar la bandera de Sudáfrica como heroína de su país y yo me sentí orgullosísima por ello.

El equipo de Sudáfrica podía haber optado por su compañero Wayde van Niekerk,  que ganó una medalla de oro y batió el récord mundial de los 400 metros lisos masculinos, pero la presencia de Semenya en esta parte de la ceremonia demostró la unidad y la fuerza del equipo sudafricano. Su propia presencia en la arena olímpica en ese momento desafió a los intolerantes que preferirían que ella no existiera, ya sea porque creen erróneamente que la homosexualidad es algo no africano, ya sea porque, al igual que la IAAF, su desinformada comprensión del sexo y del género se ve alterada por la combinación de hormonas perfectamente natural de la atleta. La gran popularidad de Semenya en Sudáfrica fue sin duda la guinda de un hermoso pastel.

Puede que el simbolismo no ofrezca una representación verdadera o incluso significativa de la realidad, pero era importante que esto ocurriera. Sirvió como recordatorio de que Sudáfrica no sólo apoya a Semenya, sino que la eleva a la categoría de heroína. Esperamos que Semenya pueda vivir la vida que nació para vivir, que pueda elegir y amar abiertamente, y competir libremente a nivel mundial junto a otras atletas.

El éxito de Caster Semenya y el apoyo que recibió de Sudáfrica en los Juegos Olímpicos me llevan a mí también a apoyarle, lista para el foro AWID y dispuesta a participar en ‘futuros feministas’ compartidos. En nuestro camino hacia la recuperación del cuerpo en todas sus expresiones, negarse a cumplir con los estrechos y opresivos sistemas de clasificación es un paso esencial en la ruta de la liberación. El programa de AWID promete ser inclusivo y multidisciplinar y contribuir a "la construcción del poder colectivo de los derechos y la justicia '- ver aquí.

Este artículo fue publicado por primera vez en openDemocracy 50.50 como parte de la serie: AWID Foro Feminista Futuros: La construcción de poder colectivo de los derechos y la justicia.  Bahía, Brasil 8-11 septiembre. 

About the author

Ché Ramsden was born in South Africa, and works for an NGO in the UK. She has worked as a Research Assistant at the London School of Economics (LSE) and in voluntary positions as a Youth Adviser UNICEF UK, and Student Stop AIDS. She has an MSc in Social Policy and Planning from the LSE. Follow her on twitter@theotherche.


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