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Nicaragua como peón en la geopolítica mundial

Como en los años 80, Nicaragua está cometiendo de nuevo una equivocación política: estar en medio de las luchas por la hegemonía de los grandes países industrializados del mundo. English

Vladimir Putin recibido por el Presidente de Nicaragua Daniel Ortega. 2014. Imagen: Kremlin / Presidencia Rusa. Todos los derechos reservados.

En el planeta conviven países excesivamente empobrecidos, aunque tienen recursos y riquezas naturales en bruto. También cohabitan naciones que perciben y/o descubren oportunidades y aprovechan lo que otros países no perciben, se dedican a trabajar los recursos naturales tecnológicamente, y esto les permite distinguirse y enriquecerse. Y luego están los países muy industrializados y con abundantes recursos humanos, técnicos, tecnológicos, económicos, financieros, históricos, entre otros. Estos últimos pueden ubicarse como los líderes mundiales en diferentes aspectos. La diferencia, claro, es que las decisiones de estos países tienen repercusiones en todo el mundo.

A los primeros se les llama o ubica como países pequeños y de poca importancia económica en el concierto de las naciones - es decir, no tienen papeles determinantes en las disposiciones planetarias. Por lo general, su papel es secundario en términos comerciales. Aunque en algunos momentos, y quizás por su posición geográfica, son considerados países estratégicos - para ser utilizados, no para ser tratados con respeto de naciones independientes.

Durante los años 80, Nicaragua vivió una experiencia relacionada con la lucha entre el Este y el Oeste. La lucha se desarrollaba aparentemente por ideología: comunismo vs capitalismo. Aunque, lo cierto es que se trataba de una contienda entre los países poderosos, que buscaban sentar su hegemonía mundial con la finalidad de aprovechar los recursos naturales, humanos y geográficos. Es decir: la disputa era por razones geopolíticas, como les llaman los diplomáticos. Y el país era solamente un peón en la geopolítica mundial.

Durante los años 80, Nicaragua vivió una experiencia relacionada con la lucha entre el Este y el Oeste. La lucha se desarrollaba aparentemente por ideología: comunismo vs capitalismo.

Los nicaragüenses debemos recordar que durante la década de los años 80, ninguna de las partes logró un triunfo efectivo. Fue una decisión de las potencias la que puso fin a la contienda bélica. En ese momento, Brezhnev y Reagan conversaron y coincidieron en sus intereses como naciones desarrolladas, de modo que ambos cerraron la llave del abastecimiento militar y la guerra cesó. Lo más vergonzoso es que las partes en el terreno no estaban preparadas para el desarme ni para la paz. Concretamente, el ejército popular sandinista (EPS) y la resistencia nicaragüense (RN) no sabían cómo terminar lo que habían iniciado años atrás. Una lucha sin vencedores ni vencidos.

¿Qué es lo que le había quedado al país? Destrucción de la economía; inestabilidad social, política y humanitaria; enemistad entre familias; muerte de jóvenes; abandono de tierras productivas; malos hábitos de violencia social; capacidades y conocimientos de producción perdidos; sin avances en infraestructuras físicas; presencia de asesores militares cubanos y rusos - los mismos que intervienen hasta hoy día en los asuntos internos de la administración pública -; enorme cantidad de armas almacenadas de forma legal y clandestina, que luego sirvieron para asaltar a las familias campesinas; esquizofrenia de guerra entre la juventud.

Entre 1990 y 1995, Nicaragua fue un caos del que aun tres décadas después no se ha recuperado. Hoy día, estamos con las mismas políticas exteriores. Por razones políticas y de corrupción, líderes de otros partidos han permitido un retorno al poder de una de las partes en la contienda y estamos repitiendo la acción política: mismo gobernante, con idéntica ideología y con iguales prácticas.

¿Qué es lo que le había quedado al país? Destrucción de la economía; inestabilidad social, política y humanitaria; enemistad entre familias; muerte de jóvenes; abandono de tierras productivas; malos hábitos de violencia social.

La Federación Rusa de Putin y los Estados Unidos de Trump son, ambas, naciones fuertes en población y tecnología, influyentes en sus estrategias y muy repetidamente intervencionistas en la vida de los otros. Sus acciones se concentran en buscar cómo posicionarse geoestratégicamente, con la finalidad de asegurar sus propios intereses. Generalmente, los líderes políticos de estos países vociferan y se atacan verbalmente, pero, en la práctica, se entienden y negocian el reparto de la geografía mundial para desarrollar su influencia y dominio.

En Nicaragua, hoy día, estamos viviendo una experiencia de este tipo de relaciones. Las tres últimas administraciones públicas han insistido en ampliar relaciones con la Rusia de Putin. Lo que ha producido la práctica publica de estos amoríos ha sido la entrega - no sabemos si donada o vendida - de tanques de guerra, ejercicios militares, avituallamiento militar, centros de comunicaciones, automóviles y buses.

Si consideramos los antecedentes históricos del comportamiento de los países industrializados ricos en relación a los países pequeños y empobrecidos, resulta que estamos cometiendo nuevamente una equivocación política. Un país centroamericano metido en los espacios de negociación y discusión de potencias extra-regionales. Nicaragua será manejada para los intereses geoestratégicos del Este y Oeste, y lo más grave es que el resultado será el mismo que en la década de los 80. Cuando ya no seamos útiles para los intereses de las potencias, nos descartarán y nosotros pagaremos los costes humanos, económicos y sociales.

Nicaragua será manejada para los intereses geoestratégicos del Este y Oeste, y lo más grave es que el resultado será el mismo que en la década de los 80.

Nicaragua debe abstenerse de estar en medio de las luchas por la hegemonía de los grandes países industrializados del mundo. Debemos abandonar una acción política torpe e indigna. La guerra no le ha dejado al país mayores réditos, antes al contrario, hay costes de la guerra que aún no hemos superado ni vamos a recuperar. Lo que los nicaragüenses necesitamos es paz, educación, escuelas, maestros, centros de salud, hospitales, electrificación, caminos, carreteras, respeto por los derechos humanos y trabajo decente.

About the author

Cirilo Antonio Otero es sociólogo e investigador social y director del Centro de Iniciativas de Políticas Ambientales (CIPA) de Nicaragua. oterocirilo19@gmail.com

Cirilo Antonio Otero is a sociologist and social researcher and the director of the Centre for Environmental Policy Initiatives (CIPA) in Nicaragua. oterocirilo19@gmail.com


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