Print Friendly and PDF
only search openDemocracy.net

En Mauricio, la lucha por la energía limpia es una batalla contra la desigualdad

Y quienquiera que controle la producción de energía, controla la orientación de la economía. 

Vota-es.png

¿Admiras este proyecto? ¿Lo votarías? ¿Quieres más historias inspiradoras? Si es así, esta es tu oportunidad. Haz clic en el botón rojo, visita los nueve proyectos destacados AHORA - tendrás tres votos.

Fotografía cedida por CARES. Fotografía cedida por CARES.“La República de Mauricio tiene de todo, menos voluntad política”, señala Michel Chiffonne. Este activista experimentado de 37 años, que reside en Port Louis, República de Mauricio, se desempeña como secretario de la Cooperativa Popular Coalición por las Energías Renovables y del Centro de Estudios e Investigaciones Alternativas (CARES). 

La República de Mauricio, un estado insular en el océano Índico ubicado en la costa sudeste del continente africano, tiene un problema energético y Chiffonne ha hecho que su misión sea cambiar esto.

Hace cinco años, cuando la Comisión Nacional de Energía publicó su informe, las cifras eran preocupantes: casi el 80 % de la producción de energía de Mauricio proviene de combustibles fósiles, mientras que un 20 % está conformado por energías renovables. En 2008, cuando el Gobierno lanzó el proyecto Maurice Île Durable, el objetivo era alcanzar el 65 % de energías renovables para 2028. Desde entonces, dicho objetivo se ha reducido a un 35 % para 2027. De hecho, el estado insular se ha estancado en un 20 % de energías renovables durante las últimas dos décadas. 

“Los combustibles fósiles no son renovables, lo que significa que cada vez hay menos, y mientras menor sea su cantidad, mayor será el costo y mayor nuestra dependencia a ellos”; así es como Chiffonne explica la urgencia de la situación. 

La contaminación es otro factor, agrega el activista, ya que la ceniza se deposita en los mares y los ríos, contaminando el agua. Varias personas en áreas colindantes a las centrales de energía comenzaron a informar de un aumento en la cantidad de personas con enfermedades respiratorias, según un documental breve que publicó el CARES en octubre de 2013, donde se mostraron imágenes de pequeños productores en los campos de caña de azúcar que apuntaban a la acumulación de ceniza de carbón.

Cuando se hizo evidente que la República de Mauricio debía eliminar gradualmente el carbón y el petróleo pesado en favor de las energías renovables, el CARES diseñó un gran proyecto con el potencial de transformar la isla en solo unos meses.

Fotografía: CARES. Los movimientos populares lucharon contra el proyecto de central eléctrica de carbón en 2013. Fotografía: CARES.

¿Un futuro más ecológico?

Y el proyecto de transformación, llamado Campaña por el Cambio Energético (Powershift en inglés), lo tenía todo. Ciudadanos procedentes de todas las clases sociales se reunieron durante meses y propusieron ideas sobre su visión de una República de Mauricio ecológica, limpia y equitativa. Lo que resultó de esto los dejó sin aliento cuando se dieron cuenta, después de numerosos estudios de viabilidad, de que su sueño era posible, si tan solo los encargados de tomar las decisiones escuchaban su propuesta.
Haría que la producción de energía del país cambiara de combustibles fósiles a energías renovables (energía solar); democratizaría la producción de energía; crearía puestos de trabajo. 

"Los combustibles fósiles no son renovables, lo que significa que cada vez hay menos, y mientras menor sea su cantidad, mayor será el costo y mayor nuestra dependencia a ellos."

También aumentaría la producción de alimentos (en la actualidad, la República de Mauricio importa el 80 % de sus alimentos). Crearía un nuevo sector de la economía (el motor actual, el sector inmobiliario, está convirtiendo la isla en una jungla de cemento, lo que satura y contamina los pantanos y los ríos), y estimularía la investigación en la Universidad de Mauricio. 

Sin embargo, los últimos cinco años han sido difíciles para Chiffonne y su equipo. 

En 2013, una coalición de organizaciones, incluido el CARES, presionó a las autoridades de Mauricio para que pusieran en práctica el cambio a las energías limpias. Junto a la organización política Rezistans ek Alternativ, organizaciones sociales y ambientales como Eco-sud, Action Civique d’Albion Plage (ACAP), numerosos sindicatos, activistas ambientales independientes y residentes de una aldea ubicada cerca del lugar en el que se construiría una central de carbón, el CARES puso de relieve el impacto ambiental negativo. 

En enero de 2013, Jeff Lingaya, un miembro del colectivo que luchaba contra el proyecto de producción de electricidad a partir de carbón, protagonizó una huelga de hambre durante 21 angustiosos días. Mientras Lingaya arriesgaba su vida, otros miembros del colectivo se involucraron en debates con los funcionarios del país. 

Fue entonces que el Gobierno decidió anular la construcción de una central eléctrica de carbón de 110 megavatios; acordó crear una Comisión Nacional de Energía; y aceptó hacer público el acuerdo de adquisición con productores de energía independientes (IPP) que generan el 60 % de las demandas de energía del país por medio del carbón y del bagazo (el bagazo es el residuo que se obtiene de la extracción del jugo de la caña de azúcar, que se utiliza como combustible de generadores eléctricos durante la temporada de cosecha en Mauricio). 

Pero en el primero de una serie de reveses, las promesas obtenidas con tanto esfuerzo resultaron vacías. Si bien se canceló el proyecto de producción de electricidad a partir de carbón, las elecciones generales de 2014 llevaron al poder a un nuevo Gobierno. 

La Campaña por el Cambio Energético: mantener la coalición 

Para garantizar que tendrían suficiente terreno para producir energía solar, el CARES había recurrido a los pequeños productores de caña de azúcar, asociados desde hacía mucho tiempo al brazo sindical de la organización. Respondieron de forma positiva a la idea de una cooperativa que produciría energía solar en sus terrenos. 

Unos 20 000 arpendes —una unidad de superficie que corresponde a unas 6000 hectáreas— ya no son productivos, en el sentido de que en ellos ya no se cultiva caña de azúcar. Los productores más grandes que se vieron afectados por la disminución del papel de la caña de azúcar en la economía han optado por convertir sus terrenos en oportunidades inmobiliarias. Sin embargo, el CARES sugirió utilizarlos para instalar paneles de energía solar como parte de su plan. 

Irfan Fatadin, director general de NSI Engineering, una empresa de energías renovables, se involucró en el proceso: “Asistimos como técnicos porque queríamos asegurarles a las personas que la energía solar no entrañaba ningún riesgo”.

Fotografía: CARES. Kailash Ramdharry, un pequeño productor de caña de azúcar, ha donado varias hectáreas de terreno para el proyecto piloto. Fotografía: CARES.Kailash Ramdharry, un pequeño productor de caña de azúcar, desempeñó una función primordial al convencer a otros productores de unirse a los esfuerzos y recorrió toda la isla en busca de apoyo. “Desde hace mucho tiempo, hemos sabido que debemos ir abandonando la caña de azúcar porque ya no es económicamente viable y que debemos diversificarnos”, comenta. 

Sin embargo, mientras los terrenos de los pequeños productores se convierten en montes, los barones del sector azucarero no han tenido estos problemas. Desde la disolución del Protocolo del Azúcar, que garantizaba la venta de azúcar de Mauricio a un precio preferencial, han resurgido como IPP, produciendo energía (tanto con carbón como con bagazo) y vendiéndola a la Junta Central de Electricidad del Gobierno. 

“Desde hace mucho tiempo, hemos sabido que debemos ir abandonando la caña de azúcar porque ya no es económicamente viable y que debemos diversificarnos.”

Tres centrales eléctricas, Compagnie Thermique de Belle-Vue Ltée, Fuel Steam and Power Generation Co. Ltd y Consolidated Energy Ltd, queman 700 000 toneladas de carbón al año en Mauricio. Esto le aporta a cada una ingresos anuales de 4000 millones de rupias de Mauricio (MUR, unos 115 millones de dólares estadounidenses, USD). No obstante, la población es la que paga para mitigar algunos de los efectos de la contaminación; la ciudadanía ha aportado mil millones de MUR (unos 29 millones de USD) en impuestos sobre el proyecto Maurice Île Durable en solo seis meses. 

En 2014, cuando el Gobierno anunció en su manifiesto que facultaría a las cooperativas para que pudieran producir su propia energía renovable, la cooperativa de Chiffonne apenas podía creerlo. ¿Buenas noticias al fin? Sin embargo, desde 2014, vienen luchando contra el Gobierno para obtener un permiso para producir y vender sus energías renovables. 

“Ha habido tres muestras de interés por parte de la Junta Central de Electricidad para la producción de energías renovables. No volvimos a tener noticias sobre la primera, y no pudimos formar parte de las demás porque los requisitos estaban hechos para empresas multinacionales”, sostiene Chiffonne.

Entre los requisitos, se destaca el de un mínimo de diez años de experiencia en energías renovables, así como una garantía bancaria de 1 millón de MUR (unos 29 000 USD) para cada megavatio por cada 45 megavatios producidos. 

Algunos activistas conservan su optimismo. “Las cosas cambiarán, pero lleva tiempo; así es como es el sistema”, indica Kreepalloo Sunghoon, el secretario de la Asociación de Pequeños Productores. 

Otros, como Ramdharry, piensan que la actitud del Gobierno los desprestigia y “demuestra que no creen en la democratización.” 
Un informe publicado por el Banco Mundial en marzo sugiere que Ramdharry podría estar en lo cierto. La brecha salarial entre el 10 % de las familias más pobres y las familias más ricas en Mauricio aumentó un 37 % desde 2001 hasta 2015.

“Necesitamos el control democrático de la producción de energía.”

Esto tiene mucho que ver con el modelo económico elegido por los sucesivos Gobiernos mauricianos desde la independencia. Un sistema capitalista que prospera gracias al control de los ricos sobre la economía —en este caso, el control de la energía— con el apoyo del Estado. 

Y esto es contra lo que la cooperativa también lucha. “Necesitamos el control democrático de la producción de energía”, insiste Chiffonne. 

Democracia energética

lead Fotografía: CARES. Algunos de los y las activistas que participaron en la creación del proyecto Campaña por el Cambio Energético (Powershift). Fotografía: CARES. A pesar de numerosos anuncios, la política nacional de energía no ha cambiado debido al compromiso con el orden establecido de los sucesivos Gobiernos del país. “La presión de la industria azucarera es demasiado fuerte y nuestro modelo amenaza al sistema capitalista”, explica Chiffonne.

Khalil Elahee, un profesor adjunto en la Universidad de Mauricio y antiguo coordinador del proyecto Maurice Île Durable en la universidad, cree que uno de los motivos es “una falta de conciencia de lo que está en juego” por personas que “nunca comprendieron realmente la amenaza del cambio climático”. A pesar de “las perturbaciones climáticas regulares que hemos experimentado en Mauricio”, destaca. 

Los contratos por 20 años de los IPP están listos para una renegociación en solo dos años. Dieciocho años después de la firma de estos contratos, el país no ha ideado ningún plan para el cierre definitivo de las centrales eléctricas de carbón o la eliminación gradual del carbón y el combustible fósil. 

Es una cuestión de mentalidad, comenta Elahee. “Debemos implantar un nuevo paradigma. […] Es necesario dar un salto en la transición del 20 % al 100 % de energías renovables. ¡Debemos adoptar este enfoque transformador! […] Lo que falta es visión.”

Entonces, ¿dónde queda la pasión y el optimismo que dieron origen a la Campaña por el Cambio Energético? “Nos dimos cuenta de que nuestro proyecto inicial de paneles solares construidos en terrenos agrícolas podría limitar el uso óptimo de la tierra, por lo que revisamos nuestro proyecto, hicimos más estudios de viabilidad y ahora contamos con un nuevo modelo. ¡Los paneles solares se instalarán arriba de los invernaderos para que los agricultores también puedan cultivar mientras producen energía!”, afirma Chiffonne, con un brillo en los ojos. 

Se realizará un proyecto piloto en un terreno donado por Ramdharry en el sudeste de la isla “para mostrarle a las gente lo que se puede hacer y reproducir la experiencia en otras partes de la isla.” 

Se requerirá una suma de 9 millones de MUR (unos 260 000 USD) para financiar el proyecto piloto, dinero que el CARES desea recaudar mediante el financiamiento colectivo. Chiffonne está decidido: “No nos rendiremos; el proyecto piloto es parte de la campaña para generar un cambio en la política.”

¿Qué lecciones podemos aprender de este proyecto? ¿Has participado en alguna iniciativa parecida? ¿O conoces a alguien que lo haya hecho? Comparte tus comentarios en el apartado abajo y ayúdanos a generar una base colectiva de conocimiento.

Traducción: Paula Fredes.

About the author

Deepa Bhookhun Rainer is a freelance journalist from the Indian Ocean Island of Mauritius. She writes in French and English on a number of civil society issues as well as on politics and legal issues. Deepa is a former Deputy Editor in Chief of Mauritius' lexpress, a daily newspaper and a former Managing Editor of TODAY in Seychelles, a daily in the Seychelles.

Deepa Bhookhun Rainer es una periodista independiente de la isla de Mauricio, en el océano Índico. Escribe en francés e inglés sobre temas relacionados con la sociedad civil, así como sobre política y cuestiones jurídicas. Deepa es antigua subredactora jefe de lexpress de Mauricio, un periódico diario, y ex redactora jefe de TODAY in Seychelles, un diario de las Seychelles.

Read On

Este artículo es parte de la iniciativa Ciudades Transformadoras. Podrás votar a partir del miércoles 9 de mayo por la transformación que crees que más anima a movilizarse. Para obtener más información sobre la iniciativa visita: transformativecities.org.

More On

Vota-es.png

Subjects


We encourage anyone to comment, please consult the
oD commenting guidelines if you have any questions.