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#EleccionesBrasil 5 inseguridades detrás de la victoria de Jair Messias Bolsonaro

Economía, Violencia, Política, Indentidad, Información: 5 inseguridades que podrían explicar, en parte, el triunfo incontestable del “mito” Bolsonaro, que sume al país en una inseguridad total. English

Una valla publicitaria proclama la candidatura de Bolsonaro. Imagen de Almanaque Lusofonista con licencia de Creative Commons Attribution 3.0 Brazil..jp

La elección del candidato de ultraderecha para gobernar Brasil a partir de 2019 consolida la ola de gobiernos de derecha que viene dominando recientemente el ciclo electoral en la región: Argentina, Chile, Paraguay, Perú, Colombia, Guatemala, Honduras... todos han optado, con mayor o menor medida, por esta opción política.

La aproximación inmediata de Bolsonaro a Trump, o la amenaza explícita a la Amazonia y al activismo social, son solo ejemplos de hasta dónde está dispuesto a llegar el nuevo gobernante, que ocupa el extremo más a la derecha del espectro, reservado a los autoritarios. Sólo México, en su posición anti-cíclica, es la excepción que confirma la regla, y Ecuador y Costa Rica, hasta cierto punto. De la vieja cliclo de la izquierda solo queda la Bolivia de Evo Morales, y luego Venezuela y Nicaragua, que se han instalado en la represión y el autoritarismo.

Los análisis sobre las razones de esta ola populista ultra conservadora en Brasil y en el mundo abundan estos días. No hay un único motivo, ni todo está cortado por el mismo patrón. Pero veamos cuáles podrían ser, a nuestro juicio, las 5 inseguridades principales por las cuales el eco de un hombre fuerte y con puño de hierro se consolidó en Brasil.

1 La inseguridad económica

La fuerte caída de la economía brasileña en 2015 y 2016 golpeó fuertemente a la población. Un país acostumbrado a crecer con firmeza, se topó de pronto con un 7.4% de deterioro económico en estos dos años, lo que produjo una enorme inseguridad económica en todos los sectores de la población.

Los ricos, sin dejar de ingresar grandes beneficios, vieron amenazado el mercado interior y también sus privilegios fiscales, ante el incremento del déficit público. Las clases medias, sobre todo los millones de brasileños que habían conseguido salir de la pobreza recientemente, temieron por sus ahorros y sus empleos, en demasiados casos con toda razón. Los pobres, finalmente, vieron cómo la llegada del gobierno conservador de Temer y la fuerte caída de los ingresos del Estado empezó con recortar sus prestaciones mínimas. El Partido de los Trabajadores, que en sus últimos años en el gobierno traicionó a sus bases aplicando la receta de la austeridad, no supo construir alianzas sólidas y, acusado de ladrón, apareció como el gran culpable.

Con un discurso duro, de corte empresarial, y poniendo el acento en la recuperación de la grandeza económica de Brasil, Bolsonaro conectó con el electorado. “Brasil por encima de todo y Dios por encima de todos”, fue su lema electoral. Poniendo por delante la "honestidad", la ética del individuo y la virtudes del mercado y de la privatización, aprovechó esta fuerte inseguridad económica para alzarse con la victoria.

2 La inseguridad pública

Mano dura contra la violencia es una de las principales divisas del gobierno Bolsonaro. La fórmula consiste en incrementar la militarización –en un país donde la presencia del ejército en las calles es ya cotidiana; reducir de la edad de imputabilidad penal –que amenaza con llenar las prisiones de adolescentes; y liberalizar el acceso a las armas –que seguramente va a disparar el número de víctimas, ya insoportable.

El gesto de disparar con las dos manos se ha convertido en ya un signo de indetidad de los bolsonaristas. Con más de 60.000 asesinatos al año y una población carcelaria de más de 725.000 reclusos, la tercera más grande del mundo, el miedo a la violencia y la promesa de acabar con todos los bandidos convenció a una mayoría de votantes a favor de la ultraderecha. La inseguridad pública no tiene una solución milagrosa, pero la combinación de autodefensa y militarismo, aunque irresponsable, ha demostrado ser muy popular.

3 La inseguridad política

El desprestigio de la clase política, que es general en la región, tiene en Brasil el factor añadido de una corrupción masiva y transversal a todos los partidos. La operación de limpieza emprendida por los jueces acabó por llevarse a la cárcel al candidato más popular, Lula Da Silva. La operación de la derecha para socavar las posibilidades electorales del Partido de los Trabajadores había desembocado ya en un golpe parlamentario contra Dilma Roussef.

Los fuertes sentimientos anti-corrupción abrieron la puerta a un “outsider”, que aunque ha estado 28 años en ese mismo Congreso plagado de corruptos, se presenta como limpio. La destrucción de un PT acusado de comunista y pro-venezolano, junto al desencanto de millones que se ilusionaron con los logros de los gobiernos de Lula (2002-2010), ha resultado exitosa. 

El enorme desprestigio de todos los partidos y la inseguridad sobre la fiabilidad y ejemplaridad de una clase política identificada como “las elites” o “el establishment”, abre las puertas al argumento de que es urgente un cambio. Este es el terreno ideal para que aparezca un mesías capaz de salvar al pueblo con una fórmula milagrosa. Igual que los Blues Brothers de la famosa comedia musical americana (1980), Bolsonaro viene para cumplir “a mission from God” (una misión divina).

 4 y 5 La inseguridad identitaria, la inseguridad informativa

A estas tres inseguridades se suman otras dos: la inseguridad identitaria, en que frente a la diversidad y los derechos civiles se oponen los valores de la familia cristiana y la Biblia; y la inseguridad informativa, con los ataques a los medios convencionales, tachándolos de mentirosos y manipuladores. Esto abrió el espacio a la circulación masiva de fake news, donde ya no existe la verdad objetiva y triunfa la post-verdad. Lo que vale es lo que uno cree, aunque sea simplemente porque está en su WhatsApp y ya se sabe que todo el mundo miente.

Éstas son las cinco inseguridades que podrían explicar, en parte, el triunfo incontestable de un “mito”, Jair Messias Bolsonaro, cuyos posicionamientos extremos sumen al país en una inseguridad total.

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