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#JusticiaParaBerta: más de 900 días sin la activista hondureña Berta Cáceres

2 años y medio después de que le dispararan tres tiros a la activista hondureña Berta Cáceres, su familia lucha por un juicio justo. Berta simboliza hoy la voz del medioambientalismo y la defensa de los territorios indígenas. English

Ya son más de 2 años y medio desde que la noche del 2 de marzo de 2016 dos asesinos dispararon tres tiros en el abdomen de la activista hondureña Berta Cáceres.

Su asesinato vino a sumarse al de decenas de líderes ambientalistas muertos en América Latina por liderar una lucha, en el caso de Berta contra un proyecto hidroeléctrico que amenazaba un río sagrado del pueblo lenca, un grupo mesoamericano que habita en Honduras y El Salvador desde tiempos precolombinos.

Después de una larga espera, esta semana debía empezar finalmente el juicio contra los responsables del asesinato pero, en un inesperado giro procesal, el juicio ha sido suspendido. 

Berta representa la voz del activismo y la defensa de los territorios indígenas. Tristemente hoy representa también una voz contra una justicia demasiada lenta y cargada de defectos de procedimiento que, en palabras de su hija Berta Zúñiga Cáceres, podría convertirse en una "farsa" y provocar la nulidad del juicio.

Por eso, ella exige una "justicia verdadera para desmontar la estructura criminal que mató a mi madre". Ahora, miles de personas exigen -en vigilia, y con los ojos bien abiertos-, que se haga justicia para Berta. 

Por todo esto, presentamos 3 motivos para recordar y comprender la muerte de Berta.

Esta semana debía empezar finalmente el juicio contra los responsables del asesinato de Berta Cácerres pero, en un inesperado giro procesal, el juicio ha sido suspendido.  

El juicio actual

A punto de iniciarse el juicio, 9 acusados se encontraban en sala, aguardando su futuro. Algunos pertenecientes a la empresa hidroeléctrica DESA, responsable del proyecto minero que ponía en riesgo al río Gualcarque y al pueblo lenca.

También figuran, entre los acusados, ex-militares y posibles sicarios a sueldo, que presuntamente cobraron 2.200 dólares cada uno por apretar el gatillo.

Minutos antes de dar comienzo a la vista oral, el tribunal fue recusado por la familia de Cáceres, provocando que el proceso entrase en un receso que debería resolverse pronto.

La familia de Berta señala que estos hombres son solo cargos intermedios y no los verdaderos autores intelectuales del crimen. Para ellos, la familia Atala, propietaria de la empresa hidroeléctrica DESA, es quien realmente se encontraría detrás de este asesinato.

Es incierta la fecha de reanudación del juicio oral, pero lo cierto es que se respira un aire fraudulento, como si se quisiera asegurar la impunidad.

Lo que está detrás de este crimen, según la acusación, es un perverso nexo entre las elites hondureñas y las redes criminales que asesinan impunemente a líderes como Berta y cuyo objetivo es asegurar el avance de proyectos minero-energéticos y de la agroindustria.Y esto ocurre tanto en Honduras como en toda la región. 

Lo que está detrás de este crimen, es un perverso nexo entre las elites hondureñas y las redes criminales que asesinan impunemente a líderes como Berta.

Las mujeres corren más riesgo

Berta Cáceres representa la lucha de cientos de mujeres defensoras del medio ambiente en el mundo, que a su vez son objeto de otras múltiples formas de violencia. Muchas por defender su territorio, pero también por desafiar actitudes patriarcales en sus comunidades, organizaciones y familias, al representar nuevos roles de liderazgo que desestabilizan las estructuras machistas y patriarcales. 

Múltiples actores masculinos, con intereses políticos y económicos, utilizan sistemáticamente la violencia contra las mujeres como método para infundir miedo y para silenciarlas cuando ellas buscan justicia.

El símbolo de una mujer que lucha por sus comunidades y sus tierras pone en evidencia, en este como en muchos otros casos, que esas luchas deben ser vistas también desde una perspectiva de género.

El símbolo de una mujer que lucha por sus comunidades y sus tierras pone en evidencia, que esas luchas deben ser vistas también desde una perspectiva de género.
Latinoamérica, la región más peligrosa para el activismo
123 activistas han sido asesinados en los últimos ocho años en Honduras, un país que encabeza la lista de los países más peligrosos del mundo per cápita para los defensores de la tierra, según un informe de Global Witness.
La búsqueda de protección y defensa medio ambiental le cuesta la vida a cientos de líderes en Latinoamérica, activistas que buscan que los intereses económicos no pasen por encima de la vida, la naturaleza y los territorios. 
Desde hace años, nuestra región ocupa el primer puesto en el ranking de asesinatos de líderes. El asesinato sistemático e impune, que obedece a viejas estructuras de poder, económicas, sociales y políticas, se ha convertido en una herramienta en manos de fuerzas oscuras ligadas a intereses empresariales sin escrúpulos, que tienen como fin infundir terror y acallar las voces que pretenden organizar comunidades para defenderse de los depredadores.  
Desde hace años, nuestra región ocupa el primer puesto en el ranking de asesinatos de líderes. 
Resulta intolerable y vergonzoso vivir en una región en la que el activismo ambiental se convierte cada día en una actividad clandestina y de alto riesgo.
La impunidad de crímenes como el de Berta Cáceres nos sitúa en un callejón sin salida que continúa avalando el exterminio de los activistas como medio para silenciar debates serios y profundos sobre el presente y el futuro del medio ambiente, de los recursos naturales y de las comunidades que pueblan los territorios. 
Son ataques a cualquier actitud crítica de una visión del desarrollo meramente extractivista y depredadora, que se resiste a adaptar su modelo de negocio al respeto a los derechos humanos y a un medioambiente equilibrado y sostenible, perpetuando las prácticas del colonialismo más explotador.
La manera en que se juzgue a los últimos responsables del asesinato de Berta Cáceres mandará, sin duda, una señal inequívoca sobre cómo encarar el futuro del activismo ambientalista, en la región, y en el mundo entero.
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