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Elecciones de Italia: el Movimiento 5 Estrellas y la transformación hegeliana

Para los italianos, la primera opción es pensar que pueden soltar amarras y regresar a un mítico pasado, anterior a una globalización en la que su país ha perdido. English

Beppe Grillo, fundador del movimiento M5S, fotografiado en Nápoles, Italia, el 12 de febrero de 2018 durante la campaña para las elecciones generales del 4 de marzo de 2018. NurPhoto / Press Association. Todos los derechos reservados.

La campaña para las elecciones nacionales del próximo fin de semana en Italia probablemente haya sido la peor en la historia del país. Los italianos han sido bombardeados por promesas que simplemente no son técnicamente factibles, mientras que los partidos políticos que luchan por su supervivencia se han cruzado ofensas mutuas a diario.

Se han escuchado muy pocas o ninguna idea sobre cómo rescatar a un país que ha estado luchando durante veinticinco años contra un declive aparentemente imparable. Y, sin embargo, aunque las elecciones se encaminan hacia un resultado sin un ganador claro, se está acercando al momento en que los italianos tendrán que elegir entre tres opciones muy diferentes, que solo en parte coinciden con las alternativas propuestas por las ofertas políticas que se han puesto sobre la mesa. Estamos ante una elección que no solo decidirá el futuro del país, sino también la dirección y la intensidad de las reformas tan necesarias en la propia Unión Europea.

Primera opción

La primera opción que tienen los italianos es simplemente creer que pueden soltar amarras y volver a un mítico pasado, anterior al juego de globalización en el que su país ha perdido. Es la elección que, en 2016, los Estados Unidos y el Reino Unido hicieron apostando por Trump y por el BREXIT. Esto es lo que la "Liga" y los "Hermanos de Italia" proponen con su eslogan "Los italianos primero".

La paradoja de la elección de Trump y del BREXIT fue que el mensaje contra la globalización vino de los dos países que literalmente la inventaron y que a menudo impusieron el  libre comercio en el mundo. En el caso de Italia, largar amarras sería aún más absurdo, como lo dijo recientemente Carlo Calenda, uno de los pocos políticos italianos que aún usa su sentido común: sería un suicidio económico para un país que sigue funcionando con una saldo por cuenta corriente (la diferencia entre exportaciones e importaciones) que es positivo en 60 mil millones de dólares (mientras que, en el caso de los Estados Unidos y el Reino Unido es negativo en 450 y 120 mil millones de dólares respectivamente).

De hecho, ni siquiera se trata una cuestión de economía: históricamente, Italia se define como negociante de ideas entre diferentes civilizaciones: cerrar fronteras sería negar su propia historia. Y, sin embargo, la coalición de centroderecha está cerca de ganar prometiendo ir hacia atrás, aunque no da la impresión de darse cuenta de que su líder es Berlusconi, de 82 años, alguien que ya ha gobernado el país durante diez de los veinte años que tiene la crisis sin haber ofrecido ninguna solución a la vista.

Micro-gestionando el declive

La segunda posibilidad es continuar micro-gestionando el declive. Es lo que han hecho recientemente los gobiernos del centroizquierda. Es una visión que supone que el país solo puede permitirse ajustes marginales. 

Cualquier reformador se debe enfrentar no solo a todo tipo de legados políticos, sino también al poder de una burocracia que acabará diluyendo cualquier intento de cambio.

De hecho, Italia está agobiada por una gran deuda y está sujeta a la normativa sobre el déficit público de la UE. Más importante aún es que, como descubrió Matteo Renzi, cualquier reformador se debe enfrentar no solo a todo tipo de legados políticos, sino también al poder de una burocracia que acabará diluyendo cualquier intento de cambio (como sucedió con el intento de cambiar la forma en que operan las escuelas públicas).

El problema con este enfoque es que la solución a la mayoría de los problemas estructurales se pospone a muy largo plazo, que se sitúa más allá de cualquier ciclo político razonable, y por consiguiente, ningún político invertirá su propio capital político en alcanzarla. El resultado es que la "chica enferma de Europa" solo está recibiendo placebo, metadona o analgésicos sin conseguir una recuperación sustancial de una enfermedad que corre el riesgo de convertirse en crónicamente crónica.

Un ejemplo de ello es la enorme dimensión de la mala asignación de recursos públicos entre generaciones: después de veinticinco años de "reformas" de las pensiones, el gobierno italiano sigue pagando cuatro veces más en beneficios de jubilación para las personas que abandonaron el mercado de trabajo de lo que invierte en la educación, desde las guarderías hasta las universidades, para jóvenes que aún tienen toda su vida laboral por delante. 

Es evidente que un país con estos números aparenta no tener futuro. Y aún así, de acuerdo con los análisis que respaldan los presupuestos más recientes presentados por el gobierno italiano a la Comisión Europea, el gasto en pensiones continuará creciendo hasta 2040 mientras que el de educación seguirá disminuyendo.

Creación destructiva schumpeteriana

La tercera opción es abrazar realmente las reformas radicales que el país necesita y aceptar la idea de que el cambio solo ocurre como un proceso que involucra a una gran parte de la población. El problema con este tipo de innovación radical es que requiere un proceso de creación destructiva schumpeteriana que Italia aún tiene que atravesar, a pesar de haber vivido un tan largo y gradual declive. Italia necesita todavía deshacerse de un establishment que mantiene un vasto conflicto de intereses ante cualquier perspectiva de cambio.

El M5S es como el movimiento En Marche de Macron, pero sin el Macron necesario para transformar la energía en política.

¿Puede el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) ayudar que las cosas avancen? Sí y no. Sí, porque puede acelerar la salida de un establishment carente de visión o de ideas. No, porque todavía carece de lo que se requiere, no solo para gobernar, sino también para transformar un país que, a pesar de todo, sigue siendo uno de los miembros fundadores del orden mundial occidental. No se equivoca Bill Emmott cuando dice: el M5S es como el movimiento En Marche de Macron, pero sin el Macron necesario para transformar la energía en política.

Personalmente, creo que Italia proporciona una instantánea casi perfecta de una evolución hegeliana que será central para todos los países occidentales. El establishment es como una tesis obsoleta a la que el M5S opone una antítesis ambigua, si bien para cualquier politólogo serio usar el término "populismo" es demasiado genérico para calificarla.

Sin embargo, necesitamos -en Italia y en otros lugares- una Tesis que solo puede provenir de una nueva generación de intelectuales y líderes políticos que tienen el coraje, la integridad y la inteligencia para responder a los desafíos radicales que el siglo XXI plantea a un mundo que fue concebido para una era diferente, que hoy desaparecido barrida por la historia.

About the author

Francesco Grillo is president of the think tank Vision. He has a PhD from LSE, and is an advisor to Italy’s Minister for Universities, Research and Education. He is also visiting scholar at St Antony’s College, Oxford University and a columnist for the Italian newspaper Il Corriere della Sera.

Francesco Grillo es presidente del think tank Vision. Tiene un doctorado por la LSE y es asesor del Ministro de Universidades, Investigación y Educación de Italia. También es profesor visitante en St Antony's College, Oxford University, y columnista del periódico italiano Il Corriere della Sera.


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