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En filantropía comunitaria, confiar en las instituciones locales es la respuesta

"Asumir que las comunidades locales tienen una mejor comprensión de cuáles son sus exigencias y necesidades, es lo que " cambiar el poder" realmente significa”, dice Gerry Salole, en Johannesburgo. InterviewEnglish

Esta entrevista forma parte de una serie realizada en Johannesburgo con motivo de la Cumbre Mundial de Filantropía Comunitaria (1-2 de diciembre de 2016). 

Francesc Badia: Gracias por recibir a Democracia Abierta aquí en Johannesburgo, con motivo de la Cumbre Mundial sobre la Filantropía Comunitaria. 'Shift the power' (cambiar el poder) es la idea-fuerza de la conferencia. En un mundo revuelto, cada vez más fragmentado y dividido ... esta idea de trasladar el poder a la gente, a lo local, a la comunidad, ¿cómo funciona?

Gerry Salole: Obviamente esta no es una idea nueva. Las personas que viven en el lugar tienen una mejor comprensión del contexto que los forasteros. Comprenden los problemas, entienden las soluciones, saben lo que funcionará y lo que no funcionará. Sin embargo, aunque durante muchos años hayamos sabido que la gente local es la que entiende el contexto, nos hemos estado engañando con la idea de capacidad local, de propiedad local. En los años 60 y 70, en el mundo del desarrollo, descubrimos de repente que hay que preguntar a la gente, reconocer que ellos saben lo que quieren. Pero empaquetábamos a muchas ONGs, ONGs internacionales y agencias de desarrollo; éramos muy sofisticados a la hora de llegar a un pueblo y decir: "ok, queremos hablar con la gente, vamos a escuchar cuáles son sus problemas". Y, sin embargo, ha sido muy duro constatar que, en la mayoría de los casos, si se trataba de una agencia que trabajaba con niños en edad escolar, decían que hablar con los niños significaba hablar con el pueblo y que la necesidad de los niños del mundo era: tener escuelas. Si se trataba de una organización especializada en proporcionar acceso a agua potable: pues el agua se convertía en lo más importante.

FB: Cierto. Esto ha sido así durante décadas...

GS: Por supuesto. La gente es realmente sofisticada e inteligente a la hora de responder a las exigencias de los forasteros. Un experto llega y tiene algo que vender u ofrecer, pues se le compra. Pero les hemos hecho un flaco favor, no hemos pedido realmente a la gente que se sienten al volante. Y, francamente, sabemos desde hace siglos que las comunidades locales son las que se hacen cargo de los problemas en primera instancia, que son los que están en primera línea. Creo que ha llegado el momento de desarrollar modelos donde la apropiación local, la gobernanza local, sobre el terreno, pueda convertirse en el vehículo para hacer que pasen cosas reales en las comunidades. Trabajar con comunidades donde la gente está al mando, donde no es la perspectiva de los expertos externos la que gobierna. Creo que se trata de un matrimonio entre un modelo de buen gobierno y pequeña financiación, y un modelo que realmente reconozca que los activos pertenecen a la comunidad. Ya están allí, y pueden ser capitalizados por la comunidad. Y asumir el hecho de que las comunidades locales tienen una mejor comprensión de sus propias exigencias y necesidades. Ha pasado demasiado tiempo para llegar a donde estamos ahora. Por esto, creo que 'cambiar el poder' significa, en realidad, que es hora de que la gente local tenga voz.

FB: Como usted decía, existe una tradición demasiado larga de pensar el desarrollo de las comunidades locales desde una perspectiva "de arriba hacia abajo". En el nuevo modelo que usted menciona, ¿cuál es el papel de las instituciones locales? Vemos consejos de aldea, comunidades locales, incluso los jefes son considerados como instituciones que deben jugar un papel central. ¿Cómo ve usted la evolución de las instituciones en este contexto?

GS: No veo que los jefes sean necesariamente las instituciones. Quiero decir, en algunos casos, por supuesto que sí lo son, pero solo excepcionalmente. Hay ciertas instituciones en África, y creo que por todo el mundo, que tienen que ver con la reciprocidad, con la autoayuda, con la solidaridad. Por lo tanto, si usted está buscando instituciones en África que realmente funcionen, las encontrará en algún nivel de la aldea, donde la gente está apoyando a sus vecinos. Al apoyar a sus vecinos, las personas ponen en común recursos, agrupan dinero; encuentran dinero para uniformes escolares, para pagar la escuela de los niños a ir a la escuela, para reparar los desastres que ocurren en las familias, para proporcionar préstamos blandos a las personas que necesitan dinero, las asociaciones de crédito rotativo, las asociaciones funerarias, las ROSCAS (por sus siglas en inglés)... Las hay en América Latina, las hay en Asia: mancomunar los recursos es una característica humana. Si quieres expandir el modelo, necesitas añadirle el buen gobierno, que es lo que creo que es el modelo de base comunitaria. Es un matrimonio entre un sistema de gobierno moderno y una tradición preexistente, muy ágil y distintiva. Y creo que esto funciona en todo el mundo. Funciona en los Estados Unidos, funciona en Asia. Y en este mundo al revés, este mundo loco, como usted dice, vamos a tener que confiar más y más en la gente. Sabemos que los primeros auxiliadores son generalmente los vecinos. Podríamos intentar encontrar maneras de potenciarlos. Y creo que las agencias de desarrollo, las agencias internacionales de desarrollo, la ayuda bilateral de ese tipo, tienen problemas. Su modelo no funciona y ellos lo saben. A lo largo de muchos años de trabajo, y habiendo invertido muchos recursos, no han encontrado una manera de conseguir que los recursos lleguen a la gente de una manera que tenga sentido. Hay ansiedad en esa comunidad, que necesita buscar la solución correcta. Y creo que eso es lo que precisamente hace el Fondo Mundial para las Fundaciones Comunitarias: está dando un par de pasos en esa dirección.

FB: Entonces, tal vez, ¿ha habido un problema con la evaluación? Por supuesto, cuando alguien está poniendo un poco de dinero en un proyecto en particular, en una comunidad en particular, tiene necesidad de medir lo que está logrando. Y ha habido controversia acerca de cómo medir los resultados porque, a veces, al dar prioridad a la medición se termina olvidando el verdadero objetivo de la inversión. Es una dinámica compleja.

GS: Sí, creo que eso tiene que ver con lo que estábamos hablando antes de comenzar la entrevista. Estábamos hablando de democracia, y de cómo la democracia está empezando a parecer algo extraño. Y eso se debe en parte a que hacemos demasiado hincapié en las elecciones y las campañas electorales y en el voto, pero no en lo que sucede entre medio. En cierto modo, hemos identificado elecciones y democracia de una manera curiosa. Y creo que hemos hecho lo mismo con el exceso de énfasis en la medición. Sabe, algunas cosas vale la pena medirlas, y deben ser medidas. Y si usted tiene una visión suficientemente abierta, usted puede medir bien los resultados. Y creo que lo que necesita sofisticarse es la forma en cómo sabe usted que algo ha funcionado o no. No siempre es una cuestión de números: es una cuestión de una comprensión instintiva de lo que está sucediendo. Creo que la obsesión, la objetivación, la glorificación de la evaluación a toda costa es un error. Sin embargo, hay muchas cosas que vale la pena medir. Y mi opinión es que, cuando usted está haciendo donaciones muy pequeñas, usted sabe muy rápidamente si funcionan o no y cómo, y es capaz de evaluarlo muy rápidamente. Por lo general,  evaluar positivamente es el reconocer que, a través del fondo proporcionado, alguien está haciendo algo que no hubiese podido hacer antes, ¿no es cierto?

FB: Junto a la cuestión de la evaluación, está la cuestión de la sostenibilidad. Cada vez más, se exige diversificar las fuentes de financiamiento, y se pregunta siempre: ¿cómo se va a sostener esto? ¿Va a depender de la filantropía de manera permanente? Tal vez la sobre-dependencia de la filantropía no sea buena, pero, entonces, muchos proyectos simplemente no van a ser elegibles, simplemente no van a existir...

GS: Esta es una cuestión muy difícil. Si usted introduce una mentalidad de negocio a la solución de un problema, usted podría limitar buena parte de lo beneficioso. Aunque no está mal que alguien diga: "bueno, si haces esto, si te daré estos recursos, pero, ¡tendré que dártelos también mañana, tendré que dártelos también pasado mañana? Si no es probable que algo no pueda evitar la dependencia permanente, entonces la pregunta sería: ¿vale la pena hacerlo? Y en el mundo en el que yo trabajo, hay mucha gente que empieza a decir que la inversión es muy importante. Y que, por lo menos, después de haber dado los recursos, se quiera dejar una institución con una moral fuerte en lugar de una más débil. Y en el pasado, eso no siempre ha sido así. A veces, cuando el dinero se ha ido, lo que queda es una infraestructura debilitada, que empeora, que se corrompe, donde ha sido demasiado fácil conseguir el dinero, donde los objetivos no estaban claros... Pero, habiendo dicho eso, tampoco queremos fetichizar los negocios, como tampoco queremos fetichizar la democracia, ni fetichizar la evaluación. Hay algunas cosas que no funcionan en el mundo de los negocios. Y hay algunas cosas que necesitan subsidios. Y hay algunas cosas que se pueden hacer con el capital filantrópico que no se pueden hacer con ninguna otra forma de capital en el mundo. El capital filantrópico debe ser utilizado, en mi opinión, como capital de riesgo. Es donde se puede permitir hacer experimentos. Si no puedes experimentar en esto, ¿qué diablos vas a hacer? Y así, eso es en lo que no somos buenos, todos nosotros, estamos hablando de un fracaso colectiva. No nos resulta fácil hablar de manera científica sobre los experimentos que hacemos. Y creo que necesitamos mejorar diciendo: "estamos experimentando, y no tenemos las respuestas". No debemos pretender tener ya las respuestas. Debemos ser muy abiertos y asumir que estamos probando. Y sí, estamos probando cosas que tienen que ver con la vida de las personas, que tienen que ver con sus bienes activos. Hay que tener mucho cuidado. Pero hay que ser muy abierto, si se experimenta. Es un proceso de aprendizaje, no tiene sentido pretender que no se está experimentando cuando no se tiene la respuesta, cuando no se sabe con certeza si eso funcionará. Debemos aceptar que las personas con las que estamos trabajando -los pobres, los vulnerables- son tan conscientes como nosotros de que están experimentando, y de que pueden cometer un error. Es una tontería fingir que tenemos la respuesta diciendo: "si haces esto, se resolverá tu problema". Tienes que decir: 'intentemos esto, seamos lo suficientemente abiertos, y si esto no está funcionando, pues cambiémoslo ". Es el contexto, el que debe reinar, no la filosofía de la agencia, o la mentalidad de los líderes, o cosas por el estilo. Si se quieren cambiar las cosas, tendremos que ser más honestos el uno con el otro. Y no escucho a mucha gente hablando de experimentación. Tienen miedo de usar esa categoría, porque parece que no sepan lo que están haciendo. Pero un científico, que quiere ver un progreso real en su disciplina, nunca tiene miedo de hablar de experimentación.

FB: Esto es muy interesante. Ya que estamos en Johannesburgo, volvamos a hablar de África. Aquí, el enfoque de financiación comunitaria ha funcionado con bastante fuerza y éxito. ¿Por qué cree que el modelo parece funcionar mejor aquí que en otras regiones como, por ejemplo, en América Latina?

GS: ... bueno, como decía antes, al menos en África, la institución que ha sobrevivido al colonialismo, a la urbanización, al período postindustrial, a la posguerra, a la posguerra fría, etc.... es esta institución muy informal de la comunidad funeraria de autoayuda, o la asociación de ahorro y crédito rotativo (ROSCA). Por lo tanto, el reconocimiento de que la cooperación con los vecinos y la puesta en común de los recursos proporciona la capacidad de comprar algo a granel, y luego compartirlo, ya existe en el ADN de las comunidades. Por lo tanto, ya existe esta lógica de que, al final, las comunidades recurrirán a sus propios recursos. La diferencia entre eso y alguien que trae recursos del exterior es muy grande. Tú eres el dueño de lo que te cuesta sudor y de lo que te trabajas. Es tuyo. No lo desperdiciarás. Así pues, lo que necesitamos es dar al dinero que llega de fuera igual peso simbólico que le damos al dinero que usted consigue por sí mismo. Si hacemos esto en la financiación comunitaria, ganaremos los dos.

About the authors

Gerry Salole is the Chief Executive of the European Foundation Centre (EFC) since 2005. He is Chair of the Global Fund for Community Foundations (Johannesburg) sits on the Education Advisory Board of the Open Society Foundations (New York) on the Strategic Advisory Committee of the European Venture Philanthropy Association (Brussels).

Gerry Salole es el Director Ejecutivo del European Foundation Centre (EFC) desde 2005. Es Presidente del Fondo Mundial de Fundaciones Comunitarias (Johannesburgo) y participa en el Consejo Asesor de Educación de las Open Society Foundations (Nueva York) en el Comité Asesor Estratégico de la European Venture Philanthropy Association (Bruselas).

Francesc Badia i Dalmases is Editor of DemocraciaAbierta. Francesc is an international affairs expert, author and political analyst. His most recent book, "Order and disorder in the 21st century", has been published in 2016. He Tweets @fbadiad 

Francesc Badia i Dalmases es Director   y editor de DemocraciaAbierta.    Ensayista y analista político, es experto en asuntos internacionales.  Su libro más reciente, "Orden y desorden en el siglo XXI", ha sido publicado en 2016. Twitter @fbadiad


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