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Una mini revolución en América Latina

¿Puede una organización de derechos humanos en América Latina liberarse del modelo tradicional de sostenibilidad financiera que depende casi en un 100% de financiación internacional? ¡Sí se puede! English

Fuente: Pixabay. Dominio Público.

En el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) con sede en Buenos Aires tenemos pruebas incipientes pero concretas que demuestran que es posible centrar el modelo de financiación de una ONG de derechos humanos en la comunidad local.

Los cambios que estamos llevando a cabo en nuestro modelo de sostenibilidad financiera han provocado a la vez cambios en nuestro modelo de activismo hacia un mayor enfoque en la movilización y las alianzas con nuevos actores sociales, con sinergias crecientes entre los dos.

CELS celebrará su 40 aniversario en 2019. Durante casi todos esos 40 años hemos dependido financieramente de gobiernos y fundaciones internacionales para llevar a cabo nuestra labor.

A lo largo de los años, hemos detectado que las ONG del Norte e internacionales atraen una cantidad desproporcionada de fondos y hemos colaborado con organizaciones amigas para evidenciar las implicaciones que esto tiene para las organizaciones del Sur. En los últimos 15 años hemos ido hablando de la posibilidad de cambiar nuestro modelo de financiación pero, hasta hace poco, no hemos puesto manos a la obra.

Era muy fácil encontrar excusas para ir posponiéndolo. Algunos de nuestros aliados interculturales más cercanos, con experiencia en recaudación de fondos tanto en Argentina como en los Estados Unidos, incidieron en nuestras resistencias, incertidumbres y dudas acerca de si sería posible encontrar donantes individuales en Argentina: arquearon expresivamente las cejas y cuestionaron la viabilidad de nuestro enfoque.

Estamos construyendo una "Comunidad CELS": un espacio para la articulación y el activismo social, junto con personas y movimientos sociales, creando así un sentido de pertenencia y un propósito común en aras al objetivo compartido de promoción de los derechos humanos.

¿Qué fue lo que finalmente nos hizo dar el paso? ¿Por qué ahora? En primer lugar, perdimos un donante institucional importante que, en su momento, nos había brindado la oportunidad excepcional de acceder a una subvención para cinco años. De pronto, ahora era el momento.

Simultáneamente, nos dimos cuenta de que nuestro modelo de ONG activista centrada principalmente en influir en las estructuras de poder tradicionales - el ejecutivo, el Congreso, los tribunales, las leyes y las políticas públicas - ya no daba a menudo resultados sostenibles sin llevar aparejado un mayor énfasis en la movilización social para consolidar avances más allá de cambios en el gobierno y en otros paisajes políticos cambiantes.

Independientemente de los problemas financieros, sabíamos que era hora de recalibrar nuestras estrategias. Esto implicaba optimizar nuestras investigaciones, nuestras tácticas de litigio y nuestra defensa de determinadas políticas públicas y poner mucho más énfasis en las alianzas con los movimientos sociales y otros actores que habíamos ido construyendo desde la crisis económica, social y política de 2001.

Estos movimientos incluyen, por ejemplo, los colectivos feministas y las organizaciones estudiantiles que han multiplicado exponencialmente la movilización social y han dado un vuelco a los debates sobre violencia de género y derecho al aborto, organizaciones indígenas y campesinas, sindicatos y demás.

Así que nos propusimos hacer el cambio, creyendo en teoría en la complementariedad entre nuestros objetivos y estrategias para movilizar apoyos a una agenda de derechos humanos, y para transformar nuestro modelo de financiación en uno en el que se diera un saludable equilibrio entre financiación internacional e ingresos de pequeños, medianos y grandes donantes individuales locales, de manera que los esfuerzos que dedicásemos a cada una de estas dos áreas redundase en la otra.

Estamos construyendo una "Comunidad CELS": un espacio para la articulación y el activismo social, junto con personas y movimientos sociales, creando así un sentido de pertenencia y un propósito común en aras al objetivo compartido de promoción de los derechos humanos.

Todas nuestras actividades para ampliar la base de apoyo social de CELS, reclutar nuevos donantes y cultivar a los actuales van dirigidas a fortalecer esta comunidad.

Estamos dando en el clavo. Después de algunas pruebas iniciales para atraer a donantes individuales en 2016, a mediados de 2017 lanzamos una campaña en dos frentes: 1) una estrategia digital de generación de contactos que apoyan a CELS a través de las redes sociales, y 2) una campaña de telemarketing, conocida como warm-calling, de aproximación a personas que ya han tenido contacto previo con CELS y han mostrado interés en apoyar nuestro trabajo.

Un año más tarde, nuestros esfuerzos han generado 2.400 nuevos donantes mensuales en Argentina que aportan, en promedio, 120 dólares al año - es decir, más de 21.000 dólares al mes -, una cantidad que continúa creciendo.

Si podemos mantener esta tendencia, en seis años el 50% de nuestro presupuesto provendrá de donantes individuales en Argentina, y esperamos complementarlo con donantes en el exterior.

Atraer y fidelizar a donantes individuales locales es tan importante desde el punto de vista político como financiero, ya que es una herramienta que incrementa el compromiso, la dedicación y la responsabilidad.

Solo un ejemplo: después de la experiencia exitosa que tuvimos hace ocho años con la venta de fotografías originales, pinturas y esculturas donadas por destacados artistas argentinos para recaudar fondos para CELS, hemos desarrollado un programa de Arte y Derechos Humanos que atrae a nuevos donantes individuales y amplía a la vez nuestra base social con experiencias prácticas de arte y derechos humanos a través de muestras de arte callejero y presencia en museos, centros culturales y festivales de cine.

Las soluciones ante las crisis de derechos humanos ya no dependen tampoco principalmente del Norte sino que, por el contrario, requieren un mayor liderazgo conjunto por parte de gobiernos y sociedad civil en el Norte y en el Sur.

El arte en relación a los derechos humanos está cobrando cada vez más importancia dentro de nuestra gama de herramientas de activismo.

Este nuevo enfoque comporta cambios en nuestra identidad y capacidades.Estamos implementando activamente los cambios estructurales necesarios para atraer y fidelizar a los donantes individuales locales - desde el registro y la gestión de la información hasta importantes modificaciones en nuestra estrategia de comunicación y el desarrollo de competencias relacionales.

Estos cambios no siempre resultan fáciles: algunos son de orden técnico, otros culturales - como la superación de las dudas o las resistencias internas a adentrarse en territorios inexplorados. Pero lo que es aún más importante, es que este modelo implica mayores niveles de responsabilidad ante nuestros socios locales y el mantenimiento de un diálogo continuo: debemos escuchar, aprender y saber adaptarnos.

Incorporar una serie de nuevas habilidades organizativas y nuevas formas de activismo para promover y sostener a la comunidad CELS y preservar, al mismo tiempo, la calidad de nuestras estrategias más tradicionales, no es trivial. Esperamos que nuestra experiencia incipiente pero apasionante estimule a otras organizaciones a avanzar en la misma dirección. Esperamos también que los financiadores internacionales, en lugar de retirarse ante este cambio, se conviertan en parte activa del mismo, apoyando a las organizaciones del Sur a medida que vayan avanzando en esta línea, enfrentando el desafío y apostando por la innovación.

Esta iniciativa se está llevando a cabo en el contexto de un mundo marcado por muchos cambios geopolíticos. Los abusos graves contra los derechos humanos ya no son una característica propia de los países del Sur.

Un par de ejemplos que me vienen a la cabeza son las violaciones que ocurren en el contexto de la crisis migratoria en Europa y Estados Unidos y la criminalización y represión de las protestas sociales que se dan tanto en el Norte como en el Sur. Las soluciones ante las crisis de derechos humanos ya no dependen tampoco principalmente del Norte sino que, por el contrario, requieren un mayor liderazgo conjunto por parte de gobiernos y sociedad civil en el Norte y en el Sur.

No es esta la primera vez que el CELS adapta su visión, misión y estrategias para responder a las realidades políticas y a las necesidades concretas de la sociedad, sin apartarse ni un ápice de sus valores fundamentales.

Mientras nos disponemos a celebrar nuestro 40 aniversario, estamos preparados para continuar con esta mini revolución en nuestra organización, conscientes de los riesgos y desafíos, pero convencidos de los beneficios que reportará para nuestra causa.

 

About the author

Gastón Chillier is executive director of the Center for Legal and Social Studies (CELS), a 38-year-old Argentine human rights organization founded during the last military dictatorship. Follow him on Twitter: @gchillier

Gastón Chillier es director ejecutivo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una organización de derechos humanos de 38 años de antigüedad en la Argentina, que se fundó durante la última dictadura militar. Seguilo en Twitter: @gchillier


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