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Las sanciones no ayudan al pueblo venezolano

La retahíla de sanciones impuestas en primer lugar por Estados Unidos y luego replicadas por la Unión Europea y Canadá entre otras, contra Venezuela, está generando consecuencias irreversibles. English

Presidente de Venezuela Nicolas Maduro. March 6, 2017. Xinhua/SIPA USA/PA Images. Todos los derechos reservados.

El cerco financiero impuesto contra el país latinoamericano está alcanzando su principal objetivo: aislar a Venezuela. Sin embargo, a su paso, las sanciones también están causando profundas heridas en la sociedad.

Heridas que se acentúan cada vez más y que no podrán cerrarse tan fácilmente. Aunque la administración de Donald Trump quiere hacer creer que estas medidas son la mejor opción para el pueblo venezolano, la realidad demuestra lo contrario. Las sanciones financieras no hacen más que perjudicar a aquellos que menos tienen. 

Bajo la excusa de querer ayudar al pueblo venezolano, Estados Unidos está nutriéndose de la necesidad de una sociedad y de su sufrimiento, para alimentar sus propios intereses geopolíticos.

Estados Unidos y bajo su sombra, la Unión Europea, ya advirtieron que siguen considerando la implementación de medidas adicionales contra Venezuela. Al parecer, todas las sanciones impuestas hasta el momento, no han tenido el alcance que deseaban.

O quizás, todavía desconocen lo que pretenden alcanzar a través de estas medidas. Lo que sí queda claro es que no quieren dejar de intervenir en los asuntos de Venezuela.

Bajo la excusa de querer ayudar al pueblo venezolano, Estados Unidos está nutriéndose de la necesidad de una sociedad y de su sufrimiento, para alimentar sus propios intereses geopolíticos. Algo que al país norteamericano le sale con naturalidad.

El discurso del presidente estadounidense es claro: las sanciones contra Venezuela representan la herramienta perfecta para lograr debilitar al gobierno de Nicolás Maduro y así hacer que éste deje el poder. Pero en la práctica, su eficacia no es tan evidente.

Las críticas al sistema de sanciones de Estados Unidos no son nuevas, ni tampoco exclusivas de la situación de Venezuela. Este tipo de medidas representan un elemento central de la política estadounidense, que desde hace años, ha recibido innumerables cuestionamientos.

En el caso particular de Venezuela, varios especialistas ya han manifestado que las sanciones no son efectivas. 

Uno de ellos es el economista Luis Vicente León, quien aseguró que las mismas no castigan al gobierno, sino al país entero.

Es decir, las sanciones no solo afectan a su objetivo, en este caso al gobierno de Nicolás Maduro, sino también a las empresas o a los exportadores que se enfrentan a nuevas dificultades a la hora de acceder a los mercados internacionales. Y como consecuencia, también castigan a la gente. 

Si el gobierno no reúne el efectivo que necesita para cubrir la compra de alimentos y medicamentos, los ciudadanos no pueden acceder a los mismos.

El desabastecimiento en farmacias y hospitales se hace notar cada vez más. Al igual que la escasez de alimentos y otros productos de necesidad básica. Según las últimas cifras, el nivel de escasez de medicamentos en Venezuela llega a un 80%.

Y la pregunta entonces es, ¿en qué medida, las sanciones de Estados Unidos están ayudando a revertir esto? Mientras las autoridades estadounidenses intentan disimular las drásticas consecuencias que tienen las sanciones en la sociedad venezolana, diciendo que las medidas forman parte de un plan que en el largo plazo los beneficiará, ya no queda tan claro que esto sea así. 

Quizás ese argumento fue efectivo en un principio, para convencer al mundo de que Estados Unidos realmente se estaba preocupando por la situación de un país en latinoamericano.

Pero hoy, con el diario de ayer, resulta evidente que eso fue solo un discurso armado para desplegar una mayor influencia en la región, obligando a que otros países se volteen contra Maduro, aislando a Venezuela y a su gente. 

Mientras Estados Unidos sigue probando el alcance de las sanciones, viendo hasta qué punto la sociedad puede aguantar, la crisis se acentúa. No quedan dudas de que se necesitan nuevas medidas para ayudar a Venezuela. Medidas, no sanciones.

No existen sanciones financieras que solo perjudiquen al gobierno, sin salpicar a la población. Si el gobierno no reúne el efectivo que necesita para cubrir la compra de alimentos y medicamentos, los ciudadanos no pueden acceder a los mismos.

Es decir, que se profundiza la escasez y se extiende el malestar en la población, que se encuentra privada de esos recursos básicos y necesarios que forman parte de la cotidianeidad de los ciudadanos.

La historia ya ha demostrado que el bloqueo financiero no es efectivo a la hora de forzar a los gobiernos a dejar el poder.

En palabras de David Smilde, experto de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos, no hay manera de imponer sanciones económicas que solo afecten a los gobernantes. 

La historia ya ha demostrado que el bloqueo financiero no es efectivo a la hora de forzar a los gobiernos a dejar el poder. Basta con mirar a Cuba para darse cuenta que por más que Trump luche por sacar a Maduro del gobierno a través de sanciones cada vez más fuertes, no lo logrará.

Y no solo fracasará en su intento, sino que además, dejará una marca imborrable en la sociedad venezolana. Una marca que solo aquellos que la sientan, podrán comprender. Nadie más que los venezolanos, tiene derecho a decidir sobre su futuro.

El bienestar de un país entero está en juego, mientras Trump sigue jugando a ver quién es el más fuerte. Quizás en este caso, se lleve una sorpresa. Porque los venezolanos, no se rendirán.

About the author

Guadalupe de la Torre es una periodista, master en Estudios Contemporáneos de América Latina por la Universidad Complutense de Madrid. 

Guadalupe de la Torre is a journalist. She holds a Master’s degree in Contemporary Latin American Studies from the Universidad Complutense in Madrid.


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