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Colombia y Venezuela, hermanas siamesas

Colombia y Venezuela han compartido dinámicas delictivas durante años, con la cocaína yendo en una dirección y el petróleo de contrabando en la otra. Pero la relación es cada vez más simbiótica. English 

Fuente: Insight Crime. Todos los Derechos Reservados.

Este artículo fue publicado previamente por Insight Crime y se puede encontrar aquí

Durante décadas, el conflicto civil colombiano ha repercutido en Venezuela, país al que los ciudadanos colombianos huían desesperados de la violencia y en el que los actores del conflicto buscaban un refugio.

Hoy la ola humana fluye en dirección contraria y la integran venezolanos desplazados por la situación económica y la escasez de alimentos y medicinas en su país, buscando una vida mejor y dispuestos a trabajar por un plato de comida.

El conflicto civil colombiano está amainando y ya solo queda una facción beligerante activa, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), para el que Venezuela es el último refugio que le queda y la base principal de sus operaciones.

El hecho de disponer de este refugio en Venezuela explica en gran parte la poca voluntad del ELN para comprometerse en la mesa de negociaciones.

La frontera entre Colombia y Venezuela es hoy una de las regiones de Latinoamérica en las que se concentran más actividades criminales.

Desde allí múltiples economías ilegales generan cientos de millones de dólares. Allí prosperan grupos delictivos diversos.

Las economías criminales en la frontera

En el lado colombiano de la frontera, la región del Catatumbo, en el departamento de Norte de Santander, es el lugar del mundo en el que resulta más barato producir cocaína. Es una de las zonas de Colombia de mayor cultivo y producción de esta droga.

El principal ingrediente químico para el procesamiento de la cocaína es la gasolina que, gracias a las subvenciones a los combustibles en Venezuela, es baratísima.

Según fuentes de la policía antinarcóticos de Colombia, la producción de cocaína por hectárea en esta región andina - más de siete kilos al año - es una de las más altas del país.

El principal ingrediente químico para el procesamiento de la cocaína es la gasolina que, gracias a las subvenciones a los combustibles en Venezuela, es baratísima.

Los otros dos factores clave para el negocio de la cocaína son la proximidad a un punto de embarque o tránsito, en este caso Venezuela, y un flujo de mano de obra barata para cosechar, procesar y transportar los cargamentos.

Los venezolanos ofrecen cada vez más esa mano de obra y están cada vez más dispuestos a asumir mayores riesgos, y por mucho menos dinero, que los colombianos. En toda la frontera existe hoy una gran oferta de venezolanos desesperados dispuestos a trabajar en la economía ilegal.

La cocaína colombiana cruza la frontera con Venezuela a través de tres ejes principales: directamente desde el centro de producción en el Catatumbo, con dirección hacia Táchira y Zulia; a través de los Llanos Orientales colombianos, hacia Apure; y a lo largo de los ríos entre ambos países, verdaderas autopistas en medio de la jungla que se internan en el estado sureño del Amazonas.

No existen cifras sobre la cantidad de cocaína que entra en Venezuela, pero fuentes de inteligencia internacional, hablando bajo condición de anonimato, aseguran que no les sorprendería que la cifra estuviera por encima de las 400 toneladas al año.

Al precio actual de 4.000 dólares/kilo en Venezuela, esa cantidad equivale a 1.600 millones de dólares. Se estima que los costes del tránsito por Venezuela son unos 1.000 dólares, lo que significa que el crimen organizado en este país estaría ganando unos 400 millones de dólares al año, solo por el comercio de cocaína.

Pero la cocaína no es la única economía ilegal en la frontera.

Se estima que los costes del tránsito por Venezuela son unos 1.000 dólares, lo que significa que el crimen organizado en este país estaría ganando unos 400 millones de dólares al año.

El contrabando de gasolina, en gran medida bajo control del ELN, es otra actividad ilegal clave en la región.

Un litro de combustible venezolano de 95 octanos tiene un coste de seis bolívares, lo que en moneda colombiana equivale a 0.25 pesos. En la frontera, sin embargo, se comercializa por 6.000 o 7.000 pesos (169.956 bolívares).

Como ha podido comprobar Insight Crime en base a material fotográfico, se transportan cientos de barriles desde Apure hasta Arauca con la complicidad de miembros de la Guardia Nacional Venezolana, que reciben recompensas por su silencio.

Por otra parte, en los estados de Amazonas y Bolívar, al sur de Venezuela, el ELN y las disidencias de las FARC se dedican a la minería de oro y coltán, que posteriormente transportan hasta a Guainía y Vichada, en Colombia.

Una vez más, esto se lleva a cabo con la complicidad del ejército venezolano y con desprecio absoluto por las comunidades indígenas que habitan en esta región.

Los alimentos subvencionados por el Estado venezolano se han convertido también en una fuente de subsistencia no solo para los grupos ilegales, sino también para el ciudadano medio.

Desde Apure hacia Arauca y desde Zulia a La Guajira y Cesar, los alimentos se transportan por rutas clandestinas - entre ellos la carne de res, que se comercializa a un precio inferior al oficial en Colombia y aun así reporta importantes ganancias ya que su coste en Venezuela está muy por debajo, por las diferencias en las tasas de cambio y la falta de liquidez.

Sin embargo, la escasez de alimentos que existe hoy en Venezuela ha reducido el tráfico de alimentos, e incluso ha generado un tráfico inverso, de Colombia a Venezuela.

El cierre de la frontera en el año 2015 por parte del presidente Nicolás Maduro reforzó todavía más el control que ya venía ejerciendo la Guardia Nacional sobre el contrabando de todo tipo de bienes.

Los controles fronterizos más estrictos llevaron a la detención de muchas personas que se dedicaban al contrabando al por menor y facilitaron que el ejército venezolano se hiciera con el monopolio de esta actividad delictiva.

Han florecido las mafias que operan a gran escala y mantienen vínculos estrechos con la Guardia Nacional.

Mientras que el margen de maniobra de las pequeñas operaciones de contrabando independientes se ha visto muy limitado, han florecido las mafias que operan a gran escala y mantienen vínculos estrechos con la Guardia Nacional.

Refugio de criminales

La tolerancia política y la corrupción en Venezuela, junto con la proliferación de economías ilegales, han convertido a los estados fronterizos venezolanos en refugios para delincuentes.

Aunque las estructuras del crimen organizado venezolano - estatales y no estatales - se están reforzando, los grupos colombianos son los que tradicionalmente han ejercido más influencia en la región fronteriza.

Tras la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2017, se han producido grandes cambios en el panorama de la criminalidad en la frontera.

La tolerancia frente a los grupos guerrilleros marxistas colombianos se inició con los gobiernos de Hugo Chávez.

Tanto el ELN como las FARC fueron tolerados, o quizá incluso apoyados, en la Venezuela de Chávez, que veía a estos grupos como aliados ideológicos - aunque su actitud hacia ellos era compleja y variaba según sus intereses.

Chávez permitió a ambos grupos utilizar territorio venezolano, pero también se opuso a ellos cuando le convino.

Bajo el mandato de Maduro, Venezuela desempeñó un importante papel en el proceso de paz con las FARC, pero no consta que haya apoyado la presencia de guerrilleros en Venezuela.

Sin embargo, el hecho de que los esfuerzos de Maduro por sobrevivir políticamente hayan acaparado toda su atención, ha significado que los grupos colombianos en territorio venezolano han podido operar tranquilamente y esto les ha permitido prosperar.

El ELN

El principal grupo colombiano que opera actualmente en territorio venezolano es el ELN. Durante más de 30 años, muchos líderes y combatientes del ELN se han establecido en los estados venezolanos de Apure y Zulia y, más recientemente, en Táchira y Amazonas.

La división de combate más potente del ELN, el Frente de Guerra Oriental, tiene bases en Apure y su departamento gemelo en Colombia, Arauca. Según fuentes militares colombianas, el 90% de la capacidad de combate y de la logística del Frente se ubican en Apure.

También se ha confirmado la presencia del ELN en los municipios de Páez, Rómulo Gallegos y Muñoz, donde los guerrilleros llevan a cabo operaciones de contrabando.

Fuentes del lado venezolano de la frontera también han detectado presencia del ELN en Táchira, particularmente el municipio de Fernández Feo, cuyos habitantes aseguran haber visto guerrilleros con ropa civil armados con rifles y armas cortas.

Otras fuentes han confirmado la presencia del ELN en los estados de Amazonas y Bolívar. Las fuerzas de seguridad colombianas han registrado la presencia del ELN en el estado de Zulia, aunque los habitantes del municipio de Tibú, Norte de Santander, son testigos de que los guerrilleros del ELN cruzan la frontera a menudo.

Incluso ha habido informes de que el ELN ha repartido material de propaganda en las escuelas, así como paquetes de alimentos del gobierno en Venezuela.

Gustavo Aníbal Giraldo Quinchía, alias “Pablito”, es el líder histórico del Frente de Guerra Oriental. En 2015 entró a formar parte del máximo órgano de mando del ELN, el Comando Central (COCE) y es actualmente jefe militar del grupo.

Ha utilizado su refugio en Apure para reforzar el Frente de Guerra Oriental y lanzar ataques en Colombia. Se cree que se estableció durante algunos años en una finca en El Nula, expropiada por el presidente Chávez.

Pablito se opuso a las conversaciones de paz con el gobierno colombiano, porque considera que las “condiciones actuales no favorecen las negociaciones”.

Su poder se está expandiendo hoy a partir de su bastión en Apure-Arauca hacia los estados venezolanos de Táchira y Amazonas, y hacia Vichada, en el lado colombiano, aprovechando el vacío que han dejado los guerrilleros desmovilizados de las FARC para tratar de controlar no solo del territorio, sino las economías ilegales que sustentaban a las FARC.

Con el grupo incrementando sus finanzas y aumentando sus efectivos, Pablito y otros miembros radicales del ELN no le ven beneficio alguno a negociar la paz con el gobierno colombiano. Venezuela es un factor clave en esta postura del ELN.

Disidentes de las FARC

Aunque las FARC han desaparecido como actor beligerante a nivel nacional, hay facciones disidentes dispersas por todo el país y Venezuela se está convirtiendo no solo en una zona de retaguardia para algunas de ellas, sino también en fuente de financiación.

Gener García Molina, alias “Jhon 40″, uno de los principales narcotraficantes de las FARC y exdirigente del Frente 43 en Meta, ha establecido una base al otro lado de la frontera, en Amazonas, Venezuela, junto con elementos del Frente “Acacio Medina”.

Jhon 40 fue responsable de finanzas del Bloque Oriental de las FARC, que operaba en siete departamentos: Arauca, Casanare, Meta, Guaviare, Vaupés, Vichada y Guainía.

También estuvo relacionado con varios narcotraficantes brasileños y colombianos, como Daniel “El Loco” Barrera, detenido en Venezuela en 2012.

Posee, por consiguiente, amplios conocimientos sobre el tráfico de drogas, contactos internacionales y es probable que se encuentre dirigiendo hoy sus propias rutas de tráfico de cocaína.

Al trasladarse a Amazonas, Jhon 40 está en disposición de recibir cargamentos procedentes de los Llanos Orientales de Colombia, bastión de los disidentes del Primer Frente de las FARC, así como los que se transportan a lo largo de los ríos que bañan las selvas de la triple frontera entre Colombia, Venezuela y Brasil.

Al parecer también dirige, o al menos cobra “impuestos” sobre los cargamentos de oro y coltán procedentes de la minería ilegal en Amazonas.

Liborio Guarulla, exgobernador de Amazonas, denunció la actividad de las FARC y el ELN en su estado y fue apartado de la política por el gobierno de Maduro.

Jhon 40 forma parte de la creciente disidencia de las FARC, que probablemente lidera Miguel Botache Santanilla, alias “Gentil Duarte”, expulsado de las FARC a finales del año pasado y el líder disidente de más alto rango.

Los disidentes tienen sus bases en Guaviare, en ciertas zonas de Meta y Vichada, así como en la selva del departamento de Guainía. Venezuela es hoy vital para ellos, como retaguardia estratégica y financiera.

Se estima que el número de combatientes de las FARC que permanecen activos podría llegar a unos 2.500.

El Ejército Popular de Liberación

Otro grupo colombiano que se está adentrando en Venezuela es el remanente del EPL, al que el Gobierno llama “los Pelusos” para no reconocer sus orígenes guerrilleros.

El EPL se desmovilizó oficialmente en 1991 y esta última facción, en Norte de Santander, se ha convertido en un actor importante del tráfico de drogas en la frontera con Venezuela.

Después de la desmovilización de las FARC en 2017, el EPL se lanzó a una fase de expansión agresiva, declarándole la guerra al ELN y ampliando su radio de acción más allá de su bastión en el Catatumbo.

El grupo se vio debilitado por la muerte, en 2015, de su exlíder Víctor Ramón Navarro, alias “Megateo” (que dirigía el tráfico de drogas del ELN y las FARC en el Catatumbo) y la detención de Guillermo León Aguirre, alias “David León”, en 2016.

La vacante fue ocupada por “Pácora”, alias tras el que se oculta un guerrillero al que las autoridades todavía no han podido identificar.

Pácora está hoy dirigiendo la expansión del EPL que incluye incursiones en Venezuela con el fin de conseguir rutas para el narcotráfico, fortalecer su poder militar, reclutar a exmiembros de las fuerzas de seguridad y adiestrar a las tropas.

Hay informes que hablan de la presencia del EPL en Casigua El Cubo, en el estado venezolano de Zulia.

Mafia colombiana

Desde el año 2006, con la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), han surgido múltiples grupos criminales en Colombia a los que el gobierno colombiano denominó inicialmente BACRIM (“bandas criminales”), pero que ahora se llaman Grupos Armados Organizados (GAO). Dos de estos grupos tienen una presencia significativa en Venezuela: los Rastrojos y los Urabeños.

De hecho, ha habido enfrentamientos en territorio venezolano entre estos dos grupos, que buscan controlar los corredores de contrabando.

Pero su fragmentación hace que se hayan visto cada vez más superados a lo largo de la frontera con Venezuela por el ELN, el EPL y los disidentes de las FARC.

Hoy, en muchos casos, actúan junto con estos grupos guerrilleros, así como con elementos corruptos de las fuerzas de seguridad de Venezuela.

Fuerzas Bolivarianas de Liberación (FBL)

Uno de los principales actores ilegales venezolanos activos en la frontera son las FBL. Las FBL constituyen un fenómeno curioso: se trata de un grupo rebelde partidario del gobierno, inspirado en el modelo colombiano.

Aunque inicialmente cooperaron con el ELN, ahora lo ven como un competidor, ya que el ELN tiene hoy una importante presencia en el lado venezolano de la frontera.

La diferencia es que ahora Venezuela ha aumentado su participación en el negocio y que hoy, en muchos casos, es socio a partes iguales.

En los últimos años, las FBL han tenido mucho más contacto con las FARC y, de hecho, la Defensoría del Pueblo de Arauca se refiere a ellas como “hijas de las FARC”.

Este grupo, que cuenta con unos efectivos de entre 1.000 y 4.000 hombres, se dedica a la extorsión y es activo en política a nivel local. Supuestamente, recibe financiamiento a través de los concejos comunales.

Fuentes en Venezuela afirman que tiene nexos con el narcotráfico, pero hasta la fecha no hay pruebas de ello.

Se ha registrado presencia de las FBL en los estados Apure, Táchira, Barinas, Zulia, Mérida, Portuguesa, Cojedes y Carabobo, así como en Caracas. Es posible que en el pasado recibieran material y formación de las FARC.

El futuro

En primer lugar, hay que decir que Colombia ha estado exportando crimen organizado a Venezuela durante décadas.

La diferencia es que ahora Venezuela ha aumentado su participación en el negocio y que hoy, en muchos casos, es socio a partes iguales.

Las economías criminales a lo largo de la frontera son transnacionales por naturaleza. Por lo tanto, cualquier respuesta significativa ante ellas debe tener carácter transnacional.

Sin embargo, actualmente hay muy poca colaboración bilateral entre Venezuela y Colombia, lo que permite que el crimen organizado opere a sus anchas.

En una entrevista del pasado mes de abril, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, acusó al Gobierno venezolano de utilizar bandas de delincuentes para “perpetuarse en el poder”. La respuesta del presidente Maduro consistió en describir a Colombia como un “Estado fallido”.

Juan Manuel Santos acusó al Gobierno venezolano de utilizar bandas de delincuentes para “perpetuarse en el poder”. La respuesta del presidente Maduro consistió en describir a Colombia como un “Estado fallido”.

Así las cosas, pocas son las esperanzas de que los gobiernos de ambos países lleguen a cooperar en la lucha contra el crimen organizado. ¿Podrían las elecciones presidenciales en Venezuela y Colombia cambiar esta situación?

La respuesta es probablemente no. Maduro ya ha sido reelegido. Y en Colombia, Iván Duque, apoyado por el ex presidente Álvaro Uribe, ha ganado la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 27 de mayo y es el candidato mejor situado para la segunda vuelta, el 17 de junio.

Cuando se le preguntó en una entrevista por la situación en el Catatumbo, en la frontera con Venezuela, Duque dejó clara su posición ante el país vecino: “Necesita seguridad, justicia e infraestructuras, porque lo que hay es un corredor de narcotráfico auspiciado por el Cártel de los Soles, que lidera el gobierno de Venezuela.

Voy a ir al Consejo de Seguridad de la ONU a denunciar lo que ocurre en la frontera con Colombia, con el consentimiento de un gobierno que tiene estructuras de narcotráfico y que se beneficia de un corredor de producción de cocaína”.

¿Qué podemos esperar para lo que queda de año? Un aumento del flujo de cocaína hacia Venezuela, dado que el cultivo de coca en Colombia sigue en aumento; un fortalecimiento de los grupos ilegales colombianos en territorio venezolano; y el reclutamiento de venezolanos desesperados por parte de los grupos ilegales y el crimen organizado colombianos que luchan  por sobrevivir sin demasiadas alternativas.

Todo esto se traduce en un fortalecimiento de las economías ilegales a lo largo de la frontera entre Colombia y Venezuela, donde el crimen organizado transnacional está echando raíces cada vez más profundas. 

About the author

InSight Crime es una fundación dedicada al estudio de la principal amenaza a la seguridad nacional y ciudadana en Latinoamérica y el Caribe: el crimen organizado.Buscan profundizar y enriquecer el debate sobre el crimen organizado en las Américas, proporcionando al público informes periódicos, análisis e investigaciones sobre el tema y sobre los esfuerzos de los Estados para combatirlo (http://es.insightcrime.org/).

InSight Crime is a foundation dedicated to the study of the principal threat to national and citizen security in Latin America and the Caribbean: organized crime. It seeks to deepen and inform the debate about organized crime in the Americas by providing the general public with regular reporting, analysis and investigation on the subject and on state efforts to combat it (http://www.insightcrime.org/).


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