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De feudo de una petrolera a modelo progresista: la historia de Richmond

¿Cómo consiguió esta ciudad californiana acabar con el reinado del gigante del petróleo Chevron y poner en marcha una revolución progresista?

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lead Fotografía cedida por la Alianza Progresista de Richmond (RPA). Fotografía cedida por la Alianza Progresista de Richmond (RPA).

“El sitio de mala muerte del Área de la Bahía.” Así es como el alcalde de una ciudad vecina describió con desprecio a Richmond (California), hace solo unos años, reputación que obtuvo tras décadas de delito, corrupción y el dominio indiscutido del gigante de los combustibles fósiles Chevron. Aunque San Francisco, Silicon Valley y la mayoría de las áreas periféricas aumentaron su riqueza y se volvieron más privilegiadas, la situación de Richmond, cuya población está compuesta por un 80 % de personas no blancas, y que está bajo el dominio político y ambiental de la gigantesca refinería Chevron, que ocupa alrededor de 1200 hectáreas, se agravó.

Sin embargo, esto no fue siempre así. Durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudad apacible y pequeña con un gran puerto se vio convulsionada con la llegada de trabajadores de defensa reclutados para construir barcos que contribuyeran a la campaña bélica.

Sin embargo, los miles de trabajadores negros que llegaron de los estados del sur, con la promesa de obtener buenos empleos, al llegar allí descubrieron que los esperaba el racismo. Después de la guerra, Richmond se convirtió en una ciudad corrompida por sus empresas industriales en la que, para 2006, la tasa de homicidios superaba siete veces el promedio nacional y los aumentos incontrolables en los alquileres desplazaban a los inquilinos.

El ascenso de la Alianza Progresista de Richmond y sus aliadosLos residentes de la ciudad habían soportado demasiado. “Me mudé a Richmond en 2002, y comencé a involucrarme con los Verdes de Richmond, un grupo pequeño pero activo”, comenta Marilyn Langlois, quien ahora está a cargo de la presidencia de la Comisión de Planificación de Richmond. “La ciudad estaba en crisis. El déficit presupuestario era de 34 millones de USD y había problemas constantes con Chevron y su control del gobierno de la ciudad”. 

Langlois y sus aliados fundaron la Alianza Progresista de Richmond (RPA), descrita por Steve Early en su libro Refinery Town: Big Oil, Big Money, and the Remaking of an American City como “una formación electoral, una organización de afiliación, una coalición de agrupaciones ciudadanas y una coordinadora clave de actividades de educación de base y de movilización ciudadana, todo esto de forma simultánea”.

Fotografía: Janis Hashe. Nuevas viviendas para personas mayores en Richmond. Fotografía: Janis Hashe.“Estuvimos de acuerdo en que el problema básico era el dinero en la política”, manifiesta Langlois, quien mantiene su pasión por esta causa. “Uno de nuestros principios fundamentales era que solo apoyaríamos a candidatos que no aceptaran donaciones corporativas”. La candidata a concejala municipal de la RPA que obtuvo la victoria en 2003 fue Gayle McLaughlin, quien más tarde fue alcaldesa desde 2006 hasta 2014. Richmond se convirtió en la ciudad más grande de los Estados Unidos con una alcaldesa del Partido Verde. 

"Uno de nuestros principios fundamentales era que solo apoyaríamos a candidatos que no aceptaran donaciones corporativas."

El avance más importante llegó en 2014: a pesar de los 3,1 millones de USD que Chevron gastó para difamar a sus candidatos, el mensaje comunitario de la RPA caló en el electorado. En 2014, se eligió a cuatro concejales de la RPA. En 2016, la RPA logró una mayoría de cinco concejales por primera vez. Los ciudadanos se habían expresado.

Cómo abordar el desplazamiento y la igualdad en la vivienda

La crisis inmobiliaria era un problema fundamental, señala Langlois. En 2012, la ciudad tuvo 900 ejecuciones hipotecarias. Los aumentos vertiginosos en los alquileres afectaron a los inquilinos. “Nos involucramos en el Proyecto de Organización Laosiano y la Coalición por un Alquiler y una Causa Justos, y comenzamos a organizar reuniones municipales. Aprobamos ordenanzas en las que se indicaba que debía existir una causa justa para desalojar a los inquilinos y que los bancos no podían desalojar a alguien si el propietario estaba embargado”. 

Sin embargo, “debido a la respuesta ofensiva de la Asociación de Propietarios de California, tuvimos que derogar nuestro primer intento de una ordenanza para controlar los alquileres”, explica McLaughlin. “Luego, en 2016, contamos con el apoyo sólido de la Unión Internacional de Empleados de Servicios (SEIU) y la Alianza de Californianos para el Empoderamiento de la Comunidad (ACCE). También habíamos asegurado un servicio gratuito de asistencia jurídica. El control de los alquileres se convirtió en una cuestión divisoria en las elecciones de 2016, y con los miembros nuevos, aprobamos otra ordenanza para controlar los alquileres”. Richmond se convirtió en una de las primeras ciudades de California que puso en vigor un sistema de control de los alquileres en 30 años.

Commieola Duncan fue una de las personas que recibió ayuda. Duncan, que tiene un nieto, vive en el complejo de departamentos Bella Vista at Hilltop, compuesto por 1008 viviendas. “Mi esposo y yo tenemos empleos decentes. Soy asesora de empleo del condado de Alameda [situado junto al condado de Contra Costa, donde se ubica Richmond] y mi esposo trabaja para AT&T”, señala la mujer. "Pero incluso con dos ingresos, cada vez era más difícil pagar el alquiler aquí y también pagar otras facturas”.

Fotografía: Janis Hashe. Paneles solares del proyecto de viviendas Crescent Park. Fotografía: Janis Hashe.En el marco de la nueva ordenanza, los propietarios solo pueden aplicar un aumento de aproximadamente un 2 % al año. Esto hizo que los alquileres se redujeran a los niveles de 2015. Sin embardo, debido a algunas excepciones, la ordenanza solo protege al 40 % de los inquilinos de Richmond. Aun así, Duncan señala que la ha ayudado, “y a mis colegas que viven en Richmond. Ahora pagamos unos 250 USD menos al mes que lo que deberíamos haber pagado según la tasa de aumento de los alquileres”.

Langlois sabe que queda mucho por hacer. “La ciudad de Richmond… está dialogando con otras ciudades para comenzar sistemas de alianzas progresistas de base. Estas alianzas pueden complementar sus esfuerzos para lograr diferentes objetivos, como derogar la Ley Costa-Hawkins [la ley de California de 1995 que permite que los propietarios que alquilan viviendas unifamiliares aumenten los alquileres sin límites, lo que los exime de las leyes de control de alquileres que se aplica a departamentos]”.

También se examinan con detenimiento las nuevas propuestas de vivienda. “Analizamos las ubicaciones, como las viviendas orientadas al transporte”, relata Langlois. “Si los promotores no desean incluir viviendas asequibles, deben pagar tarifas sustitutivas, lo que les hace saber que Richmond acoge con satisfacción los ingresos mixtos, y no solo ingresos altos”.

El discurso sobre el “estado de la ciudad”, pronunciado en febrero de 2018 por el actual alcalde demócrata, Tom Butt, confirma algunas buenas noticias: el precio promedio de los alquileres se redujo un 11 % desde septiembre de 2016, la Junta de Control de Alquileres, compuesta por cinco miembros, se había puesto en funcionamiento y se aportaban fondos para viviendas asequibles a las viviendas sociales.

Energía: una “transición justa”

En una comunidad que representa el símbolo de la injusticia ambiental, hablar de “energía” significa dos cosas: ocuparse de Chevron, el gigante centenario de combustibles fósiles y sus industrias aliadas, e iniciar la transición hacia la energía renovable. En ambos frentes, la organización Communities for a Better Environment (CBE), que se enfoca en las comunidades de color, ha sido un líder importante.

“Empleamos un modelo en que participan tres tipos de actores: organizadores comunitarios, investigadores/científicos y abogados, y nuestras políticas vienen determinadas por nuestros propios miembros”, señala José López, un investigador integrante de la organización, durante una entrevista en la oficina de la CBE de Richmond.

"El objetivo general es trabajar para desarrollar una ‘transición justa’ para cambiar los combustibles fósiles por energía renovable." 

Uno de los objetivos principales de la CBE es trabajar para “que las refinerías rindan cuentas”, destaca López. “El objetivo general es trabajar para desarrollar una ‘transición justa’ para cambiar los combustibles fósiles por energía renovable. Sin embargo, la transición debe ser sostenible. En este trabajo, nos asociamos con la Red Ambiental Pacífica y Asiática (APEN) y Urban Tilth, un proyecto de agricultura comunitaria”.

Según comenta, Richmond fue una de las primeras ciudades en California que adoptó el Elemento de Energía y Cambio Climático, que propone políticas y acciones relacionadas con la energía renovable, y, en 2016, puso en práctica el Plan de Acción del Cambio Climático. “Estamos trabajando en procesos mejorados para involucrar a toda la comunidad, como la creación de una Comisión de Energía para que los residentes puedan participar en el desarrollo de una ‘democracia energética’”, explica López.

López señala que la empresa pública de de energía Marin Clean Energy (MCE) se ha convertido en un aliado inesperado. MCE, que ahora tiene en su cartera de clientes al 80 % de los hogares de Richmond, “a veces nos apoya a nivel estatal”, informa López. Las redes y las alianzas son la estrategia política más sólida de la CBE.

López relata que, en 2017, la CBE formó una coalición con la organización sin fines de lucro Rich City Rides, que promueve el transporte en bicicleta, la ACCE, la organización de apoyo a exconvictos Safe Return Project y otras entidades para crear una Asamblea Popular de Richmond en mayo de 2018. “Buscamos maneras de relacionarnos más”, expresa. “Ya no trabajamos de forma individual.”

Según López, el trabajo más transformador de la CBE es la creación del marco para la transición justa. “Hemos llegado al punto en el que no solo debemos ser reactivos, sino proactivos. Nos conectamos con ciudades en los Estados Unidos por medio de la Alianza por la Justicia Climática y nos dirigimos a comunidades de primera línea que han sido dejadas de lado. Identificamos la visión y exponemos las soluciones futuras”.

En su discurso sobre el estado de la ciudad, el alcalde Butt señaló que la asociación de 10 años con GRID Alternatives continúa permitiendo la instalación gratuita de paneles solares para hogares que cumplen ciertos criterios de ingresos, y que Solar One, el parque de energía solar de MCE, ya está en funcionamiento y proporciona 10,5 megavatios de energía para 3400 hogares.

En lo que representa otro avance relacionado con la energía, Richmond recibió un subsidio para planificación de 170 000 USD del programa Transformative Climate Communities en febrero de 2017, destinado a crear una “hoja de ruta para el cambio climático” que luego permitirá que la ciudad solicite un subsidio de ejecución mucho mayor. Jim Becker, presidente y director ejecutivo de la Richmond Community Foundation (RCF), que contribuirá en la elaboración de la hoja de ruta, señala que la RCF ayudará a recabar las opiniones de la comunidad con respecto a los proyectos propuestos.

Comenta que una inclusión definitiva es la compra constante de viviendas abandonadas por parte de la RCF; las propiedades se adaptan para cumplir con estándares de “energía cero” y luego se venden a los graduados del programa First-Time Homebuyers, destinado a todos aquellos que deseen comprar su primera vivienda.

La comunidad controla el futuro

El concejal y vicealcalde de la ciudad Melvin Willis aún no tiene 30 años y, según afirma, no es un político tradicional. El actual candidato a la alcaldía forma parte de la “segunda ola” de la RPA. “Solo tenía 12 años cuando se fundó la RPA”, cuenta entre risas. Su primera acción “política” fue ir de puerta en puerta por 12 USD por hora para informar a los vecinos sobre las reuniones. “Luego, en 2012, cuando la ACCE se unió con la RPA y eligió a tres concejales, me involucré en las luchas del movimiento para detener las ejecuciones hipotecarias y salvar las viviendas”, comenta.

"A medida que nuestra ciudad comienza a crecer, necesitamos asegurarnos de que las personas que han estado aquí durante generaciones puedan seguir formando parte de ella."

Afirma que la clave detrás de la transformación de la ciudad está relacionada con el cambio inmenso de aquellos encargados de la gestión. Los cinco miembros de la RPA que integran un concejo de siete miembros, y que no reciben donaciones corporativas, han sido fundamentales para aplicar controles en los alquileres, aumentar el salario mínimo y luchar contra el poder del Gobierno nacional para tomar propiedad privada y darle uso público. 

“Ahora, muchos más miembros de la comunidad participan en proyectos para mejorar la ciudad, y muchas organizaciones han formado coaliciones entre ellas”, incluidas, según comenta, “la SEIU, Tenants Together, la Asociación de Profesionales de Enfermería de California, el proyecto Safe Return, la APEN, Urban Tilth, CBE, el club juvenil RYSE, el Instituto Haas para una Sociedad Justa e Inclusiva, y defensores públicos, por mencionar solo algunos”.

Manifiesta que el motor del pensamiento transformador relativo a las viviendas será “desarrollo sin desplazamiento”. “La economía del ‘desarrollo’, como la analizamos ahora, no siempre beneficia a las personas de ingresos bajos, lo que genera un proceso de aburguesamiento en el Área de la Bahía [y en otros lugares]. A medida que nuestra ciudad comienza a crecer, necesitamos asegurarnos de que las personas que han estado aquí durante generaciones puedan seguir formando parte de ella”.

Langlois resume lo que debe ocurrir para integrar el cambio transformador de Richmond: “Contar con coaliciones sólidas es clave. También lo es diversificar la membresía de la RPA y hacer que los jóvenes participen, así como mantener a las empresas contra las cuerdas. Chevron ha sido más receptiva con la comunidad [desde que no consiguió comprar las elecciones en 2014].

No se irán, pero pretendemos que sean mejores ciudadanos corporativos. Los residentes de Richmond merecen ser felices y vivir dignamente”.

Tal como Steve Early explica en Refinery Town, “es posible que actuar a escala local sea la respuesta más eficaz a los desafíos económicos y las amenazas ambientales de alcance principalmente nacional y mundial”. Los residentes de Richmond lucharon juntos, desafiaron el orden establecido y no muestran señales de que vayan a detenerse. Al parecer, no es tan fácil vencer a un sitio de mala muerte.

¿Qué lecciones podemos aprender de este proyecto? ¿Has participado en alguna iniciativa parecida? ¿O conoces a alguien que lo haya hecho? Comparte tus comentarios en el apartado abajo y ayúdanos a generar una base colectiva de conocimiento.

Traducción: Paula Fredes.

About the author

Janis Hashe is a Bay Area freelance journalist, writing about everything from the arts to the environment to tea. A self-identified feminist from age 14, she is active in politics with Indivisible East Bay and No Coal in Richmond. Her first novel, The Ex-Club Tong Pang, was published in 2013. She is also a teacher, specializing in Shakespeare. Find her here.

Janis Hashe es una periodista independiente del Área de la Bahía de San Francisco, en los Estados Unidos, que escribe sobre cualquier tema, desde arte a medio ambiente, pasando por el té. Feminista autoproclamada desde los 14 años, participa activamente en política con Indivisible East Bay y No Coal in Richmond. Su primera novela, The Ex-Club Tong Pang, se publicó en 2013. También es maestra, especializada en Shakespeare. Síguela en su perfil de LinkedIn.

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Este artículo es parte de la iniciativa Ciudades Transformadoras. Podrás votar a partir del miércoles 9 de mayo por la transformación que crees que más anima a movilizarse. Para obtener más información sobre la iniciativa visita: transformativecities.org.

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