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Resultados en Colombia 2018: lo posible que no fue pero podrá ser

Los resultados de las elecciones colombianas llaman a la oposición a organizarse para la resistencia y el cambio, y a salvar los escollos de las derechas, el miedo y el «extremo centro».

Rayadas sobre rayadas sobre grafiti. Ciudad Bolívar, Bogotá. Vía Bibiana Moreno y Diego Velásquez

Gustavo Petro remaba contra la historia, las encuestas, el miedo, las noticias falsas y el fraude. No ha podido vencer al uribismo, pero, por primera vez en mucho tiempo, ha habido esperanza organizada, y eso es importante. La dificultad estriba en que las derechas tienen mucho apoyo, el miedo hace estragos y el extremo centro contribuye a ambos.

Las derechas están fuertes

Hay que tener en cuenta que el uribismo tiene una larga tradición de apoyo masivo (enraizado emocional y afectivamente), como también de manipulación fraudulenta del voto y de desinformación y producción de fake news.

No puede olvidarse que los habitantes de zonas rurales y los votantes de mayor edad se decantan mayoritariamente por Duque (al igual que Antioquia y el Eje Cafetero). Aunque los más jóvenes apoyan a Petro, Duque gana entre quienes tienen entre 25 y 34 años. Las mujeres también votan mayoritariamente por Duque.

El individualismo egoísta del neoliberalismo tiene una incidencia relevante en conjunción con el miedo, porque promueve la despreocupación por la pobreza y la desigualdad.

Duque está por encima de Petro en todos los estratos sociales, especialmente entre los bajos (estratos 1 y 2). Entre las clases medias (estrato 3) también domina Duque con claridad, mientras que en los estratos altos (4, 5 y 6) la distancia es más corta.

El individualismo egoísta del neoliberalismo (que también es consustancial al extremo centro) tiene una incidencia relevante en conjunción con el miedo, porque promueve la despreocupación por la pobreza y la desigualdad que no afecta a uno mismo. Lo importante es «que no me toque a mí» y, según la narrativa del miedo (caos vs orden), eso podría suceder con Petro pero no con Duque.

La pregunta es cómo actuar eficazmente en los diferentes segmentos poblacionales y territorios para promover el cambio. El hashtag ciudadano #MiMamaVotaPetro pudo ayudar, pero fue insuficiente y no llegó a la población que vive desconectada de las burbujas digitales de las urbes.

El miedo

Sin duda, la campaña del miedo acusando a Petro de Castrochavista ha hecho mella en parte del electorado. También hay muchos que no quieren ver a un exguerrillero como Presidente (especialmente entre los mayores), como tampoco aceptan que las FARC tengan representantes en el Congreso.

Como pedía Fajardo, se necesita una mejor pedagogía del Proceso de Paz.

Es más, los votantes uribistas justifican la violencia estatal y paramilitar como medio de combatir la guerrilla (igual que justifican la corrupción bajo el principio falaz de que «todos roban» o porque ellos mismos son o querrían ser corruptos); las víctimas inocentes son un daño colateral.

Como pedía Fajardo, se necesita una mejor pedagogía del Proceso de Paz. Además, se requiere mucho trabajo para la reconciliación y reinserción y de mejora de los acuerdos de justicia transicional. Por último, hay que trabajar la ética y castigar la corrupción.

Los centros

En un contexto polarizado entre la continuidad y el cambio, representados por las derechas y las izquierdas, los centros políticos estaban llamados a cumplir un papel primordial. Los votantes de los centros podían dividirse entre apoyar a Petro, decantarse por Iván Duque, votar en blanco o abstenerse.

Alianza Verde (de centro) brindó su apoyo a Petro, con Claudia López y Antanas Mockus secundando la campaña de Colombia Humana a cambio de unos compromisos por parte de Petro. No así Sergio Fajardo, quien anunció que votaría en blanco. También Humberto de la Calle del Partido Liberal expresó su voluntad de votar en blanco, mientras que su partido brindó apoyo a Duque.

López y Mockus habrían mantenido coherencia política atendiendo al programa, discurso y principios esgrimidos en primera vuelta a favor de la paz y contra la corrupción. Su apoyo crítico se basó en el acuerdo en torno a la ética de impulsar la democracia y la igualdad, promover la paz y defender la naturaleza frente a la política tradicional.

Parece que aproximadamente tres millones de votantes de centro se habrían decantado por Petro y alrededor de un millón por Duque.

Por otro lado, Fajardo y de la Calle han actuado como representantes del «extremo centro», habituado a no mojarse, a echar balones fuera y adoptar una posición aparentemente equidistante que, en la práctica y atendiendo a los datos demoscópicos, suponía facilitar la victoria de Duque.

Comparando los resultados de primera y segunda vuelta parece que aproximadamente tres millones de votantes de centro se habrían decantado por Petro y alrededor de un millón por Duque. Ese millón es el que ha determinado la victoria. Junto al miedo y el derechismo, el sentido político del extremo centro podría haber cumplido un papel clave.  

El extremo centro opta por una narrativa del consenso social, con lo que toma en consideración una de las dimensiones de la política, pero oculta el conflicto, de modo que desestima otra dimensión fundamental y, con ello, elimina efectivamente la Política de la política institucional y discursiva. Su ausencia de comunicación y práctica confrontativas y su crítica al discurso polarizador y al conflicto político esconden la polarización real que se da a nivel social en un contexto de grandes desigualdades. Oculta los intereses contrapuestos, favoreciendo así los intereses de los actores privilegiados. 

El extremo centro tiene un discurso progresista en lo social y una práctica neoliberal en lo económico que no permite la materialización del progreso social. De ahí que el discurso progresista se quede en mera retórica o, en el mejor de los casos, en buenas intenciones.

El extremo centro no actúa contra las estructuras de las desigualdades. 

El extremo centro no actúa contra las estructuras de las desigualdades. A pesar de que el programa de Fajardo tenía muchas similitudes con el de Petro, en la segunda vuelta Fajardo ha preferido equiparar a los dos contendientes como igualmente malos. La decisión de de la Calle, adalid del Proceso de Paz y temeroso de que Duque haga trizas los Acuerdos de Paz, también ha favorecido la victoria del candidato de la muerte. Ninguno de los dos siguió la máxima de Howard Zinn de que no se puede ser neutral en un tren en marcha; al permanecer pasivos han colaborado.

Como explicó Claudia López, el proyecto gubernamental de Petro hubiese tenido importantes contrapesos, incluyendo un Congreso dominado por las fuerzas de derecha. No así Duque, quien acumulará poder en las ramas legislativa, ejecutiva y judicial, minando aún más la separación de poderes.

El futuro

En las próximas elecciones habrá posibilidades de nuevo. Lo importante es que una apuesta organizada por la paz, la diversidad y la igualdad tuvo opciones y tendrá que aprender de las dificultades y los errores. Después de mucho tiempo ha habido esperanza, motor necesario, aunque no suficiente, del cambio.

Ahora es momento de que los movimientos sociales mantengan viva la llama de la esperanza para frenar las agresiones, combatir la desigualdad e impulsar la paz en diálogo con las fuerzas políticas dispuestas a remar en la misma dirección en un consenso de mínimos.

Artículo publicado previamente en Amanece Metrópolis

About the author

Joan Pedro-Carañana, is in the Communications Department at Saint Louis University-Madrid Campus. His doctoral research was in communication, social change and development (Complutense University of Madrid). Joan has been active in a variety of social movements and is interested in the role of media, education and culture in the transformation of societies.


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