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Colombia ante la segunda vuelta de las presidenciales: ¿Ahora qué?

Pasaron a segunda vuelta Iván Duque con un 39,1% de los votos y Gustavo Petro con un 25,1%. La polarización acabó con el centro. ¿Qué podemos esperar ahora? 

Resultados

El 27 de Mayo pasaron a segunda vuelta Iván Duque con un 39,1% de los votos y Gustavo Petro con un 25,1%. Por detrás quedan Sergio Fajardo con un 23,7%, Germán Vargas Lleras con 7,3% y Humberto de la Calle con un 2,1%.

Posición política de Duque y Petro

Empecemos por lo más sencillo: Petro es de izquierdas y Duque es de derechas. Claro que los términos izquierda y derecha han perdido precisión y valor analítico. Duque se presenta por el partido Centro Democrático y Petro (Colombia Humanasostiene que la política mundial ya no se divide entre izquierda y derecha, sino entre los que luchan contra el cambio climático y los que lo promueven.

Ahora bien, si seguimos la conceptualización de Noberto Bobbio para el siglo 20, Duque es claramente de derechas por dar prioridad al crecimiento económico, mientras que Petro es de izquierdas por anteponer la igualdad económica.

Además, Duque propone «mano dura» como medio para lograr mayor seguridad y se opuso al Acuerdo de Paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) impulsado por el Presidente Juan Manuel Santos en oposición al ex-Presidente Álvaro Uribe.

En campaña ha prometido «modificaciones estructurales» del Acuerdo, mientras que Petroprefiere impulsar el proceso de paz para el mismo fin y entiende la paz no solo como cese de la violencia guerrillera sino como pacto de la sociedad para la justicia social. La mayor dificultad en los procesos de paz es siempre la reconciliación y la reinserción, que incluyen la aceptación por parte los familiares de las víctimas.

Duque, conocido popularmente como «el que diga Uribe», representa la continuidad del proyecto uribista, marcado por el apoyo al extractivismo y los oligopolios empresariales, además de por vínculos con el paramilitarismo.

Más datos que permiten identificar la posición política de cada uno de los candidatos:

Petro fue militante del M19, guerrilla izquierdista partidaria del nacionalismo democrático fundada en 1974 por estudiantes universitarios y desmovilizada en 1990 con la firma de un acuerdo de paz y la incorporación de muchos de sus miembros a la política institucional. Petro fue encarcelado y torturado por el Estado colombiano en 1985.

Posteriormente fue Alcalde Mayor de Bogotá desde 2012 hasta finales de 2015, con un lapso en el que fue destituido por el conflicto de las basuras.

Duque, conocido popularmente como «el que diga Uribe», representa la continuidad del proyecto uribista, marcado por el apoyo al extractivismo y los oligopolios empresariales, además de por vínculos con el paramilitarismo, produciendo resultados terribles en términos de aumento de la desigualdad y violación de derechos humanos (más detalles aquíaquí).

También el entorno cercano de Duque se ha visto envuelto en acusaciones judiciales por nexos con el paramilitarismo. Duque incluso ha recibido el respaldo público de parapolíticos sin ningún disimulo.

Quién apoya a quién

Según la última encuesta antes de la primera vuelta, una parte importante de las élites (34,1% en los estratos 4, 5 y 6) y de las clases bajas (42,1% en los estratos 1 y 2) van con Duque (en mayor medida en zonas golpeadas por la violencia guerrillera), especialmente por ser el elegido de Uribe, a quién valoran su lucha a fuego contra las guerrillas.

Otra parte importante (aunque menor) de los estratos altos (22,7%) y bajos (33,1%) apoya a Petro por su apuesta por el Proceso de Paz y la igualdad, especialmente en zonas golpeadas por la violencia paramilitar y militar. Petro ha mostrado dificultades para llegar a la clase media (estrato 3) en la que vence Duque.

Los feudos de Duque son Antioquia – Eje cafetero (58% vs 13,9% de Petro) y el centro oriental (53,6% frente a 16%). Petro domina en el sur occidental (41,8% vs 24,8%) y en el norte (Caribe) (48,6% vs 30,8%). En Bogotá están parejos, mientras que en las zonas rurales Duque domina ampliamente.

Otra parte importante (aunque menor) de los estratos altos (22,7%) y bajos (33,1%) apoya a Petro por su apuesta por el Proceso de Paz y la igualdad, especialmente en zonas golpeadas por la violencia paramilitar y militar.

Petro tiene más éxito entre los más jóvenes y Duque entre los mayores, si bien Duque gana entre quienes tienen entre 25 y 34 años. Entre las mujeres, Duque gana con un 42,2% frente al 27,2% de Petro.

Posibles alianzas

El hashtag #NosUnimosONosHundimos, que fue Trending Topic en marzo, pedía a Petro, Fajardo y de la Calle (los dos últimos de centro) que se uniesen para evitar el mal mayor: la victoria de Duque y del No a la paz. Está por ver qué sucederá.

En la derecha lo más natural sería que Vargas Lleras brinde su apoyo a Duque.

Relación con las mayorías en el Congreso

Es importante tener en cuenta que Colombia tiene un sistema presidencial como el estadounidense (y no uno parlamentario como el europeo). Como señala el Financial Times, con partidos de derechas controlando alrededor de dos tercios del Congreso (conformado por el Senado y por la Cámara de Representantes) «una presidencia de Duque debería ser capaz de aprobar una agenda favorable a las empresas que incluya recortes de gasto público y una mejor recaudación de impuestos, al mismo tiempo que una reducción de los impuestos a las grandes empresas». Por el contrario, el Congreso podría bloquear las propuestas de Petro.

Estrategia electoral

Duque recurre al apoyo que tiene de Uribe como fortaleza electoral, si bien le resta autonomía y valía individual. En ocasiones, incluso le relega a un segundo plano, alimentando la idea de que el que verdaderamente manda es Uribe.

Además, Duque es cuestionado por su falta de experiencia y dicen las malas lenguas que se ha teñido canas para contrarrestar la acusación. En lo propositivo, Duque recurre abundantemente a significantes vacíos como construir «un país para todos». El eslogan del partido combina la propuesta de dureza de «mano firme» con la más sensible de «corazón grande».

Lo más relevante es que el foco de la campaña de Duque ha estado en la acusación a Petro de Castrochavista y, por tanto, de querer convertir Colombia en otra Venezuela.

Si bien los partidarios de Petro subrayan que el miedo al Castrochavismo es infundado y tildan de xenófoba esta estrategia del coco, lo cierto es que funciona eficazmente: Según una encuesta de Invamer, el 55,4 % de los colombianos consideran que el país está en riesgo de volverse como Venezuela.

Esta estrategia divide la sociedad en dos campos de buenos y malos, con el miedo y la rabia actuando como catalizadores para unirse al que defiende al país del Castrochavismo. La racionalidad difícilmente puede penetrar en el miedo al caos, a la expropiación, a la miseria, a la dictadura y el control externo del país.

Petro responde que su modelo es opuesto al de Venezuela porque busca alejarse de la dependencia del extractivismo mientras que el de Duque es el mismo.

Las apuestas en positivo por la igualdad, la democracia y la pluralidad quedan sepultadas por el término Castrochavismo, al funcionar como un epíteto que define negativamente lo característico del enemigo. El término condensa lo indeseable, ilegítimo y amenazante –el enemigo, presentado como bloque homogéneo–, que, por tanto, genera por contraste una imagen positiva del bloque homogéneo de los salvadores de la patria.

Petro responde que su modelo es opuesto al de Venezuela porque busca alejarse de la dependencia del extractivismo mientras que el de Duque es el mismo. Sin embargo, la maquinaria mediática de Duque y la inmediatez del impacto emocional del mensaje del miedo han permitido una mayor y más eficaz difusión de esta narrativa.

Esta estrategia ha forzado a Petro a jugar demasiado a menudo a la defensiva, con lo que se relega el mensaje en positivo y, con ello, la esperanza. La campaña pregunta «¿por qué no debemos temer. Rumores y verdades?» El «no», el «temer» y situar «rumores» antes que «verdades» van en esa línea defensiva desde frames negativos fijados por el adversario. El lenguaje de Petro activa las ideas y valores negativas del marco del Castrochavismo.

Al decirle al público que no piense en un elefante, éste piensa casi irremediablemente en un elefante.Ciertamente la campaña de Petro también ha sido propositiva («Hacia una era de Paz») y ha subrayado sus logros pasados, pero han abundado las expresiones en negativo. Por ejemplo, ha enfatizado la lucha contra la desigualdad más que la necesidad de construir mayor igualdad.

Ha sido habitual la inclusión de los marcos negativos de sus adversarios políticos junto a sus propios marcos positivos para fijar su posición moral, proporcionar interpretaciones causales y redefinir los problemas y las soluciones. Ambos marcos se activan, pero se da prioridad al positivo (que además aparece resaltado en otro color). Hay defensa y propuesta.

En positivo también cabe destacar el logo del corazón que pretende humanizar y mostrar la bondad y positividad de Petro y que recuerda al utilizado por Unidos Podemos en la campaña de «La sonrisa de un país» para las elecciones del 26 de junio de 2016. De hecho el símbolo del corazón ha sido utilizado en numerosas campañas, entre ellas por Hugo Chávez, el Partido Popular y Ciudadanos.

Otro aspecto a destacar de la campaña de Petro ha sido las acusaciones de fraude electoral. No es la primera vez que hay sospechas. En 2010, los seguidores de Antanas Mockus alegaron fraude electoral en la derrota frente a Santos. Respecto a las elecciones del pasado marzo al Senado, se están investigando importantes contradicciones entre lo que votaron los ciudadanos y lo que registraron los jurados en beneficio de los partidos de derechas.

Podría decirse que el éxito de Petro radica en buena medida en su posicionamiento anti-establishment en un contexto de indignación de muchos ciudadanos. Según escribe el comunicador social Jorge Gómez Pinilla:

«Petro, para bien o para mal, es quien mejor recoge hoy el sentimiento de indignación por la corrupción generalizada, por el paramilitarismo que fingió una negociación con Uribe para quedarse, por el anhelo de una paz duradera.

Y fue ese sentimiento de indignación lo que condujo a centenares de jóvenes universitarios de la señorial Popayán a cantarle la tabla al exmandatario al grito de ‘Uribe, paraco, el pueblo está verraco’, lo cual provocó que les echaran encima el Esmad para reprimir el descontento juvenil».

La última encuesta antes de las votaciones de primera vuelta predijo un 53,5% de los votos para Duque frente 43,4% para Petro en una hipotética segunda vuelta.

Petro ha criticado fuertemente estos fenómenos. En una entrevista para la revista The Nation dijo:

«¿Cómo desde el estado se pudo agenciar un genocidio? Esto tiene unos responsables políticos determinados. Uno de ellos, en mi opinión, es Álvaro Uribe Vélez, que es el gran responsable político de la expansión del paramilitarismo, el instrumento contemporáneo de toma política del estado, de narcotráfico y del genocidio en Colombia en una proporción mayor que las guerrillas».

En campaña, Petro ha combinado la crítica al sistema establecido con un discurso propositivo por la paz, la educación, la diversidad, una economía productiva y contra el cambio climático.

¿Quién ganará?

Dos visiones del mundo se enfrentan. Una cuestiona el Proceso de Paz y quiere seguir impulsando el extractivismo para fomentar el crecimiento económico. Otra propone impulsar el Proceso de Paz y transitar hacia una economía post-extractivista para combatir el cambio climático y mejorar la igualdad social. La última encuesta antes de las votaciones de primera vuelta predijo un 53,5% de los votos para Duque frente 43,4% para Petro en una hipotética segunda vuelta.

Para hacer una predicción del resultado en la segunda vuelta conviene tomar en cuenta las encuestas (aunque con cautela), la historia de Colombia donde siempre ha gobernado la derecha, los múltiples miedos inducidos en la sociedad, la más que probable compra de votos y el posible fraude electoral.

Una victoria de Petro sería posible si hubiese recibido el apoyo de Fajardo y/o de la Calle) pero es mucho más probable que venza Duque. El  probable triunfo de éste supondría un aumento de la violencia, de la desigualdad y de la agresión a la naturaleza. Pero todo es posible: hay incertidumbre, contingencia y esperanza.

Este artículo fue originalmente publicado en Amanece Metropolis . El original se puede leer aquí.

About the author

Joan Pedro-Carañana, is in the Communications Department at Saint Louis University-Madrid Campus. His doctoral research was in communication, social change and development (Complutense University of Madrid). Joan has been active in a variety of social movements and is interested in the role of media, education and culture in the transformation of societies.


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