Print Friendly and PDF
only search openDemocracy.net

El necesario “Pacto por la democracia” en Brasil

Pocas veces Brasil estuvo tan dividido sobre el futuro. Pocas veces fue tan difícil afirmar el pluralismo, la tolerancia y la convivencia con la diferencia. Ante el momento decisivo que vive el país, numerosos actores de la sociedad civil firmaron un Pacto por la democracia. Português

Cuatro ciudadanas brasileñas pasan delante del edificio Océano en Salvador de Bahía. Imagen: Francesc Badia. Todos los derechos reservados.

Brasil vive hoy una recesión democrática. El debate público se ha polarizado aún más, y hoy es más hostil. Por primera vez en los últimos treinta años tenemos candidatos competitivos que reniegan descaradamente de los valores democráticos consagrados por nuestro pacto constitucional. 

Estamos ante el desafío de enfrentarnos a importantes problemas de carácter social y económico, que tendrán un fuerte impacto en el conjunto de la sociedad y en el futuro de las nuevas generaciones. 

Necesitamos más democracia, no menos. Necesitamos elecciones limpias y representativas y un debate público de calidad, robusto e inclusivo. La voluntad de compartir esta convicción y la urgencia de sumar fuerzas para defenderla está en la raíz que ha motivado el Pacto por la Democracia, lanzado en abril de este año gracias a la acción conjunta de más de 70 organizaciones y liderazgos diversos de la sociedad brasileña.  

Viniendo de trayectorias e identidades diversas, este grupo se ha unido para contribuir a la mejora de nuestro entorno democrático. La Constitución brasileña de 1988 fue decisiva para que, durante las últimas tres décadas, lográsemos avances significativos en los campos de la salud, la educación, el género y las cuestiones raciales. Incluso en las esferas económica e institucional, Brasil ha avanzado. 

Es necesario acortar la distancia que existe entre el diseño de una "sociedad más justa, libre y solidaria", consagrado en la Constitución, y la realidad, que se resiste a transformarse. 

Esta evolución gradual, sin embargo, no fue capaz de superar la desigualdad profunda y persistente que define la estructra de nuestra sociedad, en especial la violencia que se cierne sobre los pobres, y el preocupante divorcio entre el Estado, sus burocracias, y el ciudadano. 

Es necesario acortar la distancia que existe entre el diseño de una "sociedad más justa, libre y solidaria", consagrado en la Constitución, y la realidad, que se resiste a transformarse. 

El contraste entre estas dimensiones marca la encrucijada vital que hoy nos convoca. La conciencia de los límites tendrá que inspirar la capacidad de actualizar las agendas y de proponer nuevas maneras de profundizar avances. De lo contrario, una espiral de frustración y resentimiento acabará por agotar nuestra democracia, llevándose por delante los logros acumulados en las últimas décadas. 

Junto al debate fundamental sobre el proyecto para Brasil, deben renovarse también las propias condiciones para su realización. Debemos reivindicar y reafirmar el compromiso de que la política sólo puede hacerse dentro de los marcos democráticos. Sin integridad, pluralismo, libertad, tolerancia y respeto a los derechos humanos, no hay manera de concebir ningún proyecto nacional.

En un entorno político marcado por la desconfianza y la descomposición, le corresponde a la sociedad avanzar en defensa del impulso de la ciudadanía, contraponiéndolo a la erosión en curso.

Resulta, por lo tanto, esencial responder a la llamada a favor de la representatividad y la diversidad en la vida pública, a recuperar la confianza en las reglas del juego que permitan restaurar el proyecto democrático como patrimonio común, interrumpiendo de esta manera la dinámica que ha convertido a la sociedad brasileña en conflictiva, en violenta e ingobernable. 

Más allá de las diferencias políticas esto es, y debe ser, una tarea conjunta. El momento exige de nosotros la capacidad de revitalizar, con amplitud y generosidad, el campo democrático en el país. 

En un entorno político marcado por la desconfianza y la descomposición, le corresponde a la sociedad, como en otros momentos clave de nuestra historia, avanzar en defensa del impulso de la ciudadanía, contraponiéndolo a la erosión en curso. No nos podemos permitir ir hacia adelante sin revisar los fundamentos de nuestro entorno político y de sus relaciones con la sociedad.

Sobre los fragmentos de la crisis de los últimos años y la conciencia de los riesgos de futuro, la buena noticia es que hoy existen nuevas voces. 

Habrá quienes busquen lanzarse a la política y al amplio espacio de la sociedad civil guiándose por su compromiso con valores republicanos. Esto es parte de la motivación para la creación del Pacto por la Democracia, una plataforma abierta a ciudadanos y actores de la sociedad para la acción común por la reafirmación de diálogo, la tolerancia y el pluralismo entre nosotros, la cualificación del proceso electoral de este año y la implementación de una reforma política integral efectiva que sea consecuencia de este proceso. 

Con la suma de estos tres objetivos, este grupo propone una vía para superar este momento y renovar el horizonte democrático, algo tan necesario. En lo que se refiere al primer paso, a partir de la movilización que tuvo lugar en los últimos meses, el Observatorio Electoral nació al amparo del Pacto. Con él, buscamos reunir y promover iniciativas sociales a favor de un proceso electoral mejor del que tenemos - limpio y transparente; participativo y diverso; y en el que se produzca un buen intercambio de ideas. 

El objetivo del Observatorio es sumar acciones de seguimiento de la transparencia en la financiación electoral, el impulso de campañas éticas y respetuosas en las calles y en Internet, la promoción de la diversidad en la participación y la representación política, la presentación de propuestas y el diálogo con los programas de las candidaturas en temas centrales para el país.

 En todos los frentes, debemos fortalecer la acción ciudadana ante el deber imprescindible de las elecciones, para responder al desafío de actualizar y revitalizar el espacio público. 

Paralelamente, durante el proceso electoral, el Pacto buscará la participación amplia de los actores políticos que están dispuestos a converger en torno a su compromisos esenciales reafirmando, en el ámbito partidario, por encima de las diferencias legítimas y saludables, el sentido democrático común. 

Se pretende articular a candidatos y líderes que entran por primear vez en la esfera pública o que ya cuentan con trayectorias consolidadas, identificados por la visión común de la renovación de prácticas, instrumentos y reglas para una política ética, diversa, eficaz y reconectada con los ciudadanos. 

No nos podemos permitir el lujo de seguir adelante sin revisar los fundamentos de nuestro entorno político y su relaciones con la sociedad.

Por último, aunque no menos importante, perseguimos también, desde ahora mismo, el compromiso compartido con una verdadera reforma de nuestro sistema político. Se trata de un aspecto imprescindible de la agenda del país para 2019.

Después de las elecciones, tendremos la tarea de avanzar en todas las agendas sociales, ambientales, económicas, culturales, e institucionales que desafían al país, aunque no nos podemos permitir el lujo de seguir adelante sin revisar los fundamentos de nuestro entorno político y su relaciones con la sociedad. Solo así podremos responder a las múltiples crisis de los últimos años con la grandeza y la responsabilidad debida, y salir de ellas más fuertes de como entramos. 

Con este espíritu, la imagen emblemática de una Cámara Federal bajo una lluvia de confeti, como parte de la aprobación y promulgación de la Constitución, y ante una caprichosa coincidencia histórica al cumplirse exactamente 30 años de aquello con las elecciones de este año, puede servir de inspiración para movilizar la energía y la confianza necesarias. 

No fue fácil, instantáneo o sin obstáculos alcanzar ese momento, lo sabemos bien, como no lo va a ser ahora ir más allá con éxito. Pero podemos volver a juntar, con amplitud y determinación, las fuerzas para iniciar este recorrido. Así, y sólo así, haremos democracia, haremos historia.

 (Tod@s l@s autor@s son miembros del Pacto por la Democracia).

Este arrículo fue publicado previamente en Nexo Jornal. Lea el original aquí.

About the authors

José Marcelo Zacchi es secretari general de GIFE (Grupo de Institutos, Fundaciones y Empresas) en Brasil, fundador de la Casa Fluminense, del Foro Brasileño de Seguridad Pública y del Instituto Sou da Paz. 

Mafoane Odara es máster en psicología, activista de derechos humanos, coordinadora del proyecto del Instituto Avon y miembro de las Redes de Líderes Políticos da Raps (Red de Acción Política para la sostenibilidad) y de Agora! en Brasil.

Manoela Miklos is PHd in International Relations. She is Special Assistant of the Latin America Program at Open Society Foundation.

Manoela Miklos es Doctora en Relaciones Internacionales y asistente especial del Programa para América Latina en la Fundación Open Society.

Manoela Miklos é Doutora em Relações Internacionais é assistente especial no Programa para América Latina da Fundação Open Society.

.

Oscar Vilhena Vieira director y Profesor de Derecho Fundación Getulio Vargas, Sao Paolo, Brasil, máster en Derecho por la Universidad de Columbia y Ph.D. en Ciencia Política por la Universidad de Sao Paolo. 


We encourage anyone to comment, please consult the
oD commenting guidelines if you have any questions.