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México y el futuro digital: más allá del determinismo tecnológico

A pesar de la retórica sobre un futuro digital a la vuelta de la esquina, la reforma de las telecomunicaciones adolece de falta de inversión social y educativa. English

Fuente: Pixabay, Dominio público.

El pasado 31 de marzo se ponía en marcha la primera fase de la nueva red móvil mayorista de México, Red Compartida. Con una cobertura prevista del 95% del territorio, se espera que ofrezca datos de calidad y a precio asequible a millones de personas, además de otros muchos productos y servicios digitales, para mediados de la década de 2020.

Sin embargo, a pesar de la retórica del gobierno, esta intervención carece de las inversiones sociales y educativas necesarias para hacer posible un cambio tecnológico radical en el país.

Red Compartida es una red mayorista: se establecerá por todo el país y alquilará acceso a múltiples empresas digitales, que podrán ofrecer productos y servicios a precio asequible en todo el territorio, ya que no necesitarán invertir en infraestructura.

Una empresa privada, Altán Redes, construirá y administrará la red con un contrato de arrendamiento de 20 años, pero la propiedad del espectro (90 MHz en el ancho de banda de 700 Mhz) seguirá siendo estatal.

Esta colaboración público/privada es la primera de este tipo que se da en el mundo. Para garantizar su perdurabilidad, la red utilizará tecnologías 4G LTE avanzadas y estará ya preparada para 5G.

Se trata del proyecto de telecomunicaciones más ambicioso y costoso de la historia de México, que atrae la atención de gobiernos y organizaciones internacionales. De hecho, Red Compartida logró el reconocimiento del Mobile World Congress 2016, donde México recibió un premio por esta iniciativa de liderazgo público.

La presión para llevar a cabo una reforma de las telecomunicaciones en México ha sido importante ya que, durante años, ha dominado el sector un monopolio privado.

Lo que hizo la privatización de Teléfonos de México en 1990, básicamente, fue entregar un monopolio estatal al capital privado, lo que posibilitó la aparición de magnates de las telecomunicaciones como Carlos Slim (hoy día uno de los hombres más ricos del mundo).

Y hace ya tiempo que se viene reconociendo que el mercado no funcionó bien: la privatización, presentada con mucha fanfarria y celebrada por las principales instituciones internacionales de la época, ha sido de hecho un rotundo fracaso: los mexicanos soportan las tarifas de llamada más altas de América Latina y padecen una de las mayores brechas de inclusión digital entre población urbana y rural.

Red Compartida es un mecanismo clave para reformar el mercado, mejorar el servicio al cliente y reducir el poder político y económico de personas como Carlos Slim.

Según el gobierno, la oferta de acceso móvil a Internet, fácil y a bajo precio, será el disparadero que catapultará a la economía mexicana, el sistema educativo y las relaciones sociales - la vida cotidiana en general - hacia la era digital.

Pero aunque el sistema mexicano de telecomunicaciones necesita por supuesto reformas, esta reforma en concreto - como ocurre con otras muchas iniciativas tecnológicas públicas y privadas a gran escala - ha sido impulsada por deterministas tecnológicos.

Y los deterministas tecnológicos son aquellos tecnólogos y tecnócratas que comparten la visión de que la tecnología en sí misma puede cambiar la sociedad.

Según la creencia que la tecnología es el agente de cambio determinante en cualquier escenario, ésta, una vez diseñada, solo precisa que se le dé al interruptor de "puesta en marcha" para lograr el resultado esperado.

Esta creencia en el poder transformador de la tecnología, que se difunde a través de afirmaciones hiperbólicas por parte de instituciones internacionales y expertos en marketing, ciega tanto a tecnócratas como a tecnólogos ante el hecho elemental de que toda tecnología requiere usuarios humanos y que, por consiguiente, se inserta necesariamente en un contexto social.

El poder de transformación de la tecnología depende de la matriz social, cultural y educativa en la que se introduce. Aunque tomar en cuenta esta matriz de experiencias, hábitos y conocimiento sobre la que se lanza una tecnología es quizás la parte menos "sexy" de la implementación de soluciones tecnológicas, suele ser el factor más crítico para lograr el éxito.

América Latina ha experimentado ya varias soluciones tecnológicas "de diseño" que, a pesar de las grandes esperanzas que en ellas se depositaron, fracasaron porque el diseño y la implementación no tuvieron en cuenta, precisamente, el contexto social en el que debían desplegarse – el caso del programa de ordenadores portátiles XOPO en Perú, por ejemplo.

Varios análisis de los programas de acompañamiento de Red Compartida - como México Conectado y México Digital – señalan que éstos carecen de mecanismos para impulsar el desarrollo de las habilidades digitales de los sectores de población más desfavorecidos por las disparidades sociales y económicas actuales.

Estudios a largo plazo destacan que la educación digital y las iniciativas de formación, aunque suelen lanzarse con mucho entusiasmo, dejan muy pronto de tener interés político y terminan disponiendo de recursos insuficientes.

Esto hace que los programas tiendan a ser selectivos en cuanto a los servicios que ofrecen y se dirijan a la población más fácilmente accesible o que requiere menos inversión por persona.

Los escolares de las zonas urbanas son los que más se benefician de estas iniciativas, que suelen centrarse en la digitalización de recursos educativos y el uso de métodos de enseñanza en línea.

Sin duda, es importante ofrecer oportunidades para que las generaciones más jóvenes desarrollen habilidades digitales, pero no debería hacerse a costa de las generaciones no tan jóvenes, de las poblaciones rurales y de aquellos con niveles bajos de educación formal, que ya se encuentran excluidos de otras oportunidades sociales, económicas y políticas. La esfera digital debe verse como una oportunidad para integrarles, y no debería exacerbar su exclusión.

Red Compartida pondrá a disposición de los que ya tienen cierta capacitación digital toda una nueva esfera de productos y servicios. Gran parte del discurso de marketing y de la retórica que rodea el proyecto sugieren (en tono nacionalista) el advenimiento de una nueva era de innovación digital mexicana.

Por supuesto, considerando la proximidad de las elecciones federales (verano de 2018) y el estado agrio de las relaciones de México con Estados Unidos, a una intervención a gran escala como ésta se le sacará todo el capital político posible.

Pero la nueva era podría acabar beneficiando únicamente a los actores ya presentes en el mercado, principalmente a las corporaciones multinacionales con sede en Estados Unidos, que poseen los recursos financieros necesarios para lanzar a gran escala y en poco tiempo productos y servicios digitales de marca, ya  empaquetados.

Además, irónica y lamentablemente, da la casualidad que esta iniciativa se produce en un momento en que el regulador de telecomunicaciones de México está intentando cerrar el único proveedor indígena de servicios de internet sin fines de lucro del país.

Los tecnócratas y tecnólogos que sueñan con convertir a México en el "tigre económico azteca" deberían leer Lo que la ciencia, la tecnología y la innovación representan para África (2017), de Clapperton Chakanetsa Mayhunga, libro en el que se analizan los entornos sociales y culturales (algunos promovidos por el Estado, otros más orgánicos) que han posibilitado la apropiación de las tecnologías móviles y digitales en África en los últimos años.

Cabe señalar que los investigadores y pensadores cuyas contribuciones se recogen en esta obra (junto con las de otros en América Latina, como Edén Medina, Ivan da Costa Marques y Christina Holmes) desarman el mito del determinismo tecnológico.

Para que las intervenciones a gran escala tengan éxito, argumentan, deben abarcar la apropiación de la tecnología introducida y no únicamente su uso pasivo – para lo que se requiere un conocimiento profundo de los fundamentos educativos, sociales y culturales que influyen en el uso y la adopción de las tecnologías.

Introducir una tecnología precisa de una inversión sostenida y de tiempo de cultivo. No existe ningún día D en que se le da a un interruptor, sino varios años de dedicación cultivando habilidades y hallando oportunidades para hacer que las tecnologías digitales sean útiles para las personas en su vida diaria.

Tras la puesta en marcha de Red Compartida en marzo de 2018, México se sitúa en el umbral de una nueva era de las telecomunicaciones con el desmantelamiento del monopolio existente y la liberación de nuevas fuerzas sociales y económicas en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Es de esperar que, con el tiempo, el gobierno mexicano (y también los gobiernos e instituciones de otros países) llegue a reconocer que es necesario un enfoque más integral de las intervenciones tecnológicas y que la actual reforma de las telecomunicaciones no termine siendo otra triste historia de intervención fallida.

About the author

Joseph Brandim-Howson holds a degree in Politics and International Relations. He has worked in the digital technology sector and is currently completing an AHRC funded postgraduate Studentship at the Centre of Latin American Studies of the University of Cambridge.

Joseph Brandim-Howson es licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Ha trabajado en el sector de la tecnología digital y actualmente está completando un postgrado en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Cambridge. 

 

 


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