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De la crisis puede surgir un nuevo Brasil

Un país como Brasil no puede darse al lujo de perder más tiempo en el intento de hacer girar la rueda de la historia hacia atrás. Deben celebrarse elecciones directas ya. Português 

Manifestación contra Michel Temer en la Avenida Paulista, ene n São Paulo. 21 de mayo, 2017. NurPhoto/SIPA USA/PA Images. Todos los derechos reservados.

La situación del gobierno Temer es irreversible y, por este lado, no hay nada que lamentar. Un país como Brasil no puede permitirse el lujo de perder más tiempo en este intento de hacer girar la rueda de la historia hacia atrás, dilapidando sus oportunidades de desarrollo, y de convertirse en una nación respetada, cohesionada socialmente, con una economía fuerte, con un alto nivel de justicia social y en condiciones de garantizar la calidad de vida de todos los brasileños y brasileñas, sin destruir su patrimonio natural.

Al mismo tiempo, dicho futuro prometedor exige que la sociedad brasileña se enfrente a muchos desafíos, tanto en el campo político, como en el campo económico, social y cultural. La crisis generada por la ruptura de las normas que sostienen nuestra democracia y el apartamiento – sin las condiciones legales previstas –, de la Presidenta Dilma, elegida con más de cincuenta y cuatro millones de votos, es una lección más de que solo en democracia tendremos las condiciones para superar los desafíos a los que nos enfrentamos.  

Un futuro prometedor exige que la sociedad brasileña se enfrente a muchos desafíos, tanto en el campo político, como en el campo económico, social y cultural.

Un país con una de las mayores economías del mundo y con más de doscientos millones de habitantes no puede ser gobernado por un presidente ilegítimo, impopular y que está involucrado en delitos que van desde corrupción pasiva y activa hasta la prevaricación, la obstrucción de justicia, e incluso el favorecimiento de grupos que asaltan el patrimonio público – entre otros. Y las falsas alternativas, pensadas para dar continuidad al proceso golpista – después de la salida de Temer— no resolverían ningunos de los graves problemas a los que nos enfrentamos. Seguramente, seguiríamos viviendo con un alto nivel de inseguridad e inestabilidad, y ante el riesgo permanente de convulsión social.

La democracia no se sustenta en las sombras. Por lo tanto, lo mejor es extirpar el problema lo más rápido posible, enfrentarse a la luz del día, a través del debate, de la participación y del voto. Pero no solo para resolver las cuestiones coyunturales, sino también todas aquellas conspiraciones y corruptelas que desde hace siglos expolian la nación. Los golpistas rompieron nuestra Constitución y pisotearon el hasta entonces vigente pacto político/social. ¡Hay que renovarlo!  

La democracia no se sustenta en las sombras.

Los periódicos de hoy informan de que hay un movimiento político que persigue el diálogo y la búsqueda de una salida menos traumática para el país. Se trata de un intento, aún tímido, de buscar un nuevo pacto político y social. Soy de los que opina que el Partido de los Trabajadores (PT) debe ser uno de los principales protagonistas y uno de los interlocutores más activos en este debate, buscando atraer a todo el campo democrático y de izquierda hacia este pacto político y social mínimo, para de esta forma podamos salir del atolladero en el que los golpistas metieron al país. Obviamente, ¡representando y defendiendo la propuesta de elecciones directas y generales ya!

Difícilmente el PSDB y sus congéneres, con Fernando Henrique Cardoso al frente, aceptarán la celebración de elecciones directas para sustituir a Temer. Son conscientes de que en un enfrentamiento electoral no tienen nombres ni mucho menos un proyecto de desarrollo para el país que pueda ser aceptado por la mayoría de los brasileños. Para ellos, lo más ventajoso sería celebrar unas elecciones indirectas - y controladas - del nuevo presidente, dentro de un Congreso servil y metido hasta el cuello en la corrupción y en el golpe. En estas condiciones, tendríamos un gobierno de continuidad golpista, que mantendría el proyecto que Temer intenta aplicar y que, llevaría el país hasta las elecciones de 2018 en unos términos que les son más favorables.

Pero son los intereses del país los que deben prevalecer, por lo que el pacto debe perseguir el restablecimiento pleno de la democracia, recuperando y fortaleciendo los institutos democráticos que fueron atropelladas por el golpe y avanzando hacia la adopción de otros mecanismos de protección de la democracia de los que aún no disponemos.

Otro punto de negociación debe ser la inmediata paralización de las reformas y la instalación de un proceso abierto de debate con la sociedad, acompañado de una auditoría de las cuentas de la seguridad social, como propuso el Senador Paim, con el pago imediato de las deudas bilaterales por parte de los grandes incumplidores. Es necesario incorporar a nuestra propuesta la anulación de todos actos que pongan nuestra soberanía en riesgo, que abren la puerta a que nos transformemos en una nación subalterna.

Son los intereses del país que deben prevalecer, por lo que el pacto debe perseguir el restablecimiento pleno de la democracia.

Este pacto nacional no puede prescindir de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que se dedique exclusivamente a revisar la Constitución de 1988. Los miembros de esta asamblea deben ser elegidos fuera del Congreso Nacional, posibilitando la participación de candidatos con o afiliación partidista. Nuestra fuerza en este intento de construir un pacto político depende de la fuerza de representación, – de la voluntad de la mayoría de la población – por lo tanto, paralelamente a los diálogos, las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda necesitan actuar para que haya una fuerte movilización social y para que la ciudadanía comprenda lo que se está defendiendo. Debe haber una gran presencia en las calles.

En este proceso de diálogo con otras fuerzas y para movilizar la ciudadanía, hay que ir construyendo y organizando un Frente Amplio Democrático, que garantizará el máximo de participación popular posible para inviabilizar los intento de reinventar el golpe y de dominar los constituyentes, e así impedir que los intereses económicos se superpongan a los derechos de la mayoría del pueblo brasileño. Una constituencia participativa y verdaderamente ciudadana deberá consolidar los derechos ya conquistados y avanzar hacia la reducción de las desigualdades económicas, sociales y culturales en nuestro país.

También necesitamos dar una respuesta inmediata, sostenible y no excluyente a la crisis económica. Dicha propuesta para nuestra economía tiene que ser pactada con todos los sectores económicos, con los trabajadores y con la sociedad en general. Detener el golpe requiere establecer procesos abiertos y participativos, que permitan a Brasil una salida creativa, justa y democrática de esta crisis tan profunda.

También necesitamos dar una respuesta inmediata, sostenible y no excluyente a la crisis económica.

El ciclo de prosperidad acompañado por inclusión social vivido por el país en la primera década y media del Siglo XXI, y los traumas derivados de un modelo histórico y criminal de dominación del Estado brasileño por grupos económicos sin escrúpulos, son dos polos opuestos de una experiencia nacional que nos puede guiar en la construcción de una nuevo Brasil. ¡Vamos, Brasil!

About the author

Jucá Ferreira es sociólogo, ambientalista y ex-ministro de Cultura de Brasil.

Jucá Ferreira é sociólogo, ambientalista e ex-ministro da Cultura do Brasil.

Jucá Ferreira is a sociologist, an environmentalist and a former Minister of Culture of Brazil.

 


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