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En Paraguay, los pueblos indígenas tienen los ojos puestos en el Congreso

Paraguay está saltándose el derecho nacional e internacional - y anda rezagado en relación a sus vecinos- al no garantizar representación política a los descendientes de su población precolombina. English

Gerónimo Alaya durante su campaña electoral. Fuente: Facebook (Movimiento Indígena Plurinacional). Dominio Publico.

El 22 de abril, Mario Abdo Benítez, conocido como Marito, del conservador Partido Colorado (que ha gobernado el país durante 66 de los últimos 70 años), ganó las elecciones presidenciales en Paraguay por un estrecho margen.

Es hijo del que fuera secretario privado del dictador Alfredo Stroessner y cofundador (junto con el nieto del dictador) del Movimiento Paz y Progreso. Según él, Stroessner hizo mucho por el país, aunque dice que no comparte su historial en materia de derechos humanos.

En vísperas de las elecciones de este mes de abril, la plaza frente al Congreso en Asunción estaba ocupada por chabolas hechas de tablas de madera y lonas alquitranadas. Sus ocupantes, varias docenas de familias indígenas Ava Guaraní que habían huido de sus hogares en Itakyry, al este del país, por la presencia de hombres armados a sueldo, según ellos, de agricultores de soja brasileños.

"En estos momentos, no nos fiamos de nada ni de nadie », decía Hugo Ramírez, uno de ellos, mientras los niños de la comunidad jugaban en el suelo allí cerca. "El gobierno y los principales candidatos son todos corruptos". 

Los conquistadores españoles navegaron río arriba a hasta este país sin salida al mar hace 500 años y se establecieron en él usando la violencia contra los moradores y también a través de matrimonios mixtos.

Hoy, aproximadamente ocho de cada diez de los siete millones de habitantes de Paraguay hablan guaraní - para muchos, es su primer idioma y en conversación suelen mezclar alegremente sus vocales cambiantes con el español.

En Paraguay se da una violación del derecho nacional e internacional - y un retraso en relación a sus países vecinos - al no garantizarse la representación política de los descendientes de su población precolombina.

Pero esta acusada herencia mestiza no se ha traducido en respeto hacia los pueblos indígenas que todavía quedan en Paraguay – a saber: unas 120.000 personas, alrededor del 2% de la población, de 19 etnias distintas. "Viven en un estado precario", afirma Oscar Ayala Amarilla, jefe de la ONG de derechos humanos Codehupy y ex funcionario de asuntos indígenas.

Casi el 80% viven en la pobreza. Muchos carecen de títulos de propiedad de sus tierras y no tienen acceso a hospitales, escuelas y agua potable. Y la deforestación amenaza con extinguir el modo de vida de las familias ayoreo, en aislamiento voluntario en el Chaco. 

Oscar Ayala añade que en Paraguay se da una violación del derecho nacional e internacional - y un retraso en relación a sus países vecinos - al no garantizarse la representación política de los descendientes de su población precolombina.

Países como Bolivia y Colombia han dispuesto que las comunidades indígenas tengan escaños reservados en sus cámaras legislativas para garantizar que se escuche su voz. En Paraguay, sin embargo, "ninguna persona indígena se ha sentado nunca en el Congreso".

Gerónimo Ayala tiene 37 años y se propone cambiar todo esto. Pertenece al pueblo Mbyá Guaraní, lidera el Movimiento Plurinacional Indígena de Paraguay (MPIP), de reciente formación, y fue cabeza de lista para el Senado en las elecciones del pasado 22 de abril. "Los pueblos indígenas deben estar dentro de las estructuras políticas", dice. "Esta es la clave, este es el secreto".

Activista desde siempre y arquitecto cualificado, su discurso es articulado y a la vez directo. Considera que el MPIP, que presentaba candidatos a nivel nacional y local, tiene que construir alianzas para ejercer presión y que el Estado cumpla y dé a los pueblos indígenas "lo que es de ley". 

"No nos identificamos con ninguna ideología", decía en campaña. "Lo que necesitamos es trabajar en armonía. Tenemos que lograr obtener el voto de cada senador". 

El MPIP reúne a 12 pueblos distintos y presentaba candidatos no indígenas en sus listas. Defiende la necesidad de un gasto más transparente en salud y educación y el retorno de las tierras ancestrales. Quiere conseguir endurecer y hacer cumplir las leyes de deforestación, ya que "a medida que avanzan los grandes cultivos, se está perdiendo el pulmón verde de Paraguay".

El MPIP aspira también a poner a los paraguayos cara a cara con sus compatriotas desconocidos. "Aquí somos 19 pueblos indígenas distintos, 19 idiomas diferentes. Los Maká, los Aché, los Ayoreo, los Maskoy, los Nivaclé, los Angaités, Sanapanás, Pueblo Qom, Paí ... Pero aquí la gente ni siquiera quiere hablar en guaraní. Prefieren hablar en francés o en inglés. ("No tengo nada en contra del inglés", bromea. "Intenté aprender, pero nunca terminé el curso").

Durante la campaña no tenía inconveniente en reconocer que los pueblos indígenas de Paraguay tienen todo el derecho a no darle su apoyo y que algunos vean más beneficioso a cotro plazo alinearse con los partidos tradicionales.

Por otra parte, Ayala era muy consciente de los riesgos que implicaría de tener un solo senador – que es a lo máximo que aspiraba el MPIP en estas elecciones - en una cámara que es conocida por su disfuncionalidad y corrupción. "Sabemos con quién nos enfrentamos allí", decía. 

"El gran reto para Ayala será tener que navegar en un sistema político muy complejo sin comprometer sus promesas políticas", aseguraba Claudia Pompa, analista política. "Es algo totalmente inaudito hasta la fecha en Paraguay". 

"Es por eso que vamos a crear un consejo nacional de pueblos indígenas, para que nos acompañen y nos impidan perder esta visión", prometió Ayala.

Una lucha cuesta arriba

Esta vez, sin embargo, los esfuerzos de la campaña autofinanciada del MPIP – tuvieron que recaudar fondos organizando barbacoas y no dispusieron de suficientes recursos para contratar ni una sola valla publicitaria - no consiguieron llevarles al Congreso. 

A pesar de las desventajas, Ayala y el MPIP obtuvieron más de 25.000 votos en todo el país, superando a políticos de carrera y asegurándose la mitad de los votos necesarios para obtener un escaño en el Senado.

El MPIP, junto con Alianza, la principal coalición opositora, y otras formaciones más pequeñas, denunció irregularidades generalizadas en el recuento de votos. El tribunal electoral de Paraguay respondió que era responsabilidad de los partidos apostar observadores en cada uno de los 21.000 colegios electorales del país para vigilar los intentos de fraude.

Pero el presidente saliente, Horacio Cartes, vetó en noviembre la propuesta de que las mesas electorales almacenaran las boletas después del recuento en lugar de destruirlas, lo que habría permitido comprobar las acusaciones de fraude.

Y sin embargo, a pesar de las desventajas, Ayala y el MPIP obtuvieron más de 25.000 votos en todo el país, superando a políticos de carrera y asegurándose la mitad de los votos necesarios para obtener un escaño en el Senado.

Sobre esta base, y con más difusión y más tiempo de preparación, el MPIP espera romper el techo electoral en 2023. Según Ayala, el movimiento está ya logrando restaurar la fe en las comunidades indígenas y forzar a que los partidos tradicionales ofrezcan mayor espacio a  candidatos indígenas e incluyan medidas políticas específicas en sus programas. 

Si el movimiento indígena autónomo logra superar los obstáculos para llegar a sentarse en el Congreso, "será un fenómeno que nadie podía haber imaginado", afirma con entusiasmo Ayala.

About the author

Laurence Blair is a freelance journalist based between the UK and Latin America, with a focus on history, politics and human rights. 

Laurence Blair es un periodista independiente con base en el Reino Unido y América Latina, especializado en temas de historia, política y derechos humanos. 

 


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