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¿Cuán libre es la libertad en Angola?

Henrique Luaty y otros activistas fueron detenidos, acusados de planear el derrocamiento del presidente de Angola. Su huelga de hambre, y un creciente apoyo público internacional, pueden forzar una transición democrática. English. Português

Luaty Beirao. RTP. All rights reserved.

El pasado 20 de junio quince activistas angoleños fueron detenidos en Luanda, acusados de atentar contra el orden público y la seguridad nacional. Diecisiete de ellos fueron acusados formalmente de planear un golpe de estado para derrocar el presidente de Angola, si bien dos, Laurinda Gouveia y Rosa Conde, fueron puestas en libertad provisional.

Según el fiscal general, el general João María de Sousa, estos actos constituyen “un crimen contra la seguridad nacional de Angola y, consecuentemente, un delito de rebelión”. Por sus palabras podríamos pensar que los activistas distribuían armas o planeaban una revolución violenta. Nada más lejos de la realidad: intercambiaban opiniones sobre dos libros, una actividad aparentemente prohibida en Angola a día de hoy.

Las obras en cuestión son “From Dictatorship to Democracy, A Conceptual Framework for Liberation”, publicado por Gene Sharp en 1994, en la cual el autor propone una serie de acciones de desobediencia no-violenta para emplear contra regímenes autoritarios; y un libro de un profesor universitario Angoleño, Domingos da Cruz, titulado “Herramientas para destruir al dictador y evitar una nueva dictadura”.

Este incidente dice mucho sobre el estado de la “democracia” angoleña. Intercambios de opiniones o análisis críticos de cualquier tipo son hoy categorizados como “actos de rebelión”. El ejercicio de los derechos básicos, tales como el derecho a protestar, a asociarse o simplemente a leer han sido gradualmente equiparados a actos subversivos. No se respetan los trámites procesales, los registros policiales se llevan a cabo sin ningún tipo de autorización legal ni base jurídica alguna. En resumen: el gobierno angoleño está gobernando a través del miedo.

Huelga de hambre

Obviamente, los activistas refutaron las acusaciones: sus reuniones tenían como único objetivo el  discutir de política y de la falta de protección de los derechos humanos en Angola. Habiendo estado detenidos preventivamente más de 90 días (20 junio-20 septiembre), el límite legal según la ley angoleña, el día 21 de septiembre algunos de los activistas, entre ellos Luaty Beirão, empezaron una huelga de hambre para llamar la atención internacional sobre su detención ilegal.

Luaty no es un desconocido, sino todo lo contrario. Es hijo de João Beirão, una figura importante dentro del régimen Angoleño, quien fuera el primer director de la Fundación Eduardo dos Santos (FESA). Acusado por muchos de ser un “hijo del régimen”, Luaty suele decir que piensa por sí mismo, y que las actuaciones de su padre no son las suyas.

Una vez que la fecha del juicio fue señalada para el día 16 de noviembre, la mayoría de los activistas abandonaron la huelga de hambre. Luaty Beirão no lo hizo, por entender que la situación no había cambiado. Todos los activistas permanecían detenidos y el régimen rechazaba respetar sus derechos fundamentales. 

De hecho, el tribunal supremo de Angola aún no ha resuelto la petición de habeas corpus presentada el día 30 de septiembre, a través de la que los activistas exigen ser llevados ante los tribunales. Los activistas alegan que su detención carece de cualquier fundamento legal.

Tras 36 días, y en un débil estado de salud, Luaty dio por terminada su huelga de hambre. En una carta remitida a los otros activistas y publicada el día 27 de octubre, Luaty argumenta que la huelga de hambre fue una victoria, y que las acciones de los 17 activistas que se enfrentaron al régimen de Dos Santos han colocado a Angola en el radar de la comunidad internacional. Como dice en la carta, “la máscara ha caído”.

Prisioneros de Conciencia

Menongue, Angola. Demotix. All rights reserved.

El caso de los activistas fue conocido internacionalmente y desencadenó una serie de manifestaciones lideradas por organizaciones no gubernamentales. Amnistía Internacional , por ejemplo, lanzó una campaña contra lo que es sin lugar a dudas una violación de los derechos humanos. Diversas organizaciones en todo el mundo exigen a Angola que las detenciones arbitrarias de opositores políticos, el asedio a periodistas y la intimidación de los activistas terminen, al mismo tiempo que defienden que el derecho a la libertad de expresión, a la libertad de asociación y a la libertad de reunión sean respetados. 

La sociedad civil Portuguesa también sigue de cerca el asunto. En una carta abierta dirigida al Ministro de Asuntos Exteriores, varios intelectuales, artistas y personalidades políticos, tanto nacionales como internacionales, piden una solución. Exigen que el gobierno Portugués actúe en conformidad con los derechos humanos y presione a Angola para poner fin a la detención ilegal de Luaty Beirão y de los otros activistas.

Argumentan que Portugal tiene una obligación en relación a Luaty, una vez que él mismo no es únicamente ciudadano angoleño, pero también portugués. Según los firmantes de la carta, el Estado portugués tiene la responsabilidad “ética, moral y constitucional” de proteger a sus ciudadanos. Recordando que los derechos humanos no pueden estar supeditados a las relaciones diplomáticas o a las ideologías políticas, la carta subraya que Portugal no puede comportarse como un testigo silencioso ante lo que los firmantes consideran que se trata de “detenciones políticas”. 

En esta línea, Pilar del Rio, presidenta de la Fundación José Saramago, también dirigió una carta al Presidente de Angola pidiéndole en su momento que salvara la vida de Luaty Beirão y que protegiera la libertad de expresión de los otros 14 activistas actualmente encarcelados.

Se convocaron vigilias en Lisboa y Oporto para el día 21 de octubre (convocadas por la organización LAPA, “Libertad para los presos políticos en Angola”) bajo el grito de “Libertad Já” (Libertad Ya). En Angola, mientras tanto, fueron prohibidas una serie de manifestaciones en apoyo de los activistas y en contra de José Eduardo dos Santos, una vez que, según las autoridades, supondrían un “peligro para el orden público”.

Derechos Humanos por encima de la Soberanía

Wikipedia Commons. Some rights reserved.

Portugal le ha otorgado al régimen angoleño lo que más necesitaba: una imagen de respetabilidad. Es cierto que este caso implica lazos históricos, económicos y culturales que no son fáciles de eludir. Obviamente, la dependencia económica de Portugal en relación al petróleo angoleño y otras “commodities” empeora las cosas.

Sin embrago, el argumento que defiende que la soberanía de un Estado le concede un salvo-conducto para violar los derechos humanos no es defendible hoy por hoy, pese a los múltiples casos de violaciones que siguen teniendo lugar en diversas partes del mundo.

Los derechos humanos son universales y los prisioneros políticos son prisioneros políticos. Aquí, en Angola, y en cualquier parte del mundo. Las implicaciones políticas de este caso son inevitables y Portugal no puede escapar a sus responsabilidades.

Los lazos históricos entre Portugal y Angola no son escusa. En realidad, tales lazos deberían reforzar el compromiso de Portugal de asegurar que Angola deje atrás décadas de kleptocracia. Portugal tiende a confundir respecto con servilismo. Una cosa es respetar la soberanía de Angola, otra es colocarla por encima de la dignidad de sus ciudadanos, y en este caso, por encima de la responsabilidad de Portugal de proteger sus ciudadanos, tanto a nivel doméstico como internacional. Ésta no es sólo una obligación moral, sino también una responsabilidad diplomática.

Una verdadera Democracia

Presidente de Angola, José Eduardo dos Santos. Wikimedia Commons.

Luaty Beirão y sus compañeros, conocidos por mucha gente como los “hijos del régimen”, han logrado algo nunca visto en la historia de Angola: colocar al régimen (local e internacionalmente) bajo escrutinio público. Lo que al principio no era más que una ola de solidaridad se ha convertido en un verdadero movimiento en defensa de la democracia.

El régimen angoleño se ha equivocado al pensar que podría controlar las personas a través de las armas. Esto no funcionó durante el colonialismo. Seguramente tampoco funcionará ahora. La falta de memoria histórica, juntamente con el rechazo de valores como la libertad y la justicia, han creado no uno, sino millares de revolucionarios. Como escribió Luaty en su carta, “esta vez los angoleños luchan, pacíficamente, por una verdadera transformación social”.

Gene Sharp escribe en su libro que “la frase tantas veces pronunciada que dice que la libertad no es gratis tiende a reflejar la realidad. Ninguna fuerza externa vendrá para dar a los oprimidos la libertad que tanto añoran. Las personas tienen que aprender a obtener dicha libertad ellas mismas. Fácil no es.

Los activistas en Angola han hecho suya esta idea. Usaron el autosacrificio y acciones no violentas y pagaron un elevado precio por la libertad. Sin embargo, no deberían soportar en solitario el coste de algo a lo que todos tenemos derecho. En un mundo globalizado e interdependiente, la soberanía tiene que tener límites. Y esos límites incluyen tanto los valores democráticos como los derechos humanos.

Las acciones de Luaty Beirão serán calificadas por muchos como un gesto romántico que no cambia nada. Sin embargo, por primera vez desde 2002, el consenso alrededor de José Eduardo dos Santos se tambalea. Diversas campañas internacionales están sensibilizando a la comunidad internacional sobre la verdadera naturaleza de la democracia en Angola. Los prisioneros políticos están siendo reconocidos como tales y el MPLA pierde poco a poco el control sobre los corazones y las mentes de los angoleños.

Las manifestaciones en Luanda están siendo prohibidas o reprimidas, y sin embargo soplan vientos de cambio. Protestas en Lisboa, el eco internacional creado por la huelga de hambre de Luaty y la declaración conjunta de la oposición Angoleña exigiendo la liberación de los 15 activistas. constituyen señales de que la conciencia de Angola está cambiando. Treinta y seis días de huelga de hambre, uno por cada año de Eduardo dos Santos en el poder, abrieron las puertas a una transición pacífica que pocos pensaron que fuera posible.

Como demuestran las acciones de Luaty Beirão, y contrariamente a lo que muchos aun piensan en África, las ideas y las acciones no violentas pueden cambiar el destino de un país. El velo superficial de respetabilidad y compromiso con los valores democráticos que Angola afirmaba atesorar ha sido levantado, y su verdadera naturaleza ha sido expuesta. La comunidad internacional debería tomar nota.

El año 2015 marca las celebraciones de los 40 años de la independencia de Angola. Esperemos que Angola, y los angoleños, celebren no solo haber dejado atrás su pasado colonial, sino también la libertad de Luaty Beirão y de los demás prisioneros de conciencia. Siendo optimistas, este sería el primero paso en dirección a un nuevo amanecer en Angola. Un amanecer que venga acompañado de una verdadera democracia.

Todo el mundo está mirando a Luanda. Y a Lisboa. Y ya va siendo hora.

About the author

Manuel Serrano holds a Bachelor’s degree in Law from ESADE Business and Law School and a Master´s degree in International Relations from the Barcelona Institute for International Studies (IBEI). He is an international affairs analyst, journalist and editor. He worked as Junior Editor at openDemocracy (2015-2017) and currently is freelance correspondent in Lisbon.

Manuel Serrano es licenciado en Derecho por la ESADE Business and Law School y Máster en Relaciones Internacionales por el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI). Es analista político, periodista e editor. Trabajó como Editor Asistente en openDemocracy (2015-2017) y actualmente es corresponsal freelance en Lisboa.

Manuel Serrano é licenciado em Direito pela ESADE Business and Law School e completou o Mestrado em Relações Internacionais no Instituto Barcelona de Estudos Internacionais (IBEI). É analista político, jornalista e editor. Trabalhou como Editor Júnior na openDemocracy (2015-2017) e actualmente é correspondente freelance em Lisboa.


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