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Ayotzinapa tres años después: nueva luz, pero pocas respuestas

La reconstrucción de los eventos que rodearon la desaparición de los 43 estudiantes mexicanos ha evidenciado los errores cometidos por las autoridades. Tristemente, parece que nunca llegaremos a saber lo que sucedió de verdad. English

Crédito: Forensic Architecture.

El tercer aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa (denominados popularmente como “normalistas”) en Iguala, Guerrero, México, ha llegado, y ha traído consigo nuevas revelaciones.

La agencia Forensic Architecture, con sede en Londres, que realiza investigaciones para fiscales internacionales, organizaciones de derechos humanos y grupos de justicia política y ambiental, ha reconstruido los acontecimientos del 26 y 27 de septiembre de 2014, presentándolos a través de una herramienta digital forense, puesta al servicio de las familias de las víctimas, de los investigadores y del público en general, para promover la investigación sobre este caso. La plataforma interactiva presenta un relato vívido, que muestra la presencia de agentes federales y estatales en la vecindad de Iguala en el momento en que los 43 estudiantes desaparecieron.

FA ha reconstruido digitalmente los acontecimientos del 26 de septiembre de 2014, cuando cerca de 100 normalistas fueron atacados en la ciudad de Iguala, Guerrero, por la policía local en colusión con organizaciones criminales. Numerosos brazos del aparato de seguridad mexicano participaron (o fueron testigos) de los acontecimientos, incluyendo a policía estatal y federal y al ejército. Cinco personas, entre ellas dos estudiantes y un menor de edad, murieron cuando los agentes abrieron fuego contra los autobuses, y otro estudiante fue hallado muerto más tarde, mostrando señales de tortura en su cuerpo. Cuarenta estudiantes más resultaron heridos en el tiroteo, y otros 43, simplemente, desaparecieron.

Las principales fuentes de evidencia que usó la FA son los informes producidos por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), creado en noviembre de 2014 mediante un acuerdo entre la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Estado mexicano y representantes de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa – cuyas conclusiones identifican varias brechas en las investigaciones oficiales y plantean varias preguntas, que todas el gobierno ha optado por ignorar.

El GIEI descubrió que hubo nueve ataques separados entre ese viernes y el sábado en diferentes lugares. Esto muestra el alcance y la magnitud de la operación, que simplemente no coincide con la narrativa de las autoridades. Además, la participación de diferentes departamentos policiales, incluyendo municipales, civiles y federales muestra un nivel de coordinación que sugiere que hubo participación del nivel central o federal. Aunque todo sigue siendo muy confuso, la reconstrucción de los acontecimientos de la FA arrojó nueva luz sobre los oscuros acontecimientos de esa noche.

La reconstrucción de Forensic Architecture 

Foto: Isabel Sanginés/SomosDelMedio.Org (Flickr). Algunos derechos reservados.

FA destaca cinco deficiencias importantes en las investigaciones oficiales. En primer lugar, la versión de los hechos que la Procuraduría General de la República (PGR) presentó ante el tribunal no se corresponde con las pruebas. Esta versión confunde lugares, suprime escenas y eventos relevantes, confunde los tiempos, y presenta eventos que son físicamente imposibles de haber ocurrido de la manera descrita por los fiscales, por nombrar sólo algunas contradicciones.  

Hasta el día de hoy, el PGR continúa defendiendo esta versión de los hechos, presentados por última vez ante un juez en diciembre de 2014. Esta versión de los acontecimientos es tan insostenible que Forensic Architecture sostiene que "muchos de los acusados fácilmente podrán revertir eventualmente las acusaciones", lo que significa que, según el informe, " la negligencia de la investigación puede propiciar que el caso Ayotzinapa quede impune". La agencia también encontró que el PGR obtuvo confesiones y declaraciones a través de métodos cuestionables, como la coerción, que no sólo viola los derechos humanos, sino que también evita que surja la verdad.

En segundo lugar, el PGR no pudo interrogar adecuadamente al agente de la inteligencia militar que reportaba al comandante del 27º Batallón del Ejército Mexicano, con sede en Iguala, y que presenció el ataque principal contra los estudiantes durante casi una hora, incluso tomando videos y fotos. La evidencia reconstruida por FA muestra que el agente estaba en el lugar y hora exactos en los que se encontraba el "quinto autobús". El último informe de GIEI descubrió que el centenar de estudiantes viajaban en un convoy de cinco autobuses, aunque el "quinto autobús", inexplicablemente, desapareció de los expedientes oficiales en algún momento durante la investigación. FA también descubrió que el agente de la inteligencia militar huyó de la policía municipal de Iguala, abandonando una motocicleta tras él. El informe sostiene que el Ejército Mexicano volvió a la escena para recuperar la motocicleta usada irregularmente por el agente, y no para buscar a los estudiantes desaparecidos.

En tercer lugar, el informe de la FA sostiene que, al igual que el agente de inteligencia militar y los oficiales de la Policía Federal, el coordinador regional de la Policía Ministerial Estatal de Guerrero también estaba presente en el momento en que los estudiantes desaparecieron. Esta información es relevante dada la supuesta función de la Policía Ministerial en la violenta persecución de las víctimas supervivientes de los ataques. Además, la Policía Ministerial ha sido acusada públicamente de tener vínculos con organizaciones del crimen organizado, así como con la policía de Iguala, alegaciones que no han sido debidamente investigadas.

Además, Forensic Architecture fue capaz de reconstruir el campo visual que muestra un testigo nunca identificado por el PGR. Ni la Procuraduría General de la República ni la Procuraduría de Guerrero solicitaron oportunamente las imágenes gravadas por las cámaras de seguridad instaladas en los muros exteriores del Palacio de Justicia, lo que podría haber representado una valiosa prueba. Más adelante, el Tribunal Superior de Justicia destruyó las filmaciones.

Por último, la Arquitectura Forense señala que la necesidad de aclarar lo ocurrido en el "Crucero de Santa Teresa", donde un sexto autobús que transportaba jugadores de fútbol de un equipo de Chilpancingo, que no tenía nada que ver con la Escuela Normal de Ayotzinapa, también sufrió un ataque mortal esa noche mientras intentaba salir de Iguala. A pesar de que este ataque no esté directamente relacionado con el ataque a los normalistas, aclarar lo sucedido ahí es clave para entender por qué la policía local estaba deteniendo los autobuses en Iguala. Los eventos alrededor de este sexto autobús podrían contener información valiosa sobre los motivos y la causa subyacente detrás de los ataques. 

Pero, ¿por qué? 

Gente unida por los 43 estudiantes desaparecidos. Foto: Semoan80, CC BY-SA 4.0.

Una investigación del gobierno llegó pronto a la conclusión de que la policía – en connivencia con una pandilla de narcos locales llamada Guerreros Unidos – confundió a los estudiantes con miembros de otra pandilla de narcos conocida como Los Rojos. Pero los mexicanos se mostraron escépticos ante este hallazgo. El ex fiscal general mexicano Jesús Murillo Káram determinó que los 43 normalistas fueron llevados a un vertedero en Cocula para ser incinerados, y que sus cenizas fueron arrojadas más tarde a un río. Pero expertos en derechos humanos, expertos legales y médicos han cuestionado constantemente estas conclusiones del fiscal y, en consecuencia, el caso sigue abierto. 

Además, el gobierno afirmó que los estudiantes habían ido a Iguala para boicotear un discurso político de la esposa del alcalde. Pero la evidencia demuestra que los estudiantes ni siquiera tenían la intención de ir allí. Habían pensado inicialmente capturar más autobuses en Chilpancingo, la capital del estado, pero decidieron desviarse cuando encontraron patrulleras de la policía federal cerca de las cabinas de peaje, donde éstas interceptarían a los autobuses. Esto hace que las teorías del gobierno – que afirman que los estudiantes tenían motivos políticos y/o relación con una organización criminal que habría venido a desafiar a la pandilla local dominante, Guerreros Unidos – sean insostenibles.

Una hipótesis sobre el motivo detrás del ataque ganó prominencia aproximadamente un año después de los ataques y sostiene que la policía no iba detrás de los estudiantes, sino de su autobús. Las especulaciones se centran en la idea de que el autobús estaba transportando un alijo de drogas y/o de dinero que algunos agentes corruptos estaban tratando de recuperar. Esta hipótesis sugiere que los estudiantes estuvieron en el lugar equivocado en el momento equivocado, y que las autoridades, al darse cuenta de su error, cubrieron los hechos y trataron de atribuir los hechos a una operación relacionada con pandillas que habría salido mal.

La verdad es que es posible que nunca lleguemos al fondo de lo que sucedió y, como predice FA, que los perpetradores queden impunes. Pero esto no significa que Ayotzinapa dejará de luchar por los suyos. Hace menos de dos semanas, 60 estudiantes capturaron un autobús para exigir verdad y justicia a los 43 estudiantes desaparecidos. La policía local abrió fuego sobre el autobús y arrestó a 12 estudiantes, reflejando una manera de actuar ya familiar para los residentes de la pequeña localidad rural.

About the author

Manuella Libardi es una periodista brasileña con Maestría en Relaciones Internacionales. Actualmente es pasante IBEI en democraciaAbierta.

Manuella Libardi is a Brazilian journalist with a Masters in International Relations. She is currently an IBEI intern at democraciaAbierta.


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