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El Peñón de Gibraltar y los escombros de la democracia

Gibraltar está atrapada otra vez, como consecuencia del Brexit, en el fuego cruzado entre el Reino Unido y España. La cuestión de fondo es la del respeto a la democracia. English

Foto por Ben Birchall/PA Wire/PA Images. Todos los derechos reservados.

El pasado fin de semana la Gibraltarmanía se apoderó de los titulares de la prensa internacional. Al iniciarse el proceso del Brexit, los gibraltareños se encontraron a la merced de un juego injusto desde el punto de vista democrático. El primer borrador de las directrices de negociación del Brexit contiene una pequeña cláusula de gran impacto, que ha recogido la UE excluyendo a Gibraltar de cualquier acuerdo que pueda alcanzarse con el Reino Unido, a menos que España esté de acuerdo. Se trata de un ejercicio inútil, como saben muy bien los gibraltareños tras una pelea de siglos sobre la soberanía del Peñón. Que la UE le entregue a España este poder de veto sobre el futuro de las conversaciones del Brexit en aras a "defender a su Estado miembro", ha sido una sorpresa considerable para muchos. Aunque la cobertura mediática de los hechos ha adolecido de falsedades y sensacionalismo, y se ha llegado a mencionar la palabra guerra, que tiene la virtud de ser “siempre noticia”, lo que ha habido es una falta de empatía hacia la posición en la que queda Gibraltar en lo que se supone que será un período de profundo malestar e incertidumbre para sus ciudadanos, al borde de una crisis existencial.

El referéndum del Brexit se promovió como una medida eminentemente democrática. Pero, ¿lo fue realmente? La decisión de que el Reino Unido abandone la UE no sólo compromete a las generaciones presentes, sino también a las futuras. Las elecciones se celebran cíclicamente porque la democracia consiste en garantizar que se respeten las opciones de los ciudadanos y en que se les permita cambiar de parecer si consideran que su opción fue equivocada o que no se ha implementado correctamente. Pero una opción que es para siempre es algo muy distinto.

El referéndum se hizo en nombre de la "democracia", pero realmente sirvió para explotarla. Durante la campaña se tergiversó y a veces se mintió descaradamente acerca de su posible resultado, sin hablar de los efectos secundarios indeseables o, en este caso, de las "víctimas colaterales". La campaña a favor de salir de la UE incluso pidió el apoyo de Gibraltar en un tweet, alegando que la situación del Peñón mejoraría fuera de la UE - algo que refutó totalmente el abrumador voto del Peñón a favor de la permanencia.

Cuán democrático fue - y es - el referéndum del Brexit es un tema de debate que mantiene vivo el caso de Gibraltar. Con esta afrenta a la democracia, el Peñón ha sufrido una de sus peores derrotas hasta la fecha.

Gibraltar votó abrumadoramente (96%) a favor de permanecer en la UE, y ahora su soberanía está en entredicho a resultas de una decisión que tomaron el 52% de los votantes del Reino Unido. Dicho resultado es todavía más cuestionable si tomamos en consideración que la participación fue del 72,2%; o sea, que menos de uno de cada tres ciudadanos con derecho a voto decidieron abandonar la UE - 15.188.406 de un censo de 46.501.241. El Peñón dejó muy clara su opción, pero ahora se ve forzado a salir de la UE, contra sus deseos, por la aplastante diferencia de tamaño entre su electorado y el del Reino Unido. Por supuesto, el demos británico lo forman el conjunto de ciudadanos británicos y, por lo tanto, no existe un demos gibraltareño. Es evidente, sin embargo, que se contradice con la voluntad del pueblo gibraltareño en cuanto a su condición de gibraltareño, aunque no a su condición de británico.

La situación de Gibraltar es particular, porque contrariamente a la tendencia mundial hacia la independencia, desea mantener sus lazos con la metrópolis y conservar la soberanía británica, tal vez porque su cuerpo político autónomo dista mucho del modelo colonial. El Peñón ha mantenido una relación política moderna con el Reino Unido durante los últimos diez años, participando en acuerdos tripartitos que le han permitido defender, votar y vetar medidas en función de sus intereses. El reconocimiento a este nivel implica que a Gibraltar se le ha dado la posibilidad de ser tratada de manera algo más digna que con el ninguneo. Sin embargo, el referéndum de la UE ha expuesto las grietas de esta relación, retrotrayéndola al modelo colonial. El resultado de este acto, que se ha llevado a cabo en nombre de la democracia, ignora por completo los deseos de los gibraltareños, que asisten asombrados a este acto democrático notablemente antidemocrático.

La Primer Ministro Theresa May promete lo mejor para estos ciudadanos orgullosos de ser británicos, pero planea sobre todos los intercambios y promesas tranquilizadoras que se han producido en los últimos días un aire de desconfianza que todos los gibraltareños pueden oler perfectamente. Y es que hay una pregunta que queda sin respuesta: ¿por qué no se incluyó Gibraltar en la carta de Theresa May que activó el Artículo 50?

Persiste, por parte de los gibraltareños, una sensación de traición tras el impacto de no haber sido incluidos en esa carta. Al mismo tiempo, existe también la necesidad apremiante de que sus homólogos del Reino Unido estén a la altura del desafío de defender su territorio. Es esta paradoja de necesitarlos más que nunca, a la vez que se sienten ninguneados, lo que conduce a los gibraltareños hacia la incertidumbre.

El neocolonialismo muestra su cara fea cuando las cosas se ponen negro sobre blanco: Gibraltar es moneda de cambio. El hecho de que la realidad de Gibraltar derive del colonialismo no puede significar que esté exenta de igualdad democrática. Tanto Gran Bretaña como España luchan por ella, pero ¿por qué debe seguir siendo una posesión, propiedad de una u otra, sin derecho a que oiga su voz? Cuando se la reduce a una propiedad en la mesa de negociaciones, es evidente que aquí surge una cuestión que tiene cierta enjundia: la de saber si la mentalidad colonial ha evolucionado a la par que la mentalidad democrática.

La UE se presenta como pináculo de la democracia, una institución basada en los principios de unidad democrática y de diversidad - "unidos en la diversidad", según reza su lema. En la UE, "la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el imperio de la ley y el respeto de los derechos humanos son los valores fundamentales”, pero la sugerencia de que el futuro de Gibraltar se decidirá en conversaciones bilaterales entre España y el Reino Unido, sin necesidad de que Gibraltar esté presente, dista tanto de ser democrática que ha sorprendido a muchos. La UE, enfrascada en su partida de ajedrez, está desatendiendo los deseos democráticos de todo un pueblo. ¿Son éstos los valores de la UE? La cuestión de la soberanía de Gibraltar reactiva un choque de nacionalismos al forzar a dos estados miembros a oponerse entre sí, algo que la UE lucha desde siempre para evitar.

Cuando todos éramos parte de la Unión, el problema se diluía: en la disputa de Gibraltar, España y Gibraltar eran enemigos pero del mismo equipo, y a pesar de que no todo era siempre un camino de rosas, había una sensación de estabilidad - un ejemplo perfecto de la lucha de la UE en pos de un destino común. Pero ahora Gibraltar (a pesar suyo) se encuentra del otro lado de la valla y parece que esos valores ya no importan. Los valores de la UE son valores que deberían respetarse siempre, en todo momento, pero ocurre que hoy la UE se encuentra en un momento crítico por la expansión de la retórica populista y la creciente división entre países vecinos, que nos están llevando a presenciar un proceso de re-nacionalización.

Cuando estalle el siguiente gran tema en relación a las negociaciones del Brexit y el Peñón desaparezca de los titulares de prensa, subsistirá la cuestión de si es posible que Gibraltar "pertenezca" a un Estado determinado y, sin embargo, tenga el derecho democrático a decidir sobre su futuro – ésta es la cuestión crucial que tienen por delante los gibraltareños. ¿Quién va a preocuparse por los derechos y el futuro de Gibraltar? Aunque el Reino Unido se haya alzado en valedor, la caída libre inicial a la que hemos asistido sólo ha hecho que alimentar las dudas de los gibraltareños sobre el porvenir. Pero aunque podría parecer que en las difíciles circunstancias actuales no hay protección suficiente para un lugar tan pequeño, la única garantía que tienen los gibraltareños es la intensidad del impulso de esta comunidad por defender sus derechos a toda costa. Con un poco de suerte, el tiempo demostrará que tal vez sea esto suficiente para lograr el respeto democrático que se merece.

About the author

Shelina Assomull is a Gibraltarian master’s student of International Relations at the Barcelona Institute of International Studies (IBEI) in Spain. She holds an undergraduate degree in Philosophy and is a volunteer at democraciaAbierta. 


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