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Ecuador-Colombia: una frontera caliente y abandonada

Comprender lo que ocurre en la frontera norte de Ecuador es como intentar armar un rompecabezas con una enorme cantidad de piezas – entre ellas, delincuencia organizada, narcotráfico, paramilitarismo y trata de personas. English

Las FARC siguen presentes en el territorio. Foto: losirreverentes.com

Los diversos problemas sociales que se dan en la frontera entre Ecuador y Colombia ocasionan situaciones complejas que afectan e involucran a una población vulnerable.

La historia de los últimos 30 años y los cambios económicos, sociales y políticos ocurridos recientemente en Ecuador y Colombia suponen una mayor complejidad a la hora de entender los nuevos escenarios que se han generado, aunque los actores sigan siendo prácticamente los mismos.

No hay duda que los que más sufren siguen siendo las poblaciones locales que ven violentadas de forma permanente sus derechos humanos más básicos y ven también sacrificada la verdad, la justicia y la razón, lo que da paso al miedo, la desconfianza y el silencio.

La historia reciente de esta frontera colombo ecuatoriana, caliente y a la vez abandonada, permite reconstruir cómo se ha llegado a la situación actual.

La frontera en los años 90

La situación en la frontera norte del Ecuador en los años 90 estaba marcada por la violencia que generaban los diversos grupos en conflicto:

  1. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
  2. Las fuerzas armadas colombianas: Policía y Ejército.
  3. Los grupos paramilitares, las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
  4. Los cárteles y grupos ligados al narcotráfico y la droga.

¿Qué tipo de relaciones mantenían estos grupos y cuáles eran sus espacios de poder?

Ciertamente las AUC y las fuerzas armadas colombianas mantenían una alianza fáctica, jamás reconocida formalmente. Las fuerzas paramilitares sembraban el terror en las comunidades campesinas e indígenas por su brutalidad y las matanzas indiscriminadas que realizaban. Igualmente mantenían una cercanía y alianza con los cárteles de la droga.

Las FARC dominaban la mayor parte de la frontera correspondiente a las provincias de Sucumbíos y de Esmeraldas. En la frontera con Carchi, el ejército colombiano controlaba los principales pasos fronterizos.

El Ejército y Policía colombianos no tenían una presencia permanente en amplias zonas de la frontera. De forma esporádica organizaban incursiones terrestres, pero no permanecían en el territorio. Sus acciones eran más bien aéreas.

Las FARC dominaban la mayor parte de la frontera correspondiente a las provincias de Sucumbíos y de Esmeraldas. En la frontera con Carchi, el ejército colombiano controlaba los principales pasos fronterizos. Las FARC mantenían una estructura casi estatal en sus zonas de dominio.

Los únicos que les disputaban territorio a las FARC eran los narcotraficantes y, ocasionalmente, los grupos paramilitares y el ejército. La relación de las FARC con los narcotraficantes fue evolucionando con el paso de los años.

En un inicio, dependiendo de la zona y del equilibrio de fuerzas, narcotraficantes y FARC coexistían cuando ninguno de los dos lograba imponerse; pero donde uno de los grupos lograba el dominio, expulsaba al otro.

Las FARC siempre defendieron a los productores de coca, pero en la medida en que la presión de sus adversarios se hizo más fuerte y tuvieron que acceder a recursos cada vez más escasos, se iniciaron en el procesamiento y comercialización de la cocaína, lo que les valió la acusación de haberse convertido en una “narco-guerrilla”.

El punto de inflexión: el Plan Colombia

El punto de inflexión se produce con la implementación del llamado Plan Colombia, creado por iniciativa del presidente colombiano Andrés Pastrana, en alianza con los Estados Unidos, que entre los años 2000 y 2005 recibió un financiamiento de 7.853 millones de dólares.

Aunque se camufló con algunos componentes sociales, no hay duda de que se trataba de un plan militar contra el narcotráfico y los grupos insurgentes, aspecto éste que se fortaleció con la llegada al poder de Álvaro Uribe (2002-2010).

Las consecuencias para la frontera norte de Ecuador fueron inmediatas:

- Un recrudecimiento de la violencia. En los primeros meses del año 2000, los militares y las AUC sembraron el terror en las riberas del río San Miguel y en Mataje. Familias enteras fueron exterminadas sin que nunca se supiera el número de personas asesinadas.

- Un incremento del número de refugiados. En 6 meses llegaron a la ciudad de Lago Agrio 2.300 personas censadas (se estima que al menos otras 1.000 no se registraron), que fueron alojadas en refugios preparados a la carrera. La llegada constante de personas refugiadas se mantuvo durante casi un año.

- El desplazamiento de poblaciones ecuatorianas cercanas a la frontera: en la provincia de Sucumbíos varias comunidades cofánes, quichua y shuar tuvieron que abandonar temporalmente sus territorios.

En 2005, se dio el éxodo de casi toda la población de la parroquia de Mataje, cantón San Lorenzo, poco después del asesinato múltiple del presidente de la junta parroquial de Mataje, dos de sus hijos y seis de sus guardaespaldas. Al parecer fue un ajuste de cuentas del narcotráfico.

- Junto a los refugiados llegaron también personas pertenecientes a grupos violentos que buscaban saldar cuentas en territorio ecuatoriano. Durante los meses de mayor violencia se produjeron una media de 3 crímenes semanales. Prácticamente todos quedaron impunes. En honor a la verdad hay que decir que una parte importante fue causada por delincuentes ecuatorianos.

- Las fumigaciones con glifosato de los cultivos de coca en Colombia traspasaron los límites fronterizos y causaron serios problemas a la producción y a la salud de las personas en territorio ecuatoriano.

- Los diversos grupos insurgentes, paramilitares y guerrilla, captaron para sus filas a adolescentes y jóvenes ecuatorianos.

La frontera de Ecuador pasó de ser zona de tránsito de la droga e incluso se inició un lugar de producción y procesamiento en territorio ecuatoriano.

- Las personas de las provincias de Sucumbíos, Orellana y Esmeraldas, que tenían como uno de sus medios de vida la recogida de la coca en Colombia, se vieron impedidos de hacerlo. Las FARC avisaron que ya no se podía pasar y mataron a 5 personas que lo intentaron.

- Finalmente, la frontera de Ecuador pasó de ser zona de tránsito de la droga e incluso se inició un lugar de producción y procesamiento en territorio ecuatoriano, aunque esto pudo ser controlado casi totalmente por la rápida intervención de las Fuerzas Armadas del Ecuador.

Los resultados de la lucha contra el narcotráfico y los grupos insurgentes

No hay duda de que la muerte de Manuel Marulanda y Raúl Reyes como resultado de las acciones de las Fuerzas Armadas de Colombia con la ayuda de Estados Unidos debilitó a las FARC.

El reemplazante Guillermo León, alias Alonso Cano, ya no tuvo la fuerza de sus antecesores. Los golpes dados por el ejército como la Operación Jaque, en julio de 2008, que llevó al rescate de Ingrid Betancourt y 14 secuestrados más, entre ellos 3 norteamericanos, fueron un claro indicio de la debilidad de la guerrilla.

Después de estos hechos, el guerrillero más señalado fue el comandante del frente oriental Víctor Julio Suárez, alias Jorge Briceño, más conocido como el Mono Jojoy, al que mataron las fuerzas armadas el 22 de septiembre de 2010.

La brutalidad de las acciones del ejército colombiano y sus oficiales, que eran recompensados de acuerdo al número de guerrilleros muertos, dio lugar a lo que se conoce como los falsos positivos – es decir, el asesinato de civiles inocentes acusados de ser miembros de la guerrilla.

Por otra parte, el desmantelamiento de los grandes cárteles de la droga de Medellín y Cali dio lugar al ingreso y alianza con los narcotraficantes mexicanos, que pasaron a operar en la frontera colombo ecuatoriana.

Los principales actores hoy en la frontera norte

Aunque con distintos nombres y sin pertenecer a las estructuras anteriores, los actores siguen siendo los mismos:

  1. Los grupos paramilitares que siguen defendiendo los intereses de narcotraficantes y hacendados, aunque ya no existen las AUC.
  2. Los grupos disidentes de las FARC, ahora grupos delincuenciales ligados también al narcotráfico.
  3. Los narcotraficantes colombianos aliados con los cárteles mexicanos.
  4. Las fuerzas armadas (ejército y policía) de Ecuador y Colombia.
  5. Los Estados de ambos países.

Un nuevo actor son los mineros ilegales que intervienen tanto en Imbabura, Carchi, Esmeraldas como en Sucumbíos, generando problemas a las poblaciones locales. Las principales víctimas siguen siendo las poblaciones locales tanto de Colombia como de Ecuador.

Un cambio de estrategia con gravísimas consecuencias

Con la llegada al poder del presidente Lenín Moreno se da un cambio de estrategia por parte del gobierno ecuatoriano: si durante años Ecuador había mantenido el principio de no intervenir en los problemas internos de Colombia y de no participar en la cruzada antiterrorista de Uribe y Santos, ahora el gobierno ecuatoriano se ha comprometido a colaborar en el control de los grupos violentos.

El 26 de marzo, tres periodistas del diario El Comercio desaparecían en Mataje. Tras varios días de incertidumbre y la publicación en Colombia de unas fotografías que presuntamente mostraban a los cuerpos sin vida de los periodistas, el 13 de abril el presidente Moreno confirmaba su muerte.

El 15 de febrero del presente año, en la ciudad de Pereira, los presidentes Santos y Moreno firmaron un acuerdo para fortalecer el resguardo del cordón fronterizo, definiendo estrategias conjuntas contra el narcotráfico, el crimen organizado, los grupos armados y los disidentes de la extinta guerrilla de las FARC.

Este acuerdo, que se venía gestando desde hace meses, ha dado lugar a hechos recientes de violencia, atentados y muertes en Ecuador.

Hechos recientes

En diciembre de 2017, la policía de Ecuador detuvo a un lugarteniente y dos cómplices de Walter Patricio Artizala, alias Guacho, ecuatoriano originario de Limones ligado a las FARC desde 2007, que se supone que es el comandante del Frente Olivier Sinisterra.

El 27 de enero de 2018, explotaba una bomba junto al cuartel de policía de San Lorenzo destruyendo el cuartel y otras 37 casas vecinas. Hubo 28 heridos leves y 576 personas tuvieron que abandonar sus viviendas. Según los testimonios, antes del hecho hubo un aviso a la población de que saliera de sus casas.

Este atentado, atribuido a Guacho, marca un hito en la historia de los atentados en Ecuador. Hasta entonces, estos casos sólo se daban en Colombia.

Pocos días después, estallaba una bomba en un carro de la policía. Por este hecho fue detenido un colombiano.

 - El 17 de febrero, una patrulla del ejército ecuatoriano era atacada cerca de Mataje.

 - El 18 de marzo, dos militares ecuatorianos que patrullaban cerca de la frontera fueron atacados y heridos.

 - El 19 de marzo, un explosivo ubicado al lado de la vía Mataje mataba a tres infantes de marina y dejaba heridos a otros once, uno de los cuales falleció a los pocos días. Se trataba de una “bomba trampa” cargada con metralla. Desde el atentado de 1996, cuando las FARC habían emboscado a una patrulla del ejército ecuatoriano en el río Putumayo (Sucumbíos, a la frontera con Colombia) no había habido militares ecuatorianos muertos en ataques de los grupos insurgentes.

 - El 26 de marzo, tres periodistas del diario El Comercio desaparecían en Mataje. El 3 de abril, la cadena colombiana RCN difundía un video que contenía evidencia de que estaban vivos. El gobierno ecuatoriano, ante la presión de familiares, amigos y la sociedad en general, manifestó su intención de hacer todo lo posible por lograr su liberación. Tras varios días de incertidumbre y la publicación en Colombia de unas fotografías que presuntamente mostraban a los cuerpos sin vida de los periodistas, el 13 de abril el presidente Moreno confirmaba su muerte.

 - En la madrugada del 4 de abril, explotaban varias bombas cerca de la población de Viche en torres eléctricas y cerca del puente de la población. No hubo desgracias que lamentar.

 - En días siguientes, se recibieron amenazas de bomba en distintos lugares del país: Santo Domingo de los Tsáchilas, Quito y Guayaquil, entre otros. La mayor parte resultaron falsas. Pero la sicosis se apoderó del país y circularon noticias falsas de la presencia de Guacho en los lugares más peregrinos.

Por la situación de violencia, la población de Mataje ha tenido que abandonar sus hogares en diversas ocasiones. El 22 de marzo, el diario El Telégrafo informaba que el 60% de los habitantes había dejado sus viviendas.

 - El 16 de abril, el Ministro del Interior informaba del secuestro de dos ecuatorianos, que supuestamente se habían dirigido a la población colombiana de Puerto Rico a cobrar una deuda. El Ministerio del Interior había recibido un video en el que los secuestrados pedían ayuda al gobierno. El caso tuvo mucho menos repercusión mediática que el secuestro de los periodistas y el gobierno declaró que no negociaría su liberación. El 3 de julio se confirmó que se habían encontrado los cuerpos de dos secuestrados.

Por la situación de violencia, la población de Mataje ha tenido que abandonar sus hogares en diversas ocasiones. El 22 de marzo, el diario El Telégrafo informaba que el 60% de los habitantes había dejado sus viviendas. En abril y mayo se produjeron nuevos éxodos, dejando a Mataje casi como un pueblo fantasma.

Durante todo este tiempo, los ministerios de Defensa, del Interior y de Relaciones Exteriores de Ecuador han informado de diversas aprensiones de cómplices y colaboradores de Guacho, de la muerte de tres disidentes de las FARC por parte del Ejército colombiano y la captura, el 17 de julio, de la persona que secuestró a los periodistas asesinados, alias Cherry.

Pero lo que está claro es que el gobierno ecuatoriano no estaba preparado para los acontecimientos y los hechos de violencia que se han suscitado.

Las políticas implementadas por el gobierno ecuatoriano

Las políticas implementadas por el gobierno ecuatoriano se insertan plenamente en la lucha contra el narcotráfico y los movimientos insurgentes de Colombia desde el famoso Plan Colombia.

Cuesta creer que no haya influido en la toma de decisiones el nuevo clima de cooperación en las relaciones de Ecuador con los Estados Unidos.

Una de estas políticas ha sido la propaganda. De forma sistemática, se ha ocultado información y la prensa formal, hablada y escrita, no ha insistido en hacer sangre respecto a las contradicciones en el manejo de los secuestros.

Por otra parte, se ha culpado al gobierno anterior de haber descuidado las fronteras, de dejar que los narcotraficantes e insurgentes camparan a sus anchas y de haber construido el puente binacional de Mataje - cuando la realidad es que hubo una clara política de no intervenir en el conflicto colombiano y que la construcción del puente fue un acuerdo entre los dos países.

La respuesta en el terreno ha sido fundamentalmente militar. Se han incrementado los efectivos de policía nacional y ejército y se ha establecido un mando conjunto para una intervención coordinada y complementaria en la frontera compartida con Colombia para desarrollar un trabajo integral para la defensa de la soberanía e integridad territorial.

El 18 de junio, Lenín Moreno presentó en Esmeraldas el Plan para la Defensa y Seguridad para la Frontera Norte. Un dato a tener en cuenta es que Ecuador incrementó notablemente su presupuesto militar ya en 2017, pasando de 345 a 1.565 millones de dólares.

Como medida social, se ha reactivado de nuevo el Plan Ecuador que instituyó en su día Rafael Correa.

Perspectivas

La situación actual en la frontera norte es consecuencia de los procesos que se han vivido desde hace años. La situación de violencia generada por los diversos grupos y actividades ilegales se mantiene. Aunque se hayan desmovilizado las AUC y las FARC, los cárteles colombianos han entrado en alianza con las mafias mexicanas.

El gran cambio ha sido la nueva estrategia de Ecuador que, de abstenerse a entrar en el conflicto colombiano, se ha comprometido ahora activamente en la tradicional lucha de este país contra el narcotráfico y los grupos insurgentes.

El problema es que Ecuador no está preparado para este tipo de conflictos y que, en estas circunstancias, se sabe cómo comienzan las cosas pero no cómo y cuándo terminarán.

El presidente electo de Colombia, Iván Duque, ha señalado que se deben corregir los acuerdos de paz firmados en 2016, lo que no augura nada bueno. Quizás Ecuador debería replantearse su política de cooperación, máxime cuando se sabe que la solución militar no es la mejor, especialmente para la población local.

Y desde la sociedad civil hay que fortalecer el tejido social para evitar que el conflicto destruya las relaciones y cree mayores problemas a los hombres y mujeres que habitan la frontera.

Este artículo, que recoge fragmentos del informe Una frontera caliente y abandonada: breve informe sobre la situación de la frontera norte, CEP, Quito, 2018, fue publicado previamente por Lalineadefuego.


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