democraciaAbierta: Opinion

Colombia: un país acostumbrado a su violencia

La violencia, que pasó a formar parte de nuestro día a día durante tantas décadas, se resiste ahora a abandonarnos: estamos acostumbrados.

Daniela Sánchez
16 January 2020
"La guerra a tres bandos en el Cauca" by Mauricio Morales is licensed under CC BY-NC-ND 4.0
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"La guerra a tres bandos en el Cauca" by Mauricio Morales is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

Colombia, ha sido un país especialmente violento. Y lo sigue siendo. Desde 1830 hasta hoy, se ha visto envuelto en 10 guerras civiles, dejando más de 400.000 muertos y 80.000 personas desaparecidas, según cifras oficiales. Es el número más alto de latinoamérica. Tenemos, entonces, una cultura violenta, que resuelve diferencias por medio de conflicto y no por medio de diálogo.

Durante esta última semana, la ciudadanía se enfrentó a un fantasma del pasado: la revelación de que el Ejército Nacional parece estar chuzando / interceptando ilegalmente / a diferentes altos perfiles, desde funcionarios políticos hasta periodistas y magistrados. La revelación la hizo la Revista SEMANA y ha puesto a todos los políticos a decir las mismas frases de siempre: “yo no sabía”, “me enteré hoy”, y “a mí nadie me había dicho nada”.

Sin embargo, lo que hizo esta revelación de SEMANA fue meternos, de nuevo, en un ciclo bastante común: nos acostumbramos tanto a la violencia, que centramos la atención en otras cosas.

En lo que va del 2020, ya han sido asesinados 17 líderes sociales. Hasta las cifras más conservadoras son preocupantes: en el 2019 asesinaron a 107 líderes sociales según la ONU; según PACIFISTA!, el digital colombiano, serían hasta 254 los asesinados desde el 2017.

Fuente: El Tiempo | Fuente: El Tiempo

Los están matando, y los están matando casi que sistemáticamente, delante de todos nuestros ojos. Pero a nosotros nos sorprenden más las interceptaciones ilegales que, a pesar de ser escandalosas, no están dejando de a dos muertos por semana.

¿Por qué los están matando?

El ataque a líderes sociales se dispara con la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la ex-guerrilla de las FARC en diciembre de 2016. Al salir las FARC de los territorios que controlaban, ocurrió un fenómeno conocido como “vacíos de poder”, donde los territorios comenzaron a ser disputados por distintos grupos armados al margen de la ley, respondiendo a distintos intereses, desde grandes hacendados y oligarcas, hasta bandas criminales y cárteles de droga.

Éste es un fenómeno bastante conocido y estudiado; sin embargo, pareciera que el Gobierno colombiano no se preparó lo suficiente para enfrentarlo y no hizo presencia en los vacíos de poder más significativos del país, como son la zona de Norte de Santander o del Cauca.

En estas zonas, las comunidades estaban interesadas en comenzar a implementar lo que dice el Acuerdo, como la sustitución y/o erradicación de cultivos ilegales y la titulación de tierras. Como diferentes grupos armados siguen pretendiendo mantener el control de estas tierras, grupos que en su mayoría están al servicio de los intereses del narcotráfico, pues tratan de impedir lo que ya comenzaron a hacer las comunidades.

Es aquí donde comenzaron las amenazas y los asesinatos: cualquier líder social de alguna comunidad que desafíe los intereses de los grupos armados ilegales, representa una amenaza a su negocio y debe ser eliminado, dice la lógica de estos intereses perversos. Es por esto que la gran mayoría de los homicidios ocurren en municipios con presencia de cultivos ilícitos o donde hay conflictos por la propiedad de las tierras.

Pareciera que el Gobierno colombiano no se preparó lo suficiente para enfrentarlo y no hizo presencia en los vacíos de poder más significativos del país.

¿Quién los está matando?

Según una investigación de la revista SEMANA y de los mismos datos de la Fiscalía General de la Nación, la mayoría de los autores son grupos paramilitares. Sí, esos mismos que, bajo la presidencia de Álvaro Uribe, se desmovilizaron en el 2006. Vale la pena resaltar que desde el 2006, ningún Gobierno ha vuelto a reconocer la presencia de grupos paramilitares como tales.

Aunque según la Fiscalía más de 50% de los casos de asesinato de líderes sociales han sido esclarecidos, parece que el Gobierno se enfoca en atacar las consecuencias y no las causas de esta violencia.

Lo que viven los líderes sociales en Colombia es no solamente “doloroso”, como se acostumbra a decir en este país acostumbrado a la violencia, sino sobre todo tenebroso, escandaloso, intolerable. Pero nosotros, los colombianos, olvidamos estos asesinatos apenas cualquier otra noticia llena los titulares.

La violencia, que pasó a hacer parte de nuestro día a día durante tantas décadas, se resiste ahora a abandonarnos: estamos acostumbrados.

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