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Brasil: la revolución es proporcional al tamaño de la crisis

Siendo el sistema representativo lo que es, tenemos que crear lo que creemos que es la democracia. La lucha por la democracia no tiene fecha de caducidad. English Português

Raquel Rosenberg
16 June 2016
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Manifestante con una pancarta donde puede leerse “Fuera Temer” durante una protesta en defensa de Dilma Rousseff en Sao Paulo, Brasil. 10 de junio de 2016. AP Photo / Andre Penner. Todos los derechos reservados.

En primer lugar, ¡Fuera Temer!

Cuando me inivitaron a escribir este artículo sobre mi visión de la crisis política brasileña, pensé: “Dios mío, ¿qué voy a decir?” Imagino que esto mismo le pasa  a menudo por la cabeza a muchos brasileños y brasileñas: ¿qué está pasando en Brasil?

Seguramente tenemos más preguntas y dudas que respuestas, pero muchas de estas preguntas son reflexiones importantes que van más allá de que se esté de un lado o de otro, o de defender un partido o su oposición. Vivimos momentos complicados y de lucha necesaria, porque la regresión que veo hoy en mi país es algo que jamás hubiera podido imaginar. Hay una sensación de miedo, de angustia, de impotencia. Pero, sobre todo, de que nosotros, los jóvenes, no podemos quedarnos parados. ¡Tenemos que actuar!

¿Dónde empezó todo?

Parece que fue ayer cuando, en junio de 2013, tomamos las calles de Brasil para luchar, no sólo contra el aumento de la tarifa del bus, sino también contra la violencia y la represión policial que se produjo durante las protestas. Entonces, de pronto, se convirtió en una mezcla de manifestaciones que nadie logró entender – gente con carteles contra la corrupción, reclamando mejoras en la educación y la sanidad, a favor de la equidad de género, por los pueblos indígenas y por el medioambiente. Todos querían demonstrar su indignación. Creo que fue el 17 de junio, cuando millones de personas detuvieron el país, que me di cuenta de la fuerza que teníamos en las calles, pero también de la enorme diversidad de demandas y cuestionamientos presentes en la sociedad brasileña.

Cuando Dilma Rousseff fue elegida con 51.64% de los votos contra 48.36% de Aécio Neves en las elecciones más ajustadas desde 1989 (cuando Brasil salía de la dictadura,) pensé que el número de personas insatisfechas era demasiado grande. La enorme y absurda campaña mediática, manipulada por el puñado de medios que dominan la comunicación del país, fue la principal responsable de reforzar los movimientos pro-impeachment que surgieron desde entonces. Y a partir de marzo de 2015, una oposición empezó a salir a las calles sin ningún otro proyecto que el de reclamar, a gritos, la renuncia o la destitución de una presidenta elegida por la mayoría de los brasileños. Personas al borde de un ataque de nervios, pidiendo cosas absurdas como el retorno de un gobierno militar, que querían lo que les fue denegado en las urnas, por el único motivo de que lo querían, y lo gritaban.

El agujero está más abajo, pero, ¿dónde empieza?

Lejos de mi querer discutir sobre los detalles técnicos de los enormes escándalos de corrupción que existen en casi todos los partidos y de la mayor crisis económica del país en los últimos años, o sobre los más de 40 millones de brasileños que salieron de la pobreza durante este gobierno. Todo tiene dos caras, y siempre habrá aspectos positivos y negativos.  

Un gran número de personas que no estaban de un lado ni del otro acabó siendo cooptada por el discurso mediático “contra la corrupción” y empezó a defender el impeachment como la solución a todos los problemas de Brasil. Hoy sabemos que el Movimiento Brasil Libre (MBL), recibió fondos de partidos como el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) para financiar manifestaciones supuestamente organizadas por un movimiento que decía ser “no partidista”.

No se trata sólo de los escándalos de corrupción, sino de las consecuencias indecentes del sistema de financiación de las campañas electorales, el colapso de los partidos políticos que ya no nos representan en casi ninguna cuestión, la crisis terminal del llamado “presidencialismo de coalición”, que establece y consolida el chantaje y el intercambio de intereses como principios básicos de la actividad parlamentaria. Prácticamente todo en el sistema político brasileño es hoy un absurdo y no responde a nuestras necesidades y demandas.

Nosotros, los jóvenes, mirando más allá del debate entre izquierda y derecha, tenemos que articular y pensar conjuntamente el futuro de la política, o la política del futuro.

Y ¿dónde estamos ahora?

Con el impeachment y la asunción, el 12 de mayo, del presidente interino Michael Temer, hemos llegado literalmente al fondo del pozo. A dos meses de acoger los juegos olímpicos, nunca he visto un Brasil más disfuncional. La votación del impeachment en el Congreso parecía una película de terror – la falta de argumentos plausibles y el uso excesivo de referencias a la familia y a Dios para justificar el voto fue una auténtica vergüenza. ¿Cómo pueden ser estos nuestros representantes?

En el día que Temer anunció su equipo, no fueron sólo nombramientos como el de Blairo Maggi, el gran productor de soja en Brasil, como Ministro de Agricultura, lo que más chocó. El presidente interino redujo el número de carteras de 32 a 23, eliminando por ejemplo los ministerios de Cultura, de Comunicaciones, de Desarrollo Agrario, de las Mujeres, deIgualdad Racial y de Derechos Humanos, además de la Controladuría General de la Unión (CGU). Muchos de los ministros nombrados están bajo investigación en la Operación Lava Jato, el escándalo de corrupción que asola el país, y que ya se ha cobrado dos víctimas del actual gobierno. Además de todo esto, Temer tuvo la cara dura de no nombrar A NINGUNA MUJER como ministra.

Paralelamente, el delito ambiental que tuvo lugar en Mariana en noviembre de 2015 a causa de la rotura del embalse de deshechos de minería gestionado por Samarco supuso el mayor desastre ambiental de la historia de Brasil y el tema apenas ha sido objeto de discusión. Muchos de los diputados que pertenecen a las comisiones responsables en el caso (en la Cámara Federal y en las Asambleas Legislativas de Minas Gerais y Espírito Santo) recibieron donaciones de empresas del Grupo Vale para financiar sus campañas electorales. Dichas donaciones alcanzan los R$ 2.6 millones y son perfectamente legales. La “sanción” aplicada a Samarco consistió en el pago de una fianza socio-ambiental de mil millones de R$, cantidad que fue incrementada hasta los cuatro mil millones R$ hasta 2018, lo que no cubre ni de lejos el monto del impacto causado por el desastre. Comparando este caso con el de la plataforma de British Petroleum (BP) que explotó en el Golfo de México en 2010, la cantidad es irrisoria. BP fue condenada a pagar 42.2 mil millones de dólares, pese a que no afectó el suministro de agua de ninguna localidad, como sí ocurrió en diversos municipios en el caso de Brasil.

Para completar, después de la divulgación del caso de 33 hombres que violaron una chica de 16 años y publicaron luego el video de su hazaña, mientras el país se estremecía en apoyo a la víctima, muchos machistas la culpaban por usar drogas, por acudir a determinados locales o por la ropa que llevaba. Mientras tanto, el Ministro de Educación, Mendonça Filho, recibía en su despacho, para que le asesorase sobre cómo mejorar la educación, a Alexandre Frota, actor brasileño que ya hizo declaraciones en televisión en abierto, relatando “bromas” que insinúan casos de posibles violaciones.   

¿Qué hay de bueno en todo ello?

Claro que sí. Centrándome en soluciones y no problemas, paso a enumerar algunas de las iniciativas que me inspiran y me permiten respirar en medio de este mar de locura. 

La primera reacción de las mujeres a la visión de Temer sobre la cuestión de género, el 20 de abril, se produjo después de que saliera publicado un artículo en la revista Veja titulado “Bella, recatada y en casa”, en que se señalaba como positiva la postura apática e introvertida de nuestra futura dama, Marcela Temer, como si toda mujer brasilera debiera aspirar a ello. El rechazo en las redes sociales fue tan grande que durante el día solamente vi publicadas en las redes sociales fotos de mujeres empoderadas y movilizadas, usando el mismo hashtag (#belarecatadaedolar) e ironizando sobre la imagen rancia de la mujer brasileña que reflejaba la revista. Todo ello, mucho antes de la falta de representación de las mujeres en el consejo de ministros.

La violación colectiva en Río de Janeiro generó lógicamente un gran rechazo entre las mujeres brasileñas, así como campañas en las redes sociales, debates en espacios públicos y manifestaciones en las calles reclamando el fin de la cultura de la violación y posicionándose en contra de proyectos de ley que proponen, por ejemplo, la prohibición del aborto en casos de violación.

Por otra parte, los alumnos de secundaria están dando una lección de organización y resistencia en Brasil. Luchando por la educación pública, gratuita y de calidad, los estudiantes han ocupado escuelas en todo el país y resisten valientemente incluso ante la escandalosa violencia y represión policial a la que son sometidos continuamente.

La “Bancada Activista”, creada el 12 de junio en Sao Paulo, es un grupo de ciudadanos que lucha por diversas causas sociales, económicas, políticas y ambientales y que se unieron para apoyar iniciativas legislativas con el objetivo de oxigenar el gobierno municipal y potenciar el aprendizaje colectivo, porque creen que solamente nuevos nombres, propuestas y formas de actuación política serán capaces de regenerar este sistema. ¡Yo voto activista! ¿Dónde hay que firmar?

 #OcupaMinC ha surgido como el principal movimiento de resistencia contra el gobierno de Temer, ocupando las sedes del Ministerio de Cultura en por lo menos 27 ciudades. Debido a la presión popular, el gobierno interino se ha visto forzado a anunciar el restablecimiento del Ministerio de Cultura, pero el movimiento continua, la lucha se amplía y los ocupantes afirman que sólo abandonarán los edificios cuando el gobierno ilegitimo sea depuesto. ¡No reconocemos a Michel Temer como presidente de Brasil! El espacio público es el lugar de la lucha política.

¿Hacia dónde vamos?

El recrudecimiento de la polarización en la política brasileña debilita las prácticas de participación social propositivas y de compromiso, aumentando el reto con el que nos enfrentamos. Lo que está sucediendo en Brasil va más allá de la discusión partidista - el agujero es muy hondo. ¡El sistema tiene que ser mucho más dinámico para responder a nuestras demandas! Por consiguiente, necesitamos urgentemente una profunda reforma política.

Pensar que el espacio público es el lugar de la lucha política, como ocurre en #OcupaMinC, me hizo reflexionar sobre un video que ví hace poco y que hace pensar sobre qué es esta democracia por la que todo el mundo dice estar luchando.

#WhyDemocracy1: https://www.youtube.com/watch?v=k8vVEbCquMw

#WhyDemocracy2: https://www.youtube.com/watch?v=UoP_mSIHqTY

El gobierno de verdad está en las calles. La lucha por la democracia no tiene fecha de caducidad. Puesto que la realidad es la que es y no podemos luchar por un sistema de representación partidaria, tenemos que crear y proponer lo que creemos que es la democracia – y esta democracia tiene que obedecer a un nuevo modelo que se adecue a las nuevas tecnologías y formatos de hacer política que están surgiendo.

El sistema político en la forma en que está instituido en los distintos países que definimos como democracias no es otra cosa que la República del Gobierno Representativo. Dicho sistema no fue una conquista de los ciudadanos, y  las elecciones no garantizan que tengamos políticos preparados. El poder no está en los ciudadanos, sino en sus representantes mediatizados por unos partidos políticos que seleccionan a sus candidatos en función de su capacidad para ser elegidos, y no de su capacidad para gobernar y de unos programas electorales que no se cumplen. La polarización entre partidos fuerza a la sociedad a dividirse en polos opuestos e incita al odio y a la violencia. 

En Atenas, donde surgió la democracia, el sistema funcionaba de forma inversa. En lugar de elegir a representantes que contasen con su confianza para elaborar las leyes, los atenienses desconfiaban de sus representantes, que eran elegidos por sorteo de entre personas capacitadas, habiéndose de aprobar en Asamblea todas las leyes y medidas adoptadas por los representantes. Pero, ¿quién participaba en dichas asambleas y era considerado ciudadano? Yo misma, como mujer de 26 años, no calificaría.  

Las Repúblicas de Gobierno Representativo llevan poco más de 200 años, exactamente el mismo tiempo que duró la democracia en Atenas. Ha llegado el momento de entender que luchar por la democracia no supone luchar, o no,  por el impeachment, sino que este sistema no funciona y que es necesario construir y poner en funcionamiento una democracia o sistema diferente, adecuado a nuestro tiempo. No sólo podemos, sino que necesitamos cambiar de modelo.

Llegó la hora de mirar hacia adelante y entender que esta enorme crisis quizás sea nuestra oportunidad para construir el sistema político con el que soñamos. Al fin y al cabo, dicen que la revolución es proporcional al tamaño de la crisis vivida. Si resulta que estamos viviendo, seguramente, la mayor crisis desde la dictadura militar, ¿no ha llegado la hora de empezar juntos una revolución proporcional a lo que el país necesita? ¿Una revolución en los espacios públicos liderada por nosotros, los ciudadanos y ciudadanas?

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