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Brasil, a punto de abrir la caja de Pandora

Las próximas elecciones locales en Brasil son la oportunidad para recuperar la democracia y superar la crisis política. Si no se aprovecha, “viviremos más de una década oscura en América Latina”, dice Jean Wyllys. Português English

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Jean Wyllys Francesc Badia i Dalmases
1 September 2016
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Resultados de la votación en un panel en las cámaras del Senado durante el juicio de la presidente suspensa de Brasil, Dilma Rousseff, en Brasilia, Brasil, miércoles, 31 de agosto de 2016. Foto AP / Eraldo Peres. Todos los derechos reservados.

Francesc Badia: Gracias, señor diputado, por recibir a democraciaAbierta. Brasil se enfrenta a una crisis profunda y compuesta, que incluye por lo menos tres elementos: una crisis económica, una crisis social y una crisis política. ¿Cuál de estos tres elementos le parece más determinante?

Jean Wyllys: Venimos de una crisis mundial, de una crisis económico-financiera que afectó no solo a los países desarrollados, sino también los países en desarrollo. Todos fueron afectados, pero en Brasil nuestra plutocracia y nuestras oligarquías aprovecharon la crisis económica para promover una crisis política, una desestabilización del gobierno electo. Dicha crisis política empeoró porque surgió del sistema político mismo, de una disputa entre partidos y coaliciones, y se trasladó, mediante una información parcial y partidaria, hacia la sociedad, sobre todo hacia la clase media, dando de esta forma una naturaleza social a la crisis. Por lo tanto, la crisis económica se desdobla en una crisis política, que a su vez se desdobla en una crisis social, que tuvo como consecuencia un golpe parlamentario, un golpe de Estado disfrazado de impeachment que afectó a la Presidenta Dilma Rousseff. Entonces, la presidenta fue apartada por el Congreso Nacional, primero por la Cámara de los Diputados, y ahora por el Senado.

La presidenta Dilma Rousseff fue, desde el primer día de su mandato, saboteada en el Congreso Nacional por Eduardo Cunha, que fue elegido como presidente de la Cámara de los Diputados. Fue Eduardo Cunha quien impidió al gobierno Dilma aprobar cualquier legislación, habiendo sido también responsable de aceptar la demanda de impeachment que promovió el PSDB, que era el partido de la oposición, el mismo que ha perdido las cuatro últimas elecciones. Dicho partido político, juntamente con Cunha, un corrupto, urdieron un golpe para destituir a la presidenta electa. Por lo tanto, podemos decir que, a día de hoy, las tres crisis tienen la misma dimensión. 

FB: Aparentemente, en esta situación de triple crisis, la única salida parece ser convocar unas nuevas elecciones presidenciales. Pero, de acuerdo con diversos análisis, se considera que el sistema político está agotado, o, por lo menos, capturado por una serie de intereses que sacan provecho de la fragmentación y de la existencia de múltiples grupos que promueven asuntos internos e intereses particulares, perdiendo de esta forma de vista el interés general. ¿Existe una verdadera voluntad política de reforma y de superar este bloqueo que fragmenta el sistema electoral brasileño?

JW: Esta voluntad existe por parte de la población brasileña, que exige la celebración de elecciones generales. Ante esta crisis política, los ciudadanos quieren hacerse oír. Lo que sucede es que el sistema político brasileño, incluyendo el sistema electoral, está controlado por un entramado de corruptos que depusieron la presidenta electa. El actual gobierno tiene apenas una tasa de aprobación del 6%. Y solamente 3% de los brasileños conocen al actual presidente interino de Brasil. Nos gobierna una persona que el país no conoce. Una persona que la mayoría de los brasileños no aprueba. A pesar de ello, el Tribunal Supremo no interviene, permitiendo que la situación persista. Vivimos pues con un gobierno que no conocemos y un gobierno que no aprobamos, que aplica medidas antipopulares. La mayoría de las medidas aprobadas por este gobierno interino, algunas de ellas ya ejecutadas, pretenden desmontar el Estado de bienestar social que fue construido durante los últimos 13 años. La celebración de elecciones depende de la radicalización de los movimientos sociales, de que los mismos promuevan huelgas generales, que bloqueen las carreteras. Si esta presión popular no se produce no habrá elecciones, e incurriremos en el riesgo de que este gobierno y la cámara de los diputados substituyan el Presidencialismo por el Parlamentarismo, perdiendo de esta forma los ciudadanos el derecho a elegir al Jefe de Estado.

FB: Entramos aquí en un tercer tema: las protestas sociales y las manifestaciones. Este fue un tema que recibió mucha atención y estuvo presente en los últimos años, sobre todo a partir de las protestas de junio de 2013. Pero últimamente, sobre todo este año, las protestas fueron manipuladas por los partidos políticos, sin permitir a los ciudadanos expresarse de una forma espontánea o natural. Muchos consideran que esta polarización externa hizo que la legitimidad de algunas de estas protestas, que quizás en 2013 podrían representar la voz de la mayoría, se haya fragmentado. ¿Qué opina de la evolución de las protestas y como compatibiliza su llamada a la movilización con el panorama actual de división y polarización?

JW: Las protestas de junio de 2013 se originaron desde los movimientos sociales de izquierda y desde sus exigencias. Lo que dio origen a las protestas de junio de 2013 fueron cuatro movimientos. El movimiento Passe-Livre de Sao Paulo, el movimiento por la reducción de las tasas en Porto Alegre, el movimiento por la reservación de la “Aldea Maracaná” y las protestas contra la Copa del Mundo en Rio de Janeiro, y el movimiento Fuera Feliciano, el movimiento de la comunidad LGTB. Estas cuatro propuestas, que hicieron su camino desde las redes sociales a las calles, están en el origen las protestas masivas de junio de 2013.

En un primer momento, la mayoría de los medios de comunicación se posicionaron en contra de las protestas, describiendo a los manifestantes como “borrachos” o “bandidos”, entre otros adjetivos. Cuando los partidos de la oposición y los media se dieron cuenta de que las manifestaciones desestabilizaban al gobierno de Dilma Rousseff, cambiaron de opinión y empezaron a incentivar la protesta, llamando a los ciudadanos a salir a la calle, convirtiendo las protestas de junio de 2013 en una mezcla de las voces de izquierda y las de los fascistas de extrema-derecha, que reconocieron en las mismas una oportunidad. Las protestas de junio de 2013 se convirtieron en una amalgama y los media usaron las mismas para desestabilizar el gobierno de Dilma. El primer ataque contra el gobierno fue vehiculado por las protestas de junio de 2013.

Cuando llegaron las elecciones de 2014 los media ya había ensamblado un ejército de periodistas y articulistas para llevar a cabo una labor de desestabilización, asociando la corrupción – que en Brasil es sistémica, estructural e histórica – con el Partido de los Trabajadores y con el Gobierno de Dilma Rousseff. Esto movilizó a la clase media contra el gobierno y promovió las protestas patrióticas, de verde y amarillo, así como clamores a favor del retorno de la dictadura militar, apoyando el fin de los programas sociales y de las políticas anti-racistas. Todo ello, apoyado en los medios de comunicación.

El 17 de abril de este año, cuando se inició el proceso del impeachment, el país pudo presenciar por primera vez en directo la sesión de la Cámara de los Diputados, y escuchar las justificaciones de los diputados para destituir la presidenta. El país no se lo podía creer. Incluso las personas que se vistieron de verde y amarillo no lograron evitar la sorpresa ante el espectáculo, al no sentirse de ninguna forma representadas por dichos diputados y diputadas.

Entonces la Cámara de los Diputados, juntamente con el Senado, logró apartar a Dilma del poder, transportándonos a un Brasil donde las calles no son ya tomadas por la clase media manipulada por la prensa, iletrada, ignorante y analfabeta políticamente, -- que cree que el problema se resume al tema de la corrupción – pasando ahora a estar ocupadas por los movimientos sociales de izquierda que quieren preservar la democracia, dando inicio a un proceso de ocupación de escuelas y de los espacios públicos en protesta contra el gobierno interino.

Entonces llegaron los Juegos Olímpicos, donde las protestas se multiplicaron. El gobierno interino empezó a usar la fuerza de seguridad nacional y la policía contra los manifestantes. Las protestas, anteriormente influenciadas por los media afines a la oposición, son ahora reprimidas por el gobierno que sustituyó a la presidenta apartada.

FB: Usted ya mencionó unos de los temas que quería discutir: el tema del papel de los media. Pero hay un aspecto muy interesante: reconocemos, desde democraciaAbierta y desde otros medios, la existencia de una sociedad civil brillante, de un activismo muy dinámico que intenta, en toda la región, y en Brasil especialmente, reinventar la democracia, sobre todo a través de los jóvenes, de los grupos de mujeres, de feministas, de los movimientos de minorías, del movimiento LGTB, y otros. Vemos como hay una voluntad y una capacidad de innovación política, inclusive a través de plataformas trasversales de activistas con la intención de poner en funcionamiento un movimiento desde abajo, desde el municipalismo, quizás inspirado en movimientos como Podemos en España u otros similares. ¿Qué le parecen estos intentos de regeneración política desde el activismo y desde la innovación activista?

JW: Yo formo parte de este movimiento. Represento la reacción política o la voluntad política de democratizar la democracia. Mientras los movimientos sociales de forma articulada y trasversal buscan preservar nuestra democracia y presentar un nuevo modelo de gestión y de representación política – una representación que corresponda a una democracia de alta intensidad, una democracia que articule la democracia representativa con la democracia participativa – mientras realizan este trabajo de resistencia y de presentar estas alternativas, ya sean a la movilidad urbana, a la seguridad pública, la gestión de cultura, la ocupación de las ciudades, yo represento sus intereses aquí en el Parlamento.

Soy el único de los quinientos trece diputados que tiene un mandato social, que trabaja a partir de un consejo social formado por personas de diferentes áreas de la sociedad. Como tal, rindo cuentas al mismo, que participa también activamente en el estudio y análisis de las hipótesis legislativas que presento. Es un movimiento de regeneración de la política brasileña que estamos construyendo. Brasil siempre ha sido un país donde el poder ha estado concentrado en manos de las oligarquías políticas y de la plutocracia. Aquí siempre ha imperado el gobierno de los más ricos. Pero hubo una trasformación relativa en los últimos años, que fue promovida por los gobiernos petistas, por sus políticas públicas. El acceso a la educación superior, las políticas de trasferencia de rentas que redujeron bastante la miseria material y sus miserias asociadas. Las cuestiones raciales adquirieron una relevancia enorme, así como las cuestiones de género, que incluyen los derechos de las mujeres, de la comunidad LGTB y de las comunidades indígenas.

En los últimos 13 años, diferentes actores sociales lograron articularse entre ellos y, hoy, somos un movimiento de resistencia. No en nombre del PT, pero sí en nombre de la Democracia. Creemos que nuestra democracia está amenazada, que hubo una ruptura de las reglas de juego democrático con el apartar de la presidencia a Dilma Rousseff, y que tanto Brasil como América Latina se enfrentan a una nueva forma de “dictadura”, la dictadura neoliberal, de mercado, que pretende destruir el estado de bienestar social y gestionar la pobreza a través de la represión policial.

FB: Nos acercamos al final de nuestra entrevista. Quisiera retomar el tema de los escenarios que se construyeron mediante el proyecto Alerta Democrática. Estos escenarios estuvieron muy bien construidos, y los más negativos no parecen materializarse, reflejando que la democracia tiene capacidad de resistencia suficiente en América Latina y en Brasil para superar esta dinámica pendular hacia la derecha, hacia el neoliberalismo. Esta no es la primera vez que esto sucede, ni la primera vez que se corrige. ¿Cuáles son las lecciones de esta fase? ¿Cuál son las perspectivas de futuro? ¿Hay razones para el optimismo? ¿O estamos ante una nueva, y larga, travesía del desierto?

JW: Solo podré hacer una previsión concreta después de las elecciones municipales de octubre/noviembre. Después de las elecciones de los alcaldes de los más de 5000 municipios brasileños podré decir con seguridad lo que nos espera. De momento, veo una luz al final del túnel si logramos elegir alcaldes progresistas y cámaras de concejales más cualificados y menos partidistas, menos corruptos, y menos conectados con el crimen organizado. Si elegimos concejales más comprometidos con los intereses de la población y de la democracia, yo podré decir que habrá una luz clara al final del túnel y que podremos cambiar este escenario en 2018, la fecha de las próximas elecciones presidenciales en Brasil.

Pero si esto no sucede, si las elecciones municipales tuvieran un resultado parecido a las anteriores (para la elección de los gobiernos de los estados y para la presidencia del Estado) entonces, nos enfrentaremos, lamentablemente, a más de una década de oscuridad en América Latina. A una dictadura diferente. No a una dictadura de los militares, pero sí a una dictadura que se disfraza de legalidad, que se envuelve en una falsa respetabilidad. En realidad, es una dictadura de mercado, de las grandes corporaciones. Un sistema donde se produce el declive de los derechos colectivos, el declive de los derechos de las minorías, el declive de la protección del medio ambiente, de la energía limpia y de los modos de vida más sustentables. Donde, al mismo tiempo, se expande la xenofobia, el racismo, la homofobia. En fin, todos esos males que la democracia pretendía erradicar, o al menos controlar, pueden resurgir con mucha fuerza; como si salieran de la caja de Pandora.

En Brasil, yo diría conviven a día de hoy los cuatro escenarios proyectados por Alerta Democrática: una democracia en movilización, una democracia en tensión, una democracia en trasformación y una democracia en agonía. Sobre todo, este último escenario es el más relevante de los cuatro que están en vigor en este momento, en el que las instituciones del Estado se ven capturadas por el crimen organizado.

FB: Esperemos que, después de la catarsis de los Juegos Olímpicos, y una buena movilización en las elecciones municipales que se avecinan, el escenario se decante hacia escenarios más positivos. Continuaremos trabajando para que la democracia no desfallezca en Brasil. Muchísimas gracias, Jean.

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