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Ciudades como laboratorios de innovación

Las ciudades pueden convertirse en innovadores clave a medida que avanzamos hacia la era digital. English

Antoni Gutiérrez-Rubí
13 December 2019
26 de diciembre de 2013, Barcelona, Cataluña, España. Barcelona es una SandBox reguladora y, por lo tanto, se utiliza para desarrollar una regulación que se mantenga al día con el rápido ritmo de la innovación.
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Las ciudades han constituido desde siempre un polo de desarrollo e innovación. La proximidad entre las personas facilita el intercambio de ideas y bienes. La escala urbana también permite que los trabajadores pasen de un empleo a otro con mayor facilidad. La concentración de conocimientos y experiencias hace que aumente la competencia y la productividad haciendo igualmente que aumenten los salarios. Toda esta actividad genera igualmente la necesidad de nuevas infraestructuras y servicios. Sin las ciudades no existirían los teatros, tampoco los grandes museos o bibliotecas. La cultura, el entretenimiento, en definitiva, la calidad de vida, constituyen igualmente uno de los grandes polos de tracción de talento.

Las razones que llevan a una ciudad a triunfar tienen mucho más que ver con su capital humano que con sus infraestructuras físicas. Edward Glaeser, autor del libro “El triunfo de las ciudades”, describe bien diversos estudios de cómo en los EEUU un aumento en un 10 por ciento de la población adulta con licenciaturas obtenidas en 1980, permitía pronosticar un 6 por ciento más de crecimiento de los ingresos entre 1980 y 2000. A medida que la proporción de la población mejora su nivel de educación, aumenta igualmente sud desarrollo económico. El vínculo entre formación y productividad urbana se ha ido haciendo cada vez más marcado desde la década de 1970.

Eso es especialmente relevante en la nueva sociedad digital. Los cambios tecnológicos y científicos transforman económica, social, política y culturalmente nuestra sociedad. Vivimos en un mundo acelerado, hiperconectado y digital en el que, prácticamente, no hay ninguna faceta de nuestras vidas que no haya sido afectada por la disrupción tecnológica. La llegada de Internet, las redes sociales, los teléfonos móviles y las nuevas tecnologías de comunicación, están revolucionando para siempre la manera de relacionarnos, de organizarnos, de movilizarnos, de gobernarnos, de informarnos e incluso de manipularnos. Un nuevo paradigma que no está exento, sin embargo, de nuevos riesgos. Un tiempo VUCA (acrónimo en inglés de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) que requiere diseñar igualmente nuevas coherencias y establecer los límites y las formas de la nueva economía digital.

Apuntes TecPol, inaugura esta nueva colección de reflexiones sobre como las ciudades siguen siendo hoy el mejor laboratorio para la construcción de nuevas coherencias que den respuestas los nuevos desafíos de la sociedad digital. Paradójicamente, en un mundo que algunos proclamaban el fin de la centralidad de las ciudades gracias a la nueva conectividad y a las nuevas formas de comunicación, la globalización y las nuevas cadenas de valor lejos de debilitarlas, las han convertido en un nuevo actor ineludible de la gobernanza, el desarrollo económico, la lucha contra el cambio climático y la cohesión social. La nueva sociedad digital, la sociedad del conocimiento y la economía de las plataformas con sus millones de interacciones digitales han reforzado el valor de la proximidad y las ciudades. San Francisco, Singapur, Londres, Berlín o Barcelona, por poner solo algunos ejemplos, emergen como nodos centrales de las nuevas cadenas de valor global y fuente de riqueza y prosperidad.

En los textos de este primer número de Apuntes TecPol, los diferentes autores van desgranando temas tan relevantes como los derechos digitales, la inteligencia colectiva, la movilidad o las plataformas digitales. Aspectos más económicos, regulatorios, diplomáticos y relacionales entre lo público y lo privado que nos muestran no solo la evolución de la sociedad tecnológica, sino igualmente los nuevos retos a los que tenemos que dar respuesta colectivamente. Es una propuesta para el debate, la reflexión y la acción, que trata de apuntar aspectos clave de la nueva agenda urbana, poniendo el foco en la capacidad de transformación e innovación de las ciudades globales, su capacidad para seguir generando un círculo virtuoso de crecimiento, prosperidad y cohesión social, reforzando el proyecto cívico de ciudad.

Innovación y ciudad

Innovación y ciudad son un binomio indispensable para dar una respuesta ética y coherente ante el nuevo determinismo tecnológico y el impacto de las innovaciones asociadas a la nueva economía de la sociedad digital. Tenemos que prevenirnos de una visión demasiado monetizada de los verticales tecnológicos y poco humana de la economía de plataforma, la nueva colonización de la Inteligencia Artificial, los algoritmos, el machine learning o la emergencia de la economía colaborativa. Focalizar la visión de futuro de las ciudades alrededor de la eficiencia no es suficiente. Las respuestas a muchas de las demandas ciudadanas se pueden obtener a partir de la tecnología, pero no pueden ser sólo tecnológicas.

La ciudad es igualmente el escenario idóneo para innovar en el terreno de las nuevas regulaciones que requiere la nueva sociedad digital.

Desplazar el foco de la ciudad inteligente al ciudadano inteligente permite abordar el tema una manera más inclusiva y participativa en el que juegan un papel central las políticas públicas para desactivar las externalidades negativas de la tecnología. Para ello, es necesario diseñar formas de gobernanza que articulen lo complejo, construir nuevas coaliciones público-privadas, estimular los procesos de cocreación, así como fomentar y articular la participación de la sociedad civil. Las ciudades pueden y deben ser el laboratorio para protagonizar una revolución humanística que dé sentido cívico a las distopías tecnológicas. No queremos ciudades demasiado inteligentes y poco humanas, sino tecnología al servicio del proyecto cívico de la ciudad.

La ciudad es igualmente el escenario idóneo para innovar en el terreno de las nuevas regulaciones que requiere la nueva sociedad digital. Algunas ciudades globales -como Barcelona-, pueden convertirse en un SandBox regulatorio que permita innovar y testar nuevas formas vinculado a ciertas ineficiencias de las administraciones para definir nuevas políticas y regulaciones en constante evolución. La respuesta a la disrupción tecnológica y la nueva gobernanza de la sociedad digital precisan de un trabajo de campo y respuestas inmediatas dado su impacto en ámbitos centrales de la vida de los ciudadanos como es por ejemplo el empleo, la movilidad o la sostenibilidad. Tenemos que orientar nuestras ciudades hacia el lugar donde se innova y se experimentan desarrollos tecnológicos centrados en la persona, algo que requiere igualmente de una gobernanza sofisticada.

Las ciudades son las instituciones idóneas para gestionar los riesgos de la posmodernidad. Sus ecosistemas de activos institucionales y estructurales de la ciudad contribuyen a afianzarla como el territorio perfecto para impulsar una propuesta de ciudad inclusiva, cívica y plural sustentados en la tecnología. La innovación permite que la ciudad, tradicionalmente representada por ser sede y foro, se constituya igualmente en nodo y laboratorio y ejerza un papel central en esta nueva era physical de la sociedad digital.

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