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Cuba ante la apertura diplomática con Estados Unidos

Si se levanta el embargo y Cuba deja de estar incluida en la lista de los estados que patrocinan el terrorismo, según Washington, el penúltimo muro de la Guerra Fría habrá caído. Publicado previamente en openDemocracy. English

José Zepeda
16 April 2015
Havana, Cuba.

Havana, Cuba. Flickr/Bryan Jones. Some rights reserved.El apoyo internacional al acuerdo entre Cuba y Estados Unidos es amplio y las excepciones aparecen como irrelevantes. No es un dato menor el papel que desempeñó el Vaticano, especialmente la legitimidad que le otorga que el mediador fuese Francisco, el primer Papa latinoamericano. Esto le ha dado un respaldo serio y responsable a la negociación creando cierto desconcierto entre senadores y representantes católicos, muchos de ellos de origen cubano, en el Congreso de Estados Unidos, que se oponen radicalmente al acercamiento diplomático.

El senador Marco Rubio, republicano e hijo de emigrados cubanos, dijo que la apertura con Cuba es “absurda y parte del ya largo historial de este gobierno de hacerse amigo de dictadores y de tiranos”. Se trata, en este caso, de representantes estadounidenses que se sienten traicionados, pero en realidad están mirando más hacia su electorado interno que a la realidad de Cuba. Especialmente, no tienen en cuenta la necesidad que tiene la sociedad cubana de apertura y la normalización.

Pero son muchos más lo que han abogado por la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Entre ellos políticos y periodistas conservadores como Patrick Buchanan y Joh McLaughlin, el senador demócrata Patrick Lehahy y el senador republicano Jeffe Flake. Un elemento importante en la normalización de las relaciones diplomáticas ha sido la publicación por el periódico New York Times de una serie de editoriales insistiendo en la necesidad de cambio en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. En noviembre el Gobierno de Barack Obama alabó la labor de los médicos cubanos en la crisis del Ebola en Africa Occidental mientras que La Habana y Washington iniciaron conversaciones sobre un intercambio de presos políticos. En mayo algunos ex funcionarios gubernamentales aconsejaron al presidente Obama cambiar la postura de Estados Unidos hacia Cuba.

Los principales acuerdos anunciados fueron que Estados Unidos volverá a abrir una embajada en La Habana, medida prácticamente acordada en la segunda ronda de conversaciones que concluyó el 25 de febrero del 2015; se amplía el número de categorías de viajeros que pueden viajar a la Habana; se cuadriplica la cantidad de dinero que puede enviar la comunidad exiliada cubana en Estados Unidos; los bancos cubanos podrán abrir cuentas en Estados Unidos; se desbloquean las cuentas bancarias en Estados Unidos de ciudadanos cubanos que vivan en la isla; y se revisará la inclusión de Cuba en la lista de países a los que EEUU considera patrocinadores del terrorismo. Por otro lado, ambos países se han comprometido a colaborar en temas que van desde el narcotráfico, el medio ambiente hasta el tráfico de seres humanos.

En la actualidad, la comunidad cubana en Estados Unidos envía alrededor de 2.000 millones de dólares a Cuba cada año, según datos del Council on Foreign Relations. El envío de dinero a la isla para la comunidad cubana en Estados Unidos se elevará de 400 a 2.000 dólares por trimestre. Asimismo, será posible que el gobierno de Cuba amplíe las compras de alimentos y productos agrícolas.

 Quedan por delante una serie de obstáculos. El presidente Raúl Castro dijo en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, en enero pasado que no habrá normalización de las relaciones bilaterales mientras exista el bloqueo, no se devuelva el terreno ilegalmente ocupado por la base naval de Guantánamo, no cesen las transmisiones radiales y televisivas violatorias de las normas internacionales, y no haya una justa compensación por los daños humanos y económicos que ha sufrido Cuba como consecuencia de las medidas estadounidenses contra el país.

 Estos puntos son muy controvertidos, tanto para Estados Unidos (por el uso colonial y para fines cuestionables desde la perspectiva de Derechos Humanos de la base de Guantánamo) como para Cuba (por los alcances que le quiere dar a la cuestión de controlar las transmisiones de radio y televisión más allá de sus fronteras). Al mismo tiempo, la cuestión de las compensaciones puede abrir un terreno entre Cuba, Estados Unidos y España con litigios que durarían décadas. Esto es lo que menos necesita Cuba en estos momentos. Al mismo tiempo, el control de los medios nacionales e internacionales es un tema controvertido. Aunque hoy día existan menos restricciones en la isla que en el pasado, haya un creciente acceso a noticias no censuradas y desarrollos importantes en la tecnología de información y comunicación que influyen en ese proceso, la sociedad cubana sigue quejándose de restricciones de la libertad de expresión. De hecho, todos los medios tradicionales de información, diarios, radio y televisión están en manos exclusivas del gobierno.

 Cuando Barack Obama asumió en 2008 la presidencia de los Estados Unidos dijo que su país quería un nuevo comienzo con América Latina. En esa declaración sencilla anidaba una aspiración compleja en términos políticos, porque no ha habido históricamente vínculo de horizontalidad, de igualdad entre esta potencia de América del Norte y el resto de los países de América Latina y El Caribe. El carácter asimétrico de la relación polarizó las formas de ver los vínculos entre las dos partes. Para unos Washington ha sido un aliado necesario para mantener el statu quo. Para otros, ha sido el principal actor imperialista detrás de gobiernos dictatoriales. En Cuba, en particular, la polarización  ha alimentado discursos antioccidentales y anti estadounidenses. En el medio de este debate se asfixiaron muchas posibilidades de fomentar sociedades democráticas, estados de derecho y naciones sostenibles desde el punto de vista político económico.

 Un cambio fundamental

 En Cuba hay razones internas y propias para lo que se avanzó y lo mucho que no se hizo en estos campos, pero el aislamiento y el bloqueo han sido especialmente negativos y, como lo han expresado los Congresistas e intelectuales que apoyan la iniciativa de Obama, el bloqueo ha servido para consolidar el autoritarismo en vez de promover la democracia.

 No es el fracaso del embargo el único argumento que ha pesado en el giro político estadounidense. Los nuevos actores internacionales, China y Rusia, que desafían la hegemonía norteamericana en el hemisferio, han sido tomados en cuenta por Washington para evitar una mayor pérdida de protagonismo en la región. En los últimos 20 años la influencia de Estados Unidos en América Latina ha ido decayendo al tiempo que los países de esta zona han diversificado sus contactos comerciales, políticos, tecnológicos y militares. Por otro lado, el embargo genera un efecto boomerang sobre Washington: queriendo aislar a la Isla, su política quedó aislada en el continente, como frente a las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos.

 En Cuba el impacto del restablecimiento de relaciones es decisivo porque redefine la anacrónica relación entre ambos que debería fundarse en la cercanía histórica, geográfica y geopolítica. Para el historiador cubano Manuel Cuesta Murúa se trata de “un giro histórico” que tendrá trascendencia local y regional. En realidad, el vínculo entre Cuba y Estados Unidos ha sido siempre muy fuerte desde el siglo XIX debido a la guerra entre España y Estados Unidos y los flujos migratorios hacia Nueva York, previos a los más conocidos hacia Florida desde la revolución en 1959.

 El cambio diplomático pone en el lado cubano la responsabilidad de hacer cambios políticos. De otro modo, el gobierno de La Habana correrá dos grandes riesgos. Primero, que los cambios económicos que se van a producir con la entrada de capitales cubanos-americanos y estadounidenses le superen, le dejen relegado y sin iniciativa. Segundo, que buena parte de la sociedad cubana se sienta frustrada por la falta de cambio y vea como principal responsable al gobierno, especialmente cuando el argumento del bloqueo ya no podrá ser usado como excusa de nada.

 El escritor cubano Leonardo Padura declaró apenas conocida la noticia del restablecimiento de relaciones: “Es cierto que (muchos de los problemas) pueden tener relación con el embargo, pero hay otros que se deben a ineficiencias, problemas estructurales, conceptuales o mentales (...) Hasta que la economía cubana no logre un funcionamiento eficiente no se van a resolver muchos de los problemas que tenemos".

 El factor nacionalista y la autonomía ciudadana

El nacionalismo ha sido siempre en Cuba un signo de identidad. Primero contra España y luego como línea defensiva ante Estados Unidos. A la vez, es componente muy poderoso de la identidad de Estados Unidos.

La lógica, la dinámica y la naturaleza de la relación entre Estados Unidos y Cuba no pueden entenderse sólo en términos sociales, de modelo de Estado (democracia liberal vs. comunismo) como actores de la Guerra Fría, o por el embargo, sino a partir precisamente del nacionalismo que en gran medida permitió al gobierno cubano sostener la ideología de la revolución. Como algunos altos ex funcionarios de Estados Unidos reconocieron tardíamente, especialmente el fallecido Robert McNamara, secretario de Defensa durante las presidencias de John Kennedy y Lyndon Johnson, mientras que Washington creía combatir el comunismo en Vietnam, Guatemala, Chile o Cuba en esos países la lucha y la resistencia se sostenía fundamentalmente sobre el sentimiento nacionalista.

Si no fuese por ese factor el gobierno de La Habana el modelo cubano simplemente no hubiese existido. El nacionalismo le permitió construir un modelo defensivo en el que el recorte de libertades venía incluido. Cuba es un modelo particular, una suerte de despotismo con conciencia social. Capaz en su momento de alcanzar porcentajes de alfabetización, salud, distribución del ingreso, entre otros, muy por encima de la mayoría de los países de América Latina y El Caribe. De ese modo logró un prestigio desproporcionado si se tiene en cuenta su geografía, población y peso económico. Pero es también la herencia de esa legitimidad la que le ha permitido en los últimos dos años desempeñar un papel importante en convencer a la guerrilla colombiana de las FARC en sentarse a la mesa de negociaciones.

Las reformas impulsadas por el presidente Raúl Castro en 2010 que ceden competencia al mercado han generado el surgimiento de medio millón de trabajadores por cuenta propia. El gobierno intentó alentar iniciativas particulares a pequeña escala para compensar en parte las consecuencias de una reforma que dejó sin trabajo a 600.000 funcionarios estatales. Estudios del catedrático de Pittsburg, Carmelo Mesa-Lago señalan que no se crearon suficientes puestos de trabajo para compensar tales despidos; él opina que las reformas siguen siendo “demasiado cuidadosas, demasiados lentas, y son entorpecidas por tantos obstáculos que los efectos son muy limitados”.

Sin embargo, la renta per cápita en el 2012 era de 6.221 dólares. Un trabajador percibe una media que va desde los 20 a los 60 dólares mensuales. Los servicios y, en general, toda la economía exhibe un elevado nivel de ineficiencia. Paralelamente los primeros indicios de las limitadas reformas que se han implementado han empezado a generar desigualdad.

El factor nacionalista anti-imperialista ya no será útil, especialmente porque para muchos cubanos ir a Estados Unidos sigue siendo un objetivo, y sobre todo si Washington deja de emprender actividades a cubierta como hacía en la época de la guerra fría. Al mismo tiempo,  si las reformas limitadas no ofrecen un cambio en la vida de la gente serán superadas por las inversiones de los grandes capitales estadounidenses, y de otros países, que ven oportunidades en un mercado de 11 millones de personas. Aunque a la vez, ese mercado tiene hoy una limitada capacidad de consumo. 

Como indican Henken y Ritter, las ventajas de reformas estructurales más profundas que crearían más puestos de trabajo y mejorarían la calidad y la variedad de productos y servicios y al mismo tiempo aumentarían los ingresos tributarios “tienen un precio político: permitir una mayor autonomía ciudadana, riqueza y propiedades en manos privadas y permitir competencia a los monopolios del Estado”. Obviamente, el proceso de normalización producirá cambios profundos inevitables.

El apoyo para este proceso varía. El 64% de los cubanos nacidos en EE UU apoya la normalización frente a un 38% entre quienes nacieron en la isla, según la encuesta de Bendixen & Amandi. Además, 78 figuras políticas veteranas, expertos, empresarios y miembros de la comunidad cubano-americana, apoyados por una importante lista de ex altos funcionarios de gobiernos estadounidenses piden a Obama que trabaje con el Congreso para avanzar en la total normalización de las relaciones con Cuba.

Los estadounidenses parecen tener una aproximación muy realista de las consecuencias. Así se desprende de la encuesta del Pew Research Center, publicada el16 de enero del 2015, en la que seis de cada diez norteamericanos apoya la decisión de Obama de normalizar las relaciones, así como un 66% está favor de levantar el embargo. Al mismo tiempo un 60% espera pocos cambios políticos en la isla.

Las comparaciones

Cuba necesita ahora más economía imaginativa, más información, más apertura hacia el mundo y esto  complicará las cosas a un Estado acostumbrado al secretismo. Cuba es consciente de los dos procesos de cambio del comunismo al capitalismo de los últimos 30 años en la ex URSS y China. En el primer caso la reforma impulsada por Mijail Gorbachov fracasó, dando lugar a un régimen autoritario con apariencia democrática. En el segundo, triunfó la reforma económica con la conservación de la retórica comunista como sello de identidad nacional  mientras se fomenta la creación de una clase media. Otros modelos a tener en cuenta son la imposible postura introvertida de Corea del Norte o la apertura pragmática de Vietnam, similar a la de China.

El problema para Cuba es que no tiene recursos naturales ni demográficos para compararse con esos casos. A la vez, su modesta población le puede permitir buscar soluciones mirando hacia otros modelos que combinan reforma económica con apertura política, y siga el camino que emprendió en las últimas dos décadas la mayoría de América Latina. En este sentido, la cooperación que le brinden los vecinos del continente, especialmente los que tienen más capacidad y experiencias que aportar, como Brasil, será fundamental.

La cooperación regional se hace más necesaria cuando la caída del precio del petróleo y el caos político en Venezuela le quitan a Cuba uno de sus principales aliados. Igualmente, es de esperar que Estados Unidos y Europa eviten que Cuba quede atrapada nuevamente en una pugna entre Moscú y Washington si continúa la escalada de tensión entre EEUU/Europa y Rusia por la crisis de Ucrania y resurge una especie de segunda guerra fría. En este sentido, la Unión Europea y países asociados, como Noruega, puedan desempeñar un papel importante. Así mismo, Cuba tendrá que decidir si integrarse o no en las instituciones internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Es importante también que Cuba normalice su relación con el mundo a través del Derecho Internacional ratificando los pactos internacionales en Derechos Civiles, Políticos, Económicos, Sociales y Culturales y el reconocimiento de la sociedad civil cubana dentro y fuera de la Isla.

El historiador Cuesta Murúa, crítico del régimen dentro de Cuba, considera que hay que impulsar un Consenso Constitucional, “que busque el cambio de la ley a través de la misma ley”. En Cuba hay una disposición social para alcanzar una relación normal con la sociedad estadounidense. El destino de la oposición y de sus aspiraciones no puede depender de la política de los Estados Unidos. Alcanzar una convivencia democrática es responsabilidad de los propios cubanos.

 

Este análisis fue redactado especialmente para el Centro Noruego para la Construcción de la Paz (NOREF), y publicado en Inglés el 27 de Marzo.

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