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De la descafeinización de Podemos como fuerza de contrapoder en el contexto español y europeo

No hay manera de conciliar la abierta contradicción que existe entre los “altos eslabones” de Podemos y sus políticas estatistas, y los ciudadanos, que propulsan al partido desde abajo. English.

Sonia Martínez Emmanuel Rodríguez
18 December 2015
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Foto usada con el permiso del autor.

Europa sólo profundiza su crisis. Lo que hasta ahora hemos conocido como clase media se volatiliza a marchas forzadas por la imperiosa fuerza del  neoliberalismo y la polarización social que le acompaña. Se respiran aires de cambio, pero la balanza no necesariamente se inclina hacia al lado positivo de las libertades democráticas. Las formas de un nuevo autoritarismo planean sobre el continente. No se trata, o al menos no sólo, del avance de los partidos de extrema derecha y del nacional-populismo que se ceba contra los migrantes. 

Los atentados del 13 de noviembre en París, y todas sus secuelas consiguientes, han abierto la espita a una forma de gobernanza que directamente pone en el centro la lógica securitaria y la “lucha contra el terror”. De la mayor depresión económica desde postguerra, y que señalaba de forma acusatoria al capital financiero europeo, hemos pasado a los rituales de reforzamiento del Estado y a la apuesta por el belicismo como forma de regulación de lo social.

Frente a esta amenaza que se llama “externa” (aunque viva dentro de las principales metrópolis, empujada por la desafiliación social y el rechazo de los hijos de los migrantes transnacionales), la “centralidad” ha dejado de ser un espacio articulado. Los discursos dominantes se han vuelto cada vez más beligerantes a ambos lados de ese muro imaginario que separa la defensa de los derechos humanos y la pura y simple aplicación de la “doctrina del shock”. Hoy las reformas impopulares van a pasar por el miedo, convenientemente administrado, y no simplemente por un mero “expolio social”.

¿Qué fuerzas pueden todavía oponer resistencia a esta nueva forma de combinación de neoliberalismo y autoritarismo? Ciertamente es hacia el sur de Europa, avanzadilla norte del expolio neoliberal que devasta el Sur, hacia donde se debe mirar. Desde el movimiento de las plazas en 2011, ha sido allí donde se han acumulado las desestabilizaciones, los experimentos electorales, las nuevas formaciones con capacidad de poder institucional. Podemos se encuentra en este ecosistema y probablemente sea, después de Syriza, la más importante de todas ellas.

No cabe esconder que existe una contradicción, cada vez más abierta, entre la llamada “cúpula” y sus políticas de Estado (siempre demasiado estatistas), y la marea que por debajo todavía le empuja. Su deriva hacia el centro se ha ido completando en fechas recientes con la celebración de todo lo que olía a gran política: la querencia por aparecer como “hombres de Estado”, la crítica demasiado tibia al giro autoritario impuesto tras el 13N en Europa, la renuncia a iniciar un proceso constituyente, el llamado a la Transición como “pactos de Estado” y no mera transacción. Es en esta deriva donde se desdibuja y se absorbe como posible alternativa. Poco puede sorprender así que, para muchos, el 20D se presente bajo la duda de si depositar un voto útil o simplemente no acudir a la cita con las urnas.

Aun así, habrá que decir que la ausencia de Podemos se presenta como más aterradora que su presencia, cada vez más pasiva y oportunista, pero en cualquier caso todavía deudora de todo aquello que le empujó. Liquidadas las otras izquierdas (debido a su propia incapacidad), el panorama político pre-navideño, parece obligadamente polarizado entre el la Troika y la nueva gobernanza neoliberal-autoritaria (que en distintas versiones representan PP, Ciudadanos y PSOE), y ese “asalto a los cielos” propugnado por Podemos, que a día de hoy no pasa de ser un salto de vallas.

Por eso, parece que todavía el intento debe realizarse. La partida no puede perderse antes de jugarse. Hay que conjugar ese nexo entre el empuje de una larga ola de movimiento y la institución, en aras de recuperar los tiempos perdidos para empujar hacia la construcción de contrapoderes reales. A pesar de las malas decisiones, de la ceguera y la pose arrogante que, en estos meses, ha predominado en el comando mediático de la formación, no podemos olvidar que Podemos también porta aminorado (y también tergiversado) el espíritu  quincemayista de sus orígenes.

Seguramente después, pasadas las elecciones, será difícil resetear y volver a retomar la posición de partida que con tanta esperanza, frescura y determinación estuvo en el origen de este ciclo político. Lo que parece claro es que, enfrentados a las elecciones, nos encontramos en una de esas aporías típicas de Cortázar, como la de Johnny, el protagonista de El Perseguidor: “¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio?”

No obstante, pasado el 20 de diciembre, la única cuestión será ¿y ahora qué?

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