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Una ventana de oportunidad para la paz en Colombia

Algunos de los profesionales con experiencia directa en las conversaciones del proceso de paz de Colombia nos dan 10 razones por las cuales, a partir de 2012, las negociaciones fueron posibles, y por qué no podemos perder esta oportunidad de paz. English

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Fondo de Capital Humano para Transición Colombiana del Instituto para las Transiciones Integrales DemocraciaAbierta
23 November 2017
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Firma del acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC. Septiembre de 2016. Foto: Wikimedia Commons.

1. Era el momento adecuado

En 2011, en el momento y las circunstancias que rodearon de la muerte de Alfonso Cano, comandante en Jefe, miembro del Secretariado de las FARC y pieza clave de una ofensiva militar sostenida, se produjeron cambios fundamentales en el liderazgo de las FARC. La inteligencia obtenida indicó que la organización estaba a favor de la reforma para evolucionar hacia una entidad política, en lugar de perpetuarse como movimiento armado. Por parte del gobierno, la guerra le estaba costando demasiado al país y, por lo tanto, había llegado el momento de intentar poner en marcha un nuevo y esperanzador proceso de paz.

2. Un cambio de gobierno 

El gobierno anterior había abordado el conflicto de manera diferente: lo había enfocado como una guerra contra el terrorismo, sin admitir la existencia de un conflicto armado dentro del país. Eso implicaba que el gobierno no reconocía a las víctimas del Estado y no estaba dispuesto a negociar la paz. Cuando el presidente Álvaro Uribe dejó el cargo en agosto de 2010, el nuevo gobierno pudo reconsiderar ese enfoque del conflicto. La determinación política y el liderazgo del nuevo presidente, Juan Manuel Santos, supuso un punto de inflexión.

3. Preparación del 'escenario legal' 

A diferencia de escenarios anteriores, existía una importante condición internacional a considerar, puesto que se daba un nuevo marco jurídico internacional, esto es, el Acuerdo de Roma de 1998 de la Corte Penal Internacional. Sin embargo, quedaba la pregunta de cómo encajaría el caso colombiano dentro de él. El presidente Santos preguntó a su equipo asesor: "Si Alfonso Cano me llama hoy para comenzar las negociaciones, ¿qué puedo hacer en términos de derecho internacional y nacional?" Entonces, el gobierno empezó a investigar el espacio legal y, posteriormente, puso en marcha un proceso para aprobar las enmiendas constitucionales necesarias. Una de esas modificaciones necesarias se alcanzó en 2012, cuando la fase exploratoria para sentar las bases para una posible negociación de paz ya estaba en marcha en La Habana.

4. Metodología detallada 

Llevar a cabo un proceso de negociación tiene que ver tanto con los aspectos técnicos como con los políticos. El método, los temas y la forma en que se elabora la agenda son extremadamente importantes. Por lo tanto, para iniciar cualquier conversación con las FARC era clave tener preparada una metodología detallada.

5. Sin cese al fuego 

Las conversaciones tuvieron lugar sin que se hubiese puesto en marcha un cese al fuego. Este fue un paso importante, aunque potencialmente poco ortodoxo, para preservar al proceso de paz de las impredecibles vicisitudes de la guerra sobre el terreno. Ciertamente, ello fue costoso en términos de opinión pública, pero significó que las negociaciones en La Habana no dependiesen del mantenimiento de un frágil cese al fuego en Colombia, donde la más mínima acción o sabotaje podría hacer descarrilar las conversaciones. Por ejemplo, esta teoría se puso a prueba cuando, durante en inicio de las negociaciones, una acción bélica de una de las unidades guerrilleras causó la muerte de 11 soldados en la región del Cauca. Esto provocó una respuesta del gobierno, que reinició los ataques aéreos y mató a unos 60 combatientes de las FARC en un campamento guerrillero en Guapi, una pequeña ciudad en la costa del Pacífico.  A pesar de ello, en lugar de descarrilar la negociación, el acuerdo de conversar sin que existiese un acuerdo de alto el fuego hizo que los que estaban en la mesa de negociación en La Habana pudieran aislarse de las dificultades en Colombia y enfocarse en el objetivo de avanzar.

6. Conversaciones directas, sin mediación

La negociación directa fue una parte esencial de la negociación porque la convirtió en un proceso inequívocamente nacional, sin percepción de interferencia por parte de un mediador internacional. Cuando dos delegados del gobierno colombiano viajaron el 3 de marzo de 2014 a un campamento de las FARC cerca de la frontera venezolana para iniciar el diálogo, sin dotarse de una escolta de seguridad, esto no solo representó un símbolo significativo de confianza, sino que también envió una señal clara de lo que vendría. A partir de esa reunión, se identificó La Habana como el lugar para mantener las negociaciones. Los actores internacionales implicados desempeñaron siempre un rol más de facilitación que de mediación, aunque su contribución, en momentos críticos, fue decisiva a lo largo de las negociaciones. En cualquier caso, fue muy importante determinar su papel garante pero no mediador desde el principio de las negociaciones.

7. Confidencialidad

Las negociaciones más duras se llevaron a cabo lejos de los micrófonos. Detrás de las puertas cerradas y alrededor de las mesas de “tres por tres” y “cuatro por cuatro”, no había garantes presentes. Si bien las negociaciones sobre los proyectos de acuerdo fueron intensas, la confidencialidad contribuyó a que las personalidades de los individuos tendieran a estar más abiertas a la negociación. Durante una negociación, la atención pública introduce a menudo presión, emoción y ausencia de voluntad de compromiso por ambos lados. Por este motivo, era esencial contar con un marco de confidencialidad correcto para poner en marcha y continuar las negociaciones. Sin embargo, la confidencialidad era un aspecto que no gustaba al público, que sentía que el gobierno, en lugar de representarlos, estaba "negociando a sus espaldas".

8. "Nada está acordado hasta que todo esté acordado" 

Este principio fue el corazón de las negociaciones. Su significado se comprende mejor a través de la analogía de cocinar una sopa: cuando las dos delegaciones prepararon y llevaron a cabo las negociaciones, tuvieron que ponerse de acuerdo sobre qué ingredientes entrarían en la sopa. El resultado final significaría que a las partes o bien les gustaría todo o bien no les gustaría nada. Este principio, ya ampliamente adoptado en los acuerdos internacionales de negociación, tuvo implicaciones importantes para el caso de Colombia. En primer lugar, preservó el acuerdo en su totalidad e impidió que se fracturaran tanto durante el proceso de negociación como en el acuerdo final. No habría acuerdo parcial, ni nada del acuerdo podría sacarse de contexto. En segundo lugar, garantizaba que ninguna de las partes podría centrarse en sus propios intereses a expensas de los demás. Y tercero, garantizaba, hacia el final del proceso de negociación, una urgencia para atar cabos sueltos.

9. Participación de la sociedad civil

Aproximadamente 68,000 propuestas para ser tenidas en cuenta en las negociaciones fueron presentadas por organizaciones civiles e individuos particulares, y todas ellas fueron revisadas y consideradas para ser incorporadas o no a las negociaciones. De ellas, 27,000 vinieron de víctimas. La incorporación de un aporte tan amplio ayudó a las negociaciones a mantener el "pulso" de las partes interesadas. Dicho esto, no cabe duda de que quienes presentaban propuestas no eran totalmente representativos de la amplia gama de voces existentes en Colombia. Sin embargo, esta invitación a la participación de la sociedad civil aseguró que las voces de las víctimas estuvieran presentes en la mesa de negociaciones, lo que trajo una importante legitimidad al proceso.

10. Integralidad y simultaneidad

Ambos lados de la mesa tuvieron que adoptar una mentalidad colaborativa antes de entablar las negociaciones. No hubo espacio para que un afán unilateral fuese aceptado o rechazado por el otro lado. Por ejemplo, no había lugar para que las FARC dijeran, "el gobierno puede hacer su parte, producir un acuerdo, y si nos gusta la oferta, nos desarmaremos, y si no, no". A cambio, el principio de integralidad y simultaneidad aseguraba que las partes entrarían y finalmente saldrían juntas del proceso. 

*** 

La importancia de la configuración de los elementos de oportunidad para entablar las conversaciones no debe pasarse por alto o subestimarse. Una combinación de lecciones aprendidas durante los procesos de paz anteriores en Colombia, la experiencia internacional, la capacidad de innovación y las circunstancias favorables del entorno en esos momentos, garantizaron que las condiciones adecuadas para la conversación estuvieran disponibles. Por lo tanto, al gobierno de Colombia se le presentó una ventana de oportunidad para buscar el desarme de las FARC y a partir de ahí continuar por un camino hacia la paz en el país en su conjunto. Los equipos de negociación y sus líderes aprovecharon al máximo esta oportunidad y pudieron embarcarse en lo que se convertiría en un complejo y azaroso pero finalmente exitoso proceso de negociación de cuatro años.

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