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Durão Barroso: de europeísta a banquero global

El nombramiento de Durão Barroso como presidente no ejecutivo de Goldman Sachs es inaceptable. Su posición como ex-Presidente de la Comisión Europea le exige cumplir con unos mínimos estándares éticos. English

Manuel Nunes Ramires Serrano
21 July 2016
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Jose Manuel Barroso y Tony Blair. PAimages/Efrem Lukatsky. Todos los derechos reservados.

Antes de convertirse en primer ministro de Portugal, Durão Barroso fue elegido como diputado para el Parlamento Portugués en 1985, habiendo desempeñado también funciones como Secretario de Estado de Interior, como Secretario de Estado de Exteriores y como Ministro de Exteriores. Luego, renunciando a su cargo de primer ministro, se convirtió en figura destacada en Europa durante los últimos 10 años.

Si tenemos en cuenta la política de recursos humanos de Goldman Sachs, la ascensión de José Manuel Durão Barroso a la cima del mundo financiero no supone una sorpresa. Inteligente, conectado y con un amplio conocimiento de las complejidades del entramado europeo, Durão Barroso es la persona ideal para liderar la sección internacional de Goldman Sachs (GSI), su mayor subsidiaria – especialmente después de la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea.

¿Debería Durão Barroso haber aceptado una posición como lobista-jefe en un banco de inversión que, entre otros muchos comportamientos cuestionables, ayudó a Grecia a circunvalar las normas del Tratado de Maastricht sobre el déficit público? Aceptar una posición en Goldman Sachs refleja un pobre sentido de estado. Incluso más pobre que su decisión, en 2004, de abandonar su rol como primer-ministro de Portugal y establecerse en Bruselas, después de haber estado solamente dos años en el cargo. Su decisión refleja lo que muchos portugueses ya sabían: que la prioridad de Durão Barroso no es ni su país ni el proyecto europeo, sino él mismo.

Las críticas al nombramiento no se hicieron esperar. El Secretario de Estado francés para el Comercio Exterior, Mathias Fekl, acusó Durão Barroso de representar la “vieja Europa”, que, según él, “nuestra generación se encargará de cambiar”. Pero no fueron los políticos los únicos en criticarle. El  Union for Unity (U4U), el mayor sindicato de funcionarios públicos de la UE, también criticó el nombramiento, haciendo circular una petición, firmada por millares de funcionarios, en la que exigía la suspensión, con efectos inmediato,s de su pensión mensual (18.000 euros).

El banco que controla el mundo

Goldman Sachs es una institución conocida en todo el mundo, sobre todo desde la crisis bursátil de 2008. Relacionada con el colapso del sistema financiero, desempeñó un escandaloso rol durante la crisis de las hipotecas subprime y en ocultar la verdadera dimensión de la deuda griega a la autoridades europeas mediante una complicada operación de ingeniería financiera (que acabó por duplicar la deuda de aquél país).

Descrito como el banco que controla el mundo, esta entidad trabaja en función de un simple lema, de acuerdo con el periodista francés Marc Roche: más dinero supone más poder. Goldman Sachs no controla solamente el mundo financiero, sino también gobiernos, instituciones y personas a nivel global. Mario Draghi (actual presidente del Banco Central Europeo), Romano Prodi (ex primer ministro de Italia), Hank Paulson (ex secretario de Estado del Tesoro norteamericano) y Mario Monti (ex primer ministro Italiano), por citar algunos, han ocupado posiciones en Goldman Sachs antes de cruzar las puertas en dirección al poder.

Fiel a su propósito de mantener contactos con todo el espectro político, Goldman Sachs invierte fuertemente en contratar personas conectadas y capaces de cultivar influencias en su nombre. Durão Barroso encaja a la perfección en esta descripción.

El anterior presidente de la Comisión Europea no violó ninguna regulación formal, puesto que solo está obligado a informar la Comisión sobre su estatus profesional a partir de un límite genérico de 18 meses después del final del mandato. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿es ético que una persona que ocupó un lugar cumbre en una institución como la UE acepte una posición en una entidad multimillonaria como Goldman Sachs?

Puertas giratorias

Es esencial establecer una línea fronteriza entre el sector público y el sector privado con el fin de evitar la corrupción y los conflictos de intereses – y para evitar que las instituciones políticas sean secuestradas por las grandes corporaciones. La Comisión Europea, sin embargo, no ha sido capaz de trazar dicha línea, o al menos de evitar que la misma fuera cruzada diversas veces.

Cinco de trece comisarios que sirvieron durante la Comisión Barroso I (2004-2010) se unieron a compañías tales como BNP Paribas, Munich Re, BNY Mellon, Ryanair y el Royal Bank of Scotland. Esta ubicuidad entre el sector privado y el público dio inicio a una oleada de críticas contra las puertas giratorias, lo que acabó por forzar la reforma del Código de Conducta de los Comisarios en 2011. Sin embargo, pese a algunos avances, muchos funcionarios siguen cruzando esa puerta.

Un tercio de los comisarios de la Segunda Comisión Barroso también siguieron este camino. Nueve de los veintiséis comisarios que abandonaron el cargo en 2014 aceptaron posiciones en multinacionales. Las mismas demostraron un genuino interés en la capacidad de los mismos de influenciar la toma de decisiones, una que vez que los comisarios terminaron trabajando en áreas con las tuvieron amplio contacto durante el cargo.

Obviamente, el caso de Durão Barroso no es la excepción. Es necesaria una revisión del Código de Conducta de la Comisión Europea para asegurar que, una vez abandonan el cargo, los comisarios se comportan con integridad y discreción. Aumentar el periodo de conflicto de interés para 5 años sería una medida eficiente para poner término a la práctica de puertas giratorias entre la elite política y la elite financiera.

Ética personal y obligaciones legales

Durão Barroso recurrió un largo camino desde sus días como maoísta. El que fuera líder de la Federación de Estudiantes Marxistas-Leninistas en Portugal, ciertamente ha sabido subir la escalera política. Un hombre brillante, pero también capaz de abandonar la izquierda por la derecha en búsqueda de poder. 

Sin embargo, su reciente violación obligaciones de discreción e integridad que se le exigen a todo miembro de la Comisión Europea no debe quedar impune. Más allá del periodo de 18 meses estándar, se entiende que los comisarios están obligados a promover el interés general de la Unión (17 TEU). Esto supone que deben actuar con integridad y discreción (245 TFUE), absteniéndose de revelar información (339 TFEU), siendo estas obligaciones aplicables, incluso, un vez que los comisarios hayan abandonado el cargo.

Durão Barroso dijo en una entrevista reciente, publicada en el periódico portugués Expresso, que ya no tiene ambiciones políticas. Seguramente, el número de posiciones que actualmente desempeña, (a pesar de que la gran mayoría son de naturaleza académica u honorífica) lo mantendrán ocupado: un total de 23 a Julio de 2016, si añadimos su reciente nombramiento en Goldman Sachs. Pero sus obligaciones como ex presidente de la Comisión Europea, cristalizadas en los Tratados Europeos, no cesan por el mero hecho de que Durão Barroso haya decidido pasar página de la política.

Aceptar una posición como la ofrecida por Goldman Sachs apareja serias consecuencias. Y Durão Barroso, inteligente como es, es plenamente consciente de ello. Sus acciones solo confirman lo que muchos temíamos hace tiempo: que las conexiones entre las elites financieras y las elites políticas son fuertes, y que quién gobierna quien es una pregunta más que relevante.

Insensibilidad Política

Obviamente, Durão Barroso tiene el derecho a realizarse profesionalmente. Pero, el periodo de cooling off entre cargos de esta naturaleza debería ser extendido más allá de los 18 meses para asegurar que el interés público es protegido. Y que la línea entre la esfera pública y la esfera privada es debidamente establecida. Si el periodo transicional fuera extendido, por ejemplo, a 5 años, ¿serían las conexiones del señor Barroso de alguna utilidad para Goldman Sachs?

En cualquier caso, ¿no es esta obligación profesional bien retribuida? Los comisarios tienen derecho a una pensión durante los 36 meses siguientes a abandonar el cargo, que alcanza entre 40 y 65% del salario base de un comisario. Esto levanta dudas sobre el derecho de un ex Presidente de la Comisión a desarrollar una carrera profesional sin tener en cuenta las obligaciones que vienen aparejadas a su pasado como alto funcionario europeo.

Durão Barroso no fue el primer ex presidente de la Comisión Europea que cambió los pasillos europeos por el olimpo financiero. Pero sí que ha sido el primero en hacerlo directamente. Es difícil creer que no tenía otra opción, o que no logró encontrar un trabajo que le permitiera realizarse profesionalmente. Sin embargo, escogió precisamente Goldman Sachs, una compañía cuya falta de escrúpulos está sobradamente documentada.

Mucho defenderán que dicha decisión se encuentra en el ámbito de la ética personal. Ciertamente. Pero también es un ejercicio en insensibilidad política. Nadie le ha pedido a Durão Barroso que se sacrifique por el proyecto europeo. Pero su decisión daña la UE. Daña la percepción que los ciudadanos tienen de la misma y destruye la creencia que algunos aún entretenían que los políticos europeos colocan los valores y la democracia sobre sus propios intereses.

El periódico francés Libération acertadamente describió el nombramiento de Barroso como habiendo ocurrido en el peor momento para Europa. Y funcionando como gasolina para los partidos euroescépticos. La líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, tardó poco en sacar provecho dela situación, diciendo que dicho nombramiento no resulta sorprendente para aquellos que “saben que la UE está al servicio de las personas, sino al de la altas finanzas”. 

Hablar de traición no tiene sentido, una vez que Durão Barroso ya no es un funcionario europeo. Pero, ¿es demasiado pedirle a un ex presidente de la Comisión que no le dispare a la UE en el pie? Durão Barroso no violó las normas, sin embargo, sus acciones ilustran la urgencia de cambiar las reglas. Desnormalizar la idea de que es aceptable que las grandes empresas contraten aquellos que trabajaron en las altas esferas del poder para beneficiar sus intereses privados y ejercer presión sobre los legisladores debería ser una prioridad.

El hecho de que Durão Barroso ya no tenga interés en la política no significa que la política no tenga interés en él. Después de 30 años trabajando en defensa de los valores europeos, trabajar para una compañía que antepone el dinero y el poder a la honestidad es una decisión que puede, y debe, ser criticada. No porque, como individuo, Durão Barroso no pueda hacerlo. Simplemente porque, como ex presidente de la Comisión Europea, no debería. 

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